27 ago 2020

Esencia.

En los recuerdos.

En los dilemas morales.

En las llagas que aún sangran.

En los secretos a medias que nunca gestionaste y que no te dejan vivir.
La sensación de injusticia en el trato de tu propia sangre. Y que la historia se repite, generación tras generación, aunque atenuada por el paso del tiempo con su intrínseco grado de progreso y evolución de la estirpe.

Humanos todos. Y aún hoy la lucha está en la conquista de la igualdad entre seres humanos, y lo que te rondaré. Siempre recuerdo ese "piano, pero avanzamos" de Fétido, comentando en el primer texto aquí en que traté con franqueza del origen de mis propias taritas, por la desestructuración del núcleo familiar, a la muerte de mi madre, contando aún la peque nueve años. Aquél 8 de marzo con los "PRÍNCIPES AZULES QUE NO EXISTEN", que es mi esencia: el grito de sé feliz, mujer.
Por eso sé que no entienden cómo amo. En mi esencia no está el amor romántico con exclusividad y pertenencia, si no todo lo contrario: amar a todas y todos, más y de mejor manera, si se toleran pero saben poco de ellos entre sí. Y tienen sus relaciones también, más del día a día o convencionalmente estables; quizá alimentan sus perversiones ocultas, quizá sienten deudas, por prestar un gran apoyo presente o pasado, puede que sean solo picoteos ansiolíticos, incluso, en ocasiones concretas, pero saben que te tienen a ti. 
La misma esencia de mi Silvi, a la que hace años que no puedo abrazar y echo mucho de menos. La primera mujer que me atrajo pero con la que nunca di el paso de besar la boca más bonita y perfecta que en mi vida vi.

Es tan irónico que hayan pasado tantos hombres heterosexuales por mi vida que pensaron presuntuosamente que amarlos significaba tenerme a sus pies, retenerme, o todo lo contrario, que tenían derecho a juzgarme o rechazarme con desprecio. Claro que también tengo mucho material para reírme, esa es la parte buena de esto. La mala es que he tenido que salir con portazo y mandando a la mierda muchas veces.

La independencia es mi esencia. Y es lo que perdí y por eso entré en fase marchita. Cometí tantos errores. Desde la idealización, diría alguien. Y que luego me machaco. Y que mi conducta terca y cabezota me aboca a intentar ganar una guerra que está perdida. Desde el momento en que me afecta por mi propio comportamiento. (Que luego aborrezco. Cuando no hay remedio).
Esta reflexión es incontestable, es un certero análisis. Y ha sido capaz de leerme muchas veces, pero lo que no estaba en el texto. Y venía a darme amor. Ya está. Me enternece que me conozcan así de bien y sepan calmarme y pasarme la mano balsámica, hacer la caricia verbal que una mujer del volcán necesita para templar. Y del enfado repentinamente prender la aulaga... (por eso te evitaré y no iré nunca, tramposos...)

La chispa de la ternura.

Esto ya lo había visto antes, mamá. Como dije, intergeneracional pero atenuado en mi caso. Tú dejaste la escuela a los nueve, te sacaron, mejor dicho. Yo habría seguido estudiando (y probablemente, también como escribí una vez, hoy sería tres veces más gilipollas, con título, y por ello, más mediocre)
o retomado Químicas, con mis Mates I aprobadas a la segunda*, de lo que siempre me he sentido muy orgullosa. Hay que conocer al nefasto narcisista que impartía un verdadero hueso de asignatura, en mi época de Plan Antiguo.
(*Agustina contando a medio Gamonal que su hija había aprobado la que dejan para el final y usan convocatorias de gracia para licenciarse, a la 2ª...)

Candelita y el pensamiento abstracto, a vista de pájaro...

