30 dic 2020

Delante del espejo.

 Hace de mí lo que quiere. Pero es mutuo y equilibrado. Yo también siento ese poder sensual salvaje, sobre él. Quiero investigar sobre esto. Sobre la ausencia de feromonas del otro, al alcance de la pituitaria. Qué es lo que propicia esa conexión y pone en marcha la química cerebral. Qué sucede ahí. La persona te gusta, vale. Pero sin tocarlo ni verlo ni oler, ¿cómo es posible mojar de esa manera las bragas? Me perturba. Sencillamente porque lo de Nadie, me traumó. Pensé que podía volver a ser así, que al ver a otra persona por la que sentí rápida afinidad sexual online, luego me bloqueara como con él de nuevo, en el cara a cara. Pero no. Eso no pasó. Si le reconozco los cuatro días felices al último truhán es porque parte de esa felicidad estuvo ahí. En mi recuperada desinhibición completa, que se frustró en aquella noche de junio, por la fría distancia y las barreras autoimpuestas.

Y no. No fueron lo que tenían que ser para engancharme, esos cuatro días. Pero yo soy paciente, cuando amo. El problema es que no habrá una segunda vez. Ni con Nadie ni con el imitador de este.
En esa segunda ocasión, podría haber crecido la historia o haberme decepcionado. Pero no lo voy a saber porque he perdido totalmente el interés. Con eso sí que ya tengo claro que mi actitud y personalidad están bien. Muy bien. ¿Me mientes? ¿en algo importante que has estado ocultando desde el primer día? Adiós. No espero a la segunda.

Ni quiero tener que aguantar que me mientan. Ni tener necesidad de hacer preguntas porque me hacen pasar un mal rato desapareciendo día y medio. A nadie le voy a tolerar ya jamás eso. Y menos cuando no soy yo la que busca ese tipo de relación, monógama y estable.

Quiero que me quieran follar, tierno y duro. Y que me lo sepan hacer notar, el deseo de comerme, para no perder el tiempo ni errar el tiro. Que conozcan la manera de llevarme a mi estado más desatado y cachondo, deshaciendo las ligaduras y resistencias a mostrar el lado más íntimo y valorado de mi sexualidad. Y eso se consigue con la práctica, que ahora se puede adelantar, y mucho, en un chat en Internet.

Me enreda esa manera de aparecer y desaparecer que tiene, es una especie de encantamiento, el que tengo con eso. A veces me ha hecho enfadar, por ello. Ese orgullo, esa chulería... decididamente me pasman. Pero lo bueno es que pienso con malicia, acerca de esto. Con destapar ciertos talentos que le bajen los humos. Y que luego él demuestre esos suyos que me cuenta, también para bajármelos a mí. A golpe de lenguas, va a ser la competición. A ver quién de los dos sabe apreciar mejor el postre.

Encima eso. Este tipo de analogías. Lo que puedo aprender. Y un claro defecto que tengo es que siempre he cocinado para conquistar yo. Jamás nadie me dio a probar nada que fuera motivo de conquista para mi estómago, preparado por sus manos.

Quiero delante del espejo ser sometida por él y que me pida que sea su puta. Y quiero comer con él en la cama. Y hacerlo sin parar un día entero. Esto ya no solo porque puedo y lo deseo, sino porque me ha retado, el insensato insaciable.

Es esto. Tener a alguien en mente para el próximo maratón de amor y sexo. Dure lo que dure.

Hasta la siguiente etapa.

Hasta la siguiente luna...

Delante del espejo, soy yo resurgida.




28 dic 2020

La chica de los ojos grandes.

 Las cosas que me dijiste... 

Las cosas que me dijiste son las que no puedo olvidar, maldito.

Sobre mis ojos. Sobre mi cuello lindo. Leer que no te sacabas a la Reina M. de la cabeza. La cagaste tanto... Y lo sabes. Lo de que estaba bonita a tu lado al despertar. Hasta aquel momento bajo que tuviste. Todo. Tu manera de mirarme y de negarme tu mirada también. Sabes que no fuiste inocente y que cruzaste la línea. Sabes que si te hubiera abrazado antes de irte, cuando me pediste que no lo hiciera para que ella no me oliera, hoy quizá estas amargas palabras no serían escritas.

Sabes que huiste del segundo encuentro y que yo no esperaba que tú me dieras la esperanza sobre eso, cuando lo hiciste. La has cagado tanto. Es mi sueño, mi percepción, lo que quieras. Quizá mi nuevo y personal, por fin, duelo por el amor perdido que se aleja. Y dejar atrás otro muy largo, de una pérdida sobre cuya desgracia no tengo yo responsabilidad, al menos no en exclusiva, y que pasa de los veinte años, con la Gran Mamba.

Pero definitivamente este es mi sitio personal. Aquí es mi punto de vista y mis fantasías, donde transcribo lo que me pasa por la cabeza. Escuchando otras historias en canciones o leyendo cachitos de vida de otros en las redes.

 Es tan injusto que seas tan cobarde de no paliar el dolor con un contacto agradable, que no sea áspero para mi alma. Que cuando no sea el silencio, porque te reprocho tus mentiras, sea comunicar que me voy de ti, enamorada, y contestes entonces. Pero me odio por disculparme por entrar en tu vida o por irme del modo en que lo haga, así sea envuelta en ira y llamas. Porque tú no eres mejor. No eres capaz de disculparte, por entrar en la mía y querer ser menos responsable de lo que lo fuiste en este amor que nació en mi pecho y mis entrañas. Todo lo basaste en aquella sentencia:

<<Lo que surgió entre nosotros habría surgido igual>>

Ahí ya no hablabas sólo de compartir en encuentros sexuales, y lo sabes. Todo.
Lo sabes.
Como yo supe, sin hablar. De la tragedia del momento intenté sacar un bello recuerdo y todo se malogró y tuviste que volver a definir. ¿Pero el qué? ¿QUÉ IBAS A DEFINIR en diciembre, seis meses después de estar mintiendo. Y otros seis más dejaste pasar hasta que te mostraste sin careta. Dolió y mucho. Pero me redime en mi ingenuidad perpetua, aunque eso tal vez signifique que eres un gran comediante. 

Tragicómico mío, mi amor. Siempre recordaré por qué escribo otra vez. Esa es la diferencia sustancial. Y que a ti te digo que no sabes en realidad nada. Pero de mí. Pero porque no hace falta para saber todo. De lo otro. De lo nuestro.

Todo esto lo sabes, como cualquiera que haya podido juntar cuatro piezas de nuestra historia, mi montañero. Mi Nadie.



27 dic 2020

Nines y el dolor.

Ya no soñaba con marcharse con él hacía meses. Lo que hacía del despertar una laguna de melancolía que la mantenía unos minutos en la cama, pensando con los ojos abiertos mirando al techo. Tedio. Aquello era tedio porque ni en sueños ya podía escapar de la tristeza. Después de esa especie de meditación absurda y de auto mentalizarse para aparentar ser una persona funcional, no un alma en pena sin motivación ni ilusión para seguir con su vida normal, se levantaba de un salto para cambiar de chip. Lavado rápido de cara y café. Sonrisa para quien ya no amas pero a quien no quieres desde primera hora del día con su mirada de lástima puesta sobre ti como una pesada carga. No sabe. Si acaso la rumorología. Pero traicionó nuestra confianza y ahora tiene que aguantarse la intriga. Las ganas de preguntar "¿Quién es, de quién te enamoraste? ¿A quién dejaste por hacerme infeliz como tú también lo eres?". 

Y si no se materializa esa pregunta es porque él es más cobarde que tú. Porque te echaste atrás, después de pedir el divorcio y cesar un tiempo de compartir espacio. Pero él jamás se irá. Prefiere el colchón y sus líos y devaneos de siempre. El pago es verme entre sombras. Irreconocible.

