30 dic. 2019

En la luna.


En la luna la lunática lúcida que vive en la isla lunar. En la luna, desde lo alto. Desconfiando hasta de su sombra. Se ahueca un cratercito, un soco entre la vid, y se acurruca, asomando sólo un ojo y una oreja de soplillo.





Y allí estaba yo, en el pasado carnaval, erotizada por la sensualidad del misterio y de la máscara, por todo lo que tiene tan especial esta fiesta únicamente canaria, hasta el punto de ser necesario vivirlo junto a ellos para entender cuánto lo aman y por qué lo han hecho tan suyo, entrando el factor de la sensual seducción del autóctono de este archipiélago, hecho de fuego y lava, del Atlántico africano.

Este año estaba ya decidida a sacudirme la carga de la enfermedad limitante, y con aún demasiado optimismo pero venciendo la timidez que me caracteriza,- gracias al pelucón y la purpurina,- me propuse desfasar en el carnaval número undécimo de 2019. Tres disfraces, tres: la cantante época ABBA/Tony Manero, en tonos azules, la gatita heroína de verde y la viuda de negro y púrpura con pamelón. Todas esas imágenes en la retina, de unos maravillosos carnavales en los que de nuevo intenté recuperar la chispa de mi matrimonio, triste e infructuosamente, ya que él estaba, a mis espaldas, inmerso en una desconocida rueda de entrevistas en las que se le estaban rifando, como a los estrellas de la Champions League en periodo de fichajes. Cuánto lo intenté, durante los últimos tres años, lo sabemos él y yo y es más que suficiente.
La cuestión es que me sentí derrotada. Empecé a ser más consciente que nunca de lo lejos que estábamos y a ser consciente de lo que eso supondría en la vida de mis hijas. No soporto la hipocresía. Evidentemente había llegado el momento de tomar el toro por los cuernos... definitivamente. En otras dos ocasiones lo había pensado ya, desde 2017, año malo donde los haya, en el que aparecieron los parásitos intestinales y el subidón, en consecuencia, de la ansiedad. Cuando empecé a perder peso, hasta los treinta kilos menos con los que me he quedado ahora.
Es escalofriante pensar en la trayectoria de mi salud, en los factores genéticos, en los descubrimientos sobre la relación de la bacteria gástrica con los linfomas intestinales y el cáncer de cólon. Estas dos patologías se llevaron por delante a mi madre y a mi abuelo, respectivamente. Los resultados de factores mutagénicos salieron negativos pero se han tardado un año y medio en hacerme esa prueba. Mi madre vivió uno escaso desde que la diagnosticaron. Sí, corría 1999, ha habido un montón de avances en oncología e investigación y muchas nuevas tecnologías están ahora a nuestro servicio que en esa época no. Pero creo que se puede comprender que hasta junio de este año, después de recibir en la consulta del especialista los resultados de la analítica, de la gastro y el resto de puebas funcionales indicadas, yo estuviera cagada viva. Literal y figuradamente, sí. Y con unos problemas gástricos que me impedían trabajar por la mañana, la dispepsia y el malestar eran lo peor que he pasado en la vida en cuanto a molestias y problemas de salud. Y se incrementa con el estrés y la ansiedad, lo que hizo del problema un círculo vicioso insidioso del que es complicado salir. El insomnio ya llevaba un tiempo instalado, también, por esta época.
Mientras tanto, mis hijas han estado sufriendo mi mal humor de enferma enfurruñada, siendo unas chinijas... podré sacudirme la culpa alguna vez, espero, es necesario, pero nunca olvidar por lo que han pasado. Se lo debo.
Todas estas casualidades y factores me empujaron a volver allí donde no me gustaba nada estar, empezar a flirtear y a hacer el idiota con gente que de repente me reía mis estúpidas gracietas. De ahí salieron las dos personas nuevas en mi vida que hacen que 2019 marque la diferencia.
No la política, aunque también estos dos amores que se han colado en mi pecho son gente sensible a la situación social que vivimos por este panorama político tan triste y grave, más en unos sitios que otros, claro. Porque la ironía es que la política insular va mejor cuanto peor va mi vida de pareja, joder. Rota, ya. Pero salvada de las llamas del odio, afortunadamente, gracias a la sinceridad.

Creo que a quien me conoce bien y nos conoce y ha conocido juntos, que sabe todo lo que nos ha unido y nos une, aún, que nos ha visto querernos sin complejos y ante todos, llevando a gala nuestro amor sin tabúes, no hace falta que le explique nada de mi conducta de rabia incontenida en redes y de lengua suelta. Obvio que los buenos se interesan sin dar la nota ni hacer un pregón en Facebook, de manera privada.
Saben bien como yo, que él no ha leído, ni me lee. Quizá algún día lo haga. Pero será ya tan lejano y secundario como lo es para mi hoy, que lo que trato es de sacar al dragón a pasear por las noches, cuando las mambitas herederas del arrojo duermen.

Tarde, quizá a veces, pero sincera, al fin y al cabo.


28 dic. 2019

Carta Cero.


Once días desde que tomé este camino del que no estoy nada segura, a pesar de verlo como lo correcto, lo conveniente, lo responsable... la vía del menor sufrimiento causado. Pero en cantidad, nunca será así en calidad, porque mi dolor es tan hondo como el deseo que haces nacer en mis entrañas.





Un día ya te lo dije, que sentía siempre haberme sido negada la libertad. Una vez la tuve. Y la dejé escapar por amar a mi captor.  Por no ser fiel a mi misma. Y hoy que tengo claro que quiero ser libre de amarte, vos no lo eres para dejarte querer por mi, tal como si tuvieras precaución con las brasas. Qué va. Me engaño. No soy ni seré libre, porque mi modo de ser hace que me sienta mal si los demás se hieren con mis palabras y actos. Aún cuando actúo dominada por el rencor y la ira, siendo muy posible que el destinatario lo merezca incluso, yo me siento mierda. Así que sí: mi miedo sigue siendo que me hieras y yo te salte a la yugular.





Anoche te hablé para avisarte de que empezaría, desde que me pusiera,-(y ya lo he hecho: bien, Evita, bien)- a juntarte letras. Y estoy tecleando entre lágrimas, dejando casi que las ideas pasen a los dedos y los dedos presionen los caracteres en el portátil, apareciendo enfrente de mí las palabras, las frases, los párrafos, dentro de una caja de texto virtual.





