3 mar. 2020

Amor y Lealtad.


Mi silencio perpetuo. Oral y escrito.
Solo una persona sabe de ti de viva voz. Que no va al antro, que te conoce nada o casi nada, lo imprescindible para el salvoconducto de emergencia y poco más. Lo que sabe es por mi boca y lo último que hizo ella fue alabarte la valentía. No la he sacado del error. Así quedó, salvo aquí. Si lo ha leído, no me pregunta nada, porque me conoce. Sabe respetar lo que yo me quedo y quiero reservar. Es decir: si yo no he acudido a ella para desahogarme de tu desamor, sabe que mis motivos tendré.





Mis motivos son que aprendí a no decir tu nombre, pues cuando te recordaba, estando sola, repetía tu nombre, seguido de "mi amor". Y duele mucho la hostia, tanto como para querer acallar esas sílabas para siempre, las de las tres palabras juntas.





Lo que verbalizo traspasa la frontera. Y eso es algo que me flipa, cómo la gente no distingue entre el uso oral y analógico de la lengua con el uso virtual y por escrito. Es tan obvio para mí que hay diferencias abismales por el canal y el código que me abruma cuando alguien te recrimina un insulto en redes. Maleducado, te dicen. Piensan que vas llamando tonto por ahí a todo el que se te cruza por la calle, en el curro, en el bar, en la tienda de la esquina... Para lo que es obligado, claro, que a quien llamas tonto en el antro virtual se atreva a soltarla verbalmente en la barra del Manolo's, que en un alto porcentaje de los casos, ya te digo yo que no, Maripuri. Y aún así no le llamaría tonto, tampoco, porque no lo grita en un foro con miles de seguidores para dar la nota. Que es precisamente de lo que se trata cuando alguien en el antro grita: "Feminazis frustradas laboral y sentimentalmente" o "El feminismo es abolicionista y tres huevos duros y lo que yo diga ná más, bien acotadito y no te me muevas de ahí, que te quito el carné, PUTA", en el otro extremo...

Luego, aparte de todo esto, las interpretaciones más o menos literales de cada cual, cada una de las personas, con su diversidad de origen e ideas, y el sesgo o la intención final detrás, la literatura que cada uno le eche, el cuento, la labia y muchos factores más. Eso sólo hablando del verbo y dejando al margen la imagen más o menos atractiva del perfil del que se trate, por donde el ojo también entra a valorar y aún se lía más la cosa.





Volvamos a lo de antes: SILENCIO PERPETUO.





Porque te amé y quedó un cierre en falso, y durante los quince días posteriores a la despedida, estuve aguantando la erupción del volcán para no herirte yo a ti. Y, de este modo, no se puede decir que haya dejado de amarte, por concluir mintiendo acerca de la herida; así que del amor va la lealtad amarrada. Nadie nunca sabrá jamás quién eres. Ese es mi "regalo", la parte buena. Un regalo que no lo es, pues yo soy así y además me parece la actitud digna y sensata. La parte mala del regalo de Maléfica está en el Epílogo y es imprescindible para cumplir con la buena. Nunca más habrá contacto por escrito, jamás, por mi parte. Iré y no avisaré, ya nunca intentaré el contacto porque el silencio perpetuo incluye no hablarte ni escribirte nunca más. Se queda reservado este espacio personal de esta juntaletras, para sus referencias literarias a Nadie.





Y de ahí al olvido. Ya no releo nuestros chats. Porque la última vez me hice mucho daño, me di rabia y lástima de mí misma, como cuando entraba en discusiones tontas en el antro. Es todo desolador, ahora.





Un paraje yermo.





Pero quien AMA sabe ser LEAL. Con mayúsculas. Esa lealtad en ti no la he sentido, al final. Ni a ti mismo ni a mí con tus promesas rotas.
Porque, recuerda, querida: "cada uno vive y siente las cosas a su manera" ; y yo siento que pediste que prometiera al despedirte sin haber cumplido tú. Y no es justo, no es leal, no he disfrutado ni de la lealtad que merecen las buenas personas, no digamos ya de la lealtad que merece un amigo.
Eso es lo que me ha roto. Ver que somos tan distintos y estamos tan lejos como parecía a priori en nuestras ideas.
Amo, soy leal y por eso te olvidaré aunque cueste. Al menos a estas alturas sé que ya no me importa qué pienses de mí, porque sea malo o bueno, estás equivocado, no sabes nada.





Como el resto, los que creen que saben. Los que viven mi vida por mí.