"Si ya no te sueño, ¿cómo hago?" - se pregunta Nines. -"Porque ahora he de olvidar que estuviste en este pueblo, que nos amamos un día a escondidas y que luego te fuiste con ella. Cuando salió otra oportunidad laboral lejos de aquí. Porque te dije que él era un gran hombre, que me daba cariño y comprensión. Aunque yo sabía que te herirían esas palabras, porque también me dabas cariño y comprensión. Además de fuego y ternura, pasión desbocada que no puedo olvidar. Pero lo omití. Te fuiste de mi vida, no sin rondar la taberna y sufrir unos meses, esperando que me decidiera, mientras tomabas vinos a veces con el ebanista y le mandabas recuerdos para mí, al despedirte. Era tu manera de decirme que me esperabas. Que lo dejarías todo. Olvidar que no vivimos este amor por mis mentiras, omisiones, silencios..." 

Ahora ya no sueñas con él, que era la mirada en el alma clavada, el sosiego. Ya no sueñas que lo vuelves a ver y te abraza y te besa. Y que te dice: "Ya pasó, te amo, deja que te toque...", mientras desliza los dedos por tu cara y se emocionan esos ojos negros suyos. 

Ya no sueñas que es el chico rojo, malote y cabroncete con buen fondo, que siempre estuvo buscando una mujer como tú y que lo pillaste viejo, retirado y resabiado, con la buena niña pija que llora mucho y por eso mama. Lo contrario que tú. Que eres la mujer de su vida, en tus sueños. Porque en tus sueños el dolor de Nines es vívido, intenso. Pero también los reencuentros sexuales que son fantasía y magia pura. El goce de quien sabe que latir con quien amas es el sentimiento superlativo. Y esto es en lo que te refugias y a lo que tienes derecho: a recordarte que eres la mujer de sus sueños a la que tú misma no diste una oportunidad de ser feliz con él...


 (Leer la entrada relacionada: El montañero insomne)


26 dic 2020

La superfamilia.

 Vivimos tiempos muy difíciles para todos. Para mucha gente la dureza de la pandemia que asoló este año que acaba, 2020, está siendo devastadora. Unas personas sufren pérdidas humanas cercanas. Otras tienen graves enfermedades, que no están igual de atendidas por el colapso que el virus está provocando en el sistema de salud. Muchos seres y muchas familias están afectadas por pérdida de empleo, poder aquisitivo e incluso de la vivienda en la que se guarecían, en estos días de Navidad como en los anteriores, pero con el agravante de una tercera ola de contagios atemorizando a la población mundial, con cada parte de bajas, ingresos, nuevos contagios y altas diarios. Que se ha convertido en cotidianeidad. Es escalofriante.

Medidas restrictivas sociales, con el fin de evitar que el contexto de incidencia extremo aún de contagio en el país, afecte a las campañas venideras de vacunación. A las que no podemos resistirnos; espero que no nos resistamos al remedio más temprano, porque esta sociedad se desvela como ferozmente individualista y más fan cada día del "cada perro que se lama su cipote".

Tras leer en el antro hace un momento a una amiga enfermera que la gente, no sé en qué medida ni porcentaje, -pero tal y como está el tema me da lo mismo 8 que 800 que a los ocho los entrullaba-, está saltándose las restricciones de reunión con no convivientes, he sentido una indignación de esta que enciende rabia.

Coincide esto con la llegada del tío de mis hijas con su novia a la isla. Desde la aldea. Nunca antes vinieron por Navidad, en doce años, siete que tienen sus  sobris, las Mambitas. Esperan al peor año y me dice mi ex que para poder llegar han pasado por Oviedo y Gran Canaria.


A veces TODO lo demuestra el tiempo. Un cambio de aires y de perspectiva. 

Y ante ti lo tienes. Es amargo pero se aleja de mí el aroma. 

El de los superpoderes de esta gente. Que son más que el resto y hacen cosas osadas cuando no toca.


25 dic 2020

Ayer preguntaron por ti.

 Fui a buscar a las mambitas porque papi estaba atendiendo un asunto de asesoramiento jurídico urgente, e hicimos tiempo en una cafetería de cerca del cole hasta que llegó. Es su semana pero nos organizamos si él no puede. No siempre ha sido así. Pero no era el tema.

Ellas tomaron sus jugos de naranja pequeñitos y un dulce. Sí, fatal, no comment. Malamadre y ya. (Ja.Ja.Ja.) escribiría ahora mi mambita mayor (que es la primera que salió pero tienen la misma edad), porque pone puntos entre las palabras cuando me envía mensajes por WhatssApp (y quiero decir que yo aborrezco este hábito ADQUIRIDO, PERO BUEH ♪Malamadre eee♪s, ponle un verduguito♫ que se va a enfriar♪  Y ole la chirigota de Cádiz de mujereh guapa)

Me estoy desviando de la cuestión. Que fue que hablábamos de que a la novia de papá hay que hacerle caso y obedecerla igual que a papá y mamá y la mamba segunda preguntó que si contigo también. Y entonces les conté a las dos. Una expresó más sorpresa que otra. Pero las dos dialogaron con confianza y naturalidad. Jamás volverá a suceder esto. Saben que tengo amigos y amigas que me gustan. No suelo decirles sus nombres. A veces preguntan. Soy escueta y les digo que es mi vida privada. Que ellas también tienen vida íntima y han de preservarla, excepto si tienen miedo o un adulto les dice que no deben contar algo a mamá y papá o que guarden un secreto con esa persona solo. 
Apenas sabían. En absoluto se trata de estar en la vida cotidiana ni muchísimo menos. Pero sí que tuve una conversación con la mamba peque en previsión de irme de la isla, para tantear a mis hijas y sus opiniones. Obviamente porque para mí son lo primero. En eso hay una diferencia sustancial siempre. Con todos. Lo siento, es así, las he parido yo. Una muy clara en el caso que me ocupa y al que me refiero, es que en poco tiempo me bombardeabas con fotos de ellos que ahora que lo pienso está fatal.
Ayer estuve borrando todas esas fotos. Todas. De calentones y de partes de vida que no son mías y no tengo ningún derecho a tener en la galería de mi terminal móvil. 
Mis mambas hace tiempo que las comparto poco. Lo imprescindible y a la buena gente que sé que lo es. El que más las ha visto ha sido Mr. Writer, y es porque es el mejor persona de todos, sin duda. 

Son tan especiales, mis hijas. Tienen un vínculo tan bello, aún cuando pelean. Pero aunque es de justicia y sería lo normal, no, no es amor de madre, solamente. Mis mambitas tienen una solidaridad entre ellas que es especial, que enternece y da esperanza en el mundo venidero. Es el twin power, quizá. No sé de dónde procede. Pero está en sus ojos, en los de ellas. A mí me guían, pues por sus ojos identifico rápidamente su estado de ánimo, mejor que viendo una sonrisa o, al contrario, un morro torcido o largo de aquí a Madrid.

Veo que, al menos en mis relaciones con los hombres, pues con las mujeres estoy muy verde aún, esto ya va a ser un continuo descarte, una especie de ensoñación, cuando conozca a alguien que me atraiga, en la que suena de fondo Blas Cantó:

♪♫ÉL NO SOY YOOOO♪♫♪



22 dic 2020

Da igual el porqué.

 En lo esencial, no estabas equivocada. El trato paternalista. Omitir cosas o peor aún: contestar con evasivas o directamente mentiras, a preguntas directas. Y será una generalización, pero es lo de siempre.
Una pareja que no se comunica no puede ir bien. A no ser que en realidad se sea compañero de vida, que es bien distinto, y que cada cual de los componentes haga la suya de manera autosuficiente y aparte del resto. Que lo hay. Vaya si lo hay. He visto no uno ni dos casos.