Sigues lejos, siempre necesito recordar tus palabras dulces, las veces que me dijiste linda o que te gustaban mis manos, para no pensar que no es solo el mar y los kilómetros de tierra lo que nos distancia, que lo que sucede es que no me añoras como yo quisiera, en cuerpo y alma. Que me engaño cuando pretendo que esto es un ejercicio de literatura extraño, que nació de una pasión extraña, de una niña grande que tal vez lo que está es harta y tiene rabia de aplazar y también es egoísta, como todos los demás. También quiero esa adolescencia despreocupada y jovial. La que me truncó la enfermedad, la de mi  mami. Así me olvido de mi posible locura, que tú, en tus momentos para colmo más cercanos conmigo, me recuerdas siempre. Hasta la imagen de carnaval: "reloca", que adoro recordar...





Nunca me hiciste llegar nada. Eso me obsesiona, también. Primero me muestras a tu modo que has pensado en mi... y hoy no sé aún qué pasó con aquello. Por qué nunca llegó nada. Ni tampoco me dibujaste, ni me abrazaste. Amor, cómo podré olvidar que me dijeras que me querías sentir latir contigo adentro de mi. Es que me has confundido y no puedo soportar ya más. No quiero regatear.





También esa necesidad de hacerme la sorda e instalarme en el cinismo sea porque no me soporto a mi misma. Porque veo que hace tiempo que no estoy enamorada del padre de mis hijas, porque me siento culpable de haber encontrado cartas de 2015 ya triste y meditabunda. Yo contaba dos, tres años a lo sumo. No fuiste tú. Y sí fuiste. Pero no sé por qué en este momento tan malo y no antes, te encontré. Esa es la mierda grande. La caída libre en la que está este corazón maltrecho que maldice una y otra vez mi mala fortuna y estampa, mi carácter devastador y mi orgullo, cuanto más desearía reprimirlo, como durante tanto tiempo he venido haciendo, cada vez con más desatino y flojera mental.





Ahora me falta pensar si todo lo voy guardando o te voy mostrando. Ya veré.





Es muy complicado, más de lo que pensaba cuando comencé a escribir esto. Pienso todo el rato que esto no te interesa nada. Y a la vez pienso en que ese es el motivo fundamental de volver a escribir, que tú me dijeras que me leías con interés.
Ojalá poder hacerte reír con esto, amor, no solo el drama y la nube que no cesa. Echo de menos tu risa, sentir que te alegro dos minutos que me lees. Echo de menos al Tatín musical, con sus intros y codas ricoteras...





Pienso en reír contigo, a carcajadas, en una cama revuelta, al amanecer, después de superar todos nuestros antiguos y nuevos miedos y de estar saciados picándonos con discrepancias, de lo que sea.
Imagino, claro, antes de eso, una hipotética escena de reencuentro inesperado. De decirte un lugar y una fecha y que guardaras un silencio helador. Pero que fueras finalmente, no poder evitarlo y me encontraras dormida. Y entonces decidirías desnudarte a mi lado y al acercarte para rozar mi espalda con tu mano, al segundo ya estarían nuestras pieles erizadas, tu verga creciendo, el deseo haciendo escena... sentirte entrar en mi, saber que has venido, ser feliz. Y tras de latir juntos, como los dos queremos, amarte más, toda la noche darte placer o abrazarte, no temer, no sentirme mala ni egoísta, ni buena, ni generosa madre. Ser mujer que siente y no se lo niega, no es más ni es menos.





Quiero que no me pase que me marchito sin vivir esto, pienso en mi madre también sin remedio. En una historia suya, que viví en primera persona y se me quedó grabada. De reencuentro fugaz en una cafetería con un amor de juventud, que ella siempre recordaba con cariño, estando embarazada, con seis meses de barriga de mi hermana pequeña. Se habían visto en otras ocasiones pero hacía muchos años desde la última vez. Y estaba conmigo ese día, que presencié cómo se saludaron y le escuché a él decirle que le sentaba bien el embarazo, a pesar de la sorpresa. Esa melancolía de mi madre. Ese aire trágico entre ellos... no quiero marchitarme como ella, se lo debo: no caer en la apatía. Ser más feliz y más longeva que ella. En 2020 superaré la franja temporal de llevar más años sin ella que con ella. Y aún no siento cerrado y hecho completamente el duelo.





No quiero regatear, te quiero amar y no entiendo el amor sin el deseo, esto que siento hierve en mí. Tú llámalo como desees. Pero guardémoslo para nosotros, vida.


Inocentes 2019














La amistad dejó sin cuidado al amor...





No sé ocultar todo. Lo que siento no.


27 dic. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (XIII).


<< La diferencia era la piel gélida. Aquella bailarina bailaba con todos pero solo unos pocos encendían su candil y únicamente uno prendió la llama eterna... >>




No hay letras. Al menos no hay más metáforas para esta misiva que pretende ser de cierre. Confieso que no sé si voy a ser capaz, desde ya, desde este primer párrafo. Pero lo que cuenta es la intención, en este caso, porque no es nada fácil tomar esta decisión.





Hay devastación y frío desde hace muchos días, salvando los encuentros fugaces con almas gemelas que me arrullan, miman y sacian la sed, aportando, sin herir, con delicadeza, respetando mi libertad y mi manera de ser.

Eso me confunde. Es inevitable ver las diferencias entre quien no quiere otra cosa que la que doy y que acepta lo que pido, con dedicación, para sentir el fuego del deseo carnal, sin reclamar lo que no puedo dar.

He masticado la carta XII y la despedida de dos días después, durante semana y media. Ayer decidí que de hoy no pasaba expresarme aquí. Porque necesito hacerlo aquí. Aislarme de donde lo estoy haciendo, que además no quiero, no ayuda a mi dignidad. Allí la superficie, la desnudez de mi cuerpo. Se acabó dar armas al enemigo, porque quieren hacer daño a otras personas que no soy yo y que adoro.

No puedo hacer otra cosa. En esta isla nunca buscaría el amor ya.
Creo que es la primera carta muy literal de las trece que se cuentan hasta ahora.

Pero vuelvo a lo de antes: tras masticar, no entendí. Por qué si yo acepté desde el primer momento tu decisión y de hecho te estaba espoleando para que fueras sincero de una vez, ya que no eras capaz de sobrellevarlo ya, tú, no yo, a pesar del obvio desequilibrio, yo ya sabía que te sentías desleal. Para eso solo puede haber un motivo. Y después de eso, la terrible comparación, innecesaria, insensible, que me retrotrajo al 10 de mayo. Ese aguijón fue inmediato. Si lo he callado hasta hoy fue porque me hizo feliz que me consideres una gran persona. Pero también ha quedado esa cicatriz fea, de comparar mujeres muy diferentes.

Estoy herida. Soy sincera. No quiero sufrir más y ya no me expondré a tus rayos más, mi amor.


14 dic. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (XII)


He cambiado las palabras. Una preposición clave, en este caso, que puede dar una pista indeseada. Es un juego pero cada vez menos divertido. No me apetece en ese foro dejar ningún rastro de ti.

De tu aliento sobre mi piel.





Ha crecido esto. En mis momentos íntimos y de soledad soy feliz imaginando que hacemos el amor de nuevo pero sin ser nuevos. Reposado.
Preparo mi cuerpo para ello, mientras espero el momento. Para que no galope desbocado como yegua que se siente atenazada. Pausa el deseo, prepara la superficie para el aterrizaje de los sentidos. Esos que se aferran a la belleza intensa de la vida, porque han comprendido cuál es la siniestra alternativa: la oscuridad y la apatía que arrasaron con la sensualidad tibia, sembrando caos y miedo que pegaron fuerte en la estabilidad de la nave.





No todo estaba mal, qué va, para nada. Sólo echar un poco la vista atrás a los momentos felices me ha hecho recordar la ternura inmensa que invadió el pecho y que hizo florecer la vida, otra vez. Una señora mamba negra nos dejó paso a las mambitas verdes, de la tunera y el cardón.





Tanto bello mestizaje de grano, de aroma, de vega, de planta. La bodega vetusta junto con el arte moderno de los genios campesinos eternamente estéticos.
La Geria y sus asocadas vides como imagen de entrada a los ABRAZOS ROTOS de Almodóvar. Quién si no, en este cine nuestro, iba a tener los ojos necesarios para inmortalizar la islita en su celuloide.





Y del vino joven, del año, fresquito malvasía con pescado y lapa, al tinto crianza de larga duración, porque todavía no te arrogas el reserva.
Pero comprender que son fuegos distintos, de distinta intensidad por la añera y el microclima que acoge a la parra.
No mezclarlos. O sí. Uno con los entrantes o quizá la sopa de pescado. Sí, mejor la sopa de pescado en aquél garito cerrado al público, "El Resbalón", para enseñar mi manera de amar, la aprendida e innata también. Y vaya si lo logré.
Mezclarlos en el mismo menú, pero cada uno con su maridaje. Al tinto le van bien las carnes a la brasa y por supuesto el cordero asado al estilo de la aldea.
Quedará hueco aún para un acompañante de queso a los postres. O un Ximenez para el bienmesabe. Quién lo sabe.

Lo que sabías es que se seca, que la hormona deja de funcionar para que el compañero de faena, en tu turno de descanso, retire el plato para la siguiente etapa del dispendio que es la vida. No me fío de quienes solamente dicen tener una comida favorita... qué aburrido. Por mucho que te hayas aferrado tanto a la maravillosa crema del amor exitoso que duela en el alma el momento en el que te empalaga o deja de sorprender. Siempre pasa y siempre lo has tenido claro: que no te engañarías cuando llegara ese momento.





No mezclar. Maridar.





Y amar más porque el que sucede respeta el camino andado y a quien amaste antes, es una bonita manera de pasar a los segundos.





Vino dulce como nuestro amor
cura las penas de mi corazón.
Vino profano como tú y yo
ahoga mi conciencia con tu bendición.
Estoy dispuesto a recuperar el tiempo que perdí,
que esta vida oxida los resorte de mi corazón.
Vino dulce como nuestro amor,
estoy fuera de lugar;
vino dulce como nuestro amor,
pero me voy a quedar junto a ti.
VINO DULCE |'ASTRONOMÍA RAZONABLE' 1993 |el último de la fila

Suave descenso, hacia el valle.


Subida en lo alto del cerro. Meses aislada, alejada del mundanal ruido. Y sin embargo, esa soy yo. La que se aleja del mundanal ruido, del estruendo de los conflictos vitales que llegan de la mano de la tragedia y la desgracia.





Que te sea tan conocido el horror del desencuentro, que te brote el cinismo a borbotones cuando te intentan explicar desde fuera lo que ha pasado en uno en el que estás inmersa. La osadía de la ignorancia, los prejuicios mas zafios y pueriles, el ego propio pugnando por ganar voz ante otros ajenos.





La necesidad de dar lecciones a los demás por saberte adelantada a muchos en mucho. Sonreír sarcásticamente para tus adentros cuando alguien pretende sin éxito, hacerte daño con su verbo, porque estás pensando: "Ay, cariño, las hostias que te vas a llevar en la vida". Y verlas después. Con estos ojitos castaños que mi madre me dio. Una mini Agus y no me lo quito, quiero dejarlo, pero es una droga, la más dura. Esta jedionda matriarcalidad, que tan malo es ser paternalista como... ¿maternalista? ¿existe eso? ¿será mi puto problema? ¿complejo de gallina guarda pollos?
Es una posibilidad... que me haya enamorado de el único que puede, efectivamente, ponerme en mi sitio.





Y lo que es peor: la carga de frustración que eso me genera, por ver el sufrimiento previo, advertir y que nadie haga caso. Me como la imagen por duplicado y luego me entristezco. Bebo drama. Digo: "se van a enterar", con afán de resarcimiento, no venganza, nunca, porque sé las consecuencias funestas y nunca en mi vida ha sido esa la opción en un cruce. Cagarla, sí, mucho. Pero no por caer en la bajeza de la venganza. La diferencia está en los objetivos marcados, aún a pesar de los medios, que, eso sí, reconozco de antemano que han de ser dudosos en su intención. Ahí radica el problema: éticamente no te encaja con tu manera de actuar y sabes que no te justifica. Lo que haces está mal. Solo que comprendes que es la única manera, rápida y más piadosa, de llegar a la meta. Sí, los grados. Lo que diferencia a unos de otros. Tanta afición al chute de moralina en vena que es la serie del súper-atraco a la Casa de la Moneda y resulta que aún no hemos comprendido la diferencia entre el profe y la poli.





La vida es ironía pura.





Mientras divago he llegado al riachuelo que discurre entre la vegetación salvaje que baja al valle de la aldea.

El amor es lo que inspira la metáfora.





Hay clavos queramos o no.
Hay clavos entre tú y yo.
Hay clavos bajo nuestros pies.
Hay clavos puestos del revés.
Y también
hay flores que al florecer
dan color, y al brillar
iluminan todo tan fuerte
que olvidas que hay clavos.
CLAVOS. ELEFANTES, 2005 'SOMOS NUBES BLANCAS'

9 dic. 2019

Las manos de mi vida.


Tengo un grave problema que me hace empatizar con Ego, el crítico gastronómico de la peli Ratatouille, mi malo favorito de Disney. Cómo lo comprendí de bien en la secuencia en la que el amargado personaje da cuenta del plato que da nombre a la cinta. Una genialidad esa parte concreta de la peli por su gran poder evocador, de una manera universalmente reconocible para cualquiera.
{Espero haber sorteado hábilmente el spoiler...}

Hay en este blog, un post antiguo que trata de que olfato fino y capacidad gustativa son cuestiones que se heredan en el genoma. Lo que llamaban antaño "la mano de nuestras abuelas", cuando los hombres chef ni existían ni se llevaban los vivas y bravos del buen hacer de estas mujeres, que daban mucho y bien de comer, a cualquier regimiento que se le presentara de repente en el umbral de su puerta. Son esas heroínas que sentaron las bases del buen yantar sin reconocimiento de méritos, como sí hacemos con la influencia en otras actividades humanas culturales de siglos de tradición, de lo antiguo sobre lo nuevo.
Consciente soy de lo espinoso del asunto y de que habrá gente que discrepará de mi. Pero como este es un rincón web personal en el que se cuenta la vida pasada por un filtro particular, el único rigor habría de ser el de la honestidad. El de no pintar un personaje muy alejado de quien eres, o crees ser, mientras te vas conociendo un poquitito más con cada palabra, frase, que expresa un pensamiento.





De modo que tengo un grave problema con no haber superado la añoranza de lo que las delicias de mi madre provocaban en mi paladar. Y dirán ustedes que vaya cosa, que lo más normal del mundo.
El problema es que me educó bien, también, a valorar el pan encima de la mesa y a no rechazar nunca lo que buenamente te ofrecen, para saciar tu hambre. Y me he comido no pocas veces a la fuerza, por educación y consideración con la(s) persona(s) a los mandos de los fogones, "preparaciones" que me repugnaban, daban arcadas y una serie de inconvenientes que me hacen pensar: ¿por qué corazón, esto es lo único con lo que eres diplomática, si no es de confianza el receptor de la crítica, claro (dos personas)? Con lo mal que le sienta y el daño que ha hecho eso a tu salud digestiva.
En ocasiones por escrúpulo con la higiene, al ver manipular a la persona, no siempre por el sabor. Esto obviamente en mi caso se ha dado con frecuencia por mi vida laboral. Muchito asquito. Vamos a dejarlo en eso.
En otras ocasiones por ser equivocadamente ahorrativos con ingredientes, condimentos... la sosez, para que nos entendamos rápido. Aquí entra una amplia variedad de garitos "gastro-algo" que llevan cuatro pijos modernos que no se han hecho ni un bocadillo de chorizo en su casa, pero que emprenden y eso. Hostia asegurada con penca de millonada y llama a papi-mami otra vez. O a Chicote si ya los has arruinado también a ellos.

Y como decía antes que si el filtro personal, mi madre enseñó a un primo a cocinar. A él le fue muy bien profesionalmente después, muchos años en un hotel de solera de la capital burgalesa como Jefe de cocina, premios, viajes y becas para formarse fuera... Prestigio. Es súper buen tío, hijo de la hermana de mi abuelo. Se lo merece. Pero en esa época, ya sabemos por qué Agus no siguió la estela. Él detrás de ella, más bien.

Hilando con el Ego de Ratatouille, recuerdo otra de las ocasiones en las que, trabajando de camareta en el cotillón de fin de año en el hotel en que cocinaba mi primo segundo, los días previos, montando las barras y la decoración, pasábamos allí todo el día. Comíamos juntos, todo el personal. El de la organización del evento y los currelas que dábamos el callo para que aquello funcionase y vendieran más entradas al año siguiente. En el acuerdo de alquiler de las instalaciones se incluían las dietas de los montadores, a cargo del hotel.
Dos primeros y dos segundos, para escoger: Purrusalda y Bistec plancha con guarnición fue uno de los días mi elección.
Qué viaje, ya solo el olor. Llorar de gusto, impactada. Dudar de que sea él porque el jefe de cocina es raro que esté atendiendo a unos chavalucos, que comen en una mesa corrida, entre rollos de papel burbuja y plata para cubrir espejos y paredes. Preguntar entonces, por si era él, a un compañero que nos sirve a la mesa. Asentir y amablemente ofrecerse para guiarme hasta sus dominios, y saludarlo, emocionada:





- ¡Jo! primo, la mano... ¡¡esa mano!! Hasta el filete me ha sabido a madre. Cuánto tiempo sin vernos pero sabía que eras tú...





- Sí que hace, sí, casi desde que falleció que no te veo... ¡cómo la echareis en falta en casa, que la echo yo...! ¿Qué tal estáis todos, bonita? ¿Y la peque?





Y MAMÁ CANTANDO "ME GUSTAS MUCHO", "JUNTOS", "SE ME ENAMORA EL ALMA", MIENTRAS LIMPIA LOS CRISTALES...





Ingredientes de la Tierra.


Observando los granos de un reloj de arena, caer y acumularse.





La composición granítica de una vida. O los ingredientes de una receta, junto con todas las variables y factores externos al producto, que la modifican, matizando -para bien y para mal, también-, el resultado de la fórmula original.





El origen rural, sencillo, de pobreza y humildad. De sacrificio.





También cuenta la conciencia de la intervención de la guerra y la dictadura franquista, por las represalias y el poder que de su mano adquirió la Iglesia católica en este país, -en cuyas garras cayeron no pocos menores desamparados-, en las vidas de mis familiares más directos. No con huellas tan profundas como el asesinato o la cárcel, pero hubo mella suficiente y consecuencias. Como en la de tantas otras personas, aún hoy sin recibir justicia y reparación.





De aquellos polvos estos lodos. Siempre he sabido de la responsabilidad de los que aún espero la Historia ponga en su lugar, como carniceros execrables que fueron, en la miseria y la situación dramática para algunos miembros de mi familia.





Crecer en un barrio de aluvión en expansión tras el éxodo rural, Gamonal, antiguo pueblo del noreste de la urbe que me vio nacer, y en el que me he desarrollado, junto con mis hermanos y vecinos, viendo una línea imaginaria desde la barriada militar hacia el centro, bajando el Arlanzón. Nosotros éramos los pobres horteras con chándales y zapatos. Ellos los que, aunque te creyeras aceptada en su club, subían a Gamonal para que les preparases la merienda de cumpleaños al futuro cuñado, en el garito que regentabas, después de varios años tragando mierda por cuenta ajena. Y para que les sirvieras, claro. No, tú no te sentaste con ellos a la mesa.
Que después de acabada "la velada" intenten gorronearte unos cubatas, para colmo, al pagar la cuenta antes de irse a las mil y monas dejando todo hecho un asco, sin ofrecer ayuda nadie y babeando a tu floreciente hermana de 16 años.





Los granos del reloj, que se acumulan. El frío recio de la meseta castellana. El cierzo, las heladas, el cielo gris oscuro y la calefacción central que otros no tienen.





Mamá en Laredo. Su bronceado y sus ojos torcidos haciendo muecas para provocar nuestra risa; La mala leche y el arrojo, su alegría y su tristeza. Su extroversión que me incomodaba, haciendo de mi una niña tan tímida, que desarrolló poco a poco aversión a ser el centro de atención y siéndolo, paradójicamente, en muchas ocasiones lanceada por los flashes a su pesar.





Al otro lado del charco el alisio, la luz que todo lo baña, suaves temperaturas y salitre, junto a la vega del volcán enigmático.





Vino y rosas. Tardes de amigos, de barbacoas y charlas. Olvido de lo dejado atrás pero no del todo. Yo ya era madre. La dejé atrás y no la parí. Pero la dejé atrás. Y cuando vino, asustada por lo que había hecho al estar perdida y sola, no la supe escuchar. Con mi enfado e indignación la eché de mi lado. Y se fue. Bien lejos se fue.





Yo era feliz y egoísta. Follaba y lloraba de felicidad, pensé verdaderamente que no acabaría tan rápido como acabó.





Y otra vez pasó y de nuevo volvió a mi vera. Pero cuando fui madre pariendo, volví a echar al ratoncillo♥ de mi lado, a los brazos de quien más daño la ha hecho. De todos. Por tiempo, por espacio, por chuparle más sangre y energía, que la debilitó. Ya pasó.





Y también, hace más de eso, el golpe de mi Silvi. Mi mejor amiga. Ahí y desde entonces, porque ya me lo enseñó la Pitu♥ en ese momento, entendí que estar enfermo mentalmente es una cosa y ser malo otra. Que existen ambas cosas y que pueden coexistir o no, pero son distintas cosas. Y dejé de justificar al malo enfermo y a la mala egoísta enferma también. Sigo pensando que era él el peor, pero su truculenta historia de celos se les fue tantísimo de las manos, que aún hoy perduran los efectos nocivos en terceros inocentes e ignorantes de sus enfermizos juegos.





Fue la primera persona de allí que perdí estando aquí, en la luna. En la isla lunar. Y no erré al echarla de mi lado, al contrario. Pero era de tal fortaleza el vínculo, fue tan dura la decepción, que estuve años lamentando lo sucedido y extrañándola. Fueron mis hijas, cómo no, las que mucho después, pasados seis años, me darían descanso con el tema de mi amiga del alma perdida.





Nacer ellas aquí. Todo lo que supone Lanzarote para mi es un puñado incesante de grava y canto rodado de la orilla. De colores. Del color de cada una de sus salvajes y únicas calas. Bello. Geología en movimiento, la dinámica del mar. Mi formación de Ciencias interrumpida. Una enumeración vaga de componentes y cristalitos en el mosaico de la vida.





Mi vida sin ella. Mi vida con ella. Mi vida con él. Mi vida sin él.





El viento enreda mis cabellos en la islita y si cierro los ojos me transporta. A la orilla del río Pisuerga. A Santoña a comer chopitos y sardinas, donde luego escapé un fin de semana a que me explotaran, el primer verano sin mamá. A los sitios donde trabajé, la gente que conocí, los hombres y mujeres que amé.





Los niños que perdí.





Todos los perros y gatos de mi vida, son muchísimos, cuento también los que conocía del barrio, del pueblo, los de la familia y amigos...





El periquito que mi hermano mayor trató de curar con un cuarto de aspirina, antes de que volviera mamá, y la palmó. Y le dio la aspirina porque lo notó temblando y resfriado después de sumergirlo para bañarlo. En fin, que nos la cargamos por matar al pobre pájaro. Tanto el brazo ejecutor como los cómplices curiosos y consentidores, que queríamos ver cómo acababa aquel rol play de veterinario que se estaba marcando el 'punki primogénito'. Y 'follow the lider'; hasta que llega la Agus de la pelu, claro...

Ha quedado un cajón desastre precioso y ahora estaba pensando en pedir a mi hermana que haga un prólogo a Pandora.

El caos. También SOY.

PERO: "AMA, AMA Y ENSANCHA EL ALMA"


7 dic. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (XI).


Y canta, aferrando el último recital de vida el sentimental ruiseñor: "mensajes de texto que no eran mejor que nada"




Dormir enredados. Envueltos en intercambiados fluidos corporales, una vez exhaustos después de exprimir el jugo de la pasión, que tamizado por el tiempo de espera hasta el reencuentro, es ahora un licor dulce, embriagador, que acompasa una corriente eléctrica continua de piel erizada... Deslizarse ella entre las piernas, notarle erecto, sin despertar del todo, emitir un suspiro entre risas. Subirse de nuevo para amar, con un rápido movimiento de caderas atrapar lento, suave, el tacto que es el elixir del amor, en éxtasis de deseo ya sin freno. El baile de los esclavos del placer reanuda su coreografía, otra vez más. Como un remolino en la arena de la orilla.
No habrá tiempo que perder, en cada segundo de fusión de sus anatomías excitadas y temblorosas hay una nota que vibra: El corazón de ella se desboca con facilidad y él acaricia con ternura la curva de su cuello y su pelo, la frena, detiene la marcha. La gira y entra de nuevo en ella, que ahora gime largo y feliz, como felina mimosa...
Y se enlazan los cuerpos... ¡Ay!
Ya no sueña sentir el ritmo de sus latidos en sincronía con las curvas acogedoras de ella, son uno. Navegando en las olas de los sentidos, agudos y vivos, ya despiertos por completo, se han olvidado del mundo y de todos y ya no hay vuelta atrás.
La musculatura se tensa y las miradas se encuentran y clavan el aguijón de nuevo. Dulcemente lamer las heridas del otro, morder el anzuelo, en un clímax inabarcable, intenso y -querría- eterno, deseando que nunca jamás acabe pero sabiendo que se acabará. El aguijón hace sangrar...
Quizá en una certeza así se presume la mano futura de la melancolía amarga. De igual manera que el shock por la impresión de sus ojos mirándola y deseando poseerla, perturbó los cimientos de seguridad de ella esa noche, impresionada por la confirmación tangible de que no era un espejismo absurdo.
Vencida de antemano (había tanto desamor helador pasado) por el yugo inconsciente que se salió con la suya. Estaba fuera de juego, se olvidó de entregarse por completo. Ahí el ogro ganaba tiempo... ¿cómo lo iba a saber?





La intensidad del dolor de no tener su olor en las sábanas, al amanecer.
Es sueño insistente de ella, en la doma de su ansia herida, que quedó en un rincón del desván, olvidada como un trasto viejo.
Es anhelo de un imposible y es rabia. Se enoja chillonamente, porque se irá pronto y cree que él no entiende la broma malvada del destino. De no poder disfrutar igual de las cosas que te brinda la vida por sorpresa.

Mientras, callaron casi todo, los dos callaron, el miedo malicioso, la venenosa vida. El desperdicio de ambos, el azar puteando; todo a destiempo: el Cosmos inabarcable.





Y el vino del mejor escasea.






"Lo que surgió entre nosotros habría surgido igual"

6 dic. 2019

Separada, soy materia inerte.


Aprendiste muy pronto a guardarte las cosas.
La primera vez que te dio fuerte por un chico, ya se había enamorado de él primero tu mejor amiga. Desde entonces sabes también, de la existencia de personas para las que su propio reflejo en el espejo es más importante, por ejemplo, que la amistad de dos chicas, quienes, irremediablemente, quedarán marcadas y heridas, desde el paseo por sus vidas de estos narcisistas incurables.
.."





Le dijiste que habías vuelto a la adolescencia. Un mensaje breve que encerraba muchas incógnitas por desvelarle. Él parece tener un desánimo especial por el tema de la distancia.
Eso no tendría ningún sentido si supiera que te sientes así porque tuviste tres amores, entre los trece y los dieciséis años, a bastantes kilómetros de casa. Te carteabas por correo ordinario con los dos primeros y con la hermana del tercero, guapísimo, de los tíos más guapos con quien has estado y el único que te parece así de atractivo, siendo rubio de ojos claros, y que era más sencillo que un ocho, el tío. Majísimo.





Obviamente, en esa época ibas aún de vacaciones, en Semana Santa, Navidades, puentes, quincenas, en verano, al pueblo, el último en el que vivieron los abuelos, donde nacieron los tíos pequeños y pastoreó él por penúltima vez. La última fue ya trasladado a Burgos, en Villafría...
Murió teniendo tú once años y no llegó a conocer a la benjamina. Entre los nueve y los doce estuviste tiempo sin volver. Y cuando lo hiciste, ibas invitada por la mejor amiga de mamá, Juli, que a su vez era la madre de tu mejor amiga. Estaba enamorada del que te putearía por coquetear con ambas y confundirte. Te retiraste, claro, como no podía ser de otra manera.

Ese año, en verano, la hormona ya no aguantaba, efervescente. Antes de cumplir los trece, organizasteis una acampada y perdiste la inocencia. Con el hermano. Mucho y bien. No sólo nunca te arrepentiste, aunque era un poco cabroncete, como el otro de la saga, sino que crees que ha sido clave en esa des-inhibición tuya de serie. Lo vio, lo aprovechó y te enseñó bien lo aprendido en los primeros lances sensuales y sexuales.





Eran vascos los tres, los dos primeros hermanos, de la periferia de Bilbo.
El "Julen guapérrimo", de una zona rural industrial bastante abertzale, donde tenéis familia de la extensa, migrantes "desertores del arado", como los llama otro amigo tuyo, con el que estudiaste (también a sí mismo, jajaja, ¡ay! ♥ Jesu).
Los tres muy espabilados, en contra del tópico, siempre cuentas. No sabes si será aplicable más a las vascas, pero no lo crees. Al menos las que tú conoces, tienen bien poquito de monjas. Y si acaso, las afincadas en Burgos, serían. Alguna hay, SÍ.





Al "Julen" lo conociste yendo a Bizkaia en fiestas, era hermano de una chica de la cuadrilla de tu prima vasca, de tu edad, hija del primo segundo de mamá, que era un clon del abuelo Raimundo, pero en joven. Te da un vuelco al corazón cálido, cuando recuerdas.
Cuando llegabas a Zaldi, te recibían en casa y te ponías a merendar con Ni. y Yo., -a veces también estaban ya Da. y Ja., llegados de trabajar-, poniéndote al día de todas las novedades desde el último año que les visitaste en fiestas y también contando tú cómo crecía la peque y os iban las cosas por "Mordor City".
Y entonces aparecía Vi., Q.E.P.D.: Te miraba desde la puerta con el lagrimal medio inundado, con su sonrisota en la boca y sus brazos esperándote abiertos de par en par, para soltarte a bocajarro emocionado que eras "la viva imagen de tu madre con la niña bonita", los quince años, como les gustaba a ellos llamarlos. Y enseguida recordar sus andanzas de quintos en las verbenas de su propia juventud.

Esa calidad humana, cuánto la echas de menos, ¡joder!
Ese primo favorito de mamá que siempre supiste tan especial para ella porque se entendían fabulosamente bien, igual que, es curioso, tus hermanos y tú adorabais a los hijos de Vi. y Ni., y ellos a vosotros.





Saber que no siempre está cerca lo que te hace feliz o tener miedo de perder su cercanía, ese monstruo que te pisa los talones.





Que te mataría en vida.





No se repetirá, que esperen las hienas.





Ahora te toca. Sigue adelante.





Que alguien me recuerde,
cuando me despierte...
dónde deposité mi otra parte...
que al alba encendido

y al calor perdido
separado soy materia inerte...

separado soy materia inerte...
separado soy materia inerte...


separada soy matera inerte | Autoterapia | Izal 2018





5 dic. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (X).


UNA CORAZONADA FUE ESTA VEZ, LO PUSO EN RUTA, 'BYE-BYE'




Lo sé porque no puedo parar de escribirte. Cuando tengo que ser buena y brotan las palabras, incontenibles, vengo aquí, a teclear lo que me pasa por la cabeza. Las cosas que están ahí, para siempre o por un rato más o menos fugaz. Las convierto en párrafos de intención introspectiva, intentando describir y enumerar todas las cosas que veo que forman parte de un mosaico mío particular. Ahora estoy en una parte linda, con las teselas de colores muy vivos; veníamos de otra zona de gran desgaste, que precisa de restauración. Llevará su tiempo.
El paso de las estaciones ha hecho mella en la piel y en los tejidos. Pero no hay freno para el deseo irremediable, que golpea con fuerza la carcasa de la nave.





UN KILLER RIFF EN SU CONTESTADOR...




Sueño que vienes. Sueño que regreso al mismo lugar pero esta vez te seco y no permito el desperdicio. El sobresalto, la exaltación de la niña indomable, ya los conoces un poco, el salto al vacío...





Siempre me gustó la noria, las atracciones fuertes, las de mayor descarga de adrenalina de la feria.
También quise siempre lanzarme en paracaídas. En sentido figurado lo he hecho ya tantas veces que he perdido la cuenta. Soy muy temeraria y hay que rebajar. ¡YA!
Son las menos las que salió bien, en el saldo de la mitad de la vida, con suerte y sin miedo a que se me escape antes de tiempo, pues pocas personas conozco a parte de mí misma tan conscientes de que muerte es una colega que llevamos al hombro, porque va en el pack.





La intensidad en los sentimientos no es una opción para mi, ya. Es una obligación, se lo debo al que late aquí dentro, reclamando su turno, soltándose de sus cadenas de años, que negaron mi naturaleza original. No hace tanto creía que aquel cambio experimentado era para bien.





Me siento una muñeca de cera, a imagen y semejanza de una especie de florero sonriente, una negra de textos colaboradora administrativa de recursos, una usurpadora de titulíticos, algo bueno tenía que tener, observada con recelo por los logros que ridiculizan a otros que se tiraron media vida empollando entre juerga y juerga que ahora niegan por los profesionales del ramo.
Ahora el figurín está derritiéndose porque otro astro prendió la mecha medio oculta, el plan B de la vida: que brote la conciencia propia del origen digno. De los objetivos y sacrificios de quien estaría muy enfadada y triste por verme sometida al yugo de la infelicidad.
Es por ella y es por todas nosotras. Las mambitas y todas las demás, las que vendrán luego.





Quiero enredar mis dedos en tu cabello, besar tus ojos mientras nos fundimos. Eso quiero.





Y recuerdo en la letanía ["algún día será esta vida hermosa y me someto por eso a tu voluntad"]

4 dic. 2019

Despejado.


El mar como un plato; bruma fina en el horizonte, pero no opaca, no amarillea en el límite en que se une con el azul profundo del océano. No hay calima, pasó el temporal. Se llevó vidas, otra vez. Somos tan frágiles, insignificantes y efímeros en este Cosmos vivo, y a la vez cuánto dolor genera cada una de esas pérdidas. En sus cariños, en la senda de todos, buscando verdad y justicia. Reparación no hay, a eso.





Dormir y soñar. Eso estabas haciendo estos días, en los que las pasaste putas por la nueva adaptación a otra ayuda química externa, pero ha tenido su eficaz y beneficioso efecto. Si sueñas estás más centrada y lúcida. Dicho de manera vaga, sueñas porque al menos has dormido la cantidad suficiente para ello, así funcionas. Luego sueñas porque duermes.





Te sueña, sueñas.





Te has dado cuenta de que no quieres arriesgar. No arriesgues.
Esta vez será diferente porque se entendieron rápido y fácil. Fácil y súbita prendió la mecha del deseo y ninguno sabía a dónde les llevaría aquello, en el inicio.





"Todas las erosiones del universo no podrán borrar esos momentos que ya les hacen sonreir con un pensamiento, que sobrevuela esperando el turno en la cola de caja del súper de la esquina..."

- Señora... ¡que si quiere bolsa...!





-...





Ha llegado el invierno pero hace un calor tierno, suave.
Es por dentro de mi que ha quedado la brasa.
El rescoldo tranquilo que esperará a su soplido para chisporrotear. Yo lo protejo. Esperando el momento de entendernos sin exaltación, aprendiendo de lo masticado, poniendo en práctica la curiosidad sensual que busca todos los huecos que quedaron ocultos. Pensar en mi cabello como la crin de la 'rapa das bestas' en aquel viaje, de cuando fui feliz antaño y entender que no quedé marcada...

Despacio, a fuego lento.





Despejado el pensamiento.





Las fechas venideras son la prueba de fuego.





Amar y resistir. Resistir y doler. "A los ciegos no le gustan los sordos".





A ralentí el motor, es un largo trayecto; "un corazón no se endurece porque sí"


3 dic. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (IX).


Mucho vino mediocre, poco de añada excelente... muy escaso vino del mejor.




Tanto en el año de nacimiento de la benjamina como en el año de la marcha de la matriarca, diez años mediante, hubo una excelente cosecha de Ribera de Duero. No fue tan buena el año de nacimiento de las chinijas, obvio: ese año ellas abonaron el Malvasía del volcán conejero y les salió un caldo excelente, también, a los bodegueros de la Geria en la islita, al asomar las dos últimas pequeñas mambas por el rofe. No han sido nunca chiquitas, ni chiquitinas, sino chinijas. Y así serán por siempre, al menos aquí adentro.





De junio del '99 a junio de este 2019: veinte años. Cuatrocientos ochenta meses equivalentes o siete mil trescientos días de vida. De maduración.
Desde una deslealtad, haciendo una trazada con tiralíneas, a la otra: tiempo debería haber dado a saber distinguir dos o tres cosas importantes acerca del latir de la patata y las perturbaciones en el entorno.





Tan difícil, tan sencillo. Tan enredado en el silbido del viento, tan complicado como la nostalgia. Las personas que se olvidan y las que no se sacan, ni a medias ni enteras, que no saldrán y aún no se sabe por cuánto más estarán ahí doliendo, escociendo la rozadura. Esa gota de limón inoportuna que te saltó al ojo y te dejó ciego los cinco minutos del mini reportaje de tu ídolo en las noticias de la tele.
Ya no pasa nada porque lo miras en Youtube o en diferido en el canal web o en tu red social favorita, seguro que de nuevo lo comparten.





Cuántas veces pasará ante nuestras narices aquello que marca la diferencia, pero que no estemos preparados para percibir ni concentrados. Ni siquiera orientados. Vamos y venimos de nuestras historias amorosas y afectivas, familiares y amistosas o de estrechar el vínculo por el roce cotidiano en el curro o en la frutería de enfrente.
Absortos, en nuestro intento de salir adelante, nos vemos pero no nos miramos, como oír sin escuchar un tema que contiene la letra de tu vida. Sin que se den casualidades fatídicas, condenados al desencuentro.





¿Cuántos seres solitarios ciegos habrá de estos?





Ha de ser que, como con el vino, hay que catar más néctar para desarrollar el gusto por los que tienen más cuerpo.

Piensa que tengo buen paladar.





Y que me empalagan los crianzas y tengo lengua viperina.





Y un olfato tan fino que, sin fumar, moriría del asco con el hedor que se desprende de sórdidos amores celópatas, que viene en oleadas y se hace mareante, insoportable, golpea, noquea. Se disipa y de nuevo se concentra.
Ese amor ajado antes de madurar que usurpa la libertad a los corazones terrón. Ese que no deja vivir ni vive, lejos, rápido.





Y seguir yendo a vendimiar, a celebrar regando con el zumo de dioses. Retomar, retornar.





Dos tintos reserva Ribera del Duero del tiempo, por favor.





O eso o...
Pan, vino y azúcar. Queso y vino. Uvas con queso, mi manjar favorito. Ella con sardina arenque y partido de fútbol en la radio.


1 dic. 2019

Las penas con pan son menos.


¿La reciprocidad en los afectos es algo intangible y difícil de medir?





O, quizás, al contrario, ¿se puede saber el grado de implicación emocional de cada parte en una relación afectiva?





A menudo se dice que cada uno siente de una manera, con una intensidad el amor. ¿De qué depende esto? ¿De cómo nos relacionamos con las personas a lo largo de nuestra vida? ¿De cómo nos enseñaron a amar en función de un sistema de valores? ¿Y qué pasa cuando no te enseñaron a amar respetando los amores ajenos, sino a envidiarlos? ¿Qué sucede y pasa por la mente de quienes envidian una relación amorosa ajena hasta el punto de querer destruirla, destruyendo con ello a dos o más personas que se cobijan en eso tan bello que ellos no tienen?





No hablo de mi, hoy. Cavilo sobre cuestiones mundanas del amor en relación a una historia de la que no sé mucho ni tengo derecho a saber más, pero que un día me tocó tangencialmente. Y me entristeció mucho ese ocaso, a pesar de todo. No es como el mío. Yo descubrí, hace mucho tiempo que no me amaban ni de lejos, no ya como yo merecía, sino como necesitaba que lo hicieran. Ese es mi baremo del amor. Tengo claro que he sido una cobarde y me he negado la realidad de lo que me rodeaba. Por mi propia soberbia de no reconocer los errores en los últimos pasos dados juntos.





Esta otra historia creo que es de dos almas que se adoran y en la que los celos hicieron acto de aparición en la verja de la morada.





La tristeza perpetua.





Te ama y te amo. Son los otros.


Cartas sin destino, letras para nadie (VIII)


ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-LO MEJOR DE NUESTRA PIEL-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS- ES QUE NO NOS DEJA HUIR- ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS- ABRE LOS OJOS- BORRA EL RASTRO TU DOLOR -ABRE LOS OJOS




Sal de ahí, sabes de quién te puedes fiar y de quién no, en realidad. Hasta tus amigos ahí dentro están envueltos por los cantos de sirena que tú has silenciado con tus matemáticas cantarinas, que te dan una perspectiva más que suficiente de la jauría. Ya sabes que no dicen cosas lindas por la gestualidad, a qué darles el gusto de perder el equilibrio.





Y mientras tanto la vibra es que fuera está lo bueno, aunque haya sido refugio para tu soledad. Se convirtió en una rémora para tu bienestar en el momento en el que te comportaste de una manera decente. Los primeros desmarques de ciertos hábitos.





Ese era el mensaje.





Y el patrón en algunos antros se repite incesantemente. Estoy quizá de vuelta de esto porque conozco estos sitios como cliente, como colega del dueño, como curranta, como regenta, como borracha, como hermana/amiga del pasado de vueltas con las sustancias que la termina montando. Como varias de esas cosas juntas a la vez, incluso.





Una gourmet que huele eternamente mal, entre fogones y freiduría, que odia los menús con pretenciosos y kilométricos nombres de platos, para definir chicha, papa, salsa. 'Sabe más el diablo por viejo', joder, dejaos de bobadas y cocinad algo rico. Lo llamas "el plato putanesco" o como más ridículo te parezca o sencillo de comandar.





Pero no estafes el paladar y verás cómo lo vendes.





No engañes.





Me fío del caníbal, de la nobleza de su hambre.

Pandora. 2ªparte.


Abrir el corazón a dos criaturas inocentes, a raíz de la primera boda de las tres, a la que asistieron y donde conocimos a dos niños que nos ganaron a nosotros y a todos los presentes.





Atrás y en segundo plano quedó el abandono de la propia sangre, para dar una oportunidad a quienes de nada eran responsables. Esa oportunidad, que se ganaron, como debe ser y debe darse a todo ser humano, más aún si ha sido desposeído por la deriva de la precariedad y la injusticia que excluye de la dignidad y lamina las oportunidades de quien nada tiene.





AQUELLA NOCHE




- ¿Qué has hecho, papá?





- Pero... ¡¿cómo le dices eso?!





- Todos lo pensamos. Y que terminaría en tragedia una de las veces, también lo llevamos pensando hace tie...





- ¡¡¡Calla!!! ¡No es el momento!





- Claro que no es el momento, que alguien coja el auricular, voy saliendo para Aranda.