Saber amar es un compendio de experiencias, en las que todas cuentan, no solo las relaciones de bodas de plata y las más estables, independientemente de la simetría en la reciprocidad y el deseo, y otras cuestiones básicas, como la dependencia económica que ata y pudre relaciones, sino también saber gestionar los procesos de ruptura, desde cualquier orilla del río, bahía, pantano, puente... seas quien más amaba y dependía del cariño del otro, sea equilibrado -y maravilloso- para las dos partes, y también, y la más importante para calificar como alma sensible, es cuando se rompe o estás en el lado del que menos expresa y siente las descargas de los dos. Ahí es cuando tu experiencia vital demuestra que has adquirido conciencia de lo que es el dolor de un corazón roto. Y no lo harás. No lo quieres hacer y eso es lo que cuenta.

La intención.



En esencia, echar de menos no es suficiente.


26 ago 2020

No estás.


Te has ido, no estás para mí. Punto de partida.

¿Idealizaste, niña tonta? ¿O verdaderamente ves ese fondo tapado, que no sale a flote por las capas de pavimentado nuevo de la vida?

Tantas cosas que le dirías al oído. Bonitas. Todas las que necesita saber, que al parecer nunca le dijeron o no habrá tenido oportunidad de escucharlas bien, porque no se las creyó.

Eres vos el alma herida, que juega a curar a otras, mientras escribe letras sentidas."¿Dónde estás? ¡¿Dónde tus letras, para enamorarme?!", le gritó. "¿Lo harás de nuevo, aquello que yo he visto?"

Candelita, en aquellos días tristes y arremolinados. Ella sigue en tu mente.♥

Confía en que te ha visto... te detectó.

La diabla, la mamba hija con las mambas nietas, no posturea en el antro. No utiliza la estima como arma arrojadiza. Simplemente es ella y va a su rollo. A decir verdad tolera mal a la mayoría de clientes del garito y es una antisocial sin remedio, en sitios así, porque sabe que salta a la defensiva y las consecuencias que acarrea el veneno que inocula.


Saltar al vacío.
Nadar hasta el rompeolas natural de lava,
donde los pejeverdes quedan a picotiar la roca intermareal.

Subir jurando en arameo, pues está picuda.
Los pies de secano y campo de Castilla están hechos a trigo, cebada y hierbas altas.

-Mis hijas, 
subiendo rápido y ágilmente,
no pierden el equilibrio porque tienen callo conejero.-

Y saltar al agua, llegada al medio del arco de la lengua de fuego,
a tres metros de profundidad en la marea, y bailar con los peces.
Que están de banquete de migas de pan, resabiados.

Candelita, notas de ayer tarde, en la playa.



23 ago 2020

La última montaña.

Supongo que, como la otra vez, ahí está la razón de fondo de las preguntas que me hice por la mañana, antes de que tuviera la idea nefasta de referirse a mí como lo hizo, sin tener ningún derecho a juzgarme ni siquiera en privado. Sin derecho a esa muestra innoble e impropia de la imagen que tenía de él en la cabeza. A esa proyección evidente.

Nadie sabía de quién yo hablaba, podía haber acudido a mí por las vías que estaban abiertas, para reprocharme eso que sabía que yo ya no iba a ir a aclarar de ninguna de las maneras, del mismo modo. Dije que no volvería. Dijo que no había ningún problema en borrar ese rincón escondido nuevo. Esperé dos días y seguía ahí, tras la desilusión, tras la confusión que me generó con los últimos actos. Que no entendí. Estaba advertido, no he dejado de ser coherente en todo momento, en la relación que nos unió.

Al cambio, en esa última conversación antes de aquellas preguntas retóricas que no esperaban respuesta, que eran un desahogo público sobre un amante secreto, me habló de nuevo con excusas de haberme advertido de algo que yo ya había asimilado. Perfectamente. De modo que, contestando dos veces, por boca de dos personas aparentemente distintas que yo sabía que eran la misma, proyectaba su propio desgarro sobre lo que se atrevió a llamar despecho.

Tolero sin celos otras relaciones, mientras no se mezcle. No quiero saber de las otras personas, porque me incomoda y porque yo tengo las mías por otro lado y no hablo de ninguno de los otros, a ninguno de ellos. No va conmigo. Hablo de mi ex, sí, del padre de mis hijas. Lo hago en este sitio web. Lo hice en las buenas y lo hago en las malas. Con mis precauciones. Con límites. Y sabiendo, por supuesto, que no se puede romper más veces ni por más sitios nuestra relación. Ni tampoco va a afectar la parte ínfima que cuento de vivencias que me atañen solo a mí, al resto de su existencia.

Confidencias. Privadas. No es lo mismo hablar en primera persona de tus movidas y de las personas implicadas sin dar datos que identifiquen, que en la red pueden ser suficientes para ubicar a la persona fuera de ella. 
La invasión de la intimidad que suponen las redes sociales, que animan al prejuicio y al juicio de valor rápido. Yo misma he caído vergonzosamente en ello, en el antro, y a posteriori, al ser consciente de ello, me he sentido fatal. No con todas, pero con muchas personas me he disculpado. En público y privado por ello. Las reacciones a eso han sido diversas. Pero no es de lo que estaba hablando, en realidad, cuando abrí esta caja de texto. 
La divagación, sin embargo, es necesaria. Porque se centró en lo que él dijo, olvidando trágicamente lo que pedía yo, mis condiciones, mis concesiones y cuáles eran mis expectativas. Estas fueron:

  1. Yo voy, yo pido. Nadie tendrá el problema nunca de no poder negar que haya sido yo la instigadora de la transgresión de las normas morales conservadoras impuestas por siglos en esta sociedad nuestra.
  2. Si se me hiere o no se respetan mis condiciones sobre la privacidad de terceros, dejo de pedir. Eso significa, claro, que o da paso el que la ha cagado en el "pacto para no sufrir", o se acabó la relación en el plano sexual.
  3. Mis amantes, reales o imaginarios, tienen su espacio grande, mediano o chiquito, en la patata. Pero todos son iguales en respeto, sus aposentos están insonorizados y aislados del exterior.

Si me enamoro, lo expreso. No reprimo mis sentimientos y no significa que necesite del otro simetría. En absoluto. Me puedo sentir amada por la vía del deseo, porque para mí hay diferencia entre desear y ponerme cachonda.
Lo primero es adictivo e implica necesitar a otra persona que es deseada y que me desea. Lo segundo se soluciona viendo porno. O con imaginación, también, por suerte, en mi caso.

La línea que separa deseo y amor está en la cumbre de la última montaña. En lo alto de un puerto. De esos que, cuando aún nunca los has visitado, desconoces el punto de inflexión en la pendiente, y te encuentras casi de repente en bajada.

Hace tiempo que sé que cuanto más conozco y me enternece la persona que me excita sexualmente, más fácil me es caer rodando por la cuesta de las emociones. Si hay admiración por alguna cualidad concreta, ya no solo me excita lo puramente sexual, sino que puedo caer en la trampa por la vía de las palabras.

Pero ahora que me has mostrado tu lado oscuro, ahora que me siento en la cima de la primera montaña de una larga cadena montañosa, no solo no necesito que me ames, aunque hubiera sido bonito, sino que no lo quiero.
No, no me ames. No soy tu cenicero. No me echarás más de menos.

CANDELITA, CUANDO APAGASTE EL FUEGO, ENTRE CENIZAS...

 


13 ago 2020

Confianza ciega.

La situación para mí está clara. Todo empezó al quitarse la chapa de fan.

Y continuó por ese sexto sentido que tenemos, diría que las personas, pero mi experiencia personal me indica que hay una ingenuidad innata en todos los hombres para percibir las cosas que las mujeres hacemos con mayor facilidad. Será aquello que llamamos intuición, que en realidad, por los cuidados en nuestros roles asignados, se traduce en estar más pendientes del bienestar alrededor nuestro, de las emociones de los demás. Más entrenadas para detectar la tristeza y los males que afectan al corazón y a la mente. Más psicología para ver detrás de lo poco que verbaliza un parco sobre sí mismo.

Yo me siento segura de su amor. Sé que no quiere herirme. Sé que es recíproco, me lo ha demostrado. A quien no quiero hacer aprecio, como dije en el antro, - después de los mensajes de niña chica que pinté en la puerta del retrete y que luego borré-, es a la causante, de nuevo, de una perturbación en la fuerza de lo que nos unió. Porque ella se lo ha notado. De algún modo y aún sin que nadie más que usted, Mr. Writer, y yo, sepamos de lo nuestro. Se lo ha notado como a mí mis hijas mi alegría, que han disfrutado por ponérmela usted en las manos y en el corazón, que estaba apagado y triste. Eso ha hecho usted y sé que también ha sido así de su lado, que estaba contento, pero en los últimos días no.

Esta es la razón por la que sé que hay pose en su ignorancia. Que su posesividad, además de obviamente no tener ningún derecho a ella, ni sobre usted ni sobre nadie, es algo maligno, cuando no se respeta un derecho previo en todo caso que no es de ella.

Amarse sin hacer daño no es que alguien de fuera insista en romper la membrana que nos aísla de los demás y que usted lo permita, justificando un comportamiento de niña a la más grande y castigando el respeto a la intocable y la responsabilidad con los actos que exponen, de la más nueva.
El castigo, usted lo verá, es distanciarse tanto tiempo como yo le dije que hizo, y más aún. Solo hay que revisar nuestros diálogos. De dos.

Confío ciegamente. No se calle. Escriba como sabe, que sale de su entraña y eso no lo tiene cualquiera. Yo lo amo y hace tiempo que no lo veo.

Usted que confía ciegamente en quien no explica. Yo explico demasiado, me embrollo. Pero como lo amo, Mr. Writer, yo confío en vos.

¿Lo redujo todo usted a una cuestión de simple y complejo, aquel quejido?
En realidad era un simple te echo de menos. Y mientras, fueran trampantojos efusivos o verdadera devoción que usurpa la alegría, un reproche de necesitar mayor contacto, por haber aumentado la distancia y decirlo.
El tiempo y la vida son muchos cruces de caminos, muchas personas, años, variables, lugares conocidos y por conocer.

Pero dependencia solo de mis hijas, no es posible tenerla de alguien que está allende los mares y tiene su vida tan lejos de la mía. Ya es suficiente el dolor de que vaya a tenerle siempre así, como para que nos alejemos estando ya lejos. Las palabras sirven para que se acerquen los tímidos. Nos dan calor. A mí me dan calor.

Trampantojos son los de este blog, Usted bien lo sabe. No entiendo qué necesidad de trampantojo, hay en el antro, ante el resto. Qué tipo de literatura es esa, la que no existe. Hace tiempo que no escribís, por eso sé mejor de ese estado de ánimo que usted mismo. No entiendo los motivos de fondo, sé que el trabajo le impide. Pero no hay mayor jaula en esta vida que no tener los momentos de soledad necesarios o no hacer nada de lo que realmente uno desea. O algo para lo que se tiene una capacidad especial.

Las canciones también le cuentan a usted, no deje que le destroce el amor de nuevo, porque le he soltado la mano, pero no me he ido. Estoy esperando a verle de nuevo, enamorarme otra vez con sus letras, es el camino para dejar de echarnos de menos. 
Tengo confianza en Usted. 
Ciega ♥.

CANDELITA, LA QUE SIENTE Y ESCRIBE...

 


12 ago 2020

Ven a mí.

Pero ven tú, desnudo. En cuerpo y alma. No me vale, si no es de ese modo. No puedo así, y erraré. Tropezaré una y otra vez en mi empeño, sin descanso, buscando una alma gemela. Que ni sea celoso ni se enamore de los celos.

Limpia de polvo y paja, ahí está la realidad. No te sirven quienes no se auto conocen, hasta el punto de negarse su propio ser. El amor no se enamora de los celos, como mucho se enamora de un espejismo de libertad, de un reflejo. Y eso ha pasado ya, al menos dos veces desde que levanté el vuelo y escapé de la jaula. La primera fue engaño, con todo, de intención y de pensamiento. De una falta de sinceridad sonrojante. De una persona que no se acepta a sí misma ni se quiere lo suficiente como para decir la verdad desde el principio. El segundo tropiezo es distinto. Ha costado mucho más verlo, pero es obvio a estas alturas que hay celos de los amantes de otra persona que a su vez lo es. 
El amor no se enamora de los celos. Es más: los celos son obsesión, inseguridad, pero no amor.

El amor lo que pide es dulzura e intimidad. El sexo obsesivo, que no el lúdico, exhibición y exclusividad. De manera que es animal, al punto de que, como los mamíferos territoriales, puedes oler el cerco de orines alrededor de la presa.

Vendrás a mí solo cuando te hayas desprendido de esas maromas y quieras de verdad probar la piel de la serpiente, que abraza, constriñe y se va después del acto.

No tengo nada de religiosa, ni siquiera, a pesar de la fama, de la mantis, tampoco. Ese no es mi rollo. Lento, duro, suave, húmedo, espontáneo, imprevisto, salvaje, soñado, sin reservas, en la marea... Hay recital ahí en el desván, entre el polvo. Y no hay celos. Sí inseguridades que no has sabido interpretar y ella sí.
A que me dañen los celos de otra persona no me voy a volver a exponer en la vida, si en mi mano está evitarlo.

CANDELITA, la que baila y siente.

*Parecías el adecuado, hasta el último momento. No quiero sufrir, tampoco que sufras. Lo mío está en mi mano. Lo tuyo no lo sé, aunque por lo que a mí respecta, trato de evitarlo. Publico poco, entre muchos borradores. Me pienso cada letra, después de las últimas conversaciones. Por eso voy a publicar a la antigua. Dando al botón y revisando después. *




7 ago 2020

Mar en calma.

Que no calma chicha, que precede a la tormenta y a las fuertes marejadas.

Marea de oleaje suave y longitud de onda moderada y constante. 
"Siete y crece; siete y decrece..." Subiendo hacia Pleamar o descendiendo a Bajamar.

Predicciones de pueblos acostumbrados a faenar los riscos y las maretas de las plataformas basálticas, originadas en las grandes erupciones del s.XVIII.

Porque no hay mayor respeto a la mar que el del que ha nacido a su vera. Y así son sus caras cuando se enteran de que hubo un accidente en la Playa de Atrás de Órzola o que a alguien le tiró un golpe de ola,- en las caletas de allí o las maretas de acá, el océano traiciona en cualquier sitio a la razón humana- cuando pescaba, en un día de viento y mala mar. Caras de poema, de tragedia inútil e innecesaria que estará produciendo un terrible dolor.
Esa faz lo que piensa es en muertes evitables, recreativas, mientras los recuerdos traen noches de terror en alta mar, con pérdida de vidas humanas. Pero sobretodo el recurrente pensamiento de no querer volver, una vez a salvo, en el puerto. Y tener que volver, claro. Con miedo, pero no hay otra, porque "más cornás da el hambre".
Hoy no hace falta aventurarse a estupideces del calibre de ponerte a la orilla del mar con tormenta o bañarte en una playa de corrientes mortales sin vigilancia. Esas boberías no son propias de personas que piensan con sensatez. Al contrario, son indicativas de una prepotencia e ignorancia peligrosas para terceros, que arriesgan sus vidas en ocasiones en salvamentos para los que están en nómina.

De estas que de tanto que has pasado antaño, en el piche, en la higuera, en la tunera o la vid, con la cebolla o la lenteja. Esa batata del jable, esa morena de roca, con su mero y su vieja. Todo lo que la islita representa es al hombre hormiguita. Que cómo no se iba a dejar engatusar para plantar un hotel en su finquita de arriero, donde estaban las cabritas y los baifos: "Y en la contigua me han dicho que fabricarán residencias particulares, donde la lonja del queso. y que pondrán un parque de rofe y cosas para los chinijos, con accesos hasta la cala"

Y así el océano azul canario fue mezclando sus aguas con las heces del turismo. Y de todos aquellos que vinimos a vivir de ello, nunca lo olvido.
Tanto es así que es triste decir que la pandemia que trajo la crisis del turismo aparejada nos regala con un pro que es un espectacular mar en calma, limpio, cristalino, rebosante de vida y peces, como nunca lo había vuelto a ver desde 2003. Porque cuando llegué para quedarme a vivir, en 2008, el deterioro había sido ya brutal en cinco años. No te digo nada lo que es la islita veinte años después casi de venir por primera vez, de vacaciones invitada a casa de unos amigos. Ni su sombra.

Ni tu sombra eres, Mr. Writer ♥, desde hace un tiempito. Yo no te pediré nada y me he soltado de tu mano, pero te seguiré leyendo. Cuando vuelvan tus letras, las buenas. Cuando esto sirva para que nadie te tape y brilles. Las que a ella no le gustan porque son sutiles, las que le hicieron sospechar que había alguien detrás que las inspiraba. Las que te hacen merecedor de alguien que tenga la sensibilidad de apreciarlas.

Candelita, a veces se enciende, a veces se apaga...

 


1 ago 2020

La rabia.

Ella aún espera disculpas por cosas concretas que sabe él perfectamente la importancia que tienen. 

Episodios. 
Del chat de WhatsApp en el que hubo silencio de semanas de duración. Una de las ocasiones motivadas, o ahora así parecen indicarlo los hechos, por saber que podía ver lo que sucedía en el antro en torno a las hijas de ella. Es decir, que mientras ella libraba una batalla con personas que utilizaban a sus hijas como arma arrojadiza en una pugna de egos vomitiva, él decidió un día que un saludo de ella, pícaro con foto caliente, cuando pensaba que él estaba solo, era inaceptable porque le distraía con su hija. Aquello trajo como consecuencia una bronca entre los dos por un reproche sobre causar un problema anterior, también con la hija de él y que ella no recordaba y en ningún caso habría sido con esas intenciones.
Ella siempre pensó que él provocó la discusión para que se distanciara, y fue además una de las veces con propósito decidido de no volver, por bastantes días. En la actualidad, sabe a ciencia cierta que él tenía muchos otros entretenimientos en el móvil para que su prole se mosqueara por no dejar de mirarlo. Y ella, a esas alturas de la relación, desde luego no era uno de ellos, pero sí sus visitas de regreso al antro con disfraz.

Así de embustero te veo ahora...

No fueron episodios numerosos, sí muy dolorosos cuando sucedían. Ya dejaba traslucir él con esas conductas la incomodidad que le causaba la relación y la búsqueda de excusas en el comportamiento de enamorada de ella para romper. Incluso aunque no permitiera ese trato y reaccionara. Con lo cual él no se atrevía a dar la puntilla, se habría sentido miserable. Eso supone ella, como última balada...

Todo el devenir así lo ve ella, desde su prisma. Y es inmodificable, ya que las disculpas por tener una ventana, desconocida para ella, a su mundo de conflictos pueriles con los guays del antro, es lo de menos. Lo peor, lo que enciende su rabia y arranca lágrimas, es saber que conocía sus estados de ánimo por la vertiente del camaleón. Escondido y disfrazado, estaba ahí, viendo...
Es imperdonable. Pero ella necesita las disculpas para aplacar la ira que despertó tras descubrir el engaño. No para perdonar, sino porque se lo merece. 

Y él lo sabe. Igual que yo. Así que no cuento con que lleguen, tampoco.

La que no se cayó del cielo.