Entonces acudes a reflexiones y rumiaciones de todo tipo acerca del porqué alguien que no te conoce de puto nada, aunque como una colegial le hayas soltado que le amas al mes de tratarlo por redes, da por supuestas cosas que no tienen nada que ver contigo. Quizá la suspicacia en este caso parezca fácil de apartar, en el sentido de que quizá no sea así, quizá sea más simple que el mecanismo de un chupete y tira por lo más fácil, que es mentir. Sin que eso implique dar por supuesto nada de ti a priori. 
Yo puedo entender que alguien acostumbrado a mentir a quienes le rodean, no sea dado a plantearse las consecuencias que esas mentiras que dice tienen sobre quienes le creen, por desconocerle. Puedo entender que flipe, incluso, porque alguien que se siente engañada y tratada como una prepúber por un mujeriego incorregible que va de feminista, trate de entender ciertas cosas y obtener explicaciones de esas que sabes incluso mejor que él que nunca llegarán.
De hecho por eso estás escribiendo cínicamente acerca de los porqués. El cinismo de la puticienta tuitera que a la vez aún sigue aprendiendo de la jungla de puteros. De los que pagan y de los que no. Por mucho que se crean estos últimos que ellos no. Que son tíos a los que les gustan mucho las mujeres, y que piensan que lo que hacen, tratándonos como basura emocionalmente intensa y ninguneándonos como a párvulas cuando pedimos explicaciones, no es tratarnos como a putas que, encima ponemos la cama, por amor. Cuando nos han seducido pensando en que lo fuéramos. Sus putitas. Que calmáramos su sed de ser deseados y de poseer, pero sin pagar. Ellos no pagan por sexo, y piensan que es más digno el trato que dan a quienes usan para paliar el desamor y el fuego fatuo de sus moradas. 
Tal y como mi madre decía a menudo cuando se sentía injustamente tratada. Esa misma expresión: "Es que, encima de puta, ya solo me falta poner la cama". Es curioso, la explicitud del verbo de mamá es un rasgo claramente heredado. Y ese dicho, aunque se utiliza para más situaciones que la puramente literal del refrán, encierra mucha miga.

Y da igual el porqué. Es el mismo. Ahora entiendo tanto a mamá que duele no haberlo hecho antes, por imposible que fuera.





Desde los cimientos.

 Olvidando rápido. Mucho. Sabes el motivo que a él le concierne, porque si no te hubiese mentido en lo tocante a su libertad, todo lo ocurrido después con otros amantes no habría sucedido. Al menos no en los mismos términos y aunque a él no le importara. 

Ya desde agosto de este año, mes en el que dejaste aquella ciber-relación con otro casado de los que no follan con su mujer hace años, prometiste que nunca más con tipos así caerías, si no era pagando, claro. 

Esa persona con la que sufriste el último flashazo del enamoramiento temprano, mintió, te engañó. No estaba divorciado. Separado tampoco, ni siquiera eso. Después de un par de semanas muy malas tras el descubrimiento, te refugiaste en amigos, en los de tiempo atrás que siempre han respetado tus decisiones y que no te juzgan por ser como eres, porque les gusta, además. De manera que ha pasado el nubarrón. Y del amor fugaz que te hizo feliz, queda el recuerdo de cuatro días intensos... que deberías haber cobrado. Te ha chuleado y por novata. Lecciones de estas quedan un montón por delante, tendrás que tropezar, y mucho aún, en esto del ejercicio. Porque no es terreno fácil, hay mucha competencia y también mucho jeta desalmado, que combinado con una puta ingenua y enamoradiza (TÚ...) puede hacer pupita... si no fuera porque hay costumbre. En lo de que te traten de puta piedra. Puta y piedra, las dos cosas, porque al parecer tu fragilidad no se ve, está por dentro y hay gente que te ve como una zorra fría y manipuladora. Lo que a priori es bueno, en realidad, para tus planes.

La mentira del amor y lo que acarrea. Piensas que aumentará la desconfianza hacia ciertas maneras de acercarse a ti. Si ya eras incrédula y te ha pasado a menudo que gustabas a alguien sin saberlo, de ahora en adelante menos aún te fiarás de las palabras bonitas y dulces de un desconocido. De un elogio, de un intento de acercarse a ti alabando cualquier cosa de tu persona. Es decir, los que no se atrevían a decirte, se atreverán aún menos. Y los que se atrevan quizá salgan escaldados o escaldadas por tu mochila de los dos últimos años.

Piensas en el duelo eterno y en cómo tu vida cambió de manera radical, sin darte tiempo a asimilar nada de todo aquello. Y eso es lo que ha sucedido. Cuando no puedes hacer otra cosa que espabilar para salir adelante porque no hay nadie al volante de la nave a la deriva en la que se ha convertido el camarote funerario, no puedes pensar en superar la ausencia, ni aunque lo necesites como beber agua. Si tu situación es la de un ser al que le ha caído un volquete de problemas de la noche al día, lo primero es solucionar el día a día de quien no tiene culpa de nada, aunque tú tampoco la tengas.

Un duelo eterno que te tiene harta. Que te entristece más cada vez que piensas en las implicaciones de todo ello, en lugar de correr el velo, cerrar la tapa, volar los miedos y rencores... 

Ya no tienes fuerzas para hablar de viva voz y contar a los que te rodean cómo te sientes porque no entendieron antes y ahora entenderán aún menos. Solo lastima, mirar atrás o intentar volver a congregar.

No quieres lastimarte ni lastimar más. Sabes que eso significa tirar la toalla, pero en este caso, aunque así sea realmente, rendirte ante los agravios jamás reparados, sientes también paz. Alivio, descanso. Piensas que mucho antes debiste callar y escribir. 

Y vivir. Buscar el calor de la piel, que no necesariamente el amor. Quererte a ti misma es claudicar en el empeño de hacerte comprender por medio de la lengua oral. Ni bien ni mal ni regular, no vas a sacar a nadie de la autojustificación, no digamos ya de la autocomplacencia, de una parte de ellos y ellas. No es posible porque de repente verían, tras quitarles esas gafas opacas y llenas de mierda que llevan, lo mal que han actuado y cómo se desentendieron de lo que fueron últimos deseos y peticiones, de los asuntos pendientes de ella.

Es el peor desengaño en la vida y en esas edades. Ver de primera mano el egoísmo y la insolidaridad de los tuyos propios es la semilla de la desconfianza bien plantada. Y que pega fuerte, con tremenda raíz, verdaderamente difícil de arrancar del corazón. Esa será la base para las futuras relaciones personales. Te marcará, es inevitable y no sirve recordarse una y otra vez que tu experiencia no es extrapolable. Para esto no sirve. Se desarrolla la suspicacia sin que te des cuenta del vertiginoso crecimiento.

Por eso él te da aire y te insufla calor. En cada aparición que hace. En cada palabra quieres creer que hay verdad. Pero ya no escudriñas, sus intenciones. Los dos sabéis por qué estáis a punto de ignición siempre. Te gusta que te desee y le deseas. Y ya estás preparada por si desaparece. O no cumple con lo prometido de follarte a cuatro y hacer que te corras varias veces antes de que lo haga él. Ya no crees en nada y no esperas nada. Así, si un día ocurre, será un gran día...sorpresa. 

No quieres amor vacío de deseo ni tampoco deseo contaminado de amor, por lo que pueda pasar.

Se te juntó el duelo sin resolver, en 2019, con el duelo de saber que lo de Nadie fue un engaño de un cobarde y aquello te partió en dos. Le dijiste que no era posible que eso pasara. Que peor que mientras ella se moría, no podía haber nada. Te equivocaste. Pero lo peor de la equivocación fue que él se pensara piedra angular e indispensable en tu dolor. No sabía nada de lo que te ocurría ni de lo que ocurrió después de verle. No se lo contaste, como no le cuentas a nadie las cosas atroces de verdad que te han sucedido, para no dar pena. Pero igual se la diste, o eso crees, para explicarte su conducta lamentable. Estuvo meses sin cortar por pena o miedo. Y hoy odias ese egocentrismo insolente, te parece una persona gris y falaz, además de muy poco maduro.

Ya es bastante con un duelo sin superar y con una vida patas arriba. 

Lo bueno es que todo se puede ahora armar mejor.

Desde los cimientos.





18 dic 2020

Al rojo.

 De la pasión o de la ira desbocadas.

Un buen día las proscribes, en tu camino. A la primera porque te incomoda recordar que existe, que tú la conoces muy bien pero que hace tiempo no la frecuentas. A la segunda porque con cierta periodicidad puede resultar hasta atractiva en no pocas personalidades, (me acuerdo de los "¡A la mierda!" tanto de Fernán Gómez como de Labordeta e incluso el de "Puta España" de Rubianes y qué grandes todos ellos), siempre y cuando la periodicidad no aumente mucho la frecuencia, En ese caso los amargados nos sabremos tales porque nos lo dirán. Y hiere, dependiendo de quién venga, además. porque habrá personas cercanas que lo dirán tomando distancia "prudencial", no verbalizando, como los otros que te importan un carajo. Esas que saben porque les has contado ya los motivos de tu ira o estado.

