27 oct. 2019

Pandora (preámbulo)


-¿En qué piensas?
- En nada en particular...
- Entonces debe de ser algo importante, que te quita el sueño... - dijo mirando de soslayo y haciendo la típica mueca de "a mi no me engañas".
- De verdad, mamá, cómo eres...
- Hija, ya me lo acabas de confirmar. Es por ese chico del equipo de tus hermanos, ¿no? Llevas media tarde con el libro abierto y has pasado, que yo te haya visto, dos páginas. El resto del tiempo mirando al horizonte como un perrillo a la espera de un hueso prometido. Cualquiera diría que no quieres estar aquí...
- Mamá, por supuesto que no quiero estar aquí, pero me gustaría no estar porque tú no tuvieras que estar. No por otra cosa. Y el libro es Drácula de Stoker; lo he leído diez veces por lo menos... Sólo hojeaba las cartas entre Jonathan y Mina, me gustan...
- Sí, hija, sí, ya sé que te gusta mucho ese libro, lo tienes hasta desgastado. Pero yo me refiero a que no estás aquí. Con la cabeza...
- Pues no sé... ¿no será que no quieres tú que esté?
- No voy a discutir. Te ha llamado el muchacho y estás machacando ahí algo, que te veo, que te conozco...





Entra en la habitación un celador con la ropa esterilizada para paciente y acompañante y con los utensilios y productos necesarios para la rutina aséptica diaria:





- Hola, buenas tardes. ¿Interrumpimos? - No, pase, pase, ¡por favor...! (contesté por ambas) - Espero que hayan tenido un buen día, aunque se hace largo, esto del aislamiento, pero bueno... Ahora ya le dejamos por aquí lo necesario para bañar a Agustina. Se asea usted también y dejen en esta bolsa lo que se quiten para el lavado. ¿De acuerdo? ¿Todo bien? ¿Alguna duda o cosa que necesiten? - Sí, de acuerdo. Muchas gracias, por ahora nada que echemos en falta... - esta vez contestó mamá, con prisa evidente por darles boleto y volver a la conversación que ya había conseguido encauzar...





(Continúa aquí )