29 jul. 2020

Mala mujer.

Y no me importa ser mala mujer entre tus brazos. Es más: soy buena. Entre tus brazos estoy segura de que a nadie hacemos mal por amarnos a lametones.

A distancia. El vello de la nuca de punta, pasar las yemas de los dedos sobre la piel del cuello, con el cabello recogido en un moño con pasador...

¿Cómo es posible que me está hablando de estimular la zona anal para hacerme estremecer, me lo escribe, y a miles de kilómetros de distancia sientas un latido en el coño y tengas de pronto erectos los pezones?

Pezones duros, hiper-reactivos al roce, que anhelan tu boca y contacto. Al tocar mi cuerpo transportarme a la conexión de saber que quieres que lo haga e imagine que son tus manos las que recorren, tus dedos los que entran y se mojan. Y que me inunde el placer con ese pensamiento dulce, al compás de mis latidos.

Del mismo modo que yo ansío tu tacto, tu boca, tu lengua, sexo y saliva, en paralelo o perpendicular, horizontal o vertical, quiero yo que al otro lado del 'mundo-red' que nos sostiene, imagines tú que mi cuerpo necesita imperiosamente acogerte, de nalgas o de frente, cuanto antes, mi amor.

Lo que me inspiras en un instante, desde que me saludaste, hace menos de una hora...



24 jul. 2020

Notas en la playa, de ayer tarde.

Están impregnadas de rabia, no las puedo transcribir. Soy yo, en versión Hyde, muy dolida y desbocada.

Hablando de lo que no me incumbe. Nunca me incumbió ella. Eso también era cosa de dos. Pero las mentiras, Rai. ¿Hasta dónde era cierto lo que él contaba? Quien engaña una vez, engaña ciento.

¿Quién es ese? No. Mejor te lo digo a ti. Como una carta que por fin te escribo de tú a tú.

Empiezo otra vez:

¿Quién eres?

No eres la persona que hablaba conmigo.

No eres la persona que reía conmigo.

Ya no te hablo en tu lengua, que era una sólida demostración de amor, como bien sabes. Pero porque siento que no hablo con la misma persona.

Ahí no tienes personalidad. Te la han pintado. Te ajustas a algo. No sé definirlo... Es una especie de personaje, creado a partir de tu evidente encanto personal.

¿Sabes que eché la vista atrás? Pero no desde la atalaya antigua sino desde la nueva. O mejor dicho: desde la atalaya antigua que es la actual y perduró y sobrevivió a la erosión mejor, que la de la zorra traviesa que se juntaba con orcos, que duró un año y algo y se desmoronó junto con la cordura.
Sabía que nos habíamos cruzado antes. Y así era. Estos pequeños triunfos de mi memoria, cuando los datos registrados en el soporte que sea, afloran y corroboran la reminiscencia fugaz que mi coco ha guardado por ahí. De años atrás. Lo último de hace tres años. Y una interacción en 2012, con Llamazares de por medio, y en una multi. A la contra en las opiniones, íbamos ya.
Pero lo que me jode de todo esto es que sí, que hay un blanco y un negro con una escala de grises en medio. El blanco es tener casi toda la razón yo y que seas un personaje, un fraude en el antro y distinto fuera o conmigo. El negro lo contrario: que esté completamente equivocada y que te hice un traje con hilos de oro, te vestí y te puse en un pedestal. Viendo lo que quería ver porque me encoñé en un chat en Internet.

Y de los grises no hablamos. Para qué. Necesito olvidar y soy una persona con serias dificultades para eso, por mi capacidad de retener datos y de interrelacionarlos.

Todo es cuestión de interpretación personal y subjetiva.

El olvido y la humildad.