Pero esa otra, digo: la ira que provoca el enfado pero lleva al calentón sexual, esas bajas pasiones, ese otro estímulo que prende también en mí. Acabo de descubrirlo hace relativamente poco. Siempre había asociado el sexo lúdico, o que más a mí me gusta, con la chispa del humor.  La ternura y el deseo junto con las risas en el top de mis gustos vainilla. Pero divorciarse, soltarse la melena y conocer a otras personas sexualmente, -cosa que me he negado a mí misma por creer no necesitarlo durante mucho tiempo, con mi ex,- trae como consecuencia liberar a la bestia. Y mis apetencias hoy son mucho más amplias y variadas que hace dos años, cuando estaba haciendo aguas mi matrimonio.

Mi ex es divertidísimo, tiene talento para el humor, inteligente, con buena conversación, guapo y buen tío, de hecho es alguien que me despertaba infinita ternura. Aparentemente todo. Para ese modelo de fantasía blanco, en mi cabeza.
Hoy es el día que veo ahí el problema. Que acostumbrados a reírnos tanto juntos, pero hasta el punto de que con nadie me he reído como con el padre de las mambitas, le he pasado muchas de tolerarle a su familia que, injustamente, yo tolero menos mil en la mía. No les consiento una mala palabra de él ni aún hoy. Yo tengo legitimidad, ellos cero. Pero, como decía, cuando llegaron los verdaderos problemas y el rojo, y el desbordamiento, y la mala salud, las risas dejaron de sonar. Y sin risas se murió nuestro deseo sexual detrás. Así de drástico y de trágico.

No tuvimos en ningún momento, (al menos a mí ni se me pasó por la cabeza, eso lo tengo claro, pero la comunicación fallaba ya hacía tanto tiempo, que no sé ni si a él se le pasaría) la pulsión de transformar las broncas en reconciliaciones follando. Nosotros éramos más de reconciliarnos primero y follar después. La cuestión, hablando de mí en primera persona, es que ahora claramente hay muchas otras cosas, aparte de las risas que me estimulan en una pareja sexual.

Nada es excluyente, pero sí soy muy escéptica en cuanto a encontrar todo en una persona, el amante que se consideraría perfecto. Me hace sentir bien, de toda esta evolución, recuperar mi desinhibición, que estaba sepultada tras un montón de inseguridades y miedos. 

He llegado a pensar que mi vida no podía ser de otra manera. Que me lo tenía merecido, acabar a la inversa de mis planes de juventud. Enclaustrada en mi casa y tutelada por todos.

Me he mirado al espejo muchas veces con desesperación, por los cambios abruptos, por no ser fuerte para que no me importara mi físico o no me afectaran los comentarios insensibles.
Hoy lo he logrado, de momento, otra vez. Porque llegan mis años de declive, como a todo el mundo le llegan, antes o después. Pero me siento segura de mí misma y resulta que ha sido haciendo lo contrario de lo que le predicaba a mi hermana, sin ir más lejos. Ella, al igual que yo con mamá, me ha enseñado muchas cosas a mí, no solamente yo a ella.
El despelote me ha traído la sorpresa de gustar mucho más de lo que yo creía posible y eso me ha ayudado a darme cuenta de la obviedad (de nuevo, ya digo que volvieron o nacieron complejos que no tenía desde los diecinueve años): habrá a quien le repugnes siempre y habrá otra gente a la que le gustes mucho.
Tu vida no se acabó en él. En aquellas palabras que fueron matando tu amor y tu deseo. En todos aquellos posos educacionales que teníais y a los que no dabais importancia años atrás. Con la crianza eso fue la Casa Stark contra la Lannister. Y no hay más. Choque de misiles y unas maneras de crecer en familia absolutamente dispares. Quedaron sepultadas las ganas de seducir, llegó incluso el rechazo...

Pero no es él el único que te puede querer. No digamos ya desear.

El rojo sigue prendiendo, tu corazón y tu sexo vibran aún y mucho.

-.2019, el año del rojo pasión, de luz roja de burdel. 

Sí aprendí mucho de Nadie. Me refugio como nunca en la música, aunque siempre lo he hecho. Cuando los impulsos que no controlo traen después el gris de las nubes, me curo, me sumerjo, nado en un océano de músicas que son bálsamo para mi dolor. Igual me pasa con el blog, claro, que lo retomé por él y aunque hoy despierten ternura esas ensoñaciones en las que me recreé mandando cartas a un Nadie basado en Él, pero que no podía ser Él, simplemente porque Nadie es todos. Es una amalgama de hombres que me hicieron la mujer que soy. Hoy echo la vista atrás y leo las cartas XII y XIII y veo el lirismo, que no sabría decir si brotó de sentimientos reales. Sé que estaba destrozada desde septiembre, aunque en junio ya vi que no me amaba, a pesar del espejismo de julio y la vuelta a la pasión y a estar presente en mis días felices. Pero septiembre fue un mes terrible, para mí.

Las cartas y todo lo que trajeron asociado, de la necesaria continuidad y la prolijidad textual que hacía tanto tiempo no tenía ya, como bloguera. Y descubrir que era lo que necesitaba. Para sanar.
Y para hablar de ese rojo. Ese color de mi vida.



"Algún día será esta vida hermosa y me someto por ello a tu voluntad"

"Donde hay dolor, habrá canciones"

13 dic 2020

Conjunto de factores.

 Las circunstancias. La filosofía orteguiana, que tan necesaria me es para explicar las razones causa efecto que guían incluso las relaciones humanas que coexisten en mi vida. Por tanto no es suerte, sino azar. Por eso digo que no creo en la suerte. Ni en el karma, ni en rollos místico esotéricos sobre el devenir de los acontecimientos porque en algún código sagrado esté escrito nuestro destino y blablabla. Ley de Murphy y tropiezos. Afortunados o lo contrario, que ahí sería donde consideraríamos los eventos más probables como suerte y los improbables como mala pata o gafe. (Este chorreo procede todo de mis rollos y traumas con la probabilidad de los putos orbitales moleculares y la topología de primero de mates de Químicas, pero no me hagan caso...)
La cuestión es que vas tropezando con mayor probabilidad con lo que tienes cerca. Pero en la dimensión espacial geográfica, esto es muy reducido en contraste con lo que posibilita la Red de redes. En definitiva, un cambio de paradigma en las relaciones que vivo pasados los cuarenta y con cierta envidia hacia veinteañeros y de treinta y pico. Pensando que quién pillara este momento y oportunidades con esa edad. Pero con mi cabeza actual, también, lo cual es, en cierto modo, trampa.
Porque a mí me fue negada una juventud, de los veinte a los treinta, que es la raíz de mi manera de vivir el sexo así, ahora, diríamos que con cierto retardo en la explosión del deseo (por no decir que he tenido que reprimir y controlar el explosivo, al principio y al final, pero eso es otro tema). Y se debe simplemente a que durante el momento en el que más se debería en teoría poder experimentar, cuando aún no tienes grandes responsabilidades o cargas familiares, yo sí las tenía. O yo me las eché a cuestas, si trago con la versión de los que se lavaron las manos que tenían mayor responsabilidad que yo. Eso es asunto cerrado que sólo se removerá en Pandora, cuando lo retome. Que no vienen las ganas y ahí ya sé yo que mejor no rozar, si no quiero mentar a la bicha y que venga el super bajón. Es decir: conseguir lo contrario de lo que busco expresándome aquí. Que es descargar pero sin hurgar en lo fresco.

