31 may 2022

Lo habéis hecho.

 En algún momento hay que hacer elogio de los logros. Está bien, es un buen día la vigésimo tercera efeméride del 17 de junio. Está muy cerca, no sé si dará tiempo a que este borrador se convierta en texto publicado.

Son las seis de mañana del último sábado de mayo y estoy pensando en ti. Como siempre. Esa raíz es la que nunca deja de crecer, es infinita. Y hoy me doy cuenta de algo. De que tus dos hijas vivimos lejos de lo que nos ataba y vivimos de la misma profesión, con una lengua extranjera entre las herramientas para ganarnos el sustento. La mayor, además, es madre. Qué orgullosa estarías. 

<<Eso sí, sin tener carrera universitaria acabada, mamá. No era imprescindible el título, ahí estabas equivocada. Y de momento, porque la pequeña en ello está y tiempo tiene. Sí que abre puertas, pero en nuestro caso está claro que a posteriori y que muchas otras cosas aprendidas de ti nos han sido mucho más útiles en la vida. 

Soy lo que querías ser, lo que tú no pudiste hacer, incluso en esta última etapa de mi maternidad divorciada... Jugué con la ventaja de la evolución generacional, a pesar de que te fuiste muy pronto de mi vera. Esperé, al contrario de lo que tú pudiste hacer, tomando una decisión que ni por asomo te estaba permitida en tu tiempo. Y llegado el momento, para que pudiera sufrir en mis carnes lo que tú, como a cinco no daba tiempo, no digamos a seis, me tocó una doble con muchos años a cuestas en el culo ya pesado que tenía para arrear con críos que aprenden a gatear, a caminar, a subirse a los sitios, etcétera.>>

Quiso el azar genético junto con la tardanza en ponerme a procrear, luego hay parte de consecuencias de mis propias decisiones en el hecho, que mi embarazo y crianza más temprana, con lactancia prolongada a dúo incluida, fueran de una exigencia física y mental tales que llegaron a ser revelación. De la situación de salud y circunstancias en las que se daba la vida de la Gran Mamba, casada a los dieciocho, de penalti, y siendo madre a los recentísimos diecinueve. Y criar. Gestar, criar y crear lazos. Así hasta seis veces gestar con cinco partos exitosos. Tres superando los cuatro kilos, dos rozándolos, el primogénito pasando de los cinco y medio. Un mujerón. Con todas las letras y digna de ser recordada por generaciones, su corta y prolífica vida.

Pero esa mujer aparentemente de hierro vivía con un eterno déficit de ídem, hasta que resultó que no era el consabido y repetido hasta la náusea en consulta de Medicina General del ambulatorio de la Seguridad Social, diagnóstico de "Anemia ferropénica" sin más, sino que esto enmascaraba un cuadro clínico más grave. Descubierto muy tarde. Tan tarde como un estadío IV.

<<No mires atrás, camina hacia delante...>>

 


<<Se dice fácil. Pero entendiendo muy poco...>>

Eso hago, coño, pero es que es un puto duelo endemoniado en un contexto que levanta polvaredas, huracanes de rabia e ira. Sensaciones de impotencia e injusticia, mezcladas con una infinita tristeza contra la que luchas cada día desde que ella no está, pensando al levantarte que hoy sonreirás, incluso reirás, cantarás y bailarás más que ayer. Pero que no siempre se puede cumplir, por lo que sea, como le pasa al común de los mortales a los que late la patata. 

Y no pasa nada. Pero sigues adelante porque ella está. Siempre estará y es bueno porque ella era amor y está en mí, está en la Flor, está en ellas. No, aunque a veces entristezca, no la desterrarás de tu pensamiento, porque es tu guía hacia la calma.

<<Y es por ti, siempre será, y por el abu, que sonrío cada mañana, por vuestros quehaceres y saberes humanos y hondos...>>

Lo habéis hecho. Lo hemos hecho, mami.

27 may 2022

Cinco de cinco.

 <<No sé qué estoy haciendo>>
<<Yo sí. Se llama caer en la red de nuevo>>

Y hablando de no coincidir y que era muy necesario para no ponerse de los nervios y cagarla por enésima vez, ha resultado que no querías caldo y te pusieron tres tazas.

Lo tomarás con humor. A ver. Por lo de camuflarse tras las risitas nerviosas. Esas que a ti te provocan carcajadas sonoras a veces tan a destiempo. Luego el rubor de la tímida incorregible, así seas ya abuelita o no pero muy longeva y seguirás sufriendo esa especie de vértigo que producen los roces que incomodan. El peligro está en que con él la risa es fluida, sin estridencias. De la que es alegría contagiosa y consistente. Buen rollo. Currar con buen rollo.

Ya lo has vivido. Y hay alguna fantasía que otra por tensión sexual no resuelta con "gente" de la primera etapa en el sector, en la aldea. 

Sí, claro que sabes qué estás haciendo mejor que nunca. Lo conveniente de la extrema discreción  y de la humildad. Allí tu mayor muestra de soberbia es cuando presumes de tu antecesora cercana, la Tercera Mamba Flor, que obtuvo, como allá donde va, respeto, cariño y admiración, de modo que ahora recoges tú la siembra de ella. Que por donde pasa deja su rastro inconfundible, su perfume maravilloso de fragancia delicada y dulce.

Es una regla de oro. No hacer ostentación de lo que se sabe a la vez que se admite lo que no y se agradece siempre que aprendes algo con alguien que te enseña o resuelve una duda. Sagrada. Y hay siempre tanto, tantísimo que aprender, que es tan necesario tratarle como arriesgado...

<< - Pero admítelo, nena, que esa sonrisilla mientras mirabas el cuadrante en el móvil tiene mucha miga... ¡¿Qué fue si no eso?!
- Y qué coño hago? ¿Qué estoy haciendo? Porque lo estoy haciendo, si le río las gracias luego no puedo extrañarme, no seré del todo inocente. No quiero hacer mierda a nadie.
- Venga ya. No quieres sufrir, tienes más miedo a otra decepción y caída que a una galerna en el Norte, Momo.
- Es la misma cosa, Nines. Si caigo y me decepciono la otra parte se lleva un cacho del impacto.
- Vale. Ya no digo nada. Me caes muy mal a veces. Con él eres encantadora, sin embargo... Va a ser que sí lo estás seduciendo, embustera.
-Y tú a veces eres una zorra. Mi zorra preferida, eso sí ¡Jajajaja! >>

 

25 may 2022

Anatomía de un gemelar. Memorias de Momo (XIV).

 A la Segunda Mamba hay que contarle su evolución. Como tras episodio extra corpóreo. Juntando jirones de piel desgastada, recordando también el cuero maltratado por la enfermedad de la Gran Mamba. 

De niña "rellenita", el eufemismo o vocablo que trataba de ser el más amable de entre los que recibía. Llegó a odiar con todas sus fuerzas esa palabra. Pero como cisne, al estirón de la preadolescencia le vinieron bien las precoces curvas. Una 90 de pecho con 12 años, recién hecha aparición la amiga menstruación, y una estatura ya por encima de la media, a esa edad y en su generación, dieron como resultado unos teenagers de voluptuosa sensualidad en un físico que llamaba poderosamente la atención, por poco común en el hábitat humano en el que se desarrolló. Luego estaba lo de pelirroja y tímida sin remedio, que le daban un plus de morbo.

Y entonces vino la subida de peso por la primera depresión gorda, con el cambio a la Universidad dejando a sus tres amigas del alma en el insti repitiendo COU y siendo ella la única sin novio, justo ese último verano le tocó quedarse sin planes muchos findes, la dejaban plantada y ella se quedaba en casa viendo pelis y cogiendo kilos, antes del diagnóstico del hipotiroidismo y justo antes de empezar en Químicas en septiembre. Aquello fue demoledor. Y sin acabar el primer año de carrera, empezó la vigorexia y el coqueteo con la anorexia. En el segundo año, cuando llegó a la Facultad, era otra. Con veintipico kilos menos, nunca antes había estado en ese índice de masa corporal. Había compañeros que ni la reconocían. Otros y otras que no le dirigían la palabra el año anterior, estando gorda, y que ahora le doraban la píldora en la cafetería o por los pasillos, y que si qué guapa que iba o lo que molaba cualquier chorrada que llevara... Era el mismo rollo del primer año de novata pero sin ser XL. Podía ponerse ropa más chula por talla pero no por poder adquisitivo. De ahí le viene el asco al mundillo universitario, del que conoció, pijo y burgalés, y que le hizo sentir una y otra vez fuera de lugar, durante los tres años que duró la estancia académica. No en vano, era la primera de las nietas de un pastor de ovejas que había logrado matricularse, y con beca, en la Universidad. Algo con lo que la hija mayor del pastor, la Gran Mamba, no cabía en sí de orgullo.

Y como ya se ha hecho varias veces en estos textos referencia antes, de nuevo en esta ocasión es procedente en la cronología de las huellas del tiempo en la anatomía de Momo hablar de las hormonas que necesitaban suplemento para estabilizar el peso yo yo de la niña. Y de quién se dio cuenta de que no era normal ni el aumento hasta rozar la obesidad ni tampoco al año siguiente quedar en los huesos y que estaba pasando algo malo, emocionalmente y también algo orgánico, quizá por vivencias propias pasadas, fue ella, siempre ella la que supo: su madre cuidadora de los ojos que ríen.

Así que sí. Emocionalmente sensible desde niña por cuestiones quizá nunca resueltas,  en ese cuerpo serrano que roza los cuarenta y cinco, edad en la que la Mamba Madre marchó, todo ello se interrelaciona con la disfunción hormonal tiroidea y el antes y el después de tratarla. Puesto que tiene un grado de implicación en los estados de ánimo muy importante, cuando la glándula endocrina no está en equilibrio químico. 

El caso subclínico detectado evolucionó hasta hoy de la manera en que lo ha hecho. Y no se sabe si es autoinmune y hay micro nódulos y biopsias de control que de haber vivido la vida de otro modo, manera, con otro estilo o compañeros y enemigos en el camino, podrían haber sido un tumor de tiroides o, al contrario, un estancamiento de la demanda de tirosina sintética, con un desarrollo aún más leve y menos agresivo de la enfermedad crónica que le acompaña desde los veinte años a Momo.

Lo cierto es que, sin tiempo para asimilar lo de las cefaleas y el hipo crónicos de por vida, llegó el diagnóstico devastador del cáncer de la Gran Mamba. Y murió apenas un año después del primer alta hospitalario tras detectarlo. Durante ese año de duración de la enfermedad ella padeció lo indecible, pues fueron muchas más altas, con sus correspondientes ingresos extra (los de la quimioterapia) y hospitalarios, incluidos un autotransplante de médula con aislamiento en burbuja de trece días y una intervención quirúrgica al inicio de todo. Todo lo que ella más temía, "las perrerías que pasó padre", con un intervalo de desarrollo en la medicina de diez años, eso sí. El abuelo Rai no conoció tratamientos ni de quimio ni de radio en el INSALUD. Pero ella lo había acompañado, y por ende visto sufrir, en cada una de las pruebas diagnósticas, ingresos e intervenciones que fueron necesarias. Hasta el último aliento. Todo ello hace de la Mamba y lo que rodeó su ocaso aún más ejemplar.

Ella nunca se rindió. Y su anatomía era espectacular, espléndida. La de una madre de cinco hijos bien criados, con seis embarazos en su seno. Seis. Se dice pronto.

Y aún así vuelve Momo al pensamiento de lo que acarreó la pérdida para el chasis, hablando de nuevo de la pura superficie lozana y fresca que invita al mordisco. Al morir mamá, otra vez pérdida de kilos por comer mal y obsesionarse con la imagen después, por decir el entorno que qué buena estaba y ella no tener ya a la Mamba para decirle  "¿Niña, qué haces? ¿Tú ya comiste hoy en la Uni o estás con dos manzanas que vas a cenar? Mira que te tengo echado el ojo, que te has quedado sin tetas y chupada de cara, ¡Eh!" 

De hecho conseguir su primer trabajo sirviendo copas, a finales del primer verano sin su madre, vino derivado de ese aspecto tan sexualmente atractivo que era al parecer la cara de niña triste con buenas tetas y cuerpo. En esa época conoció y se enamoró del padre de sus hijas. Año y medio después empiezan a salir. Eso es muy importante. Cómo era ella y por qué le gustaba más Momo al padre de las mambitas. (Aunque siempre dijera que su corazón blandito y que le hacía ser mejor persona y blablabla) Es algo imprescindible, para entender su comportamiento déspota cuando el cuerpo de ella se deformó completamente por la gestación de las mellis.

Años de bailar, estabilizar peso y figura, follar mucho, ser felices... Y mantuvieron la efervescencia fogosa del vínculo durante largo tiempo, incluso en la época de bajoncillo y engordar unos kilos de nuevo, debido a la depre por no encontrar curro en la islita y el paro de larga duración. (Pero ahí fue cuando aprovechó la pérdida de autoestima por la dependencia y falta de autonomía de Momo para meter el gol del bodorrio el otro, también es cierto...). Pero follaban. Follaban y sentían deseo.

El embarazo también, fue época de estar sexualmente activos y de sentirse bonita y él apreciarlo tal y como era. Ella nunca había estado tan feliz, a pesar de los riesgos por la edad, el hipo, las molestias digestivas y asociadas a las gestaciones dobles, los pies hinchados... Cantaba, veía la luz del día siempre hermosa y la de la luna más bella que nunca antes en ninguna noche comparable a las de tocarse su barrigota en sus días. 

La deformación vino luego, tras ellas ser extraídas de la segunda mamba cortando músculos de su abdomen. El sobrepeso descompensado, en un cuerpo preparado para acoger en lactancia a dos bebas mambitas, la grasa repartida de manera extraña. Rechazar su propio cuerpo ante el espejo y, lejos de encontrar apoyo, consuelo, resta de importancia a lo que, si no es temporal, no es tan grave pues forma parte del mayor de tus sueños, escuchar conformidad con el desagrado y palabras sin tacto acerca de los cambios físicos que son consecuencia de hacerle tu compadre. De escogerlo a él para el honor de ser padre de las mambitas. E ir a peor. Con el hielo. La indiferencia, la distancia. Las alternativas online...

El silencio y la mentira. 

Pero no siempre iba a durar. Todo eso hizo que Momo enfermara de los nervios, se destruyera su flora intestinal y equilibrio necesario y que llegaran los parásitos y los problemas digestivos asociados a su tratamiento para erradicarlos. Y otra vez pérdida drástica de kilos mientras con el tiempo la grasa ha ido volviendo a los lugares que estaba y las tetas, gracias a la lactancia prolongada, están lindas y bien plantadas aún. Otra vez pivón pero ahora ya no quiere ná. Ahora llega el divorcio y detrás vendrá lo que vendrá.

Pero lo que queda es una mujer orgullosísima del trayecto. De sus estrías, su flaccidez, sus arrugas, su cicatriz de cesárea que le corta en dos el alto pubis. Y sus tetas bien puestas que ahí siguen y le dan muchas alegrías aún. Por inspirar humedad y erecciones y porque sus pezones siguen siendo muy reactivos al deseo, al tacto y a la saliva.

En cuanto al coño de Momo y su musculatura perianal, siempre fue experta aventajada en el manejo de la zona pélvica para llegar al orgasmo con más facilidad y provocárselo al amante entre sus piernas, porque Kegel no tiene misterio hace mucho tiempo para ella (además usa bolas chinas desde hace años...). Y en cuanto al suelo de la zona, al practicarse cesárea programada para parir a las mambitas, ha sufrido nada más la dilatación debida al peso de la barriga, que se recupera mejor y en menos tiempo que si se sumara a ella la del parto vaginal y la curación de una potencial episiotomía o incluso de un desgarro, al no practicar la primera. Esto es una ventaja indudable, a la hora de recuperar las habilidades amatorias y la capacidad de disfrute al máximo posible del sexo, cuando sabes cómo  correrte y provocarlo a  tu amante, mediante las técnicas y "tocando" las teclas adecuadas.

Plena. Y será totalmente en breve, cuando dé con la persona que complemente el volcán. Pero que lo tema, como Momo al amor. Amar por entregas y de a poquitos y a más de un amante.

Sin dependencia.



23 may 2022

Ese lunar.

 Seguramente te haya incluso acomplejado un poco, en alguna etapa tierna y complicada de la vida, pero ese lunar a mí me mata.

Es imposible mirarte a los ojos cuando me hablas para explicarme algo nuevo que yo no conozco del lugar, sin que los míos se deslicen en mili segundos hacia ese adorno en tu piel que me tiene cautivada.

No sé cuánto tiempo más podré disimular tratándote como al resto. Espero que mucho. Muchísimo, ojalá. Pero empiezo a dudar peligrosamente, otra vez, de si contigo el disimulo es eficaz. Porque lo mío no está en la superficie, eso procuro, pero mirarte hace tambalear el firme bajo el escenario. 

Quizá empiece a esquivar tus miradas, dirigiéndolas a un papel o al monitor del pc para anotar algo sin importancia pero que me permita tomar distancia, reforzar el muro.

No quiero. Cada día que no coincidimos es un alivio, para mí. Porque tras de lo sucedido al incorporarte, cuando me di cuenta de que me había enternecido un simple detalle de buen compañero y de que me había reído contigo ya varias veces, me sentí desnuda de nuevo ante miradas indeseadas y capciosas. Las que podrían darse y me incomodan, a raya las quiero tener a esas.

No quiero mezclar cosas, no es eso lo que me mantiene alegre en un lugar lúgubre en muchos aspectos. Es la necesidad de sentirme útil y de ser independiente, esta de un ansia feroz, sin lo que me es imposible ser feliz.


Así que la primavera este año es calurosa y bien bella, en Momolandia.

20 may 2022

Sonríes en silencio.

 Alerta roja. Ahí está.

Doña Ternura. 

No, no hagas eso, Momo, que te vas a lastimar, deja de caminar en equilibrio sobre el bordillo, un pie delante del otro...

Pon música de fondo, escribe.

Mejor intentar ocupar la mente en algo constructivo, ya que te ha inspirado. Por qué sucede eso. Por qué hay personas en las que no puedes dejar de pensar, que te despiertan tanta curiosidad. Y otras no. Con todo el mundo quieres, puedes y debes empatizar. Pero esa otra gente de la que quieres aprender y saber más. La magia en la senda. Pero también el enigma de lo que la dimensión tiempo alberga. Los lazos con las secuencias de los acontecimientos vitales decisivos. Estar en un sitio y no en otro en un determinado momento.

Momo piensa en que estaba decidida a quedarse en el trabajo anterior. Y recuerda cómo se sintió tratada y las lágrimas porque se cruzó el machismo feroz de nuevo. El peor. El chantajista: "O me agradas a mí o no le agradas a nadie". El llanto fue por la confusión, como siempre. Porque cuando Momo se encuentra con personas de falsa amabilidad, luego no entiende las puertas en las narices sin explicaciones. Estaba contenta por encontrar un curro que le gustaba y le dijo a la Flor que este era para siempre. Muy buenas propinas que habrían hecho mucho más rápida la recuperación financiera. 

Por suerte, a finales de febrero la vida dio un vuelco para ella, no solo en la solución habitacional y de movilidad, además del cambio radical de alejarse Hermanija, que sigue siendo muy difícil para Momo en el plano emocional. Sino que también el cambio se produjo en las ofertas de trabajo de lo suyo, de lo de toda la vida, de las manos que tiene y la risa que contagia. Simultáneamente al palo de no cuajar la relación con un castellano, de nuevo, apareció la oportunidad del sustento actual. 

Y por este devenir de los acontecimientos otra vez la Reina se siente niña. Arrimada a la ternura de las anécdotas. Cuando por el largo recorrido sabes anticiparte al torrente de emociones que puede desencadenarse, si no se pone presa.

Sonrisas pensativas que son las que te ponen en alerta sobre los roces venideros.

Estás de vuelta, Momo. Es un buen niño y tú estás maleada, eres una forajida de las redes... No las echarás y nadarás veloz, como pececillo intermareal. Para escapar de las suyas. Mejor nunca probar. Nunca poner en riesgo más tus secretos. 

Pero porque echaste de menos algo. 


Y no quieres echar de menos nada más y nada menos que a tus mambitas.

Saber que tienes que gustarte, perdonarte, aceptarte. Y que ese es el camino correcto hacia la calma y la serenidad. 

Las aliadas.

De tu paciencia y lucidez.

19 may 2022

La herida. Memorias de Momo (XIII).

 De nuevo una línea en el tiempo, unida por dos puntos. Una melodía, un arrebato de sinceridad y demostración de autenticidad, un destello de excepcionalidad. El comienzo del cortejo en una relación de años entre dos personas muy diferentes, de distintos mimbres, por decirlo de un modo general.

Suena en la app del móvil "Juguetes Perdidos", de Los Redondos:

<<Cuanto más alto ♪♫ trepa el monito, ♪así es la♪ vida, el culo ♫más se le ve...♪♫♪>>

La música siempre en la vida como eje transversal de las relaciones sexo afectivas. Con todas tus relaciones amorosas que consideras importantes en el trayecto conservas al menos un tema asociado a la persona. En el caso de las más estables o duraderas, artistas, géneros y gustos comunes, por supuesto.

Piensa Momo en cosas que contaría a la Gran Mamba, de poder entablar conversación con ella... 

<<La herida de Héroes nos unió una madrugada de un fin de semana cualquiera del recién iniciado milenio, tras de servir copas en el pub en el que trabajábamos y donde nos conocimos. Antes que con él, me había estado enrollando con otro colega de la cuadrilla de pijos que eran. >> (Universitarios que curraban de djs para copas, mientras Momo lo usaba para pagarse el carné, la gasolina del coche viejo de padre y llenar el frigo y todos sus gastos, tabaco, ropa, etc. Ella terminó dejando la carrera, con la que tenía en casa. Ellos eran hombres cis hetero (o se supone, ¡ejem!) y tenían todos que entrar a la niña del barrio del que se burlaban continuamente).  

 

 

<<Pero aquella noche a solas aquel era otro chico. Como suele suceder. Y se lo curró. Vaya que si se lo curró. Durante año y pico, de quedar para otras cosas, ir al cine, incluso a maratones en los antiguos Van Golem, tardes de cafés y fumadas en el RamJam de la Calle San Juan, muertos de la risa, excursiones a lo verde del norte de la provincia, viajes de escapada a la playa en puentes festivos con amigos míos, mi Silvi y mi gente, a los que él también se apuntaba... Y así. Poco a poco yo perdí el interés por el otro que me puteaba y humillaba ocultando los filetes que nos dábamos. Que jamás me llamó para ver qué tal estaba un día cualquiera, o para tomar un café sin que fuera que nos quedábamos hasta el final solos, después de salir del curro del antro. Y si lo hacía yo me hacía sentir como una imbécil. Que después tuve que aguantarlo en mi boda, babeando en alto por cada tía buena que había, -y estaba petada la villa, créanme, de mujeres guapérrimas-, cuando siempre ha sido lo que es, y que se  empeñó en hacer unas fotos que no le pidieron, interponiéndose y boicoteando de facto el que iba a ser el regalo de la Flor del Dolor para nosotros, y que luego para colmo, extravió la tarjeta de memoria y nos quedamos sin reportaje. Ninguna foto salvó.
Tantas heridas abiertas, de ver que hubo una época en la que él supo y concordó en que todo esto había sucedido así. Y ya no.  O nunca fue y yo me he engañado todo este tiempo, creyendo falsas palabras dulces y elogiosas sobre hacerle mejor persona, de quien ha sido el amor de mi vida porque me ha dado lo más grande que tengo, aunque las últimas acciones agrandan la herida. Ese desgarro de ver la decepción que como compañero de convivencia en la crianza me ha supuesto, no solo por el lado doméstico y de los cuidados, sino que también y sobre todo,  por el lado personal y afectivo. Tan deteriorado y extremo el cambio que, horrorizada, me vi como esa señora que se abraza pero no se traga tu leche porque besa a tus hijas, flipa, que esto es tal y como lo estoy escribiendo y así lo siento. Un puto bulto a su lado en la cama. Perder absolutamente todo el interés sexual en mí. Yo saberlo, notarlo, y llorar porque solamente cuando a él se le pone ocasionalmente dura de madrugada y estar años insistiendo en que sin vasectomía no y que yo no me ligo, que me he quedado tocada del gemelar tan mayor y que tuve un susto con la anestesia. Mucho criticar a papá cuando lo ha hecho pero no le llega ni a la suela y eso que el mío no ha sido ejemplar por muchos años. ´Él está perdonado.
La herida con el padre de las mambas está abierta, mientras sienta que mi bienestar no es prioritario para él como madre de sus hijas que soy, a la que necesitan cerca para ser felices. Solamente hay algo que puede hacer para que le perdone, y espero que no llegue el caso de que sea necesario pedírselo. 
De modo que la herida es tan profunda que, llegado el caso de tenerse que emplear a fondo en lo suyo para ir a por todas y con todo lo que sea necesario para que a sus hijas nunca les falte de nada de iniciarse el proceso que está pendiendo de un hilo, de un diagnóstico, ahí solamente podrá cerrar y dejar de sangrar: si se comporta como un padre que busca justicia y reparación para su sangre.
Espero publicar esta entrada antes del lunes 23 de mayo, día en el que sabré quizá algo mejor si el momento está más cerca, mami.


Tengo miedo. Un poco.>>

13 may 2022

Seductora. Memorias de Momo (XII).

 Mirando atrás de nuevo. De ser consciente de ese poder a no serlo, que además de ser un proceso gradual, de la mano del paso del tiempo y de las experiencias, tiene un gradiente que depende de la ingenuidad, también. De cómo de fresca está la inocencia de la curiosidad pura, esa que va de la mano del destierro del prejuicio. Así que es de nuevo un resultado que depende de multitud de variables, lo consciente o no que se es de las armas de seducción que se poseen y que va ligado a los éxitos (o fracasos, según se mire...) que estas proporcionen al utilizarlas. 

Pero si las usas, así sea conscientemente o no, no deberías sentirte mal por ello. Es tanto como decirte que dejes de ser tú. ¿Coqueta y seductora? ¿Introvertida pero con una manera de ser que llama la atención a tu pesar muchas veces? ¿Qué más da? De cualquier modo, el juicio pende sobre la cabeza de alguien, por su manera de desenvolverse en el mundo, sin que muchas de esas personas que juzgan sepan de los moldes que fraguaron esas costumbres o idiosincrasias concretas...

<<Es su trabajo, ahora, la seducción. Uno de ellos, en este tiempo de multitarea e ingresos de varias fuentes. Ponerla dura, mojar coños. Provocándolo conscientemente, adrede.>>

¿Que no es un trabajo cuando no fluye sin pensarlo porque deseas al ser a quien seduces? Es cuanto menos discutible. Cuando has trabajado siempre en atención al público y has moldeado tu carácter y modales para agradar al cliente, puesto que estaba entre las cualidades para ser considerada una buena profesional, la faceta de actriz no es desdeñable. El peso de esa función teatral en tu oficio determina la calidad del conjunto que se paga en el ticket de caja. Y así será la propina, en consecuencia.

<<Ibas conduciendo por Arrecife y, en una calle con un solo carril de sentido único, el fulano del coche de delante frenó para dejar a su acompañante en la puerta del comercio. Nada fuera de lo común, si no fuera porque se entretienen en la despedida sin preocuparse por el cuarto vehículo que llega a la cola que se ha formado en la vía. Nadie pita. Diez segundos más de espera no llevan a ningún lado, "señora no corra tanto, que está en una isla y se cae al mar". En tu caso hay días que te irrita profundamente, pero no se pita; si acaso haces aspavientos y sacas la mano por la ventanilla para hacer gestos. Sí, estás adaptada y a ti también te molestan las pitadas, tan normales en Gamonal, con sus dobles filas impensables en Lanzarote. Aquí lo que se lleva es lo contrario: no poder aparcar en ningún lado porque cada dos fincas hay un vado o una línea amarilla, y muchos parkings privados a los que dar dineros. El turismo es lo que tiene.>>

Las putas son seductoras, obvio es una cualidad que poseen que puede estar más trabajada o menos. Fruto de características anatómicas y del fenotipo que le ha tocado en suerte a une, o también gracias a otras virtudes no desdeñables como saber arreglarse, sacarse partido, tener un estilo personal o carisma y encanto, un nivel cultural o conocimientos y aptitudes especiales para situaciones concretas y también, por supuesto, fruto del ensayo y error, de la experiencia, de la repetición. Como todo en esta vida.

Es una evidencia que todo ello sumado redondea el conjunto. La seducción la puedes llevar de serie o no. Pero el salto que se da cuando a características de tu persona un día te planteas sacarles rendimiento económico, de consciencia de utilizar lo que la madre naturaleza te ha dado, genes de tu madre y de tu padre mediante, en conjunción con tus viajes, reales, imaginarios y evolutivos, te hace crecer. Te hace admirar a quienes lo hicieron antes, no repudiarlas, no arrebatarles su dignísimo puesto entre las mujeres de garra, las nadie, las más oprimidas incluso por las acusaciones espurias de sus hermanas feministas institucionales y bien vistas. Las que braman por el sexo de las niñas pero miran para otro lado cuando les decimos que tenemos hijas también a las que proteger y dar techo, alimento y estudio.

<<Sabe más el diablo por viejo, mami>> 

12 may 2022

Vomitar bilis.

 Literal o metafórico.

El colon irritable y la dispepsia haciendo aparición desde primera hora de la mañana. 

La vida y el boomerang. Momo ya lo había vivido antes en la piel de su mejor amiga Silvi, con la que tenía tal vínculo emocional que cualquier padecimiento de una de ellas inmediatamente se convertía en motivo de sufrimiento también para la otra. Siempre y recíprocamente. Aquella chica que perdió a su madre también de cáncer y con la misma exacta edad que la de la Gran Mamba seis meses después, cuando se le apagó a Momo una madrugada de junio del último año del siglo XX. Aquel dolor que las unió de un modo como nunca antes ninguna sintió que nadie las acompañara. Eficaz y sanadoramente, mirarse y saber. Lo que la otra siente y necesita. El momento exacto de los abrazos. Los abrazos. Los mejores. Los de ella. Siempre la amó, ahora lo sabe Momo, cuando quizá sea tarde...

Además se lo diagnosticaron en la que fue la primera visita de las dos a la islita. Aquellas vacaciones irrepetibles e inolvidables. En las que Momo viajó solamente con su mejor amiga y el novio de ella, pero quedando en la península el suyo, que sería años después padre de las mambitas, porque estaban necesitando darse un tiempo, en ese momento. 

Los síntomas que se le manifestaron durante varios días tuvo angustiados a los dos amigos, que no sabían qué hacer para aliviarla. Muy hinchada la tripa y con malestar gástrico desde que se levantaba, decidieron llevarla a un hospital. La decisión fue acertada, pues el diagnóstico fue rápido, una vez pasadas unas horas de observación en urgencias y realizadas pruebas para determinar la causa de los síntomas.

Muchos años después Momo padeció los mismos síntomas y supo el diagnóstico casi antes de ser vista por el especialista. Pero no corrió la misma fortuna en cuanto a la preocupación de quienes veían esos malestares diarios que su querida amiga amante.

Durante mucho tiempo solo lo vio una persona adulta que los empeoraba, en lugar de intentar paliarlos. Esa persona sigue aún hoy infravalorando el factor que el estrés representa en la vida diaria de Momo para regular y llevar la enfermedad crónica que padece.

Si sus nervios se descontrolan, se desatan la dispepsia, los gases y el malestar gástrico inmediatamente. Entonces no puede comer. El estómago se cierra, no tolera nada. Empiezan las diarreas, de la mano de la colitis, y lo único que tolera y además necesita, si no quiere deshidratarse y sumar la cefalea extra al malestar digestivo, son los líquidos. Agua, sobre todo. 

Entonces la persistencia del foco de estrés que ha desencadenado el malestar, -cuestión esta que puede observarse en los chats de Momo con el padre de las mambitas, las faenas que le lía y la duración del marrón del tamaño de Australia en horas-, provoca la aparición del peor de los síntomas: los vómitos con el estómago vacío de alimento. 

Las bilis. Por si no lo saben, no todas las personas son iguales, pero en el caso de Momo estos vómitos son violentos y se manifiestan entre fuertes convulsiones.

Las bilis por tener el estómago vacío son frecuentes entre quienes no se alimentan suficientemente. Las conoce bien Momo, en el último año que terminó a finales de febrero del 2022.

En el hambre de Momo manda ella y lo ha explicitado demasiado poco en todo ese tiempo, en redes, para el calvario que venía padeciendo, porque nada está en la superficie.

Pero solo tenía que entender que alejarse de los focos del estrés y de la ira, cuando no se tiene para cubrir necesidades básicas, es tanto como salvar la vida propia. Y salvar la suya es hacer más duradera la felicidad de las mambitas.


La precaución en el verbo, cuando se utilizan expresiones retóricas, en según qué sitios de la red, es una gran cualidad, en especial cuando la expresión es tan sumamente literaria que se utiliza vaciada de su significado médico. 

Y es insensible, por ende. Con tu clase: los Nadie.


Te imagino.

 Hablándole de Momo a tus amigos de toda la vida. Enseñando su foto de perfil en esa red social, estableciendo las diferencias que tú has captado con el resto de cuentas del grupo de más de cuarenta almas...

Te imagino entusiasmado, contando que te va muy bien en la que escogiste como hogar de las islas afortunadas. Que te gusta tu curro y estás ilusionado con los retos que te plantea. Que te permite conocer a mucha gente. Que has conocido, de hecho, en el último mes, a alguien que te tiene hipnotizado.

Esa mujer. A partes iguales alegre y cariñosa, por un lado, misterio y timidez en sus miradas... por el otro lado. Hay un cierre obvio para aquéllas personas en quienes no confía. Incluso se vuelve combativa y saca el carácter, no se deja pisar, ¡qué va!

<<Que nada la roce...

Si eres duro sin motivo con ella, se alejará y algo romperá la magia. Obedecerá órdenes, será buena compañera, pero se cerrará a la complicidad del buen rollo contigo. No te concederá el mismo agradable trato que en quienes confía, solo te dará respeto y cortesía, sin más...>>

Una vez enmendada la metedura de pata de actuar con soberbia, Momo le ha dado una nueva oportunidad y observa ahora una jovial cercanía que le es reconocible y recurrente: los coqueteos previos del enamoramiento traidor.

Ella sabe que ha de mantener a raya el corazón. Que no le dañará ni se dañará. Que lo platónico es lo mejor. 

Que quede en una conversación de sobremesa con la cuadrilla de amigos íntimos en la boda de uno de ellos.

Que nunca se realice.

Pero que él no lo sepa.

Ni ella. Ella dejará de ser receptiva a las miradas de la sal de la vida, porque sabe que su manera de amar es para muy pocos y que duele. 

Y no hay necesidad. 


Momo ya no quiere imaginarse más así, quiere paz en el nido de las serpientes.
Que las mangostas se alejen.