25 may 2020

Mentiras, las tuyas.


Cuando escribiste que no harías más referencias. No puedes. Eso es imposible. Es lo único que queda. Convertirlo, al auténtico y al origen de todo, en uno de los imaginarios. Material onírico. Porque soñar alimenta el espíritu. Mientras esté en tus sueños, estarán las referencias, una y otra vez. Aunque te engañara y no te quisiera en realidad, o aunque no te engañara, si no tú a ti misma pensando que era cosa de dos (y que exista esta duda revela la verdad, que no te quiso y sí te utilizó, probablemente); en tu materia noctámbula te recuerda, sigue deseándote y es un sacrificio apartarte de su vida.
Y mil boberías más, claro. Pero es que la imaginación es libre y no tienes ni una sola tacha a la que agarrarte, con ese inconveniente desgarro de herirte al salir, emborronando más, dejando más dudas.
Pero que sigue tu vida y su vida, saliendo de la tuya, y que eso está bien. Tú volviste a caer en el dulce arrullo del deseo, él no es impedimento para amar a más y mejor. Y esta vez caminas mucho más segura y todo está muy claro. Se puede encontrar quien necesite lo mismo que tú y que te dé tal y como lo necesitas. Y ya sabes que eso está muy lejos del amor convencional y aceptado como normalizado en sociedad. Pero tú eres optimista en eso. Crees que la sociedad cambia y ves el fin de la posesión emocional y sexual del otro. Es este el momento, cuando la tecnología y el progreso ponen del lado de los esclavos del amor y del deseo la manera de comunicarse, hallarse, encontrarse.





Ahora faltan otros tantos encuentros por describir en este blog, que habrán de ser ustedes, queridas lectoras y queridos lectores, quienes distingan los reales de los imaginarios amantes. Rai dispuesta y en casilla de salida, esperando está a que se relajen las restricciones aeroportuarias y se pueda viajar entre provincias, en la desescalada tras estar confinados por la COVID-19...





Nunca habrá mayor satisfacción de la literalidad de la realidad filtrada emocionalmente por la que suscribe, para que no duela o bien para lo contrario, que salga a borbotones la ira. Y halaga y enorgullece, te hace creer más en ti misma cuando alguien le ve una pretensión literaria, no sabes ni cómo definirla...te metes en un jardín. Si alguna vez editaras sería un proyecto muy personal y nada comercial. Este sitio no pretendía ser si no todas las cosas que no has dicho. De viva voz, cuando pudiste. En un chat de cualquier app o red social hoy en día. Son una especie de cartas encubiertas. Tapadas por salitre, vómitos y detritus incluso, muchas veces.
Otras tratan de rodearse de petricor o pino mojado al sol, o de ozono de orilla de mar en Lanzarote, de frescor de baño en sus aguas cristalinas, de fluidos sexuales mezclados en los post eróticos.
Mezcolanza de cotidianidades con sufrimientos vitales corrientes en todas las personas, en torno a la soledad, la crianza y preocupación por uno mismo, que es esencial en la felicidad de ellos, una separación traumática, con sus particularidades, también sus ventajas, por el lugar en el que vives.

Las mayores dificultades vienen por el lado de siempre. Y ya lo sabías. Y es ese lado el que se percibe a lo lejos y está presente a diario. Como una nebulosa. Y entonces te descentras y tratas de hacer textos quizá más amables. Pero ni es ni nunca fue el sentido de tus escritos en la red. Los relatos son simple y llanamente una necesidad compulsiva de expresión. De catarsis continua sobre lo que comes y reprimes día a día para no afectar a tus seres queridos cercanos. Hace mucho tiempo que es tu autoterapia. Lo que es absolutamente cierto. Por eso lo que se opine sobre esta web, como página personal que es de recortes de vida, recuerdos y sueños, con su toque de fantasía, no te afecta negativamente nunca. Ni la mofa. Porque ERES TÚ, en plenitud y a muchos y muchas puedes no gustarles, como ellos y ellas no te gustan a ti. Pero autenticidad. Es Ley. Esto no es el antro con gente que te advierte de que si te lo tomas en serio nosequé.
Es tu rincón. Aquí sí son tus normas.





El sentido de Rai está en consonancia con esto. Es un alter ego, que necesita poder escapar si ahora, de repente, estos textos han llegado al corazón de quienes tienen que llegar. Y si, por lo que fuera hay que volar hacia otras latitudes, entonces poder saltar también entre mundos oníricos...





No se dan pistas sobre las cosas entre dos. Imaginarios o reales.






...vacaciones dio a su corazón
no hay quien le quite a ese gallo el espolón
lo echó de la cabina y se desvió, descubrió y desbarrancó
y al borde del abismo lo dejó
puteando por lo bajo se marchó
una corazonada fue esta vez
trucho pero lindo camaleón






23 may 2020

Más veneno.


*Retazos de sentimientos puestos por escrito.





Llorar por los rincones. En ausencia de ella. Callar lo que te duele; entonces la amas como a nadie. Llevar la pena dentro de nunca volver a oír su voz más.





"Y pensar en él y encenderse el deseo de tocar la propia piel, imaginando sus manos, que son las que acarician tu alma, sin estar cerca".





Y estar muy lejos, de hecho. Tan lejos como un imposible. Pero la certeza de la sensibilidad que se aisló del mundo, aún a costa de su felicidad, de la de ambos. Y una mierda de comunicación... también por todas las interferencias.





"Y convertir la vida en penar, sin él, en verla pasar, sacrificando la alegría de tenernos y de verter la risa y las caricias, sin vetos ni culpa... Que un día se reencontraran despojadas del dolor de la distancia insalvable"





El castigo es la renuncia. Tu renuncia a ser feliz, condenando la dicha propia, que me obliga, por ser tan profundo este sentimiento, a respetarlo, aunque se me antoja una insensatez inflamable. Y la rabia de pensar que nada de lo que te sucede es justo.





"No hay que pagar ningún peaje para volver a empezar. Tu honestidad es tan pura como injusta conmigo, pero porque nunca tuviste en cuenta mi opinión ni quisiste aquella conversación"





¿Y volver a empezar de cero? ¿tras una promesa rota? Nadie se queda al lado de la lágrima congelada, que se rompe si intentas tocarla.





"Aceptar que era un bello paraje que antes fascinaba a propios y extraños."





Vivir con la duda eterna de tus silencios a mis dulzuras, nena... Nunca saber si callabas por no herirme, al no sentir igual. No entender las formas... nunca. E intentarlo, para conocerte mejor, porque ya te amaba y no lo viste...





"Pensar que callabas por no herirme, vida, y a la vez pensar que te veías idealizado, en mis ojos tristes, y que quisiste sacarme del auto engaño de tu amor, pero que querías evitar mi ira... al no sentir igual. Y no entendí nunca tus formas. Por más que lo intenté, porque no se ama, en realidad, si no se conoce... ¿Por qué nunca dijiste simplemente un 'NO-TE-QUIE-RO. ¡OLVIDAME!? Pues eso es justo lo que no hiciste"





Justo no hice mandarte por ahí a chingar a otro por ser delicado y siempre ví que la cagué. Que pretendías el drama de "es un cerdo, se aprovechó de que me supo seducir, o algo así". O eso o lo otro. Renegar de lo que no supiste y crees saber. Que hay frío y desamor. No es ninguna, lo sabes y te da igual eso.