Aunque a ratos pienso que esto es una tremenda estupidez de niña que no quiere crecer. Y ver. Ver que será siempre fresco el estado de la herida. Porque cuando está cicatrizando, de repente, te das un golpe accidental en la pata de una mesa. No en vano, estoy convencida tanto de lo que presionaron para que dos personas que se querían huyeran, como para terminar de detonar la carga que activa el volcán, en los últimos pasos de mi matrimonio. Unos y otros. Siempre presentes como generadores de conflictos o de preocupaciones que "por hermanos mayores", tanto el padre de mis hijas como yo (aunque yo ni eso, hija mayor, no hijo), debíamos cargar sobre nuestras espaldas con un extra de culpa "por habernos ido".

Qué inquina. Qué rencor de buenas y falsas palabras. De desprecios de godos repelentes a la tierra que nos ha acogido, punto de vista este que ni el día de nuestra boda tuvieron de ninguna de las dos partes a bien respetar ni contemplar. Siempre recordaré ese aparte con J.K., flipando cuando pincharon el Himno a Burgos. Y las quejas, hasta en el "Bonito discurso de Alber", sobre hacerles venir aquí a la isla a la boda. Lo mejor es que muchas veces no eran conscientes de las caras de perplejidad a su alrededor, lógicas, al escuchar todas estas bilbainadas de Burgos (porque lo mejor es que J.K. es guipuchi, de la penin como nosotros, y le pareció una patochada fascista, con lo que estuve de acuerdo y apartada a un lado con bochorno por la confusión de los presentes). Cuánto toleré y tragué y qué empeño después una y otra vez, por parte de ambas familias, de hacer lo blanco negro en cuanto a que nos las armaron también el día de nuestra boda. De la que no hay fotos. Y eso sí es una larga historia. En la que me detendré un día a dedicar un post en particular.

Es curioso que el conjunto de factores y todas las veces que unos y otros han intervenido en nuestra relación, ponen en valor esos dieciocho años de duración, contra cierzo y siroco, para ser libres de querernos.

Eso son las Mambitas: el triunfo corajudo del amor frente al boicot déspota de la tradición.

Una auténtica proeza llena de belleza, la historia de cómo llegaron aquí. Y cuando sean más mayores, si quieren, sabrán más. Todo. Lo de su hermano que no fue, también.






12 dic 2020

Aguas cristalinas.

Cuando miras en esos ojos alegres y ves la llama de la vida y del fruto del amor.

Con la calma, como en un bello día soleado, de playa al norte, arena blanca y charca entre balsalto o canto rodado. Esos días en los que los rayos penetran hasta cuatro metros y te metes en la marea con la sensación de nadar entre peces en un acuario. Los días más bellos de mi vida, sin duda, en los que cocimos al golpito un hogar que al final fue un desastre. Pero desastre o no, ambos sabemos lo que nos trajo aquí y la beneficiosa y duradera influencia de la islita en nuestro amor y, en particular, en mi terapia. 

Hará en enero un año que me marché y a punto están de cumplirse dos de mi decisión sobre romper mi matrimonio. Cada día más convencida de la elección que hice. No tanto de haber sido explícita sobre mis sentimientos con ello. Pero todo forma parte de lo mismo. Esta que sangra soy. Muchas veces caeré de puta pena a quien me lea porque ni yo me aguanto. Pero es que de eso se trata. De aceptar cosas que se ven reflejadas en mis textos menos líricos. O alguno lírico y desgarrado, también. Que los hay y que me cuesta releer.

Echo de menos muchas cosas del que hasta hoy por duración y por intensidad de amor es el auténtico hombre de mi vida. Aunque ya no lo miraré más como antes de quedarme embarazada y eso es una realidad inapelable. Que pasó a ser otra relación que de pareja sentimental muy distinta, al ser padres. Cosa que ninguno de los dos cambiaríamos por salvar la relación, si había de ser inevitable como ha sido, estoy convencida de ello. Con nadie tengo tanto amor que invade mi pecho en común como con él.

Cuando llega la calma de la piscina intermareal, en un radiante y espléndido día de verano en el que estás en el cielo, únicamente leyendo tendida al sol y con unos baños desnuda en una playa del norte de la isla, entiendes la sensualidad que emana de querer ser madre aquí. Esa calma serena que te rodea y que es la antítesis de la furia del volcán en erupción. 

Me he rendido a estas aguas, al desamor y a la pasión a la vez. El desamor está fuera. La pasión de mi vida nació en una ciudad de nombre Arrecife y fue concebida bajo la falda del volcán.

Hablé hoy con la mitad del tándem sobre que me quería ir. 

-Ya no.

Y me preguntó entonces por las razones dadas con anterioridad, se podría decir así, solemnemente, para convencerla otro día hace meses sobre ir a otros sitios más grandes con más edificios parques carreteras coches gente. Se había hecho a la idea, -porque la primera vez que lo traté con ella no le gustó nada-, por mí.
Me alcanzan flechas de amor así unas veinte a diario. Algunas con lo cotidiano de verlas jugar o escuchar cómo conversan entre ellas.


11 dic 2020

Quiero borrar.

 Y no puedo.

No es tan fácil como reconocer que fuiste feliz cuatro días y olvidarlo.

Evitas esas escenas en tu mente. Sí. En el pasillo, en el baño, en la cocina, en el sofá, en la ducha, en la cama. No entiendes nada y quieres hacer ver que lo entiendes todo. Alguna vez has pensado en lo que harías de hablar por teléfono: perder los papeles seguro.

Por eso hay que borrar, borrar. O escribir mucho y evitar el tema, compartir los textos pero relatos que saltan por encima del espinoso tema de que otra vez has caído en brazos del amor y otra vez estás huyendo, zorreando con otros y los cabos los has atado sola y como no dice que sí ni que no, ya no hay más preguntas, Señoría.

Lo he vuelto a hacer, lo he apartado de mí. Pero mis motivos tengo y él sabe. 

Salgo a la luz porque tengo el Amor. Las mambitas y mis amigos mecheritos, que soplan la aulaga suavito.

Duele, pero ha sido rápido, aséptico y no es el caso hacer drama de una pavada de las mías. Si acaso autocrítica severa. Poco a poco.

O al estilo canario, mejor:

Al golpito. Borraré.



10 dic 2020

Mi continente.

 La música que escucho, y por eso son tan importantes las buenas letras para mí, con las que yo me identifico, en definitiva, me inspiran para escribir mis pensamientos. 

Para otros pueden ser otras líricas, las inspiradoras, y no entenderme a mí, por ejemplo con esa dualidad polar Led Zeppelin/Pablo Alborán.

Sin embargo yo me deshago con "Si hubieras querido". Me nace bailar y ahí ya está todo dicho.

Pero no iba ahí, a ese continente, el del baile, aunque también, qué duda cabe hablando de la música que me gusta. Sino a lo que sucede cuando una frase en un tema me transporta a un recuerdo concreto. Y de ahí me da por reflexionar sobre conceptos abstractos, como la confianza, que fue lo que me hizo en esta ocasión venir al blog.

Voy a volver a poner el tema que sonaba. porque hace rato que tengo el impulso de escribir pero dudo de la persona que utilizar y del punto de vista del tema. Siempre dudo, cuando escribo, mucho e intensamente. Pero se podría decir que salto a la piscina con confianza, en analogía a mis dotes en el agua, como nadadora y siendo un medio en el que me siento muy feliz. Lo mejor de Lanzarote es el océano que lo baña, siempre lo diré. Y aún con mis dudas, de si el agua estará fría, -eso siempre, por mi intolerancia a las bajas temperaturas-, dar a publicar un post es la misma sensación de agradable el chapuzón, tras saltar desde un risco de Playa Chica de cabeza al mar. Y el vértigo, pero que es adictivo. Si el texto no nace de la tripa, mal vamos. Si yo puliera y puliera antes de dar por finalizado el relato que me trae o el vómito concreto, mis textos no me servirían a mí misma, para ver la evolución de mis estados emocionales.

La pura verdad, incluso cuando no hay literalidad o lo que hago es un relato erótico, basado en hechos reales o que sea producto de mi imaginación, o un híbrido de ambas. 
La pura verdad, disfrazada o no, pero está.