Es lo que toca. Mirarse al espejo. Decirme a mí misma: "No pasa nada porque te lo hayas flipado y malinterpretado las cosas. Es perfectamente normal, por todo lo pasado y de donde venías, y los comportamientos excéntricos, derivados de un enamoramiento tardío, cuando se entra en los cuarenta rompiendo tu matrimonio fallido, de una relación de 18 años totales. Y hay reacciones químicas y revoluciones hormonales. Todo lo que te ha sucedido es lo más natural del mundo".
Pero sigo siendo idiota. Porque te hice un traje y ahora, caída la venda, resulta que te sienta fatal, te va grandísimo.
Y es una lección apoteósica de humildad haberse equivocado tanto, tantísimo como yo lo he hecho, al tomarte las medidas. El sopapo y esta bajada de humos de mi perenne arrogancia que representas, como ente idealizado que se tira pedos como todos los mortales, son condiciones necesarias para el olvido. Para no volver ni a trolear ni a cavar fosas en el desierto. Para el olvido, que tanto le cuesta a esta cabecita mía.

Lo bueno es que esa misma medida de traje, que retuve en mi mente, me sirve para el patrón de la persona de mis sueños. El que me acaricia el alma y me enseña sus cielos y viajes.




21 jul. 2020

Sal en la herida.

Me muerdo las uñas y me hago heridas. Eso tiene como consecuencia que, cuando voy a cocinar y cojo una pizca del condimento conocido como sal común, vea las estrellas en ocasiones. He aquí una posible explicación a mi masoquismo. Voy a empezar a ponerlo en práctica para el placer que no sea el del buche. Porque además cocino que me salgo del mapa y por ahí también me sé ganar a los amantes, si quiero. Tengo que querer pero tampoco me gusta nada esto de tirarse el moco on line. De las pocas cosas que me parece inaceptable, tirarse el moco de algo evidentemente indemostrable, incluso haciendo una rigurosa descripción de la receta del plato. Y esto es así. Por muy buen aspecto que tenga el resultado final. Así que, efectivamente, desconfío de todo manjar que me muestren en foto o me cuenten con palabras que lea u oiga. Ni gusto ni olfato son posibles y no me creo casi ni a los que tienen restaurante para ir a comprobar. Salvo honrosas excepciones, claro. Entre las que están, por poner un ejemplo clarísimo, para mí, Pedro Larumbe. He probado chorradas tan vistosas como la reacción exotérmica de la disolución de sal fría en las gambas. Que encima eran de La Santa, un productazo de lujo, ¡qué desperdicio y qué pena de carmela con sal gorda, como las han hecho aquí toda la vida! Vaya puta mierda, no nos las comimos todas. Y me da vergüenza escribir esto, pero a la vez, qué ganas de escribir esto, desde que las comí, el día de mi cumple pasado. 
Aunque ya se habían encargado de joderme la velada, para esa noche con mi hermana, los dos hombres que en ese momento estaban en mi cabeza y en mi corazón, en distinto modo.

Así son. Los hombres ombligo. También a ella le jodió el suyo, tres meses después, aquél otro. De la manera más vil que en mi vida haya visto.

No se conforman con no estar a la altura, con quererte mal, con darte migajas y, si llegan, además tarde. Tienen que joderte días señalados, hacerte papilla en fechas especiales. Remarcar que lo suyo siempre es más importante que tus sentimientos.

Pero esa sal es la que avisa. Saca la mano del salero, pon tus dedos bajo el grifo.

Y de la otra sal, la de las imágenes impostadas que no son para ti, sino para demostración a otras, porque de ti no sabe nada, aunque tenga el atrevimiento de hablar, es fácil sacudirse.

En cuanto piensas que se sacudió de sus obligaciones de enmendar cagadas acudiendo a tu propio feminismo. No al de él mismo. Y por supuesto tampoco al de ella.

Lástima de lenguaje no verbal. Pero gracias a él que lo veo todo transparente, como las cristalinas aguas de la islita.




19 jul. 2020

Salvaje.