"Quizá sí necesitaba hacer de la situación una tragicomedia de tu falta de entereza, por mi orgullo herido de tanto ir y venir y sentir en verdad que había acabado, sin decirme nada... Quizá necesitaba, para no seguir anclada en el dolor la creencia de que te marchitarás por la renuncia, dejar correr el a veces necesario y sano despecho, con el que compensamos las que no somos celosas, por nuestro amor propio y pizquito de dignidad: pero, justo por cómo amo, al segundo ya me siento mal y responsable de todo. Y de nada. De partirme el corazón por las cosas calladas meses y meses..."





No eres tú sola a la que el corazón le ha estallado, no solo tus lágrimas arrasaban y no podía decirte eso, lo habrías malinterpretado... de nuevo. Lágrimas contenidas durante meses. Y si yo era impedimento para recuperarlo con él, también. Ahora me dirías cínico...





"Y esta sensación de ardor infinito, de que no salgan las metáforas ya, de querer aclararlo todo, punto por punto... o bien todo lo contrario. Olvidarlo todo. Hasta dejar de escuchar las canciones, si es preciso. La huida hacia delante y el tiempo hará su trabajo. Y el hielo y la distancia. El silencio perpetuo..."
Pero tú siempre serás la bola de demolición que provocó las letras crudas ...





*Este post es una composición con manuscritos volcados en papel, en los últimos meses, cuando el pc no estaba a mano y el smart phone no me resultaba cómodo.

22 may 2020

Y volver a ser quien era.


¿Qué se ha llevado él que otros no podrán llevarse ya?
La voluptuosidad de los treinta, de una mujer alta, rotunda, entrada en carnes, con curvas y prieta aún.
¿Qué más hay aquí que contextualizar?
Los orígenes. Se ven, están aquí presentes y, aunque es un testimonio incompleto, porque falta el inicio de los espacios personales de Microsoft, lo fundamental está, a cachitos. Es parte de una vida nacida en el norte de la fría meseta castellana. En una ciudad conocida por su ultra conservadurismo, donde hasta en el barrio obrero del que ella procede, hay mayoría facha en los resultados electorales, sea del tipo que sea la convocatoria.
Se llega, por circunstancias, a su paraíso soñado, huyendo del frío y de la presión familiar y del entorno. Intentándolo lejos del etiquetado social y de las barreras entre clases; no ya para progresar, sino para salir adelante, en su situación personal. Sin embargo, a pesar del mayor aperturismo sexual, se topa con una sociedad más cerrada aún en algunos aspectos, por el proteccionismo, también para las élites que explotan al pueblo, de todo lo extra archipelágico, sospechoso casi siempre de ser un nuevo intruso aprovechado y enterado. Pero haces tu vida y te adaptas a tu manera, y se vive hacia fuera, la luz y el mar, la tierra quemada. Te posee el ciego amor a la isla, como un ser vivo más, y su subyugante paisaje de océano y lava, cuya exuberancia hace que tu lozanía se refresque, que tuvieras una necesidad brava de mezclarte con arena, viento, oleaje de sal.
La piel revive sensualmente, destapada, al sol, sin cuatro mantos de ropa en enero, desnuda sobre la orilla del mar y remojada por la espuma de las olas. Se exfolia en un manto de lenteja de basalto, se ensaliva para amar, encondidos en un hueco. Se muestra accesible como manzana para morder, se presta al roce con otra piel, busca el tacto de lo que la enciende, el rubor que la acoge y da brillo, el abrazo tembloroso tras salir de la marea...





La piel era ella. El amor era piel. Siempre lo supo. Por eso aquella necesidad. De primero la piel. Para no engañar ni engañarse. La piel no se pospone, es lo primero. Si la piel no funciona, da igual haberte enamorado de una cara, de una voz, de unas manos, de unas letras...
No de unas letras, no. De una persona que las escribe, que es muy distinto.





A veces pienso esto, en si leerás. Y en caso de que lo hagas, en si pensarás
que es una de mis intenciones, enamorarte con mis letras. Siendo extremadamente honesta, no pretendo ni muchísimo menos que nadie se enamore de mí con mis letras, eso es pueril, problemático y diría que incluso mediocre e increíble, si no fuera porque existen el micro blogging y las rrss. Además, yo, al menos, no me liaría con mis escritores ni escritoras favoritos. A ninguno les veo así, platónicamente. Nunca me ha gustado ningún escritor, ni de los buenos, ni por su talento. Esos menos aún, que anda que no hay que llevar carrerón en el coco...





(Decía que) Sí de la persona que hay detrás de unas letras bellas, crudas. Puede coincidir o no hoy en día con más frecuencia que también escriba para "no enamorar" maravillosamente, porque la red facilita a muchas más personas expresarse a mucha más gente y distancia. Así ocurre. El aumento de probabilidades siempre ha estado ahí, de encontrar a alguien con quien hablas, en la otra orilla del mundo, sin que sea irrealizable ni inaccesible por caro a los menos igualados, y que algo, sus letras en un chat te hagan darte cuenta de que el azar lo ha puesto ante tus ojos. Aseguras que se ve, se siente rápido, ya lo has distinguido. Y quien lo siente de verdad, desde lo más hondo de su corazón, salvo escasas excepciones o problemas graves con la gestión de los afectos, lo dirá al otro, necesita decirlo. Piensa que le hará feliz incluso si no es correspondido, como es natural. Así volviste. Por la puerta grande. Habías dejado de decir que amabas largo tiempo, y en cuanto lo sentiste, vas y lo sueltas a bocajarro, de buenas a primeras, no te lo aguantas. Sabías que él no, pues no sintió el mismo impulso (o no era impulsivo, quisiste auto engañarte un poco, muy poco tiempo). Pero no pensabas ser un problema, nunca lo viste. Ni dañarlo. Y por eso creíste que faltaba la piel. Y entre medias él reflexionó en tu daño y en otros algunos posibles más análogos e improbables tales que ... Sí, estaba acojonado, aunque disimuló relativamente bien, porque tú ibas hecha un flan. Pero con el tuyo se equivocó tanto... no entendió tú manera de amar y tú no entiendes qué pensaba que esperabas tú de él.





Y ves que no supo. Que no te salió bien y ahora volverás a intentarlo mejor. Como ahora sí saben. Que necesitas dar, dar, dar... Amar es dar amor y que te dejen dar amor. Que no te hagan sentir tan sola como boba por dar amor y recibir indiferencia. Hielo. Silencio.
Pero distinto. Un silencio, el del que se bebió tus años mozos, que también se comió años de tu dolor, siendo justa, aterradoramente indiferente. El del que se bebió tu deshielo a medias, te asustó y se asustó. Entonces calló. Callaste. No quisiste hacerle sentir responsable de lo que no lo era ni nunca lo fue, no sabes si habrás conseguido que sepa eso. No sabes hacerle responsable de otra cosa que de ser falsedad hecho letras. No de tu dolor de incauta novata, (que asumes, así espabilas a la próxima, que para ti sabes que esta fue la primera vez que te ocurrió) y que, de todos modos, no creyó hasta que no tocó piel. Y Confirmaste. Ya se lo dijiste.





Empecé a escribir sin escribirle a él directamente, a mi alma allende los mares, nunca supe si leyó o no. Nunca me dijo si alguna carta le llegó a rozar, cuando aún podía decírmelo. Esos silencios son extraños. Porque no soy nada supersticiosa, nunca en veinte años madre vino a verme. Si no lo hizo ella, no lo hará nadie, por tanto sería aún más raro aferrarme a que siento presencias que ni sé si están. Siendo lo más probable que no, y que no vayan a estar nunca más, si alguna de las cartas fueron motivo, como yo pretendí, de su "basta ya"...