Mas todas las circunstancias que rodean mi vida, que es rica en experiencias y retos planteados desde joven. Mi continente de confianza hacia dentro, para nadar o para dar el salto cuando publico en redes, es más rico que hacia fuera. Por fuerza. Esa chulería que gasto de serie es mi autoconfianza en que me saco adelante porque me las he visto en muchas bastante peores.

Quien me conoce sabe de esa particularidad. De lo fácil que me desbordo y cuento mis movidas cuando tengo confianza, a la vez que si me la quiebran o me siento traicionada, retiro radicalmente a esa persona de mi vida. Es una conducta, mía, que llevo reiterando tiempo y tiempo. Leerme me guía. Y si tengo que rectificar lo hago. 

Ahí no puedo transigir dócilmente con el cambio de conducta, de sacar radicalmente de mi vida a quienes detecto que me pueden dañar, simplemente por desestabilizarme (y al menos de momento, hasta que no adquiera más autocontrol, que voy bien), porque forma parte de mi paz, no tener contacto y no es una actitud sesgada, soy accesible si se me habla con respeto.
Será personalidad trastornada, okei. A ver si algún día se aclaran. Yo no voy a preocuparme ni responsabilizarme de lo que no está a mi alcance corregir.



"Será fácil contar historias para escondernos
Lo difícil será dejar que alguien nos eche de menos
Será fácil romper ventanas para escaparnos
Lo difícil será pasar a verte y decirte adiós
Lo conseguiste, eres el superviviente
Caminas solo sobre tu continente
Y ahora hay sólo silencio
Sólo silencio
Y preguntas al aire
Preguntas al aire
Tan dormido y despierto
Tan dormido y despierto
Porque nadie gritará en el desierto tu nombre
Nadie va a declararse culpable
Nadie piensa arriesgarse a buscarte
En las ruinas de tu ciudad
Nadie"

TU CONTINENTE | MAGIA Y EFECTOS ESPECIALES | IZAL 2013

9 dic 2020

El hombre del desierto.

 Esta es una historia real que no es fácil de creer. Por eso la cuento.

Se coló por mi ventana. Aún hoy me echo a temblar de la posibilidad de haber sido descubiertos, porque verdaderamente esa noche fui consciente de lo sensata y normal que soy el resto del tiempo. Una locura en toda regla, imprudente. Podía haber entrado con intención de rajarme y robarme después de violarme. Era un completo desconocido que se acercó a pedirme fuego al verme desde vete a saber dónde, en la ventana a las tres de la mañana asomada, fumando.

Cuando leo a la gente decir que no folla porque es difícil, o lo oigo, obvio que tengo que callarme, aunque yo no crea que eso sea así para nada, y que el que tiene problemas para pillar, es lógico que pague, lo mismo que el que no sabe cocinar cuando se sienta en la mesa de un restaurante.

Me estoy riendo a carcajadas mientras escribo esto. Pero es que es tan fácil como querer follar. Si quieres, follas. Y por hacer uso de un profesional o una profesional, mientras respetes a la persona y sus normas, pagues por el servicio y te dejes llevar, sigo sin entender el problema que hay. 

Yo sé cuál es el problema real y lo que cuesta verbalizarlo para algunas adalides del feminismo actuales, que han establecido el vínculo indisoluble del sexo heteronormativo como modo de sometimiento de la mujer al hombre. Y de ahí no las bajas. Y no solo te quieren convencer de lo contrario a lo que es, que es bueno que las mujeres vivamos nuestra sexualidad sin ningún tipo de tabú, sea cual sea nuestra orientación y preferencias sexuales, sino que hay una ola de puritanismo que reviste la cosa sexual de repulsión y rechazo. Es decir, que ya no es que pretendan solamente que sólo folle la que lo desee de verdad, como por otro lado es el más rancio estereotipo de la comedia romántica de la sobremesa del domingo, con cantinela moral de fondo "follar sin amor no es bien", sino que encima pretenden con sus hombres de paja normalizar que la actitud de una mujer ante el sexo sea esa. Ya no vale con consentir, ya no estamos hablando de diferencia entre abuso y agresión sexual (que la hay, de grado, soy contraria a esa modificación legislativa, más aún cuando se intenta por la vía de una sentencia que es un mal ejemplo) en el Código Penal. Ya hablamos de derecho a negarse a follar con el marido, que lo tenemos, por supuesto, pero si no follas con él no eres menos puta por mantener la relación por otros intereses, cuidado. 
Es tan Medievo, lo que pasa, que como para contar con pelos y detalles cómo le comí la polla al desconocido aquél que me alegró la noche de sábado sin salir de casa. 

Y claro, esto es algo súper misógino. Que a una mujer divorciada y deseable le apetezca comer pollas. Qué es eso. Por mucho que la polla hablara en francés...



Cautivo y frío.

 Este desamor, que tiende a la serenidad. A buscar ya un equilibrio, ver el lado bueno, la fricción del roce con alguien efímero, que sientes que soltaste de la mano, de algún modo, en la inmensidad de un mar embravecido y en la noche de las redes, y no sabes quién de los dos salió a flote.
Cuando duele tanto haber olido a quien amas en las sábanas, tras de irse y no saber si jamás volverás a yacer con él, como finalmente sucedió en la historia, necesitas un relato digno de Anabel Lee. Para soportarlo. Única y exclusivamente para soportarlo. Ahí es donde los sueños alimentan y ayudan a superar los miedos. Que en el caso que me ocupa es la soledad en compañía. 

Esa es la ironía de la loca. Pensar que de palabra él se equivocaba, o que lo hacía yo. Que es tan jodido como estar destinados a no ser. Porque no nos entendemos si no nos aclaramos. Y en una semana hará un año que pusimos punto final a querer entendernos más.

Y en eso consiste el amor, en verdad. En querer entender y comprender al otro y Nadie cerró la puerta a darme explicaciones, más allá de la absoluta burla en la que después se ha convertido su despedida, al descubrir que estaba todo el tiempo ahí. Pero entiendo aún menos. Porque si yo le puse en un pedestal de magnánima humildad, luego el porqué de esa conducta soberbia, presuponiendo que yo sería un problema [aunque a su vez me admira el tipo de mujeres que le rodean o han rodeado, para mal, si no es un narcisista que se cree irresistible], e incluso la más grave a mis ojos, la que exhibe en redes, en ocasiones tremendamente petulante, que no puedo pasarme a creer. Es, de hecho, una de las razones de los portazos, cuando los doy. Verle en niñerías arrogantes, que diría propias de mí, pero no de la imagen de él en mi recuerdo, conmigo a solas, me resulta muy difícil con el límite claro de que no le pueda ni vaya a decir nada, ni en público ni en privado.

Añoro las risas por los malentendidos y los nervios atropellados, que en mi historia de amor nos sucedió a los dos, después de la carta de mayo. Pero yo lo confundí todo. Las expresiones que recuerdo, que yo pienso se dicen cuando amas. Los momentos que yo pinto del color de su culpabilidad, y donde busco las motivaciones para hacerme lo que más me dolió pero lo más efectivo, dejando de responderme a los mensajes. Dijo cosas indebidas, que según mi imagen de hombre maravilloso y a pesar de lo que él me reconoció sobre su propia deshonestidad, no podían ser mentira. Pero él mismo me lo advertía, aunque yo en mi cuentito vea sacrificio y cautividad de deudas varias.

Que mira que soy pava e ingenua yo y se lo digo a él. Es tremendo esto. Pero cautivo lo quiero, en mi pensamiento y en mi imaginación. De un deber, de un crimen pasional que pago yo ahora. De mil y una putadas que haya hecho o le hayan hecho. De la vida y los estragos del sistema corrupto sobre nosotros, los que curramos. Cautivo y no puede librarse de esas cadenas. Incluso me vale cautivo de amor, de uno mucho más intenso y pleno que el mío, que no alcanzo a comprender en su amplitud porque jamás me lo han dado así, cosa que dudo mucho. Pero acepto, vale, cautivo de un amor como un agujero supermasivo e inalcanzable.

Cautivo y nunca reparará el frío que trajo a aquella habitación de hotel, el miedo terrible al rechazo que desató mi rendición a los ojos que se clavaron ya para siempre en mi alma.

Por eso ya no pido que deje de ser cautivo él.