Agosto. Lugar perdido en la sierra, mucho calor. Es de noche y la temperatura no ha bajado de 25ºC, según el indicador instalado en la entrada, junto a la puerta del baño. El bochorno que impide dormir. Y sin embargo no cree que pudiera tampoco, ni aún estando a quince cómodos grados para descansar, pegar ojo. A pesar del cansancio de todo lo que habían ejercitado la anatomía desde el minuto después de cerrarse la puerta de la habitación. A pesar de haber llegado después de una frugal comida, sin postre pero con café, bebido ardiendo para salir rápidamente del comedor del hotel, lleno de seres que sobraban. 
Eran las tres de la madrugada, ella apenas hacía quince minutos que emitía ese ronquidito de leona, y habían follado casi sin descanso desde las tres de la tarde.
Exhausto pero eufórico. Imposible dormir. Incrédulo incluso, de haber coincidido con ella en un mismo tiempo, en el sitio correcto para ellos dos. 
Vencidos los convencionalismos de la sociedad y el entorno que rodeaba a ambos, cada uno en su hábitat, allí estaban.
Grandes felinos. Orgullosos y heridos. De ese grupo era ella, sin lugar a dudas. Maravillosa, así: impregnada de sudor y con la melena enredada, duerme con los brazos hacia arriba, tapándose un poco la cara con los antebrazos. Y las piernas, eternas, semi abiertas y de lado, con el culo en pompa. Su delicioso terciopelo en esa piel... giro alrededor de la cama, hacia la ventana. Entra luz de la media luna, entre los visillos, que baña su espalda ancha y robusta. Porque es fuerte. De alma, de corazón y de resistencia física. Brava y dulce. Descarada y tímida, le gusta recibir cumplidos, pero sonríe y se pone colorada con facilidad, recuerda él, en la mesa del restaurante, mientras comían unas horas antes.

Ella contándole a él, que le pasa también al otro lado, cuando están on line. Que, en general, cuando pone emojis de rubor en sus redes, realmente está roja de vergüenza al otro lado. Es muy sexy ese lado infantil. Pero hay que ser cuidadoso con esa aparente dulzura inocente. Se arrebata y enoja rápidamente, si tratas de hacer de padre, es muy irritable con la condescendencia y los paternalismos. Es obvio que la irrita porque la han minusvalorado de verdad, no es algo que esté entre sus equivocadas percepciones. Se machaca y culpabiliza por todo, es un nivel de auto exigencia muy alto.

Se lo dije y contestó que es porque así es como sabe ella salir adelante en la vida, un poco borde. Pero cuando es dulce, no tiene igual. Y quizá no estaba muy enterada de eso, no lo está...no lo sé. Pero los dos queremos vivir esto intensamente cuando podamos vernos porque ninguno lo habíamos vivido antes, reciprocidad y compatibilidad sexual desde antes de vernos en persona. Ya lo sabíamos. Al menos yo. No se lo dije, ella sí sentía presión, por una mala experiencia anterior con altas expectativas insatisfechas. Después de la primera vez, en la que nos corrimos ya juntos, ella sí que pensaba que sería bueno pero no tanto. Yo sabía que las probabilidades de que saliera como ha salido eran muy altas. Faltaba el olfato nada más. Y nada menos. Pero está claro que desde que nos pudimos mirar a un metro de distancia, sobretodo durante la comida, la última y decisiva pieza también encajó..."
<<Ese primer polvo fue salvaje, aún lo pienso y se me pone dura. De cómo empezó, suavemente besándonos en silencio, de pie, en la puerta, nada más cerrar. Encenderse la respiración y pasar a comernos las bocas mientras el uno quitaba la ropa del otro. Allí en la puerta, semidesnudos, ávidos por tocarnos, nos abrazamos contra la pared, apasionados, ella me comía el cuello, yo le arrancaba las bragas... Besos, dulzura otra vez... ella mojada, mis dedos entrando en su vulva cálida... notar mi erección seguir creciendo al contacto con su humedad, y ahora la oigo decir, suave, entre gemidos "quiero que me folles..." Le doy la vuelta, ella aprovecha para guiarme hasta una cómoda, donde apoya sus brazos, después de soltarse el sujetador al completo. No puedo más, la quiero mía, le entro por detrás... le doy todo mi deseo atrasado de golpe, ella se estremece y me acoge, me ofrece más su culo aún, excitadísima y yo como loco al ritmo de su diabólico y dulce vaivén...>>

<<Córrete para mí...>>

"Nos corrimos muy rápido y juntos, ella estaba entregada completamente a que le proporcionara el placer de hacer realidad meses soñados..."

Después de ese primero vinieron los lentos, los húmedos, las fantasías comunes, las exploraciones de los rincones de placer y de deseos ocultos de ambos mapas.
Doña Amor y Don Deseo hicieron una bonita celebración de reencuentro con la Señora Vida. Que estaba a por uvas, despistada con sueños miedosos de inmortalidad, jugando con vampiros, que adulan a la transcendencia, mientras duermen en cajas de tierra, durante el día.

La muerte, la vida. Eso sí que es unión indisoluble.





7 jul. 2020

Seca.

Calima. Cuesta respirar, es aire espeso, cargado de polvo.

Cuesta andar, la sensación térmica del calor con calima es agobio y ganas de llegar al sitio a donde sea que te dirijas.





Calor...

-¿Qué nos pasó?

-¿De qué hablas?

-Recordaba cuando en verano íbamos medio desnudos por la casa, y al mínimo roce ya nos poníamos a follar. ¿No éramos los follarines o algo así?

-Tío, en qué cosas piensas ahora, me estás dejando picueta. Sí, eran unos cabrones, en la cuadrilla, pero puta envidia de que siempre nos marchábamos antes porque nos poníamos a bailar y ya nos liábamos.

-Es cierto, qué risas, también la envidia porque ya vivíamos juntos y con techo no había problema. Cuando otros igual se tenían que ir a un motel. O peor, al club de Tenis con el coche, si estabas pelado de pasta.

-De todos modos, lo que estábamos hablando antes de esto del mote... ¿tú qué crees que pasó?

-Tú a mí me sigues excitando como antes...

-No sigas, por favor, no lo pongas peor, con historietas de Corín Tellado. Y ya sé que si me pongo la tienes dura en cero coma dos. Pero el problema es que yo no me quiero poner a ello. No te deseo. Y tú tampoco a mí, porque me buscarías. Y no lo haces. Te quedas dormido media hora después que las chinis, con suerte. Nuestras cosas en común, nuestras conversaciones, cada día más, son en términos desagradables, discutiendo o siendo condescendientes el uno con el otro, o, cuando es posible y prestas atención, son de tipo profesional, del curro.

-Joder, tía, no es para tanto...

-Esa es tu percepción. La mía es que no nos reímos, como antes. Y por eso no follamos como antes. Tú puede que pienses que no nos reímos precisamente porque no follamos, que también puede ser. En cualquier caso, la conclusión a la que yo llego es que ha llegado el momento de afrontar que se acabó. Que está roto esto y que tenemos una vida por delante, somos jóvenes los dos. Esto no puede ser, porque nos consume. Salvemos la relación, te lo pido, antes de que sea demasiado tarde...

-No puedo creer lo que me estás diciendo, ¿pero tú lo has pensado bien?

-Por favor, no hagas esto, lo hemos hablado... ¡No! ¡no puedo creer que otra vez en el mismo punto estemos! Es el día de la marmota de intentar dejarlo y hablar de ello.

-No, ya sé que lo hemos hablado antes, pero figuradamente...

-¿Qué hay de figuradamente en "nos llevamos mal, discutimos, ya no me río y tampoco quiero follar contigo: vamos a dejarlo"?
¡En estos mismos mimbres han estado las palabras otras veces que he intentado avanzar en esto! ¿Tú eres feliz? ¿Eso quieres para tus hijas, vivir a mi lado, aguantando mis mierdas sin quererme ya? 
Yo no quiero eso.

-Sí te quiero, eres la mujer de mi vida.

-Y tú el padre de mis hijas. Nadie más importante que eso, por mucho que nos tiremos los muebles a la cabeza y a pesar de todo lo que me hagas, nos hagamos. Siempre.
Pero yo no te deseo, ya no te veo como hombre y sabes que yo necesito eso para que funcione. Una vez no hace mucho te dije lo que me pasaba con los gestos de tu padre en la manera de tratar a las niñas...

-Sí, lo recuerdo, por favor, déjalo...


-Vale. No lo voy a repetir, para mi tampoco fue agradable confesarte que me pasaba eso. La cuestión es que no encoge, se agranda con el tiempo. Esto no tiene solución.





6 jul. 2020

Esta sensación de libertad.

Aún con el dolor del golpe, tras la caída. Y quizá ese sea el único motivo para conceder la sonrisa al 2019.

Despertar del letargo, tras la hibernación, no es tarea sencilla, lleva tiempo.
Son ironías estas de la vida. Obligada por el devenir de los acontecimientos, mi trayectoria vital ha estado marcada por la espera, el posponer siempre y la paciencia que todo eso conlleva asociada. Claro, que todo tiene un límite y el vaso llega a rebosar. Creo que es esto lo que ha pasado. Veinte años eran muchos quedando casi siempre relegada a un segundo plano. Y digo casi siempre porque ser medio canaria es la excepción. Es el único de mis sueños logrados, aunque luego, con el paso del tiempo y aprendiendo y conociendo los problemas sociales de fondo, como en cualquier lugar de este mundo, la tristeza esa que siempre se me agarra, hace aparición. Pero eso no es Lanzarote sino mi manera de ser. Me habría pasado en cualquier sitio, volver a ese desencanto. Eso no quiere decir que me quiera ir. Tengo muy claro que es mi lugar en el mundo. Y tras un periodo profundo de duda y reflexión, sabiendo que la formación superior se complica y es más cara aquí para mis hijas, he vuelto a la claridad de ideas en cuanto a creer que es un sitio maravilloso para crecer. De momento nos quedamos. Burgos sería una fuente de problemas y focos de ansiedad que aún no estoy preparada para enfrentar. No sé si no me sacarán de la islita con los pies por delante como única manera posible, pero espero que ni eso.

Cuando fui madre sentí por un tiempo la necesidad de volver. Luego la sentí más cuando empezó a resquebrajarse mi relación de pareja. En esos días me quemaba la añoranza de mamá. Lloraba un par de veces a solas al día mínimo. Nadie lo supo. Los dos primeros años de vida de las mellis me tiraba las 24 horas del día a su cuidado, casi la mitad de ellas sola. Tenía muchas oportunidades, pues, para llorar amargamente mi soledad cuando menos la deseaba. La carga hormonal de un múltiple y todos los cambios que supone esa gestación son brutales. Yo deseaba con toda mi alma ser madre, pero la multiplicidad me pilló fuera de juego. No olvidaré nunca esa eco. Salí aterrada del hospital. Él como loco de contento. Yo aterrada. A él hasta la ginecóloga tuvo que decirle que frenara el entusiasmo, que no los iba a cargar él. Yo aterrada.

Y el terror no era solo por lo físico-hormonal-montaña rusa emocional-económico... No, no... yo ya tenía problemas serios y discrepancias por el orden y la limpieza de siempre, durante toda nuestra convivencia ha sido así. Yo me la vi venir gordísima y fue diez veces peor que mi previsión.

Sin embargo, aquí estamos hoy, separados, él llevando el tipo de vida que quería llevar, pero solo (eso no entraba en sus planes), y yo sin ni idea de qué hacer con mi vida ahora. Poner copas otra vez, supongo. Pero mis niñas conmigo. Ellas, de manera escogida, son las únicas que limitan mi libertad. Y para que ellas estén bien, en realidad la mejor manera es que yo lo esté. Me faltan unos pasitos para ser libre que no sé cuánto tiempo me va a llevar darlos. Pero la sensación de libertad va en aumento. Porque cada día soy más yo. Convencida de ello. Y de que se alejen todos aquellos a quienes no les guste esta mujer que soy. Con mis virtudes y mis defectos.

Porque no necesito ser una gran persona, me conformo con la normalidad de tener virtudes y defectos, como la mayoría, pero lo que necesito es ser una mujer libre, sin el deseo enjaulado. Y amar como siempre quise: sin ataduras ni exclusividad, por si el deseo falla sin remedio. Mi casa y mi independencia total de todos los yugos y mochilas que no son mías.
Ser yo. No quiero disfraces ni cumplidos vacíos de quien sale y se hace silencio.

El silencio no me gusta. O las voces de rol de las Chan jugando o música.
Siempre hay música.

Me gusta esta libertad que crece, aunque sea en mitad de una pandemia, que nos confinó y confinará.




La lengua bífida.

¿Qué hay de ese olfato, el olfato materno? El que guía al puchero que añoras de su mano imbatible en el sabor de un buen guiso. El que guía al olor a tabaco o tugurio, en la ropa del adolescente y también el que se percata de que el perro o el gato ha meado un montón de ropa sucia en el rincón del baño.

Ese olor en la cabeza de los niños, que despierta la esencia del ser humano, el lenguaje, con el que vendrán los "¡Cuánto os quiero, hijas mías, sois mi alegría de vivir!" El homo Sapiens, como decía Silvia en el programa de la Rosa de Los Vientos en el que trataron sobre "los ladrones de mentes", el área reptiliana de nuestro cerebro, que no es ni la límbica emocional ni la racional. Cuatro intereses dominan en el cerebro reptiliano (las cuatro efes) Food(alimentarse), Fuck(reproducirse), Fly (necesidad de huir) y Fight(necesidad de luchar ante un peligro, huir o luchar, alternativamente).
Y así funciona también la gente en sitios como el antro. Seguimos desmitificando el amor romántico, amantes de Poe, sorry. No hay destino. Hay encontronazos aleatorios con quien nos pone perros y perras.

La reproducción. La hormona. Todo lo que la ciencia quita de romántico al verdadero amor. El olfato. Ahí se halla la necesidad de desvirtualizar a alguien con quien has conectado a nivel emocional en la vasta RED. Oler al otro para confirmar. Por eso hay relaciones fallidas en el momento en que avanzas a la cama. Por eso tiene que ser pronto antes que tarde. Hace nada había gente que creía firmemente en eso de conocerse primero... Que yo siempre he pensado: "pues eso digo, CONOCERSE PRIMERO". Si no funcionan los besos, si no te saben tocar, si a ti tampoco te sale... no estáis en la onda necesaria, no se fluye... no hay nada que hacer. Y quien diga que eso no es cierto, que sí hay otras cosas más importantes, no sabe lo que es el amor. No ha experimentado la reacción química que pone en marcha el deseo, el fuego, que te pongas cachonda y digas guarradas en un chat a la persona deseada. Porque sin olor también hay que conocerse, por lo de la conexión emocional, porque en la expresión y en los ojos está el sustituto de olfatear la hormona sexual del contrario y las nuevas tecnologías, OH MY GOD! traen consigo esta maravillosa ventaja, que es conocerse previamente de muy diversas maneras, allanando el camino, en especial a los tímidos que somos desinhibidos en privado (sí, más que en público, ¿qué pasa?) o tras una personalidad construida en la red. Que puede ser más o menos fiel a la realidad.

El lado racionalista, cuando has decidido limitar tus relaciones íntimas a una precavida distancia de donde desarrollas tu vida como mami, sabe que falta la química del olfato. Sin el olfato, la conexión es a otro nivel, ojos y oído. Lo que te dicen también te seduce y te transforma, pero hay que saber las palabras concretas para despertar el interés. La intromisión, por ejemplo, te espanta.

Ojos y olfato.

Por eso no debiste ir, por la posibilidad de que pasara y aún así saliese mal, como salió. Él no cree en lo que tú sí, en que estando lejos, se diluye y se vuelve a encender con la cercanía. O tal vez sí...

La lengua bífida de las serpientes les ayuda a reconocer el terreno con dos puntos de referencia que su cerebro reptil procesa, extrayendo la información de las sustancias químicas del ambiente, del aire, del suelo. El sistema olfativo basado en su órgano vomeronasal, situado en el paladar, que procesa las moléculas recogidas por la lengua bífida, y que es defensivo. Aún así, la asociamos con la peligrosidad del animal, cuando en nada interviene a la hora de inocular el veneno neurotóxico.

La lengua bífida y su detector de cualidades organolépticas, mucho más fino, pues palatea el aire y de las moléculas que flotan extrae información del entorno.

Cómo le explicas eso a quien se resiste a probarla, por miedo. A quien no besas y te deja en ascuas con una promesa de reencuentro cuando en el primero todo falló, excepto la conexión de las miradas en un momento fugaz y tu olfato de haber encontrado al alma que buscabas, cruzando los años para llegar a él. Y se desmoronó todo. Una montaña precaria de mentiras te ha dejado arrasada de dolor. Aunque la lengua bífida teclea, también a pesar tuyo. No quieres rememorar momentos. No paras de pensar en una mujer desnuda sobre una cama revuelta de un hotel, llorando porque se fue muy frío y distante, más que lo encontró. Es decir. Ya vio que no la amaba ese día y que ella a él sí. Es muy cruel saber eso y anclar la voluntad de una persona a canciones y gestos tiernos que no se sienten. Llega un día en que es insostenible, un aciago 16 de diciembre en que se apagan las antorchas mantenidas a duras penas. Y el dolor es grande. Pero más por las maneras. Por la falta de coraje, por el tutelaje del "yo sé qué es mejor para los dos" escondiendo un "salgo de escena que se me va de las manos esto y no me conviene".

Conjeturas y más conjeturas que se fueron apagando y ralentizando hasta casi desaparecer. Nuevas personas y búsquedas en la propia sexualidad, que se abre en flor y cada vez brinda más oportunidades de placer y modos de disfrutar del amor de manera más libre a lo que supuso atarse a una alianza en el dedo. Se apaga poco a poco el pilotito del hielo por desamor. Te acoge un alma herida en brazos, te escucha y te da lo que sabe que necesitas. Es simple: necesitas ser tú y no sentirte culpable por ello.

Ese fue el tremendo daño, al rechazar el rocío, y la lengua de esta mamba en sus labios. No quiso dar oportunidad a la dulzura y la ternura, que están irremediablemente mezcladas en el deseo de los amantes más puros. Yo sé lo que hizo. Él también, es perro viejo. 
Fue cruel simplemente, porque primero estaba bien ser como soy. Me despertó y dio vida. Pero no lo suficiente. Llegó un momento en el que me hacía daño esperarle porque me hacía sentir mala persona por ser como soy. Por ser tal y como le llamé la atención cuando vino a mí. Por eso no alcanza lo de "gran persona".

Esta lengua bífida busca la química de otros labios enamorados de mi manera de vivir el deseo. Y así me cuida porque me hace sentir bien, me abraza con su adoración por mi fuego incesante.

Y entonces reapareció con su cuenta con nombre de canción y su nick de personaje ricota, y descubres el sainete de que se escondía de ti, valiente canalla. No será difícil olvidar en brazos del amor y el deseo a la estratagema cínica y aprovechada de los que no van de putas ni ven porno.

Ahora aún alcanza menos lo de "gran persona". Y gran mujer no es ninguna que degrada a otra sin conocerla y sin que le haya hecho nada. Ni que ella sepa ni que no, porque fuiste tú quien se lo hiciste, no yo. Yo era libre.


 


4 jul. 2020

Sesenta y siete.

Veintiuno y dos semanas sin ti.

Una losa aún.
No me la levanto, mientras no me sienta del todo a salvo...

Estoy en plena galerna subida, un montón de incertidumbres y un pernicioso virus y los que vendrán. Y temo por tus nietas, claro.

Me preocupa en especial la mamba oscura porque es frágil emocionalmente. Y muy perspicaz, de las que te la dan con queso porque lo último que piensas es que está atendiendo o enterándose de la vaina que la rodea. Y al cuarto de hora te la suelta: "Que sé que estabais hablando de lo de la playa, la titi y tú, antes..."
La típica niña que tú dirías que "es más lista que un conejo". Y pienso en lo que te gustaban a ti, pequeños, bebes... En cómo se te daban, lo que te querían todos los primos y los niños que han pasado por tu vida. Quizá los que peor hemos valorado eso en vida fuimos nosotros. Aunque no, en realidad. Nosotros siempre supimos que eras enrollada y avanzada a tu tiempo por colegas y amigos que te conocían. Por tu inmensa generosidad. Porque a cualquiera que entraba por la puerta ya le ponías un plato para comer en la mesa. Porque nos hemos llevado de vacaciones a primos, a amigas mías, colegas y novias de Javi, de Ra, de Ru, y de C. Al apartamento alquilado en la playa. Al pueblo. Tu casa era la de todos, mamá.

Muchas veces pienso en eso y siento mucha rabia. Es la catarsis eterna que me queda por hacer. Que pidieras que nos cuidaran y todo el mundo permitiera que los tres pequeños tuviéramos que independizarnos a las bravas y con una mano delante y otra detrás. Y tú sabías que así podía ser efectivamente, por parte de algunos, tal y como actuaron. Tampoco ya me sorprendió a mí, pocos años después de faltar tú, cuando salía del curro a tomar una al Quinta Avenida, trabajando al lado, y me dí de morros en la entrada con cuatro personas. Pero es que mi tío el comunista no tenía ni puta idea de dónde trabajaba la hija de su hermana muerta, como para pensar en tener la precaución de no ir adonde aumentaba la probabilidad de que le vieran. Mi tío el primogénito, que considera que hacer algo por mis hermanos es llamarlos a ellos para pintar la casa en vez de a otro. Por eso tiene el número guardado, en resumen.

Siempre supiste. Recuerdo tantas charlas ya mayor, mamá, contigo, cuando empezaste a tratarme como a una mujer. E igual yo contigo, que te sentía cerca y con confianza para decirte todo, lo que me parecía mal, lo que me agobiaba, lo que sentía si tenía algún problema, con amigas, con los chicos que me gustaban...

LA VIDA COMO UN CATÁLOGO DE EXPERIENCIAS INTERGENERACIONALES

Eso me angustia de las niñas. Que sean opacas para mí. Yo nunca lo fui para ti, mamá. Excepto con una cosa. De la que ahora me arrepiento haber callado, estaba asustada y temía mucho las consecuencias. No quise hacerte sufrir, en los últimos años... llevabas tiempo deprimida cuando llegó el diagnóstico de la enfermedad que fue letal.

Que no sean como yo no he sido para ti, ni mis hermanos. Eso sé muy bien de dónde procede y cómo se ha retroalimentado. Me culpo, como siempre, por eso hoy te recuerdo, como todos los días, pero más por escrito en uno como el 3 de julio, tu cumpleaños.

Sesenta y siete ayer, qué linda viejita resultona serías, mamá. De calle te los habrías llevado divorciada. Ahora veo mucho que antes no. Es triste, aún más triste.

Pero voy a besar unos ojos mientras cabalgo a su dueño, no me detendré.

Por ti. Por ellas. 
Con ellas al sol y nadando en la marea es como veo tu sonrisa en mi mente y lo contenta que estarías, a pesar del último tramo, de lo andado en el camino. Sí lo creo, mamá. Aún te extraño. Será para siempre, imagino, esto ya. Pues vale, lo llevaré con alegría, pensando en esa sonrisa tuya viendo a tus nietas en la arena jugar.