Volverás a ser como antes de tantas trampas. De tantos hombres. Porque necesitas tutelaje, según tu hermano pequeño, "caíste en la trampa", del primer hombre en mi vida que fue un hijo de puta.
"Que no, Fulano, vamos a ver, yo te cuento cómo va la movida y la historia del media-punta. No fue que él fuera un cabrón con pintas, sino que mi hermana es tonta. Pero va de lista. Ya es hora de que veinte años después esta creída reconozca que cayó en brazos de un 'enviar a todas' (cuando solo había sms)"

A quienes no quieres dar no darás y eso también es volver a ser tú.





El amor leal es el amor auténtico, ni fingido ni pactado. Yo estuve allí y sobreviví a la muerte en vida. Al modo de NO SER más peligroso que hay.
Los no vivos del amor con aduanas.





Ya has estado en la letra y la piel. En el conjunto de amaneceres hermosos que es reconocerte fácil en otro que te quiere dar. También dar, dar y dar.
Entre dos.





Y volverás ahí.






21 may 2020

Catwoman de verde.

Con pinturas de guerra. En el avatar de súper-heroína felina con sombra y purpurina verdes. En la foto antes de embarcar... de camino a ti. Hizo lo que fue a hacer. Un trámite. La derrota es tuya, que no lo abrazaste con el fuego que trajiste de regreso al volcán.

Eso temía él, antes de verte, esos fantasmas de dejarlo todo y plantarla de cagadas. Se dice tonto y la tonta fuiste tú. Ahora lo ves. Que no se lo demostraste. Tú llevabas los tuyos propios y pesaron más que tu propia felicidad. Hiciste tu propio fracaso y le reprochaste a él. La oscuridad que vendría, tras de no poder volver a veros.

Típicas alegorías de preguntas y cuestiones en las que re loco acabaría tratándote de bobita linda. Y tú enfadada. Porque eras tú, con él. Puramente tú. Incluso arrebatada, eras tú. Y él lo sabe. Por eso le hacías reír. Por eso le amas. Porque...¿entendió?

No es eso, nunca fue. Sí es en parte, guardarte en canciones secretas. Pero no soy yo quien tiene problema en compartirte y el Indio es un embustero ahí porque no es la preferencia. Es ser libre contigo, que me lo espoleas, aún sin estar en mi vida y añorando esos susurros siempre. 
Nunca fuimos sino amantes, excepto cuando debimos haberlo sido. Así de al revés está hablar de lo nuestro, sin empezar. No será poco tiempo el que te ame, pero no creo en la suerte, mi rosa oscura, mi soñador...

Esta duele, te quedas con lo valioso, te lee, o eso tú has dicho. Pero lo cierto es que no fui yo la gran mujer y no preguntaste si yo pretendía ser éso. O si simplemente quería estar a tu lado cuando quisieras estar conmigo, sin necesitar preferencia (¿Cómo sería eso posible?) ni estatus de ningún tipo.
Días con una mano, en el año. Como mucho.

¿Quién se entregó, quién no? Ay, no soy yo de santos, sí de reproducciones.
Tu vileza y tu bisutería macarra de lucir en el antro, viejo indio, ¿a mí me quisiste vender ese queso? Nunca dudé de la falsedad. La tuya también. pero hay corderos vestidos de lobos, también. Caníbales de sirenas varadas que se tornarán mambas, reviradas en la ira del amor negado.

Silencio ante el dolor hace poso. El temblor del que habla es el volcán. La islita es voluptuosa y te mimetizas con ese carácter... lo de no entender la oscuridad te suena blando y no puedes pasárserla y te da igual ya todo, Rai. Esta no se la pasas a Pájaro Guía porque se ha pasado de naïf, que llevas treintaypico de años viendo la cara oscura de las personas. Parece un acomodado comunero de tres al cuarto el pobre viejo Alberto.

No interpretas nada más que un lindo tema que no compartes en lo que tú lees de metáfora existencial errada, de viejo de vuelta de todo. De repente una negrura, pero de lado oscuro claramente reconocible, la sinrazón. Asociada a la muerte de una manera tan trágica, que me recuerda mi propio eterno y exasperante duelo no resuelto por cien mil cosas a la vez y que se resumen en una: ausencia de libertad para decidir. Por dos veces. Los muertos en vida. Las imposiciones morales de los demás, los juicios sobre los caracteres forjados por una vida aleatoriamente compleja, como tantas otras historias humanas sobre el Planeta Azul.

Favorita. Impactante por la coincidencia con mi filia. Maravillosa. Alguna paralela, otras con otras personas de tu vida. Mi deseo y tus dudas, y al revés. Demasiado poco: los dos estábamos aterrados, la pequeñita mamba aún saliendo del huevecito.
Ironías, nada, ni bien ni mal, en realidad sin dar otra oportunidad a otro deshielo de nuevo. Nada hablado con sinceridad.

Con un vestido floreado, no con una falda. Y no era la muerte. Era la que vio lo que pasaba entre bambalinas, recién te encontraba. Y recuerda comprar ese trapo, no por moda, sí por querer sentirse bonita de nuevo para alguien que se fijaba como ella necesitaba. Pero fue una mujer muy débil, en el peor momento. Sabe que la de la Guadaña espera al segundo fracaso. El tiempo es inexorable, las modas ni rozan la relevancia de aquel.

Hay aún muchas interpretaciones fallidas por el léxico, pero la sonrisa sí está en los ojos. Y diría que el perro viejo que utiliza el rock para ligar con zorronas dio con una idiota que dejó el pabellón de loca del coño en el antro, bien alto. A cuentas de caer (o no, pero qué mas da ya todo) en las garras de un avatar personaje del carpe diem. Por decir algo. Cinismo a raudales o no entendí nada, tras la cruz de la confusión.

Esta me echa fuera, me parece cobarde y no hay encandilada ya ninguna en ese antro. Cuando ha caído el telón de lo que quizá ya no fuese. Pero... ¿era y participaba de esa competencia por la popularidad?
Aumenta la confusión. Cuando nunca estuviste preocupada por tu reputación ahí, pero de manera auténtica. Le veías la cara, la dimensión paralela de la que estabas más o menos out del círculo del salseo. Sin ver, ingenua, el peligro, metías a veces la nariz. 
Resulta que reflexionas sobre algo que alguien importante en tu vida te repetía mucho: "Que tú no te querrás enterar de lo de los demás, pero los demás sí quieren enterarse de lo tuyo..."

Galimatías con vida laboral incluida en una estampa retro turística del Lanzarote de los 60, y de los sonidos más bellos plasmados. Aunque en roles inversos de género, es una linda representación de la perturbación que suponen los clientes tras la barra que te atraen o viceversa en un gremio que tiene un código de comunicación universal y todo es nostalgia y también mucho tiempo atrás.

Historietas de parias que se auto excluyen en tiempos en que nadie sabe y todo el mundo sabe dónde hay que estar. Todo el mundo sabe lo que es el amor pero nadie lo sabe. Todo el mundo sabe qué es la lealtad pero nadie es leal. Todo el mundo sabe lo que es la locura y te dirán lo que has de ser y hacer para que te tomen por cuerdo. Si te interesa o no es lo de menos. Lo harán, te dirán. Incluso con el silencio te dirán.

Sí son mejores que nada. Me expresan. Soy yo. Puedo arrepentirme de algún mensaje que llegó por ser feo, porque te doliera verte en un espejo que yo sujetaba. Y estaré equivocada, muerta en vida, pero sigo siendo de expresarme y no callarme. ¿Miedo y deseo lo empujan? No es eso, nunca fue. Me enamoré más el día que le vi la herida sangrante. El día en que la abrazaste a ella y su silencio. Un silencio nada inocente, justificado, quizá. No lo sé ni lo podré saber nunca, ni tampoco lo quiero saber. Pero la que has dejado de amar, la que sufre tus silencios, sufre por los silencios del amor que no recibes, porque no está, cada día. Porque estaría, seguro estuvo, pero ya no está. Yo estaba a todas y hacía mucho que no amaba. No quiero un hijo, no quiero un padre, no quieras una gallina ponedora.
Ama a quien te hace sentir vivo.