Necesito serenarme y dejar de serlo yo. De un sueño que solo hace que tema la soledad. Porque hay que sustituirle para que deje de doler que no esté.

Yo. Temiendo a la soledad. Caigo en brazos desalmados.
Vivirás con eso y las letras que inspiras, sin estar cautivo de nada. De Nadie.

* <<Te echo de menos. Pero he sido fuerte. Desde el "portazo" para que no me viérais varios de los que me importáis derrumbarme, cuando el momento era inminente, no he vuelto a leer. 

De hecho estoy bastante aislada, como metida en casa a que vengan los amigos a verme. Y alguno viene, que me da calor. Pero no quiero saber ni estar expuesta a la mecha de los sentimientos. >>


 

8 dic 2020

Nadie, El Ingenuo.

 En la inconsciencia de lo que hacías. Ahí está tu verdadera humildad. Lo que me enamoró de ti.

Esa expresión exquisita y parca que me vuelve loca, la de quien dice tanto con tremenda austeridad y aún así, bonito. Sin florituras. Qué grande y qué inconsciente de eso eres. En qué bagatelas pasas el tiempo, en tu inmensa sencillez. En tu gran generosidad, de dar buenos momentos. Y es como si te marchitaras cuando empiezas a ver que ya no causas ese efecto. Así es. Te marchitaste conmigo, con mi angustia. Yo lo hice todo, llevarlo al final. De hecho tuve momentos de lucidez hace un año, que brillan, están ahí. Mis gritos hacia el interior: "¡Déjalo marchar, lo estás haciendo daño con tu propio sufrir!"

Por inequívoco final, por doloroso como no puede ser de otra manera, cuando amas como yo te amo. Todas esas cosas no sabías que iban a pasar y pasaron. Y yo misma me lo dije muy al principio, en la Carta Magna. Que si no probaba piel y lo dejaba a tiempo, saldría del lío. Ahí no me hiciste caso tú a mí. Porque aquella fría noche, aún con todo, deseaba poseerte y que lo hicieras conmigo. Y no puedo quitarme de la mente tu distancia y mi inoperancia para hacerte bajar a mi lado, de la nube en la que estabas. Cuántos abrazos no te di, que deseé. Ese límite infranqueable, de "él no te ama, no abuses de lo que no ha venido a darte". Ese es el peso terrible de una experiencia que repetiría, una y mil veces, aún sabiendo el desenlace. Porque te toqué, mi amor. Aunque no me besaras.

Eso pienso hoy. Contigo como con todos, que no me creen cuando amo hasta doler. Que son tan ingenuos como para pensar que me estoy fijando en otra cosa que en el alma y en los ojos. Alguno incluso piensa que hay que hacer un examen previo sobre las características de sus genitales. Sí los hay, que encima no ven que soy bisexual y puta, aunque no esté todo el día definiéndome ni me ponga hash en los sitios de la Internete. Pero vamos, que lo de la envergadura de una verga (sí, claro, es adrede, la reiteración) es muy secundario en un chat online. Y viceversa: que si enseño mis armas, todos creen poder enamorarme. Y alguno se cuela, no digo que no. A palos se aprende, o al menos yo no sé de otro modo.

Pero no son Nadie.



7 dic 2020

Lidia, Lucía, Lauras Freixas y Redondos. Carta a ustedes.

 Desear y consentir. No desear y consentir. Desear y no consentir. No desear y no consentir.

La primera es la única aceptable, según el feminismo que acecha a las instituciones para sancionar a quienes comercien con el sexo. 

Hace mucho que no hago esto de tomar un tema en serio, para dar mi opinión. Empeñada en que este es mi rincón de detritus y vómitos y que todo pasa por mi filtro personal, caigo en la estupidez de pensar que no, que mejor no opino, que no puedo ser objetiva. Y me sorprendo a mi misma con un veneno inoculado de fuera, por alguien a quien he querido (aunque él decía que no). Realmente invalido mis experiencias vitales, que son mías, igual que los demás tienen las suyas propias que les emborronan los cristales del ventanal hacia afuera.

Resulta que yo pienso que las dos únicas inaceptables, porque no puedo decirle a los demás qué es aceptable para sí mismos, si no media la violencia, son las dos últimas de esas cuatro.
Y que si se incluye la segunda como inaceptable, pues a tomar por saco la monogamia y la institución matrimonial. Que es la línea de flotación de la homofobia, no solo transfobia, de esa señora que por víctima de torturas durante el franquismo, se arroga la autoridad de la portavocía suprema del Feminismo, con mayúscula y encarnado en su terrible cada vez más Partido Feminista. Ese paternalismo repugnante cuando la conquista del divorcio está más que hecha y vale que es una jodienda de papeleo, pero ¿quién me mandó a mí? ¿No se marchó mi madre la pobre pensando que no me casaba porque eso decía y luego voy y lo hago con más de 30 como una imbécil? Pues a apechugar ahora con la liada, que ya soy mayorcita, oiga, Doña Lidia Falcón.

Porque lo de la libertad lo llevan al extremo de no saber que no desear y consentir es distinto siendo niña que mujer. Y así es el desamparo, también de los niños, que tanto les gusta dejar fuera del sufrimiento y el abuso.
Con la Ley Trans y la transición trans en menores, juegan de manera irresponsable con el concepto de la identidad de género, centrándose en conspiraciones de adultos que quieren transformar su orientación homosexual haciendo cirugía genital. Todavía ni quieren entender que haya personas trans que no quieran pasar por eso. Se entrometen en algo inadmisible. Es delirante y deja a los menores con circunstancias psicológicas de terror por abusos en la familia, vendidos, oiga. Restando credibilidad en función de si coincide o no con los esquemas de estas personas sobre lo que es aceptable, cuando hay una línea divisoria legal clara: la mayoría de edad.
Así que no solo pisan los derechos de las prostitutas y de las personas trans. Es que son un peligro para la integridad y la salud sexual y reproductiva de los pequeños. Y yo soy madre. Y feminista. Sé que no está bien, desde siempre, quitar el carné a las demás, pero como madre me tienen enfrente.

Principalmente, porque tenemos derecho a equivocarnos, es una conquista irrenunciable, si hablamos de igualdad.



La lluvia no borrará el dolor de no tenerte.

 La escarcha en mis venas quema a veces, con tus dulces mentiras, mi amor.

Sé que es mi castigo. Por amar al hombre de otra, a pesar de no habérmelo robado y haber fracasado.
Pero mi frustración está en algo que no está a mi alcance ni al de nadie: ¿Por qué no te conocí veinte años antes? ¿O quince o diez? No por mí. Por ti. Por haberte convencido de que las cosas son mucho más fáciles, en realidad. De que sí, efectivamente: si hay amor apasionado, todo lo demás se lleva mejor. Qué te voy a contar a ti que no sepas, esa es una de las cosas que sabes tú mejor que yo. Sí, por supuesto que hay cosas que no sabes que yo te contaría a ti. Y me abrazarías y besarías al hacerlo, de la ternura de verme recordar milimétricamente los momentos. Tus metáforas y tus síntesis adorables. Sobre tu música. Tu manera de expresar el amor, mi vida.

Escucho:

"Soy el fuego que arde tu piel,♪

 soy el agua que mata tu sed♪

 el castillo, la torre, yo soy♪ " 

y recuerdo cómo verdaderamente me poseía el fuego cuando aparecías y saludabas. Lo feliz que me hacía. No he vuelto a sentir algo así desde hace mucho. Hay algo parecido. Pero no aspiro a joderle la vida a nadie, ya. He tirado un poco la toalla con el amor y solo quiero sentirme viva entre inviernos con chubascos y un poco de granizo. La escarcha si acaso, de cocina, para conservación de la pesca, que estamos en Canarias.

Siempre estarás y no, en mi vida. Y ese es el sabor que queda unido a la valija de los duelos irresolubles o irresueltos. Que lo mismo me da o me da lo mismo. Al fin y al cabo soy lava y no creo que me vaya a ir lejos de aquí. Y tú eres cada vez más viejo y quizá nunca te vuelva a ver. 

Es necesario que afronte esto como una realidad, aún en el caso de ir para conocer a otras personas, como ya ha sucedido. Matar esa esperanza, en un zig zag, en un vaivén de decir que quieres comportarte falsa y civilizadamente, mientras en tus sueños el café de cortesía se torna en escena "Alanis preguntando si se la chupa su santísima en el cine". Y no es plan, digo yo...

Pero sí. Así es. Hacer mofa y befa de: "Adónde ibas, Eva María", que me diría mi madre para tocarme los ovarios, "...con un hombre apaleado por la vida y rajado de vivirla ya, más de cincuenta...¡aay!"

No es irreverencia, transgresión o troleo hijoputa. Soy yo, Sangrando porque no me quiso un traidor mentiroso. Por eso y porque se van sigilosamente, pero igual están huyendo. 

Esas erosiones son tan profundas que cierran lento. Al menos que suelde con eficacia, como decía aquel...


6 dic 2020

Elástica.

 Desde chavala. Con la prueba del cajón, sentada piernas rectas y estirar brazos hasta el metro o la alternativa, de abrir piernas y medir estirando brazos atrás al suelo.
Era algo que destacaba en mi estética, en Clásico, según mi profesora.

Con el paso del tiempo y dedicándome a algo mucho menos glamuroso que el ballet, pero también muy sexy, a juzgar por las miradas de mis compañeros hombres, a los que no dejaba cargar mis cajas para reponer mis botelleros, resulta que tenía una potente musculatura, para currar en bares. Como tampoco los dejaba meter mano en mi orden escrupuloso y metodología de trabajo, so pena de comerse una bronca de salir con los huevos encogidos y el rabo entre las piernas. Eso ya cosa de mi carácter y de que es imprescindible, en una jungla machista como pocas como es la Hostelería, para progresar, si lo pretendes. Para ascender, si has de tener a tíos a tu cargo como encargada, en distintos sitios, y luego, cuando llevas por cuenta propia, no dejarte vacilar por proveedores, ocurre que desarrollas una mala hostia que es típico tópico, en las mujeres que regentan que yo he conocido. Que tal vez sea eso, el ejemplo recibido, aunque no es mi opinión. Algún día contaré la de los gilipollas de Mahou en mi último chiringo.

También se me desgastó, mi bonita espalda. Tanto que tuve problemas y una lesión cervical por mala ergonomía, en la misma cocina de la cafetería del vacile de la Mahou. Concretamente debido a la altura de la encimera y del fogón, bajos para mi talla, en la que me hacía hasta menús del día, con bastante éxito para llevarlo yo, con la estimabilísima ayuda de mi hermana, con 16 años, que me hacía el pase a veces, según llegaba del Insti y dejaba la mochila. Y alguna otra puede contar ella, como suele hacer para vacilar, cuando recuerda la de la plaga de topillos de campo, y mi ataque de nervios por teléfono, pidiéndole ayuda (estaba de camino, recién salía de clase), por encontrarme un ratón en un carro, entre las verduras, que resultó estar muerto...
Pero eso que lo cuente ella, en su blog o donde quiera, que yo a lo que iba. Tuve que recibir una terapia de choque, yendo a fisio. Iba donde una chica que tiene una clínica en la Avenida del Cid, Paloma, maravillosa, que me recuperó un montón de mis problemas de contracturas terribles en el tren superior, que me impedían hasta dormir en condiciones para empezar otra dura jornada de mínimo 14 horas, en ese momento.
Ella fue la primera especialista que me dijo que tenía una musculatura muy agradecida, que recuperaba fácil y que a poco que la trabajara me daría alegrías...

Y si pienso en las zonas elásticas y estrechas que controlo y contraigo como quiero y en latir al unísono, entiendo esa mirada cómplice y pícara de mi preciosa fisioterapeuta. Solo que en ese momento tenía menos de treinta años. La experiencia en ciertas cosas es un grado.

Sin lugar a dudas. 

Yo sé lo que quieren de mí. Y en lo que marco la diferencia.



Tensión superficial.

 Ódiame. Pero así, de esa manera.

¿Te lo digo más claro aún que con esa frase?

Pero ódiame así. Sin poder evitar volver a mí. A buscar que me encienda y moje las bragas con tu manera de manipularme para que quiera follar contigo siempre. Por muy enfadada que esté.

Que nadie sepa a quién me dirijo. Es un síntoma, una causa, una consecuencia. Todo a la vez.

En realidad sí sabe, porque la conexión sexual con él es especial. No necesitas de cosas que con otros sí. Es de donde nace lo que te perturba. Pero a la vez te atrae no saber casi nada.

Y lo que sabes te es familiar. Tan familiar que ni falta hace nombrarlo. En analogía, sería Nureyev. Pero en otro campo importante. Aprendes a ocultar, no sólo porque sea donde converge tu manera de amar, en la protección auténtica de quienes puedan "asociar" contigo, para que nadie pueda dañarlos, si no saben. Es tu sino en redes, tu condena. A quien quieras mucho que no te vean rondar, porque van a por ellos y ellas. Salvo excepciones, pocas, porque cada vez estás menos pendiente de si se lía alguna. Para evitar intervenir y quedar de puta pena, casi siempre yo. Y que quizá después venga la decepción, de que pese lo malo. Para alguien a quien has querido, que los otros dan igual.

Ese es el punto. Distancia controlada.

Y sí, también hay miedo. Pero ya me he desnudado del todo, ante él. Ha visto el que más de mí, literal y figuradamente. Le he hecho ya la escenita mimosa. Ya se ha enroscado la mamba, pidiendo que la agarren del cuello. Ya gemí implorando piel y le he reprochado que no venga a follarme, si tanto le intereso. Ya me he puesto chula y se ha puesto chulo, como respuesta, varias veces. 

Una putada seria. Que me pone. Y que me condena al fracaso una y otra vez en el momento en el que se me pase por la mente lo romántico. Pero contigo no. 

Esa cena en mi mente. Los dos arreglados, el uno para el otro, en una noche muy especial y deseada, alargando hasta los postres con vino dulce.

Y las ganas de que me empotre casi sin cruzar el umbral de la habitación, después de la cena.

Es tensión superficial. Ya la he vivido antes con otras personas. Y es lo que quiero. No tener ni puta idea de si tienes novia o no o de las otras relaciones emocionales en tu vida.

Es una trayectoria de la amistad y la atracción sexual salvaje, paralela, que engancha. 

Pero que no esté todo el rato forma parte de la receta.



5 dic 2020

Salvo el café.

Aquí con leche condensada. Te has habituado porque lo que te ponen a veces en los bares es un aguachirri con regusto a achicoria. Malo como un dolor, y la leche condensada disimula. No puedo ser más amable, siendo que me tira el espresso italiano como forma de tomar café predilecta. Que por otro lado es bastante habitual cuando lo tienes a mano porque trabajaste en ello. Adicta. Pero dulce. Dicen que el buen bebedor de café, ese que verdaderamente lo aprecia como el jugo caro de producir hasta la taza que es, lo toma solo y amargo.

Y esta es tu incongruencia palatal. Aborreces el amargo, adoras el agridulce y el café es tu bebida favorita. Con azúcar, nube de leche líquida o bien chorro de condensada en sustitución de las dos primeras. Pero tu adicción más dura es a una bebida amarga, sabor que odias.

'Nadie' es como el café. Solo es majestuoso, pero aislado de su turba. Has de aprender a aceptar que la persona que te devolvió a la vida por medio de un deseo feroz y dulce que no has vuelto a experimentar, no es como tú lo amas, aparte de su mundo. Y que quienes le rodean tendrán su impronta en él que te hace amarlo así. Platónicamente. Aborreces a esas personas, como a la ginebra, la tónica, el bitter... las otras notas amargas que te hacen insoportable el postre.

Lo peor es lo de aceptar que nunca más habrá piel porque ahí sí hay un engaño imperdonable. Sigues, como te dije, y seguirás, es inevitable, inspirando mis letras. No se secan nunca y es uno de los motivos por los que estás ahí, aunque no quiera o intente a duras y absurdas penas renegar.

Salvo el café. No habrá piel pero sí quiero un café en Madrid. