24 jun 2020

Intencional.

A priori, no suponer mala intención. A priori, no suponer mala intención. A priori, no suponer mala intención. A priori, no suponer mala intención.

Ni siquiera a una reacción abrupta a unas palabras.

Hacer balance. ¿Con cuántas personas a lo largo de mi vida, la he cagado, pero con ganas, por presuponer lo que no era? De las apariencias o de las intenciones de los actos.

Aún así, estos dos mecanismos para poner en duda un juicio sobre alguien, a veces fallan. Muchas veces fallan. El rango de tolerancia al prejuicio es proporcional a lo desconocida que sea la persona sobre la que se emite. Cuanto más cerca o más afecto se le tenga, menos tolerables nos resultarán los prejuicios que le afectan.

Por eso reflexionas en todas las conversaciones que tuviste, en las palabras pronunciadas. En que a veces pensaste que fallaba el código. Y no. Ya has hecho la prueba con otros que tienen el mismo de origen y les pillas perfectamente. Y de otros sitios diversos también distinto al tuyo y tu entorno, lo que te rodea. Algo que siempre hay que tener muy presente. Lo que te rodea y lo que les rodea a los demás. Son varios filtros a tener en cuenta, antes de cagarla diciendo algo de lo que puedes arrepentirte.

Y llega un momento en el que te hermetizas. Te están hablando. Se interesan por ti pero tienes la actitud de quien no escucha ni oye nada.

Búsqueda de explicaciones y del mar de fondo en el océano de tempestades que una persona puede ser o haber sido. Comprender está mucho más allá de empatizar. Puedes empatizar con las lágrimas de un niño aunque no comprendas de dónde procede el llanto. Igual ni las ves. Sólo oyes que llora, pero te afecta. Comprender siempre está más allá. Al alcance de pocos de quienes nos rodean. A veces no está ni siquiera al alcance de uno mismo, comprender de dónde procede un sentimiento.

Y llega la indulgencia, de la mano de la duda en que haya una mala intención. En una palabra, en un gesto, en el silencio mismo. Hay que volver al hermetismo, para que no broten de manera impulsiva y sin control las preguntas en modo desesperado. Las que no tendrán respuesta.

Esa crueldad. De dejar a la otra persona con la eterna duda, con el bosque de suposiciones y conjeturas que conlleva no saber los porqués de algunas conductas.

Cuando quien hablaba de definir las cosas, meses después de que empezara todo, al cierre, para ser justo. No al principio, no, cuando la que definí los términos fui yo. Amiga especial. No reprimir mis sentimientos, no infravalorarlos, tampoco. Y ese día llamarle cínico, no aclarar el porqué cuando preguntó. Quizá el error fue mío ese día, justo, cuando vino a mi a las tantas en fin de semana, que no se podía, y contesté. Contesté a su requerimiento, primero de ser más extenso en sus explicaciones de las razones para ofenderme y herirme en la mañana del día anterior.

Quizá la intencionalidad era mía. Quizá no le quedó claro que estaba hasta las trancas y que ya había visto que él no y que además despreciaba la intensidad de estos sentimientos, en aquella misiva. La cuestión es que, durante el diálogo en el chat aquella madrugada de mayo (que, a sus ojos, hizo innecesarias las explicaciones de su comportamiento desagradable conmigo, en extenso y a mi mail), yo tuve un par de veces la tentación de decirle lo que pensaba de la situación con auténtica franqueza, para terminar lo que había comenzado en aquella misiva extensa que le hizo pensar "que yo me merecía una respuesta. Y él también que yo tuviera la oportunidad de leerla".

Nunca en extenso. Pero el "cínico" dedicado era por los intentos de salir de las brasas con altivez. La ternura me la despertó el primer día del fuego. El primero. Por su creencia pueril de que su manera de entrar en contacto conmigo "a lo que surja", no había denotado sus verdaderas intenciones.

Por eso me río tanto en el antro cuando empiezan con los tutoriales de tutelaje a las 'pobres niñas tontas' de lo que pretende un hombre si te piropea o hace la pelota. Como si a los sutiles no habría que tenerlos en cuenta. Sí. Los que van a ligar haciendo un rodeo cultural-sensible-chistoso-etc del asunto. Y que, como él, creen que no existimos las que sabemos por dónde van los tiros incluso viniendo a alabar el avatar inocentemente. Aunque él, además de eso, vino también de 'héroe advertidor' que no advirtió de nada. Y yo, como nadie sabe de nuestra relación, tampoco pude ser advertida por nadie, sobre él...

De que llegaría el día en el que, aunque enamorada, le viera renegar de haber venido él a mí. De que lo hizo reprochando el día en que me había devuelto a la vida. Y con temor, además. Y yo, que lo amaba, le mentí. Le tranquilicé y le dije que yo había sido quien lo empezó todo. No era cierto, pero no quería discutir más por eso, viendo que aún debía ganarme su confianza. Ese día es otro de los que debería haber roto para no volver más. Yo volvía, también. Una y otra vez. De eso soy culpable, así avanzaron los meses.

Estas son mis respuestas inventadas y mis conjeturas, como catarsis. No puedo hacer otra cosa.

Las palabras por escrito me ayudan con el ancla, para elevarla.



21 jun 2020

Si borro tu número.

He de hacerlo. Debería hacerlo también por la nueva lealtad. Porque en consecuencia no quiero dañarlo ni que sufra por verme penando por otro.
No debe pensar que no te alcanza porque, claramente, a distancia te ha superado hace mucho. Pero nos falta la prueba que tú y yo ya tuvimos. Y sé que, pase lo que pase, él no va a ser desagradable y distante, en la despedida. Y sé también que nos comeremos a besos, que las bocas se desearán y estarán presentes, sin límites auto impuestos. Sin situaciones tan dramáticas como llorar detrás de una puerta que se cierra.

Hoy sé que me enamoré un poquito del dolor. Y también sé que profundizo en el amor cuando me dan. No me inventé ni imaginé todo. Recuerdo las palabras. La reacción al contarle que me habían montado el pollo en el antro y estaba jodida, llorando. Recuerdo esa frase perfectamente, y que terminó en "te follo".
Las cosas no son solo de uno, que avanzan y retroceden. Las búsquedas, las vueltas. Mi paciencia infinita y mis berrinches, también.

Necesitabas ser leal y ahí lo estabas diciendo todo. Pero no llamaste. Tantas cosas sin decir.

Aquello era el garito en el que nos conocimos, pero usaríamos otra vía de comunicación".

Por eso ahora me convenzo a mí misma de que la manera de poner punto final y devolverlo todo al antro aquel en el que todo comenzó, -para que sea un rollo de una noche fugaz, con un tipo que malinterpretó todo y me mintió un año, para ahora verlo pasar y hacerme la sueca, cuando vaya a ver allí a mis amigos-, el modo, digo, es borrar tu número. Soltar anclas. Navegar hacia donde no me confundan, queriendo que haga reír pero deseándome más si estoy jodida. Que es eso lo que pasó, pero tampoco. Porque me faltaste, porque lo quise yo y fueron por eso los bloqueos aquellos que no entendías, en momentos muy difíciles para mí. Pero que eran asuntos míos. Viejos, muy viejos. Tú no podías saber, no puedo contar eso. Es lo mismo que lo de ella cuando no quería contar acerca de lo suyo. Pero recuerdo pedirte comprensión y pensar en el momento haberla obtenido. Ahora, ocultarme que estabas en un lugar del fondo, sin yo saber... ¿eso no es cosa mía también? No tuya solo.
Tengo que borrar tu número. Porque si voy a probar la piel de mi nuevo amanecer en el corazón, tengo que limitar las posibilidades, las tentaciones de hacerme más daño. Y de dar a cada cual lo que merece, repartir el tiempo de una manera justa. De cero a todo.
Lo pienso estos días. Porque me pesa que me dijeras que podía verte, si iba a estar a tu verita.
Tengo que borrar tu número para despejar esa incógnita.

Jugar, hacer el gamberro en el antro, despreocuparme al completo ya por lo que pienses de mí. Total, es cierto que siempre tuve la sospecha de que veía, de algún modo. No todo el tiempo, cierto es. Pero hubo un punto de inflexión. También aquí, en algún texto, me lo pregunté. Ahora me doy cuenta de que no he revisado esas letras, comparando de nuevo números, fechas, días. Momentos en los que estuviera cerca el fin o lejanos ya. La cuestión es que era una variable que tuve en cuenta. Más presente cuanto más despierta de mi tratamiento me hallo. Así ha sido como he caído en la cuenta, nunca mejor dicho. Porque lo había visto, tiempo atrás, me llamó la atención incluso, pero tenía un aspecto irreconocible para mí. No he estado atenta, evitando mirar a las zonas donde me hieren. Eso ha sido, simple y llanamente. Por auto-cuidarme no te vi.

Tengo que borrar tu número. Ha llegado el momento. Si algún día quisieras explicar por qué hiciste esto, (ya que solo contarme de la doble vida, en ese antro, habría provocado que te dejara yo, por mentirme, y lo sabes), supongo que encontrarás el modo.

Pero si borro tu número, no daré yo el paso para buscar las respuestas. Y aquí eres un ente online, del que ya he visto la cara oculta. Y cuando pude ver tus ojos, que se me clavaron, fue cuando empezó el verdadero sufrimiento.

Si borro tu número es otra pata del mueble desmontada.

Si borro tu número la telaraña se debilita más.

Si borro tu número, me quitaré la corona y la remera. Aunque nunca llegaran, yo las llevaba puestas.

Si borro tu número estamos llegando al final de una novela -de un año- para mí, un panfleto de "abierto las 24h" para ti.

Si borro tu número aún quedará parte de ti en mi alma, aunque no te vea nunca más.

Yo necesito dar pequeños pasitos, hacer cosas que me espoleen para seguir adelante y sentir el avance con el viento a favor. Y si ya he encontrado otra nave robusta, en la que navego segura, ¿por qué conservar el número de la galerna?




Triste, el mirar.

Voz rotunda. No pierdes el acento, tozuda de oído para eso. Y luego eres una pedorra que se indigna en cuanto se meten con el canario. O el español que no sea tu castellano mesetario indisoluble de tu persona. De cualquier manera, tu tono, no da la impresión de amistoso. Tampoco por escrito, si estás en una red social.

Y un humor raro, como el gusto musical, mucho barullo desclasificado y muy diverso. El tuyo, que haces con el sarcasmo hiperbólico y no lo pilla casi nadie; lo debes expresar como el culo o será necesario verte el jeto mientras estás escribiendo la barrabasada que no se entenderá. Generando incomprensión (más) o simplemente despertando antipatías. Y te resbala eso, crees que casi como a cualquiera. Por eso no ves más allá. No te percatas, en tu nube de tristeza y ensimismamiento gilipollas, de que hay siempre una cuota de hijos de puta en todo grupo humano que se precie. Que igual que a ti te cae mal alguien y pasas de él simplemente, como la mayoría, también hay una cuota de malnacidos, como digo, en minoría por fortuna aún (creo), que no pueden pasar de ti y se dedican a perder el tiempo de su vida en hacerte feliz. Felicísima, porque: ¿qué va a haber más importante en tu vida que dedicarle más de la mitad de las horas que tiene el día a peña súper maja? O a contar lo que desayunas, meriendas, cenas, "ánde vas de dónde vienes", ¿has hecho las rutinas del gym? ¿de la dieta? el paseo ese que te hace tan feliz que te das, la foto al gato, al perro, al periquito o a tus tetas recién embardunadas de crema, lo culto que eres, lo lista que eres en aquello, lo salao que es el guasap de tu familia in law..."
¿Eso era lo que hacías antes, cuando sólo había fijo? ¿Llamar a una amiga para contarle los espaguetti-con-que-so que voy a hacer, o si voy de vientre bien, una al día, mínimo? Un marcaje muy jodido, en resumidas cuentas, to quisqui se entera si dejas de gorjear para hacerte un dedo. Follar ya menos, ahí sí que pocos ves presumir, del todo lógico.

Todo esto tan apasionante que hiciste, en temporadas de enganche al narcisismo y a la vanidad de los populares, por varios y diferentes motivos. Hasta que se te pasa. A mí se me pasó a hostias con dos eventos inesperados: un follón con una mal llamada amiga y enamorarme del hombre equivocado. De todo se sale, poco a poco. Y cerrando el buzón y cambiando de garito o pasando de los que consideran que la honestidad es solo una obligación en la vida pública.

Pero sale el sol cada mañana y por la noche puedo ver la luna. Las mareas siguen bañando esta tierra quemada.

Duele no estar en tu vida. Pero más duele que no quieras ser parte de la mía. Es en lo que se traduce tu legítima decisión: no querer hablar de nada. Para nada... 
Y entonces, a veces, cuando apago la luz para hacer el esfuerzo de dejar de buscar entretenimientos, que me desvelan aún más y son la excusa para pensarte, consigo dormir un par de horas, tres, cuatro. O cuando se me juntan el finde, que también pienso mucho en cómo ha evolucionado todo en este año, y hago un sueño profundo que fabrica historias. Sí, así es. Se pone en marcha el material onírico, en el que todo es posible. Y entonces ese que está al fondo con sombrero, gafas de sol y que te habla detrás de un libro o un periódico, se esconde porque no quiere ser reconocido. Participa de vez en cuando, en tus pensamientos en voz alta, sobre la música. Y en ese bonito sueño es cierto que estás metida en su alma y que querría estar siempre a tu lado, sabiendo de ti y de tu vida, de tu propia voz. Y entonces despiertas. Y te abandonas. Lloras amargamente dos minutos. Coges aire, vas respirando, ubicando lo que es la realidad y lo que son los anhelos que tu corazón aún grita. Sabes que no. Que por ahí no es.

Sabes que estás amando a quien te ama y que es un privilegio. Y también que dolerse por ese, quien sea, el hombre o los hombres, que te han marcado así, es masoquista, no sirve. Y te enojas. Piensas en todas las ironías de las edades en el cuento. Hay un trasfondo que nadie puede imaginar. Ni atisbar, ni siquiera intuir, de traición a tus principios y de caer presa del enemigo. Y en caso de que así fuera ¿qué? Aunque supieran por las gamberradas dichas en el antro por dónde van los tiros, se dirán, como el resto, <<la loca, la que habla y no sabe lo que dice>>. Y caíste. Otra vez, se cae una y otra vez. En justificar las expresiones, en verbalizar con exuberante evidencia la inseguridad que provoca eso de callar, para no discutir porque 'tú haces todo desde la bronca', y estás contaminada por opiniones de personas que te hirieron. Estas cosas de mierda que hace años que sabes que no se pueden hacer ni se deben decir entre dos. Que los silencios, para arreglar las palabras dolientes, son lo más devastador que hay. Que si no se rompen cuando uno lo reclama, se está condenado a cambiar el rumbo de la calma hacia la tormenta. O un puerto para un desembarque imprevisto y precoz, en el mejor de los casos.

Hace tiempo que lo sé.

Los silencios juzgan, y no hay ojos tristes que valgan. Ni que echarse a la cara.

Calima vital, se disipa, con los alisios también, igual que la trajeron se la llevarán.


 


19 jun 2020

Caí.

Al fondo del todo, a lo profundo, a esa ola de marejada que te revuelca y desorienta, enseñándote en una fracción de segundo lo delicado de la vida.

Llega sin avisar. Es un estado anímico, el previo, de apertura mental inconsciente. Al igual que se cierran ciertas vías cuando las necesidades están cubiertas, en el momento de la caída se atisba despreocupación. Una especie de desinhibición temeraria, desde el punto de vista de una tímida patológica. Así se llegó un día, con su cuenta de feminista de andar por casa, haciendo el gamberro, con ganas de vacilar, y puso avatares de payasa carnavalera, de lindo cuello, de oferta al vampiro.

En junio no había nada que hacer ya porque en junio había decisiones tomadas que no incluían tratar como una adulta a la del avatar de los ojos tristes.

Un día se dirimía lo que era lealtad en mi mente, tratando de descifrar dudas acerca de quiénes merecen lealtad en la vida de una persona. Y descubrí sobre mí misma que a lo único que reacciono explosivamente es a la confusión. Pueden darme la noticia más demoledora del mundo para cualquier ser, que si entiendo las razones que han llevado al desastre, el duelo será más llevadero. En cambio, cuando sucede algo traumático e inesperado y eres muy joven, no entiendes muchos de los códigos utilizados por la gente que te rodea. Para ellos Agustina era un personaje, alguien con carisma que no se callaba sus opiniones y apreciada por sus vecinos. Para mi era mi madre, muy joven, deprimida e infeliz cuando murió. Esa linea que la gente no entiende, entre saber de la cruda realidad de los Nadie, y vivirla. Tras años de tratar de entender, de desagregar confusión a los motivos por los que la muerte de mamá fue más causa de contratiempo para la felicidad de unos que la de otros. 
Y desde la serenidad, pensando en qué opciones tenía, -pocas o ninguna-, ser benévola con todo aquello que quedó como pudo, pues no supe hacerlo mejor. Todos estos pensamientos que rodean al mismo hecho: prefiero el palo y la verdad. Pronto. En cuanto esté lista y sacada del horno. El tiempo es muy importante para mí, aunque para quienes solo miran la carrocería yo esté lozana y apetecible aún. El tiempo es importante hasta la extenuación, para esta loca Reina Momo. Y un hombre gris me lo robó. Mientras yo le ofrecía, cual discípula del Gran Vampiro, un cuello del que luego no quiso beber. Él está sobrado de tiempo, por la inmortalidad del forajido en redes. Me ha robado no solo el corazón. Caí en darle mi tiempo, mientras decía cosas hirientes del tipo "las obsesiones no son buenas". Caí en unos brazos que no querían abrazarme. Sólo llamar especial a lo puramente carnal, sin entender que el deseo, en el amor, trasciende a la piel. Se desea y quema, arde, aunque no se tenga cerca, lo que se ama. Se cae en la inspiración contemplativa, tiemblan músculos, se erizan pezones a distancia. Con una palabra. Con una canción.

Y el cínico lo sabe. Y no se da la vuelta, sigue de espaldas en el taburete de la barra. Pero habla alto. No quiere que le oigan solamente los que comparten su corro.




18 jun 2020

Ecuador: 21.

Los números, las fechas, las edades...

Porque yo 21 años tenía cuando se murió, ella 45, le faltaban dos semanas para los 46. Ahora tengo 42, y este año ya llevaré más tiempo de vida sin ella que con ella. Es la marca. La conjunción del paso del tiempo, una dimensión fascinante para mí, con la consecuencia natural de que para ella se parara el reloj, que consiste en acercarnos a su edad, en ese momento. Y "una se te va y otra se te viene", expresión muy frecuente en madre.

Es extraño tener a veces la sensación de que cada vez echas más de menos, creándose un mundo onírico y edulcorado alrededor, que parece ser el motivo por el que las personas idealizamos, igual a la persona amada que al ser querido ausente. Mamá era terrible porque estaba enferma y no la ayudábamos. Terrible en el sentido de difícil de tratar cuando le daban las bajonas. También cuando estaba bien era maravillosa. Arrastraba muchos daños de la niñez. Estaba muy frustrada por no haber podido estudiar. A los nueve mi abuela no le dejaba ir a la escuela ya, con frecuencia, para que se quedara a atender las tareas del hogar mientras ella hacía otras labores fuera, como la colada en el río o ir al pueblo de al lado a hacer recados. Una infancia muy dura. Y siempre en mi memoria sus lágrimas, en el hospital provincial, tras el diagnóstico y la noticia del traslado a la primera planta del Yagüe, las trescientas camas, el viejo hospital, del que la última vez que estuve en la aldea vi un solar con escombros.
Las lágrimas no eran por el diagnóstico del linfoma, que afrontó con entereza al principio, sino por mi decisión ya tomada y comunicada en ese momento, de que dejaba la carrera para matricularme en un grado superior de FP, Análisis y Control de Calidad, donde encontré a la que fue mi mejor amiga durante años. Aquello le partió el corazón y me hizo prometerla algo que no cumplí. Que la retomaría cuando todo pasara. Y, en ese momento, que todo pasara significaba "cuando te recuperes de esto, mamá". Corría abril de 1998, diez años desde el fallecimiento de su padre, mi abuelo Raimundo.