Eso es todo lo que el queso y los pasteles dio de sí, sentado enfrente de la muerte. No sé si volveré a escuchar otro, si publicara nuevo.

Rechazaste las pinturas de guerra que me pusieron ante ti, finalmente. Nunca me llegó nada, ni me dibujaste. Dices que te gusta una cosa y buscabas otra, amor. Nunca llegó nada...



19 may 2020

Sin reservas.

Ningún hueco por explorar.

Ningún hambre, ninguna sed que saciar.

Sin reservar nada a nadie ya, sin contenerse por si llega alguien después.

O vuelve alguien. Alguno con el que no se cerró la cosa. O cerró mal, con dolor. O que simplemente siempre hubo tensión y no llegó el polvo. Pero que ahora sabes que si se te presentara la oportunidad, no la dejarías pasar. Que demasiados polvos van ya rechazados para la historiaza fantástica de los casi veinte que te marcaste. Como feliz monógama. Que no sabes cómo te has dejado liar, cuando podría haber sido todo tan distinto. Y ya no sirve. Es tiempo que se perdió, intermitentemente... sí, inevitablemente así es y será. Siendo para ti el valor temporal oro en lámina fina, a proteger y optimizar sobre todas las demás cosas. "Ya estás más cerca de la edad de ella". Así que sí, decididamente:

Sin reservas.

Así has de amar la próxima vez. No darás detalle de él a nadie de ninguna de las maneras. Y todo lo que dibujes, excepto sentimientos humanos, será un personaje, un avatar alejado de su porte atractivo exterior, de sus dedicaciones y aficiones. De él nada reconocible para nadie más que, en todo caso, Ustedes Dos, que son los que saben...

Sin reservas a lo que me produce en el sistema nervioso. Cuando en una tarde de mensajes de texto acabamos excitados y a mí me recorren escalofríos por toda la columna, al leerle, hasta que noto cómo mi sexo se contrae de repente de manera consecuente y placentera y mis piernas empiecen a moverse, nerviosas también.

Sin reservas a la vida que ya nos limitan las nuevas epidemias y problemas de salud de la ciudadanía mundial, como el originado por la COVID-19, y otras enfermedades infecciosas, en oleadas, en aumento por el cambio climático. También hay otra causa potencial para el colapso de los sistemas de salud pública, que es la cada vez mayor resistencia de algunas bacterias a los antibióticos.
Tenemos que vivir, vivamos, sin reservas. Antes de que sea tarde...

Sin reservas de corazón, ni de trozos de piel guardados.
Sin reservas a la entrega total, al intercambio de roces de turgencia y excitación voluptuosa de manera inmediata, tras la primera situación propicia para la atracción sexual ya inconfundible y manifiesta. Cuando quizá tras un saludo inicial tímido, ante unas pocas personas más, se haya limitado a un abrazo discreto y a un lánguido pico seguido de un más sugerente pero escueto susurro: "Vayámonos de aquí"

Así es como sin reservas, sabes que rápido buscaréis cualquier sitio para estar a solas. Sin nadie más alrededor, sin ropa, sin frío, con los cuerpos pegados en la primera fricción eléctrica. Podría ser en el primer sitio con un cerrojo, un baño del aeropuerto. O quizá el encuentro no sería en terminal de transportes. Quizá estáis tomando algo, y que el calentón lo propiciara, no quiere decir que ninguno de los dos prefiriese, pero el baño de un garito de rock cualquiera puede acoger hasta esa situación sin que eso afecte negativamente, -más bien al contrario,- a la escena final en una cama pulcra e impersonal en la que lo de menos sea el mobiliario de la habitación en cuestión. Lejos. Sin reservas, para eso ha de estar lejos

Volviendo a los cuerpos...

Sudando en horizontal, ella de espaldas a él, desnudos y pegados, él la agarrará por la cintura con una mano, mientras con la otra retira la melena del hombro y del cuello de ella. La besará en la piel liberada del cabello y notará el estremecimiento de ella, desde la nuca hasta el culo, que ondea hacia atrás. La erección será cada vez mayor, en la ensoñación de que llevarán un buen rato ya encamados, mojados él y ella y como locos por follar, antes de lamer, comer, tocar meter dedos y muchas otras cosas. Es una ensoñación que trata de ser realista, en función de todo lo acaecido antes, en cuanto a ponerse cachondos a distancia. Con cuatro letras por conocerse tan bien ya el uno al otro. Sin reservas, en este particular...

Es ese deseo, provocado en conversaciones previas, lo que te lleva irremediablemente a querer tenerlo entre las piernas y ponerle las tetas en la cara. Sin reservas. Y lo que surja y que me ponga del revés o como quiera darme. Porque desear los arrebatos y los fluidos del otro, y que me apetezca comerle, es eso, ya:

Sin reservas.



18 may 2020

Ternura no hubo.


En Macondo comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver...





Y el día que acepta su locura para soportar, o mejor dicho, porque ya no puede soportar más que le digan todo el rato que se inventó el cielo de tanto que lo idealizó y que no había nada del otro lado. Como que alguna vez Ella no habría sabido que, de los tres, al menos tenían el deseo y el humor. Eso estaba clarísimo que lo habían tenido. Mucha risa y mucho deseo recíproco.
Y la duda de la loca, que no mala, fue si estaba de ida y vuelta la ternura.

Pero no hubo ternura de él. Es lo que se empeña en demostrar o ella nada en comprender.
Los bandazos, las dudas, los miedos. Los tímidos. Y toda esa selva, esa mascarada de egos que dicen lo mismo, piensan parecido a ti. Pero no le pueden dar estatus de cuerdos a los pensamientos de una macarra. Lo que se ha dado en convertirse en una gamberra, que descubre con indiscreciones de patio de vecinos o de la ESO y el BACH, lo cínicos y doble moralistas de una sociedad educada en una represión nacional católica que hasta a los conscientes de ello les cuesta reconocer. Lo permeables que son a esas mierdas de juzgar.
Que sea el antro el sitio donde te tienen que poner carteles con luces sobre lo que es caballerosa pretensión de aviso, como que no termina de verse que pueda haber pervertidas a las que no les importe que haya otras. Que entiendan las cosas de dos como de dos y distintas dependiendo de la gente que entre o salga de ahí. Y pervertidos. Adorables personas calientes.

Debería ser fácil ver cómo juzgan tu manera de sentir las relaciones afectivas y sexuales humanas, en ese sitio en el que te has acostumbrado a estar ya, aunque mejor con cerrojo. Cuando ya tienes un recorrido. Parece claro lo que quieres y lo que no.





Dosis de gran concentración de ternura, que pueden darse en contadas ocasiones en la vida. Pero pueden ser un combustible para ser feliz más etapas, junto con la soledad y a veces la tristeza de los que ya no pisan.





Ternura no hubo y por eso nunca quizá se irá el miedo, detrás de desatarse la ira. Sentiría ella ternura pero no hubo la de él y teme su desprecio. Así es.
Pero ternura no hubo y la metáfora es una locura de ella, que no fue confusión si no su alucine de vivir los instantes vitales que la componen.





Ternura sí hubo: la de Ella.









No es tierno apartar el rocío de unos labios desesperados porque ganó el miedo en todo. No estaba la ternura, no.
Y las risas de después ya no sabes. Hiciste borrón y está funcionando en la memoria, aunque se resiste y trata de repasar los chats que ya no están. Nunca ha vuelto.





Echas de menos esa ternura que no hubo, al parecer, loca.

Buscarás otra piel, otras bocas que deseen tu fuego, con paciencia para el corazón desbocado, tras el deshielo...


Piscina, calor mesetario y farla.


Estás en un asadero en Canarias. Eres la mayor del grupo (por año y medio), primer momento 'choqueante' al no estar Ex, pero lo llevas con dignidad. Hasta que te sacan un vídeo de una orquesta de las horteras, con efectos de fuego y la polla en vinagre en el escenario, claro. Que si "Zamora y qué orquestas que no hay aquí" (nada que ver, aquí hacen cover con ritmo latino hasta de Metallica y mierdas, es otra cultura de la música y la fiesta que no es comparable, por el carácter, el clima, el estilo de vida...) Otro día hablaríamos de la contratación a esas orquestas que van en B en muchas ocasiones, y otras tantas cosas sin observar. Como la prevención de riesgos laborales, tanto por desplazamientos largos en carretera sin el descanso suficiente, como porque muchas veces los montajes de los 'shows' corren a cargo de los músicos, también.





Parece que no me saldré con la mía...





"Está cansado y sin fuerzas para discutir..."





El tiempo dirá.





"Sé que vos no regresarás..."





Intento reír, aún así. Inventarme amantes, entregarme a quien me quiera amar con sinceridad, pocos más requisitos, que dulzura.





"No, no todo el mundo la tiene, muchos la pierden terriblemente por el uso de la farla o la priva. Bien que lo sé. Lo he visto. Desde muchas perspectivas diferentes..."





De prado al sol, Ribera de río y campo de trigo y cereal, en agosto ser mesetario es moverte en carro de hierro. A las piscinas de los pueblos grandes de las comarcas. Al Pozo Azul y Orbaneja, en Burgos. A los embalses.
En cada generación un mal, una huella de dolor, a veces en forma de pérdida de vida humana muy joven.





Ella está tan machacada por esa forma de sufrir, rodar y privar, todo a la vez, ladrón de cerebros. Le indigna la apología de beber como modo de disfrute sin alternativa.





Hace párrafos sin sentido en el blog, porque tenía una idea, o varias, que se han ido, al empezar a pensar en la juventud mesetaria que estaba, como siempre y como en todo, muy relacionada con la clase social y la economía familiar. Siempre recuerda los orígenes de todo lo que compone el prisma; nunca ha tenido un hogar en propiedad. Desde el inicio de los tiempos que eche la mirada atrás...
Por razones que no vienen al caso comentar, actualmente la familia paterna no tiene nada que aportar al patrimonio de sus nietas. Por primera vez, sí, sin embargo, y desgraciadamente al no vivir la Mamba Madre, que hubiera ayudado más que todo el dinero del mundo, hay un patrimonio de nietas por su parte. La casa de los abuelos.
Aquí trabajar duro para lograrlo, por los medios de ellos, además, y no fue posible. Ya mejor ni pensar en los motivos, porque algo duele y no tiene arreglo, sólo hay respingo y desaliento, al pensar.
Pero siempre ese pequeño trocito de abuelo y mamá. Siempre en mente.





Entonces los miedos. De los inviernos heladores, que no se soportan sin interrumpir, y también de los agostos de piscina, calor seco mesetario, farla y priva. Y el mar no estará a 15 minutos caminando. Ni tampoco a media hora, ni siquiera una, con el coche. Y los cielos cerrados, la ausencia de luz.
De la mano de ello, la opresión del deber 'algo', precisado en años fuera de la cuna que te vio nacer.






17 may 2020

El candado de la cándida.


Era novata de todo y de nada. Que alejada del mundo digital por generación un poco, pero sobre todo por falta de medios y tiempo, iba y volvía por épocas. Antisocial por elección, de gaje profesional: estar tras la barra del bar cuando los otros se divierten, que te encuentres con mucho insolidario, - o directamente, pijo hijoputa.- en el camino... quita las ganas de más garitos infectos cuando acaba tu jornada laboral. Te queda de secuela el noctambulismo y también la tendencia al gusto por el ocio en soledad.





Y lo vives de manera importante, en el sentido de que forma un poco parte de tu intimidad reservada. Cuando entras un poco en red y "eres más quien quieres ser, o como quieres ser, o como te gustaría ser y no puedes...."





Ves que en eso consiste pero por otro lado, no tienes filtro. Es decir, tu día a día, lo que está a la vista de tu vecino, el de debajo de tu piso, por qué no vas a comentar aquí. Cada uno pone el filtro, el color, el encuadre, el brillo...





La realidad filtrada, son las selvas de las redes sociales de Internet. Y también, como en analógico, es importante dar con la gente auténtica, que tiene un filtro hacia afuera y otro para adentro.





Bien sabe la candidez de donde procede el error que se comete con ella cuando alguien prejuzga que la candidez sabe de qué va la murga, es más, se hace la tonta y hay alguna mala intención detrás de ese empanamiento impostado.
Porque... ¿cómo se va a ir así despreocupadamente por la vida? Llegando y diciendo alguien, abiertamente: "Oigan, explíquenme, que me pierdo, que me están dando por troleo lo que ahora no lo es". Que cuando no haya ni puta idea de qué va algo y te percates, te bajes del burro y digas a alguno o alguna: "ah, vale... NO, sigo sin enterarme..."





Que recuerda siempre que la gente de su entorno de edad ya viven mucho más cómodos, porque cuando en su precoz independencia tuvo que pagarse facturas y dejar de estudiar, ganaba para sustento propio incluido el gasto del alquiler y los suministros. Pero que eso en absoluto es una queja. Es una merecida justificación al empanamiento. A que entra en el antro y no pilla el chiste, o no se ha enterado de la nueva tendencia de mofa contra el pazguato o lerda de turno de la semana. O el último grito en memes. No sabes de qué va ese día la referencia a Amanece, o simplemente llegas y preguntas: ¿Qué pasó?. Y se desata la mordacidad del ay qué cansino, esta, que nunca se entera. O aprovechar y empezar a vacilarte relacionando el evento con cualquier memez de refilón que te pueda hacer blanco.





Y que tampoco lo cambia, o cambiaría algunas cosas, pero que en ese momento se vieron de otro modo, por lo que fuere. Y la inercia social, que actúa, que hace que te subas a una espiral de montones de cosas y personas que esperan por ti y de ti. Que en un momento dado, en un punto de no retorno cualquiera, ya no sabes cómo parar.

Pero lecciones no, por favor. Aceptar la ignorancia propia de lo que sucedía en el último grito de la red o la tendencia cultural en esto o aquello. Pero lo último que admites de nadie, -mucho menos aún de gente incluso mayor que tú, que trata de decirte por dónde se cruza mejor el río-, que, sobre salvaguardar la intimidad, a pesar de las apariencias de los últimos cantos en las excursiones, nadie absolutamente te va a enseñar nada. Y sobre sobrevivir, tampoco hay muchos que te habrían solucionado los marrones, cuando se presentaron jediondos y sorpresivos, ni sabrían menos aún cómo echar un cabo ahora.





Candado al corazón, a los sentimientos.





A las imágenes, sí, por qué no, del Ave Fénix, de la mamba mudada de piel de nuevo...





Preparada ya para escuchar la Murga de la muchacha y pensar en el rocío que sus labios daban y no bebió.






15 may 2020

Atrapada en libertad


Siempre termina volviendo esa sensación a ella. De que vivir con libertad es también abrir el campo de visión. Ves más, mejor panorámica, pero también te ven más, quizá estás en el campo de visión de muchos más vampiros y vampiras. Y aumenta la probabilidad de que chupe uno de los oscuros en vez de morder la mamba...





Miedo. Otra vez. Duda. Sigue, una vez más... tú puedes, Rai. Siempre pensamiento circular que envuelve las reflexiones, las paradojas de la realidad que te acunan. Que te atan a la vida mediante un fino hilo de seda.





Y malestar. De nuevo. Miedo, otra vez. Porque tú quieres hacer algo pero te retraes, por prudencia. Sueltas las riendas a la locura que te llena y le hablas entre lágrimas. Y luego, quizá, piensas en ese hombre que ansías en tu cama, ahora por delante de todos, incluso del más deseado en cuerpo y alma. Sale. Lo sacas de tu vida de nuevo... PORQUE TÚ PUEDES. Tú puedes...





Tú puedes, como una tonta, sacrificarte. Tirar para adelante sin seguir tus instintos y tus sueños aún, ya de vez en cuando, con menos frecuencia. Pero lo sustituyes por minutos en semi ensoñaciones... Igual empiezas pensando en uno... y acabas en otro... O viceversa.





Que te agarra desde atrás con suavidad, mientras cuela una mano por entre las piernas, y sube hasta tocar los labios por encima del jean, la otra ya se coló en la braga, y te mete dos dedos en la vagina buscando la instantánea humedad que te provoca aquella frase al amanecer... te erizas, como con nadie en la vida... te deshaces mientras te abraza con su erección ya palpitante...

Esa piel no la sacas (me acerco a vos...) si no es con otra piel, estás presa en tu isla, en tu ciudad...




Tú puedes posponer eternamente tus deseos porque nadie ha de sufrir porque tú seas egoísta. Pero te encabronas, entonces ya no te vale.
Has llegado a un límite y ya no piensas así, sino que quizá, sólo quizá, piensas que es lo contrario: si tú estás bien, te disfrutan. Si estás mal, te sufren. Esa es la cárcel de mi corazón amado, del mío propio. De la de todos un poco, quizá, también.





Presa en la isla, en el pueblo, en la ciudad, en la montaña, en la comarca...




En tus convicciones...




Desear es amar. Una piel por otra y miedo, - otra vez-, de echar de menos algo, aún por determinar, como todo lo que envuelve a Doña Carnal y sus nuevos amantes en línea. Se van conociendo sin presiones porque ella no puede dar a nadie más de lo que da, pero habrá una nueva manera de vivir por el virus, que pondrá en alza el contacto físico que se restringirá. Seremos más sexualmente virtuales y la piel causará, a su vez, un halo de objeto de deseo con aire de renovado erotismo. Lo lúbrico será entendido cada vez mejor y las tendencias ideológicas castradoras del deseo sexual perderán terreno en el pensamiento humano. Tendremos que ser mucho más limpitos, prudentes, asépticos y profilácticos. Por obra y gracia de un contagio mundial masivo. La distopía sexual de Demolition Man está cada día más cerca.





Está más cerca la verdad: el amor es finito y sin deseo no está presente en tu vida. Deseas besar efusivamente a tus mambitas, las reconoces un olor especial, a cría tuya que te inunda el torrente sanguíneo de hormona del bienestar, solo con tocar su pelo en una caricia. Es tu cachito de vida desprendido, a la vez que independiente. Muy importante.





Si deseas estar en brazos y latir con alguien a quien deseas, estarás preso en tu isla, atrapada en libertad, pero ya no lloras, porque tienes un deseo, un anhelo que te mueve, y sí, HAY MIEDO DEL AVERNO, PERO MÁS AÚN DEL HIELO.





Y ella ya se fue lejos del SR. FRÍO, por dos ocasiones. Porque ELLA PUDO.






12 may 2020

Don Celos se separó de Doña Amor.


Dijeron: "Estaba cantado". En realidad desde el principio se murmuraba a sus espaldas: "Esa relación no iba a ningún sitio. Tarde o temprano, haría aguas por los cuatro costados"...
Así fue como duraron tres historias, con desigual lucha entre sus respectivas parejas de egos, casi veinte años una, superadas las dos décadas en las otras dos uniones. Y en cada una de ellas estaban descompensados amor y celos de distinta manera. Dos continúan su camino.
En una de ellas, los celos los tenía sólo una parte (D. Celos, desde aquí). La otra nada. Lo curioso de esta historia es que, la que no tenía celos (Dª.Amor, también desde aquí), ni necesidad de hacer escoger nada al otro, era, al parecer, según la gente, "la menos enamorada" de la historia. Ella lo amaba porque él deseaba estar con ella, en libertad, como parte fundamental en una relación de dos. Aún así, salvaron esas intromisiones. Se querían y transcurrían ya varios años de felicidad.
Entonces ocurrió que D.Celos tomó una decisión algo quizá precipitada, visto lo sucedido después. Ya que, a la desesperada porque no le dejara, -después de alguna diferencia seria sobre su futuro-, la embaucó en un viaje que él, por su formación y también posición social, pudo emprender antes que ella sola, por sus medios. Él comenzó ahí a maquinar sobre decisiones que no eran solamente de él.
Pero ilusionados emprendieron aquel viaje de sus vidas, con las circunstancias muy a favor, aunque un buen día ella se viera atrapada, pequeñita y triste. Él le dijo, entonces: "casémonos, Doña Amor. Y luego tendremos hijos, como siempre quisiste"
Y Doña Amor, que había perdido su arrojo y su seguridad en sí misma, sintió crecer el calor de nuevo y los motivos por los que había adorado a Don Celos. Que la había escogido a ella y que esto, para él, era una especie de manera de hacer respetar a Doña Amor a la extraña familia de Don Celos: Los Escarcha-Fonseca. Ellos pedían la formalidad de la relación en los papeles con insistencia. Nunca aquello a ella le importó, en realidad, y sin embargo no sospechó de ese afán de él de hacer show con su momento. Ella habría preferido más intimidad.
Aún así, accedió, y para allá que se fue la muchachita, a las nupcias que siempre se negó desde chiquitina. Todo eso se borró de la mente, en la felicidad del momento dorado de la relación con Don Celos, entregados a la concepción. Y se tardaron las mambitas de Doña Amor. Mucho.
Pero al final sí pudo sentir la felicidad del amor multiplicado inundándola el pecho, como su propia mamá describió que fue el sentimiento cuando la tuvo a ella, treinta y seis años atrás. Eso sí: la veterana Mamba Negra le habría dicho a Doña Amor "Sí que te tardaste, niña mía, un poco más y no me dais nietas de hija"





Llegó el tiempo de criar, entonces, y fue que ellas eran mambitas lapa, tal que cayó el sol y la enfermedad acechó e hizo diana. Y con el hielo y el desapego de Don Celos, que se sintió desplazado por las mambas cría. Y fue todo en progresión geométrica de daño, a cada mentira, a cada callada por respuesta, pero tan lento y lineal, de tiempo tan interminable, de dolorosa vida gélida en el paraíso tropical, que Doña Amor sentía, rodeada de amor como estaba, pero la apatía dominando su día a día.
Estaba ya el corazón helado al borde del resquebrajamiento. La mujer herida y enferma, con parasitosis, consumida por la soledad y la sobrecarga de trabajo, gris en la casa...
Peor aún a veces, si sale afuera. Porque su timidez se ha vuelto patológica de nuevo, como la de una adolescente, como haber "inmadurado". Y tiene ataques de pánico y, cuando vuelve en sí, en coherencia del espectáculo dado, torna en vergonzosa obsesión de que todos la han visto y todos la conocen:





"¿A mí? ¡¿a Dª Amor quién no la conoce?!" .- grita, ingenua, pensando que todo el mundo la vio alguna vez en su vida, creyendo que está ella allí, como Dios en la casa de todos...





Y de tanta atención que cree despertar, como verdaderamente es un animalillo asustado, que la mayor parte del tiempo ni es consciente (ni quiere serlo tampoco) ni se cree centro de las miradas, se aparta avergonzada por el show, Doña Amor. En la barandilla del paseo de la marina de la ciudad, se apoya y queda mirando la línea que separa el agua del cielo, a lo lejos. En babia, ya no atiende, se quedó con la mirada perdida y los pensamientos están rodando, a toda velocidad, para llegar a uno agradable, que la conecte de nuevo con la vida, que querría dejar en esos momentos de falta de aire... El tiempo imprescindible para volver en sí de este victimismo que acongoja, salir del shock de la última crisis en mitad de la calle... Para salir de esa autocompasión que paraliza el amor, y que es tan triste y dañina para la felicidad... Que abre la puerta de par en par al Miedo.





"¿Renuncia a mí para ser feliz?¿Es eso?¿Cómo es posible?"





Se pregunta Doña Amor, mientras sale de su estado zombie. Lo suficiente para activarse, salir rápido de allí, entre calles discretas y estrechas, caminando a buen ritmo, para volver a casa y que nadie la vea, o los mínimos posibles.





Y entonces ella, un día que estaba inspirada por conocerse a sí misma mejor, se dijo que los juicios hacia ella, - querer sin celos por amar menos-, son tan falaces como que quien te quiere con celos te quiere más.
Y eso es lo que debéis saber: que a la persona que amas, por encima del resto, la deseas por encima que al resto. Y si no es recíproco, no tienes celos de que, a quien él desea, esté a su lado. Y deseas, además que le follen como si no hubiera un mañana, aunque no puedas ser tú. Que lo hagan sentir deseado, que es el verdadero amor. El deseo.
Y de la misma manera, si te quieren con celos y saben que la han cagado y destrozado el deseo que era la expresión del amor, te destrozarán por esos celos, cuando se lo hagas saber, que no hay amor, y te quieran retener.

Amor y Celos no conviven: Se Destrozan. El Uno Al Otro.





Zzzzzzzzzz...


10 may 2020

Los zarpazos del silencio.


Qué lejos y qué cerca, a la vez. Como el arenal blanco del norte de la isla, la playa incluso bastante virgen, porque así, como que del todo, ninguna queda ya. Hasta me da depre esta pereza de llegarme a la orilla, entrar desnuda en la marea y sentir la libertad a flor de piel que sé que se experimenta. Y que lo necesitas, salir a ver de cerca el agua del océano que cubre, baña y coge la lava con sus lenguas de espuma.
Y ganas locas tienes de hacerlo, realidad, ese sueño de mar hidratante y salitre, entrando en ti, acariciando la piel caliente por el sol, arrastrando los restos de arena de las piernas y del pecho, con el oleaje azul y blanco sobre piso tostado.





Ganas de vivir y cuidar de una misma; de reafirmar y re asfaltar, con piche, en la islita, se le dice, este camino que es el tuyo y el de las mambitas.

Y habrá muchos zarpazos de silencio, porque habrá mensajes de texto que no serán mejor que nada...
Tendrás en compensación la soledad, del pasotismo, la actitud macarra de la vida, la de aquella que no tiene vergüenza... de sentir. Porque así podrás leer, escribir, ver y hacer todo aquello que te gusta que no dedicaste el tiempo que merece, por lo que te aportaba y rellenaba los huecos entre la tristeza. A todo eso lo envuelve el aleatorio de la música que acompaña los días, el quebranto y la alegría. MÚSICA, sin la que no puedes vivir.

REINA MOMO DESTRONADA.





Y respiro hondo, cierro los ojos. Recuerdo...


El amor en los tiempos del COVID-19. (II)

El encuentro. Parte dos. (click a Parte uno)

Se interpuso el virus. Entró un montón de gente de repente en la virtualidad voluptuosa. Patas arriba la vida por la sexualidad reprimida.
Como despertar de una ensoñación de miedos e inseguridades a una abrumadora demostración de ser deseable. Y que los miedos procedan, todos, de haber dejado de fiarte de las personas. Y que a mucha gente que no le cuadra, incluso le parece mal, indigno otros juicios en los que no voy a entrar porque en mi blog hay que descalzarse o limpiarse los zapatos, antes de entrar, que una mujer pida guerra. En las redes. Y es madre de dos criaturas. "Mírala, pero... ¿qué hace?", "eres una caricatura, una golfa", "una ¡amargada!" "¡¿?!" El antro y sus juicios y su gente popular, la mofa sobre el que paga la novatada de venir de una vida feliz que se te derrumba. De casi 20 años, 19 habrían sido si hubiésemos celebrado en enero del 20.
Pero la distopía de la nueva normalidad, esa que va a hacer que vuelva la mirada hacia atrás, para sonreír, poniendo un punto final.
Para ansiar ahora saciar el apetito de oler su piel. De quien sea que nunca se sabrá ni de cerca, quiénes serán, ni aquí ni en ningún lado de la red, porque sé proteger.

He aprendido que sabes ocultar, entonces amas.



Y necesito sentirte, sí, a ti, acariciándome entera, sudando felices de excitación y placer. Y queda mucho menos.


5 may 2020

Chicle de fresa ácida.

Ausencia. Que se clava. Como espina de esa bella flor, que te avisa de su fragilidad. No la toques, no. Déjala donde está. Ese aroma, ese porte, ese sabor, incluso. Así lo sintió. Como intocable.

Déjalo, en su tallo. No es tiempo de arrancar flores. No fue ese tiempo.

Sin saber que hay algo en la conciencia que guía. Que impidió la fusión perfecta. Al pasar el momento, los días, los meses. Llegarán a ser los años. Pero ese día, esa noche... ahora da sus frutos. Hay un aprendizaje detrás y todo vuelve a su lugar. 
Ahora le llora, pero diferente. No es como llorar en la ausencia de la consciencia de quien la puso aquí, en el mundo. La que sigue llorando, sin despedida. Para el resto de su vida.

Y, sin embargo, aunque se pinchó el dedo en la espina y trató de evitárselo, hubo advertencias previas para ello, quedó prendada de la roca inaccesible, pero hubo despedida. Un remolino de dolor e incomprensión causaba estragos. Probó a odiar tras desangrarse, pero no estaba siendo justa y no podía. El espino silencioso que hizo florecer lágrimas. 
Y así contagiada, callada, lloraba por los rincones, escondida del mundo, después de entender que amar puede estar en ocultar los trazos de la composición. De ese bello acorde que suena entre dos. Las notas que vibraron en los corazones amordazados estaban ahí. Fueron únicas para ambos, al menos para la flor del deseo, apartada, arrancada de cuajo. Ahí estaba el secreto. La paradoja fue que tiempo después, del dolor de ese desgarro renació la admiración. Se produjo una sensibilidad aterciopelada, de otro mundo. Terciopelo fuerte. No le gusta su tacto, le da dentera, le produce rechazo. Pero qué bonito, a lo lejos, el brillo de esa imponente tela.

Quién sabe quién o qué hizo germinar ese espino. Eso sí es triste. Saber que siempre habrá curiosidad insaciable por esas historias y estaciones que marcan una vida y que lo hicieron así de bello. Lindo, cruel espino silencioso que se creía matorral común. Que resiste a las heladas y ha hecho callo en las plantas de los pies desnudos, caminando por el pedregal.

Agrietando los pasos, siente miedo de haber perturbado su paz. 
El reclamo, que llegó muy tarde. Y los frutos y las flores, en las riberas del río, que también le habían marchitado a la vez que hizo realidad un sueño. Le hicieron dudar de ser buena para incluso como araña que teje, para quedarse en el espino.
Y de no cuidarse bien ni de guardar la temperatura necesaria para no marchitar a las flores que brotaron; parecía la más paciente espera del mundo y quizá no fue eso. Quizá no debió plantar nada. Quizá todo el invernadero amenaza ruina con sus zarpas al acecho. Como todas las plantas de interior que no supo sacar adelante, cuando la mamá, que las cuidaba a mimo, marchó y dejó el vacío aquel tan grande. Inconmensurable.
Es decir, que sobre las dudas, más dudas. De ser o no capaz de dirigir su vida, cuando no había hecho otra cosa que coger la batuta, en sustitución y sin quererla. Que quería huir, se dijo muy pronto. Muy pronto el espino vio que se había pinchado en él el dedo equivocado. Cuando hubo quienes echaron leña y cerillas encendidas pero pensó que podría con ello. Ya se había hecho con el incendio tantas veces que creyó que tampoco esta vez se doblegaría a lo convencional.

Erró. Escuchó los vagos porqués del espino que, después de mucho callar, se despidió condecorando con el título que no era. Pero es lo que quedó. Quizá lo único que queda. Y una sonrisa. Que estaría cerca aunque aún no llega, porque el vacío tensa esa boca sin besar.

No veía lo bueno de eso, en aquel momento. Ni lo verá en aún demasiado tiempo. Porque quería volver atrás para abrazar las espinas, hacia una segunda oportunidad. Hacia el fluido que bombea el corazón triste y pisado. Aún late fuerte la rosa recia.

Ya nunca tendrán más reuniones; ha comprendido, por fin, que llorará por los rincones por no fundirse una vez más en flores y ramas, Que no podrá ser y que no habrá chance para la gran primavera esperada, junto a él.

Y que no importa que no la ame, al contrario. Aún así le hizo el mejor regalo: cuando tuviera dudas sobre sí misma, debía recordar sus palabras de la despedida y lo que él pretendía borrar de la huella de indecentes ecos, para darle sosiego.

Ya está pensando en ese sabor que ya casi no existe en su paladar. Le acusa de alejarse sin ser destino creíble. No había idealización pero tampoco es cobarde vivir penando. Opción del que se cree insignificante en la felicidad de la flor. Que se marchita por dentro e intenta colorear los pétalos de nuevo, al ser arrancada de la savia de su corazón, al ser sacrificada la alegría de unas caricias que ambos necesitan, desesperan por tener y no tienen.

Y pasa de ramo en ramo, la flor, aprovechada por quienes se benefician de nuestra renuncia a ser felices.

Unos tienen derecho, otros no. Su honestidad era tan pura, la de no querer herir, como injusta para la herida que no para de manar por la promesa rota de dejarse amar en un claro entre nubes.

La fresa ácida, que no madura y se corta antes de tiempo. 
Un sabor de chicle favorito en la niñez, como presagio de vida.
El que no volverá a ser como era antes, en aquel kiosko de la esquina, porque ya no se hace nada más que sin azúcar, que es absurdo. Y porque no está el kiosko, estás lejos de allí y tampoco el barrio es lo que era.

Vivir dudando eternamente, de sus silencios. Y, aún así, adorar el agridulce de la incertidumbre. De si volver, acariciada por manos de espino que deja la vida pasar, ante advertencias de que ha surgido un amor imperecedero, aunque arranques la rosa que aromatiza, para dar muerte a la pasión de ese amor.

Duele que la rosa arderá en ira, en lucha desigual. Preferiría ser silvestre, no cultivada, como diente de león.



1 may 2020

El montañero insomne.


Bajo su ruda apariencia, todo. En la superficie, nada.





Pero la superficie. Camisas rudas, tejanas o de cuadros y franela. Debajo de ellas la camiseta térmica, imprescindible para patear en invierno el bosque frondoso, a veces a bajo cero de temperatura, en grados celsius. Y aún así, él llevaba desabotonado el cuello, como desubicado en el espacio y el tiempo.





La rutina diaria de los habitantes giraba en torno a la madera, la ganadería y, en los últimos tiempos, también ocupándose del turismo rural, en aquel pueblo de la Demanda. En comunión todas las actividades con aquel hermoso e imponente paisaje que lo enmarcaba, de monte frondoso, haya, roble, pino albar, acebo. Inabarcable el sentimiento de majestuosidad de esas cumbres, antaño acogedoras de glaciares, que terminarían formando las afamadas lagunas de la zona y que, año tras año, acogían miles de visitantes.





Callado. Reserva era todo, como aquel paraje, pero en verdad, no de flamante título de parque natural. La jugada del destino, vivir allí donde se desheló el glaciar y llegarse de la mano de otro. Pensando que así era la vida, lo que toca. Su merecido final al lado de una laguna negra y fría.





Y así era que transcurrían los días, viendo la vida pasar y compartiendo con los lugareños. Activo y enérgico, de no parar un segundo el culo inquieto. Llegaban los veranos y el par de establecimientos que hacían el agosto con los turistas, hervían en muchedumbre de variada procedencia, edad, clase social. Lo evitaba todo lo posible, pero algún vecino en ocasiones lo animaba a tomar "un cacharro", estando de paso por la plaza. Entonces accedía, para no resultar más raro de lo que ya sabía que pensaban que era, y escuchaba conversaciones en silencio, apoyando un codo en la rústica barra.
Con una oreja hacia el parroquiano conocido, que desarrollaba hilarantes teorías serranas o anécdotas de sus baños en las lagunas de mozo, y otra orientada a las salidas de pata de banco de los atractivos muchachos forasteros, con treinta años menos, quizá. Tomaban sus refrigerios a escasos metros de los del pueblo; juntos pero sin mezclarse, la gran mayoría de los que había visto las pocas veces que entraba a la tasca en temporada alta vacacional. Añoraba. Envidiaba esa edad. Pero al momento lo invadía un rubor. Aquél día unos intentaban ligar con las muchachas del grupo de amigos reunido, que alguna semana atrás habrían planeado aquella excursión de puente estival. Habían optado por alojarse en una casa rural del pueblo más cercano y ahora hacían mofa de la recia labriega que los había recibido y enseñado dónde estaba cada cosa. "Mercedes", se dijo para sus adentros. Una gran mujer que estaba seguro de que se había desvivido por resultar una anfitriona accesible y amable.





A veces pensaba que no entendía el mundo. Aquellos niños grandes, que no sabían respetar a una mujer para ganarse a otras, algo tan elemental. Tres reían como hienas bobas, haciendo ojitos todas al mismo ejemplar bien parecido del grupo, mientras otros tres le daban cera, aplaudiendo su socarronería, como monos imitadores. Había una cuarta, con ojos muy grandes que no reía. Al contrario, empachada del cortejo del pavo, se acercó sola a la barra a pedir otra bebida y se sentó después con una guía sobre el parque en una mesa al lado de la ventana. Eso le gustó. Y otra vez para sí mismo: "Un verso libre siempre hay, por fortuna. Aunque el cruel azar lo descarte porque no hay hueco para él en el soneto de la vida", pensó mientras decidía quedarse con ese sabor de boca. Dio las gracias al tabernero y despidió al compañero, enfilando hacia la puerta de la calle: "Hoy voy con prisa, pero otro día me toca a mi la ronda, da recuerdos a Nines".