Y acercándome ahora a la edad de ella cuando me faltó, cuando son dos décadas más uno, ya, es un luto con duelo sangrante este. El de saber que te ha hecho falta en momentos decisivos de la vida. Como casarme sin estar ella, que nunca me lo perdonaré, mientras viva. Como ser madre.

Siempre pienso en la misma escena, en la del follón en la habitación del hospital el día del mal agarre con la lactancia de Lola. En qué habría cambiado de estar ella. A cuántas cosas probablemente no se habrían atrevido y cuántas otras tantas mamá no habría permitido, evitando el desastre, con antelación.
Es un apoyo que sencillamente no tengo ni he tenido, en todos los años de relación de pareja con el hombre más importante de mi vida, el padre de mis hijas. Y a lo que me he tenido que enfrentar, en este caso, es a la tristeza de siempre salir malparada y que quien se supone que te ama lo permita una y otra vez. Creía que, aunque nunca fui "santo de su devoción", cuando les hiciese tíos y abuelos empezarían a respetarme algo. Craso error. Se creyeron con un incalculable poder de intromisión, por obra y gracia del mestizaje entre clases sociales... ellos eran quienes sabían lo que había que hacer, independientemente de lo que yo quisiera.

Y entonces pienso en ti, mamá. En la complicidad de la abuela con papá. Y en el abuelo, en quien te apoyabas porque él sí veía. En que se te llevó un poco la salud esa tristeza de que no estuviera él para darte su apoyo, su amor, su alegría. Su comprensión. Y murió de un cáncer durísimo. Aguantó tres años, luchó estoicamente, pasó perrerías. Dos cirugías. En la última la metástasis era invasión. Fueron de la creencia tradicional de que muriera en casa, en lugar de en el hospital. Para al final no querer estar en su propia cama. Pasó los dos últimos meses en una habitación para visitas con dos camas de noventa. No soportaba dormir con mi abuela. La ocurrencia tuvo como consecuencia mi primera imagen imborrable de la memoria: mi abuelo semi comatoso recibiendo una alta dosis morfina. Hay un hilo invisible que me conecta emocionalmente con 'El paciente inglés', la peli de Minghella, en la trama posterior al accidente, que consigue que la administración de los opiáceos me resulte un bálsamo. Se relaciona con esa estampa. Y mi abuelo avisando a los adultos de que estaba yo en la puerta, mirando, apuntándome con un dedo. En un hospital aquello no habría sucedido. Soy la nieta mayor y la que más tiempo compartí con él. Tenía once años, en ese momento. Recuerdo ir a casa de mis abuelos y estar él muy delgado y cambiado y yo no saber qué decir. Siempre fui tímida, pero con mi abuelo no. Pienso en que han conocido a la bisa, pero no al bisa. Pienso en mamá como abuela de mis niñas y se me parte el alma.

Lo que mejor habla del papá de tus nietas es que siempre, siempre que le hablaba de ti, me decía que estarías orgullosa. Y que siempre mostró curiosidad y escuchó con atención todo lo que le hablé de ti.Mamá, he tenido miedo. Mucho miedo. Muchísimo. Y ya voy a tener que olvidarme un poco de este dolor de no estar tú para cuidarme a mi, tantos años, la mitad de mi edad, para no ponerlo como excusa para caer en la melancolía. Porque sé que no es bueno. Sabes que no es bueno y no he conocido disfrutona de la vida como tú mamá. Me habrías entendido todo lo que hice el año pasado. Pero no lo que sigo haciendo... ya no. Ya estarías de parte del que me enciende a diario, porque se enciende a diario conmigo; que te da lo bueno, puesto que ambos sabemos ya que para ninguno de los dos es justo que el otro se coma lo malo.

Que te habría dicho "muy bien, hija" a todo lo que le escribiste al vampiro en aquella misiva de mayo. Y que me lo habrías quitado a tollinas de la cabeza después de lo del cumple, cuando hizo una algarada por una bobada de mi propio culo, de cachondeo con mi ex en un chat. No tenía sentido, no lo entendí, no me lo explicó. Nunca lo explicó. Ahora que sabes que alterna en el antro, desde el mismo día que salió por la puerta de emergencia, con peña que muestra conversaciones privadas serias y las pasa a toda la parroquia. Ha visto todo y de todo. Ya no sirve justificarlo porque está en la inopia. Mamá te diría que no se justifica todo eso, ni con amor.
Si le enseño yo, pasado un año, a mi mama esa carta, si ella estuviera, me pondría a gilipollas que se queda sola. Entre carcajadas, para desdramatizar y que se me baje del pedestal ése en bata y pantuflas. "Pues a otra cosa, mi mariposa linda"
Y si viera a la Flor, de la que el abuelo se perdió todo. A las mambitas. Ella se pierde todo eso. Y yo tengo que pensar, empatizar con quienes me juzgan sin conocerme o con quienes juegan sucio. Con lo que encarna mi madre nadie empatiza, solo yo puedo en todos los inputs. Quien quiso, no pudo, y se le partió la vida. Solamente yo y tengo esa certeza. Nadie, ni mi padre ni mis hermanos pueden entender a mamá como yo hoy en día. Y de la comprensión que da la madurez y el recorrido por recuerdos anclados y otros difusos, junto con la experiencia vital, surge esta angustia de que se marchara con tanta premura. De la ausencia de felicidad en su vida, a pesar de adorar a sus hijos como nos adoraba, desde muchos años atrás antes de dejar de respirar en mi presencia.

Por ti mamá, siempre por ti, que me enseñaste la importancia de ello, estando y sin estar, que seré dueña de mis propias decisiones. 

Y corro a los brazos de unos bellos ojos, que me dan amor y fuego, tal y como yo lo entiendo y quiero. 

Cuando todo pase, que está cerca, iré con quien me muestra sus cielos, sus caminos, su bello corazón, sus manos y sus anhelos. En el está la cura de los últimos pedacitos estallados.Ya llegan aviones. Ya saldrán de la islita, también, mamá. A buscar fuego y abrazos.




16 jun 2020

Inevitable.

O imposible.
Imposible, según su modo, sí. Según el de ella, no.
Por lo tanto imposible, al ser miradas distintas sobre la prioridad.
La prioridad es el amor propio, para no dañar al entorno, piensa ella.
Él, sin embargo, lo ve al revés: no dañar al entorno para tener amor propio.

Ella viene de ahí. Salió mal. No quiere decir que a todo el mundo, pero vamos, que al cabo de veintiún años que hará mañana, lo que decía la Agus: "ni agradecido ni pagado". Así es como de repente se toma consciencia de que modificar un poco la trayectoria vital y decidir hacerse cargo de cosas que no eran su responsabilidad, es su cagada. Ha de vivir con ello, no es fácil. Por eso ahora quiere ser completamente dueña de sus decisiones y amarse más a sí misma. No cayendo en brazos de desesperados hipócritas.

Evitable era, como ha podido comprobar al mantenerla un año engañada, pensar ahora en todo el tiempo que él estaba cerca, sin ella saberlo. Ahora sabe que sí vio, sí estuvo. Mucho antes de eso, estuvo. 
Duele más, no menos.
Ella piensa que debió confesarlo al despedirse. 

Ella piensa que realmente no confiaba nada en ella.
Y ahora, por las fechas, puede que el motivo fuera estar ya igual de engañada que la madre de su prole. Con una doble vida en un lugar, el mismo lugar en el que ella se batía en duelo con sanguijuelas, del que él no quería ni escuchar mención... ¡Eso era! 
La deshonestidad de estar yendo allí con otro traje, ¿mientras trataba de sacarla a ella de allí? (como último benévolo intento de redimirlo, desde el paternalismo más puro, o el sesgo más malpensado, no sé qué es peor).
Todas las cosas que ella ahora desconoce le llevan a pensar que sí, eso es: tomó su amor por obsesión. Le da la razón un poco con estas letras inevitables en su web personal. Pero... ¿acaso no está justificadísimo volver a caer en la melancolía cuando descubres un engaño de un año de duración que coincide con el aniversario de probar su piel y quedarte corta, cohibirte por miles de razones, por estar reciente lo tuyo y tener un corazón aún esclavo y compasivo con el carcelero, por estar él en una situación similar pero distinta, de intentar rehacer. Y aparecer tú.

Inevitable es pensar que era evitable si el mismo día que ella fue a buscarle hubiera obtenido un no rotundo. Que en absoluto fue así, por eso es un cínico cobarde.

Inevitable es que solamente sea ya un pronombre personal, ni siquiera un pseudónimo, una inicial. El borrado es muy lento, pero ella solo tiene que pensar en que tú eras la pasarela al del equívoco, que está esperando ansioso el rocío de sus labios.




10 jun 2020

Reencuentro.

Entras y estaba en el taburete sentado a la barra del antro. Ya hacía tiempo que no buscabas su cara al fondo o en los rincones del local.
Se hace llamar de otro modo. Tiene otro lema y otra banda de cabecera. Pero va retomando las viejas amistades del tugurio, por eso ha vuelto, seis meses después y ya no se esconde, no lleva máscara ni avatar de juventud. Lleva mascarilla, eso sí, claro.

Pero ahí está. Cuando menos te lo esperas. Cruzas tus fechas y datos, bendita memoria en estos momentos, esa que ayer detestabas por volverte a recordar fechas pasadas en las que te creíste alguien especial para él.

Y cuando el desengaño estaba casi completo, tuviste esa última recaída en la que hiciste la bobería de pasar una nota por debajo de la puerta del antiguo domicilio, con una declaración de intenciones que no se materializarán. Algo que has hecho que te ha llevado de pronto a una ola de melancolía difusa. Te ha afectado. Y se lo has negado a los que te quieren, has vuelto a esa opacidad terca del "está todo bien" y era mentira.

De manera que es algo muy conveniente y propicio, que aparezca de la nada, de repente, porque volviste a buscar sus ojos, "un momento, nada más" te dijiste en la puerta, antes de echar una ojeada por las mesas en las que se sentaba, con su gente. Y resulta que te lo das de bruces. Nada más entrar. En la barra. No podía quedar así, has ido a tocarle con dos dedos a modo de timbrazo en el hombro. Pero luego te has arrepentido de hacerlo, pensando en el miedo que te dan esos ojos, y has salido corriendo, antes de que se girara completamente.

Pero sus ojos ya no tienen el poder de borrar todo lo que el tiempo te ha enseñado de él. El tiempo, inexorable, tu aliado, no hace más que darte las cartas buenas en la partida, para que ganes con cuarenta de últimas, incluso. Ahora ya sí puedes ver que te mentía, claramente. Ahora sabes que sí dejó el antro por ti. Por su falta de honestidad, por su irresponsabilidad y narcisismo. Sabes que le importa mucho su reputación. Muchísimo. Es un fraude, como el Jefe del amor cínico. No, ya nunca serás de esa tribu, como nunca lo fuiste.

Tú eres capaz de quitarte de todo.

Y eres capaz de amar grande, ya sabes que él y ella no lo son. No han merecido nada ninguno. Ni él tu amor ni ella tu empatía y sufrimiento por tu mala conciencia. Es el punto final, sin vuelta atrás.

Y llega cuando tiene que llegar. Cuando ya no es justo que dedique pensamientos a quien no me quiso ni me merece, teniendo el manantial y el amor de otros esperando. Que me sostienen y miman.

Siempre lo que dije: 12 de mayo, el día que no debí responder más.

Las fechas, siempre las fechas. Y los martinis y los tafiroles.









9 jun 2020

Juguetes.

y vómitos eternamente temporales. Salta las fechas de una puta vez, Rai...

Esos objetos, sí. Los de vivos y variados colores y materiales. Muñecas de trapo o de plástico, bloques de madera, legos, cartones y puzzles por doquier. Esos.

Esos objetos, sí, también, los del sexo lúdico. No debería estar excluido esto del puro amor que es el deseo sexual más salvaje, el de amar también, sin embargo lo voy a hacer porque algo me dice que aún a una gran mayoría de las personas que me rodean, todo lo que suene a frívolo, sucio o transgresor de lo convencional (vamos a decir como eufemismo de ranciedad, en conjunto, que lo resumiría...) en la cama, es digno de excluir de lo que es amor verdadero. Porque el amor romántico judeocristiano que llevamos a la chepa, es muy duro de levantar y remover. Y aquí se viene a tocar el feminismo neoabolicionista, claramente con el extremo represor eclesial de las religiones. El cómo de errado está el pensamiento de los chavales de nuevo, en cuanto a la posesión de la otra persona con la que se sale, evidenciado más aún si cabe por crecer con el uso ya completamente normalizado de redes sociales y smartphone, que lo retratan a la vista de todos además de las estadísticas que se publican. De nuevo vivir la sexualidad de manera abierta, lúdica, sana, es visto como vetado para las chicas que se quieran hacer respetar. Está puto anclado ese pensamiento y de vez en cuando vuelve la oleada de impulsos castradores del deseo sexual de la mujer. Incluso desde dentro, que es lo triste.

La mejor manera de sacarme a los hipócritas que seguían a regañadientes en mi grupo de colegas del antro, yo tenía muy claro desde el principio del verano de 2019 cuál era. Ya me lo habían demostrado. Su fariseísmo vergonzante. Por tanto, se trataba de llevar al extremo lo de las fotos sugerentes en pijama en el sofá, que eran para N. más que para nadie, y de noche. Exacto: estoy hablando de sacarme las tetas. En el momento en que empezara a tomarme un poco más en serio lo de los hilos y enseñara más chicha, iban a salir como gatos escaldados muchos "fieles y fielas".

Así fue. No me he equivocado ni un milímetro, todos los que esperaba, y alguno más. Ana. Ella sí me sorprendió. Como es un nombre muy común y hay muchas fieles con ese nombre ahí, con las que yo haya tratado, bah, no tiene mayor importancia un nombre de pila sin más. Aquí en mi web no le concedo más que ese dato difuso personal. Pero si digo que ella fue quien me avisó de los ataques del primer follón en el antro, debería saber, si tan inteligente como yo pienso que es resulta, que me refiero a su persona.

La actitud explícita ilustra hipocresías y agrada con descubrimientos muy necesarios sobre uno mismo, también. Eso pasa cuando atraes la atención de gente más parecida a ti en eso de no jugar con las versiones parciales de las personas. Que detesta el orgullo, como tú. Pero el mal entendido. Una cosa es la dignidad. Otra que en el antro al final se sepa dentro de una cuadrilla que se habían equivocado con una loca, que era la otra, la que mentía, y nadie reculó ni vino a decirte "perdona por creerla a ella". Porque como loca, que es, no les vale una mierda. 
Y de repente la loca se pone a bramar contra todo Cristo viviente, a despelotarse y a coquetear con tíos mientras pone a parir al ex en medio del divorcio y le ha dado el siroco o algo bien fuerte. Ahora ya no es loca. Ahora es mala. Y necesita tutela. Vamos a avisar a su familia, a la Flor del Dolor. Que igual no se han enterado de que tiene algún problema mejor que ellos.

Juguetes, las mujeres. Esas que esperan por el día en el que sean más equiparables de facto las obligaciones de los hombres con respecto a los cuidados que surgen en su entorno. Que si hay mujer en el contexto de un naufragio no sea automáticamente y por defecto la que tiene que dar la talla. Porque algunas no son resistentes trenes de madera, sino plástico malo del bazar chino de la esquina. Y se rompen.

Y todo el mundo con el que me he relacionado en el pasado año, -excepto una persona, de la que no me cabe duda la exclusión , y mis hijas, por su inocencia, por supuesto-, ha tenido que ver en que el juguete por fin se rompiera. Veinte años después de que me cayera la losa de las obligaciones nunca entendidas ni compensadas. Ni agradecidas, fueron mi decisión... eso dicen.

Fui un juguete para tantos. Un objeto, inanimado, sin el impulso de un niño. Quieto. Que no siente ni padece (olvídense de 'Toy Story', no estamos en esas...) Para unos imbéciles el pimpampum de sus movidas completamente ajenas a las mías (o eso creo), para otro una pardilla que se piensa que no sé dónde me da el aire en el antro y que no va ex-profeso a cotillear a la mesa de reservado de nadie, para el otro igual, pero este peor aún que el don víctima nº 1. Este me seduce, me enamora y tiene pareja. Me vende una cosa y luego es otra. Un cobarde cínico. Un gran hipócrita, probablemente el mayor, aunque hace nada me dio la flojera otra vez, por entrar en este mes. Aún me pasa, de vez en cuando. No le dije todo esto cuando se fue y ya no podré nunca.
Y he sido un juguete mío propio. Pero eso ya lo cuento otro día. El silencio me está llamando para que deje correr la lluvia y pasar los días viendo salir el sol con una sonrisa por la mañana.

La marea entra en calma.

Calma chicha

...en el Estanque,♪ llegará la Avalancha♪ porque la locura nunca tuvo maestro ♫ ... contra la eternidad♫ la belleza del instante...♫

Él está más cerca. Quiere jugar con mi melena larga, pero no soy su juguete.




8 jun 2020

Fundición.

Se agolpan, salen a borbotones y luego hay que cribar, filtrar, primero en malla de grano grueso, luego filtro de precipitado, así hasta llegar a obtener una mínima parte de pensamientos hilados finos.

Intentar mirar para adentro, conocerse. Se dice pronto y se dice fácil.
Quien sabe establecer una vía hacia el exterior de su yo más íntimo y lo expresa de manera coherente con su concepto de honestidad, gana más atención. La curiosidad se enciende. Puede ser una pintura, una canción, un texto. Pero el destello de honestidad ha de estar. Un conjunto de factores que proporcionan un contexto y que explican unos elementos artísticos, como consecuencia.

Para mí el acto y consecuencia, la acción y la reacción, no el momento congelado, no la instantánea, sino la narración. Siempre. Desde pequeña. 
Es por el baile, eso creo. La expresión corporal para mí es una de las manifestaciones artísticas más bellas, y tiene también una foto fija, un retrato, que son esplendorosos. Pero es la dinámica, el movimiento de una libélula o de una contemporánea sobre las puntas, lo que enardece la pasión y mueve las emociones del observador que, admirado por lo que ve, de pronto tiene ganas de imitar y aprender los pasos de baile de una coreografía...

En mi cabeza la narración es un eterno baile de letras y de palabras agrupadas, en oraciones, endiabladamente complejas, en ocasiones. Otras veces se enlazan de manera sobria, escueta, certera e insoslayable. Hay tantos bellos paralelismos en conectar párrafos y dar un sentido de equilibrio y armonía a un texto con la manera en la que se desarrolla una coreografía de clásico, de principio a fin, sobre las puntas de una bailarina. Y es curioso que además es antes o después de escribir que sucede: me apetece bailar, la música de fondo; y también cuando estoy bailando me puedo inspirar y que de pronto me apetezca escribir algo que me vino a la mente mientras me movía.

Sin embargo, cuando como con el presente texto tengo dudas sobre la idea general a transmitir, el momento en que lo tienes en palabras descrito, ese pensamiento que crees trasladable a los andamios de las palabras... sientes que algo falla y ese paso en el segundo giro se te va a olvidar todas las veces, con lo que el equilibrio, la armonía, se irá al garete a la hora de observar el conjunto.

Veamos... Creo que he rehecho este relato varias veces. 
La primera edición entré, recorte, edité párrafos y rehíce el último entero. También añadí dos que conectaban con este pero eran una paja infumable. Aunque no los borré sobre la marcha, guardé la versión, nublada la inspiración en ese momento, teniendo claro que los borraría al siguiente intento de enfrentarme a este soporífero texto. Volví a abrir la web y efectivamente los eliminé enteros, los dos bloques. Y también el último que había estado rehaciendo entero en la anterior versión. 
¿Y por qué? ¿Por qué ahora vengo directa, con idea en el pensamiento sobre lo que quería decir titulando "Fundición" esta entrada de junio de 2020, mes jodido donde los haya, para mí, dentro del año?

Hice memoria. Eso pasó. Acerca de ese momento en el que los dedos funden con los pensamientos que brotan y que quieres trasladar al negro sobre blanco y casi teclean sin más, escribiendo lo que quieres contar de la manera más fiel a como a ti te gustaría que te lo hiciesen. Lo vivido por ti o imaginado por ti, da igual. Y que tus relatos son ficción con tintes y detalles reales y verídicos de tu vida. Cuál ha de ser sino 'Fundición' la palabra utilizada para describir una amalgama de metales, minerales, aguas dulces y saladas, vientos y granizo, sol extenuante y cruel, pies helados con dos pares de calcetines. Los Campos de Castilla y el ancho océano. La lava en una isla minúscula, el fuego y el regio mar, con sus reglas cada uno, poniéndonos a los insolentes humanos los pies sobre la tierra.
Las ironías de la vida y los planes del revés. Los encuentros con las personas decisivas en nuestra vida en el peor momento. Un antro en el que ves la falsedad, solo si no te has hartado y aún te tomas las copas mirando hacia dentro del corro que rodea al líder. Yo bebo poco. Y si echo un ron cola, seguro que me pongo en la barra, de espaldas a la juerga, en mi taburete alto, como buena insociable, con un par de tíos y tías haciendo chistes de suicidas. Pero de espaldas fijo... Con el pack de la vida viene la muerte a juego, sin fecha. Lo mismo que encontrar al hombre de tu vida y que esté ocupado y a miles de kilómetros. El mismo tipo de putada que que tu madre muera a destiempo, están al mismo nivel. Hay duelo. Y de la madurez del momento vital depende eternizarlo o relativizar.

Tus decisiones de mierda. Las que afectan a tus seres... los que te llenan. Los que no están que sabes que sufrirían, también.

¿Es la historia de mi vida no enterarme porque no me quiero enterar y luego quejarme porque no me he enterado?

Una vez, hará como quince años, estuve verdaderamente preocupada por si padecía hipoacusia. Me derivaron al otorrino y resulta que no se podía oír mejor que yo, según la prueba funcional practicada y valorada. El diagnóstico fue que el motivo era psicológico y un gaje del oficio. Es decir, de pesada que es la gente al otro lado de la barra, yo había desarrollado un sistema de desconexión para no escuchar, al parecer involuntario, las cosas triviales de mi relación con los clientes a los que tenía que atender. De sorda tenía, por tanto, menos mil. De atención selectiva a mis intereses, por lo visto un poco más, al parecer...

Fundía. Fundo. Nos fundiremos. Fundición de palabras, fuego en el cuerpo.
No, no siempre todo es igual, todo igual, todo lo mismo...

La libertad es fantástica, aunque mar gruesa, pero no es oscuridad. Es lo contrario. No es un mito. Son las personas de las que te rodeas las que te permiten la libertad de ser fiel a ti mismo.
¿Un Blues que disuade de la Libertad, que da fiebre, que niega que la libertad en el amor sea el camino?

Tantas preguntas sin responder. Tendré que fundir un nuevo queso para seguir descifrando lo que no entiendo.



2 jun 2020

Lento.

Hablaron durante meses. Cuando faltaban días las conversaciones se les iban de las manos en cosa de tres minutos, para pasar de las palabras a los hechos y tocarse a sí mismos pensando en las manos del otro. Eran un polvorín a distancia. El control remoto pasaba a la acción simplemente con una notificación en el celular de que el otro estaba en línea. Diciendo "¡Hola!", nada más, pero a ambos se les aceleraba el pulso, enviando o recibiendo mensajes.

A menudo imaginaban juntos el momento de probar las pieles. Ella se preguntaba secretamente cuánto tardarían en llegarse a la cama desde el encuentro en el sitio donde se citaran, media hora, una, dos... Él solía hacer referencia a la timidez de los dos, entre risas. Al mismo tiempo le daba a ella confianza en sí misma y una seguridad extraordinaria en que todo iría bien. Que aquel hombre tímido pero tranquilo, le proporcionara esa sensación de calma, era uno de los puntos fuertes de la relación. Fue ella quien se acercó a él el primer día, intrigada por el dolor de unas letras, por una manera de amar concreta que trascendía en versos tórridos dedicados a una mujer de su pasado.

Estaba muy confundida, saliendo de una relación en la que ella se sentía adolescente que chupaba la energía a un vampiro de unos quinientos años, muy desgastado por la vida inmortal. El vampiro fue padrino de su transformación, cuando ya estaba en las últimas, pensando nada más en las estacas y las balas de plata. Y la abandonó justo después de morder. El vampiro la bautizó pero con un fogonazo desapareció, dejando sus retinas lastimadas y el corazón muy maltrecho.

Y aquellos versos inflamables pero contenidos, resignados pero encendida aún el ascua, dolientes pero vívidos, calientes y hedonistas, enamorados pero vencidos por la desesperanza... le recordaron al punto de partida anterior. Pero da igual cómo sucediera, si la casualidad o el algoritmo, la cuestión es que dos corazones arrasados tomaron consciencia de haberse topado, el uno con el otro. La parte buena de ella, aunque la curiosidad de la gata es la que la mata, pero también de vez en cuando consigue un salto a un tejado con unas espectaculares vistas.

El vampiro era un melómano y usó la música para la seducción de los sentidos a distancia, así la pescó e hizo discípula. Una muy potente y adictiva manera de edificar una relación basada en el deseo.
Pero en el hombre de las letras dolientes la seducción no había sido activa, al menos dirigida a ella. Tiempo después supo que ese dolor estaba reposado. En cierto modo ella se sentía atraída por esa ardiente expresión al mismo tiempo que desplegaba su contención emocional y su agradable trato, exquisito, sin histrionismos, como ella misma se veía ante el desamor, contando sus tropiezos y daños masivos. Y le deseaba con sed y veneración, ya a estas alturas. Siempre lo deseó, desde que encontró los versos, que le hicieron removerse en el sofá, -mientras leía, piernas inquietas, latido en el coño,- pero había ido a más y más y más cada vez. Superada así la aventura del vampiro, con mucho, en este aspecto. Este sí que nunca se coló sin invitación por la ventana. Que quizá no fuera tan casual, que pasara por allí, ya no importaba absolutamente nada, desde el momento en el que ella había vencido la timidez para saciar la curiosidad de manera entrometida. Era consciente y no la importó. Estaba la sombra del vampiro aún por ahí, digamos que el luto y la inevitable comparación le ha durado demasiado, pero siendo su bautizo no podía ser de otro modo. Creyó de algún modo en la reencarnación, aún habiendo visto calcinarse al otro, a él que derritió toda la escarcha que la envolvía y la devolvió a la ardiente lascivia que formaba parte de su ser más íntimo. A la dulzura del deseo felino y reptil. A ratos la mamba de segunda generación recordaba a la Veterana y sus enseñanzas sobre los sacos de palabras que atrapan y el sacrificio más aletargado de una mujer a los cuidados.

Su deseo sexual estuvo encadenado y ahora es como empezar de nuevo todo.

Y ahora está enfrente del que hace poesía posesa de deseo mezclado con dolor. La melancolía. La foto fija. La imagen amplia, la filosofía de quien vive sin prisa, aún con una epidemia mundial de por medio. Un aumento inesperado de incertidumbres rodean un momento ansiado. Ella, nerviosa, -ve venir el enganche- provoca el primer alejamiento. Después un segundo evento, en el que acaba enviando un audio enfadada y, tras de excitarse él con su voz, ella también con su erección y terminan tocándose... Eso no pasó antes. Antes, tras los enfados, llegaba el hielo. Nadie nunca había provocado su fuego al regresar de esa manera... le perturba eso.

Y a él le perturban otras cosas. Hay algo inquietante en ella. Cuando entra en pánico, habla muy deprisa, escribe muy deprisa en el chat, también. No la sigue. Le pasa con más gente, le cuenta a él. Y que de normal, si está tranquila, es de mascar, rumiar, reflexionar e incluso que necesita su tiempo. Ella se considera "lenta de procesador", como dice. Y cuando tiene un pico de ansiedad, porque algo que has dicho tiene relación con uno de sus miedos cotidianos, se transforma. Es un torrente verbal. Se desborda en sentimiento y palabrería. Es ininteligible y ella lo sabe pero no controla el impulso. Ahora lo para, una vez iniciado el chorreo, cuando se da cuenta de que los interlocutores no entienden lo que dice. Es un avance. Antes entraba en cólera por la frustración, lloraba y gritaba, desesperada. Estando él on line se transforma en lo contrario. En calma y sensualidad, las lágrimas si acaso son de risa y la desesperación es cosa dimensional, de tiempo y espacio, por ganas de tenerse, que ya se tienen desde hace mucho. Han pasado meses. Él se ha sabido con un fantasma cerca y ella también piensa que este también tiene unas expectativas muy altas. Que no sabe si va a poder satisfacer. Pero, como siempre, planteada la oportunidad de conocer a alguien que le ponga erizada de la cabeza a los pies, predispuesta a la entrega al cien por cien, como ella era, antes de que se rompiera eso... ¿cuándo se rompió eso?

Mientras ella piensa en sus calamidades e insatisfacciones de citas que sí consiguió y fueron un fiasco. Es caliente pero no es fácil ponerla al límite, esa es la cuestión. Necesita una atracción por encima de lo físico. Es la conexión de sentirse deseada al punto de que quieran y deseen tu disfrute como tú el de la otra persona. Para que vuelen los tabús y fluya la piel, la humedad de bocas, de las bragas y se desee la erección y la dilatación y lubricación de los miembros, ya sea natural o con saliva. Están de pronto, mirándose y frente a frente... [Interrumpe ella sus sueños húmedos despierta...]

Acaricia su cuello, con el dedo índice y el corazón, deslizando suavemente por el sudor de su escote, hasta encontrar el borde de la camiseta. Se detiene la mano en estirar la palma y apretar el seno izquierdo con suavidad, por encima del sostén y de la tela del top, y ya se percibe esa gominola dura, que le vuelve loco. Respira deprisa y fuerte. Él sabe que mejor ir despacio, la conoce. Se exalta como una niña. Vuelve con los dos dedos al borde de la camiseta, para recorrer con las yemas el escote hacia la parte superior del tirante. Ahora los baja lentamente, el del sostén y el de la camiseta. Se detiene un instante, observando la curva desde el hombro hasta la clavícula, luego el cuello, la melena... retira hacia atrás el cabello y la recorre con los dedos. Entonces acerca la boca y la nariz a la oreja y susurra "estamos aquí, juntos...". La mano pasa detrás de la cintura, entretanto, rodeándola y alcanzando las nalgas, que aprieta contra sí, mientras respira suave y cálido en su cuello. Ella respira excitada, notando la erección de él y la humedad de su boca en el cuello. La llama ha prendido con inusitada facilidad. No son extraños, no. Todo aquello estaba soñado, previsto, compartido. En la imaginación de ambos, meses atrás. Así que, despacio, frente a frente y mirándose el uno al otro, comienzan a desnudarse. Aún no se han besado pero se comen con los ojos. Se han desprendido del exterior y ella está a punto de bajarse las bragas, pero él, que no le ha quitado un ojo de encima desde que la vio sentada en la mesa del restaurante, se arrebata de pronto, porque quiere ser él quien se las quite, así que le agarra de las manos para que no lo haga, mira hacia la cama. Ella lo entiende y camina para sentarse en el borde del lecho. Él la sigue y se arrodilla, abre sus piernas poniendo las manos con suavidad en el interior de los muslos, que acaricia mientras no deja de observarla, y se coloca entre ellos. Se acerca a su boca y la besa por primera vez con pasión acumulada en meses de deseo de sentirla cerca. El abrazo junto al beso, de la piel desnuda, los pezones duros de ella apretados contra él, la rigidez del miembro en aumento, unas lágrimas tontas resbalando por mejillas sentimentales, exaltación y frenesí. Él no quita, sino que rompe las bragas y entra en ella sin poder esperar más... No fue como planearon en absoluto, de hacerse desear. No se puede evitar. Pero una vez envueltos en sudor, saliva y fluidos de ardiente deseo, contenido por las vidas de cada uno, se ralentizan. Ella para. Lo mira. "Hagámoslo durar..." Y sonríen sabiendo que ambos están de acuerdo. Se sube entonces encima de él, 'sin prisa, pero sin pausa', y comienza la monta suave de la amazona de los sentidos en que se convierte, con un contoneo que dosifica con sus caderas, acompasadas con ritmo favorecedor al movimiento de los rotundos pechos. No podrá ser de otra manera que lento y largo, como las piernas, los brazos... los tiempos en los que la historia se ha cocido, a fuego lento. Disfrutar cada centímetro de piel y explorarlo, lento, hacer un mapa del otro, la primera vez de todas las que se follarán esa noche. Ávidos, como están ambos, de un tú a tú secreto, exclusivo, único. Que te de más alas para amar. Y desear. Desear ser tú.

Es cosa de dos, cada hilo de deseo... Dos amantes esclavos de ese hilo.

La Reina Momo todo el tiempo anda a la pesca...
con su carcajada ronca me tentó...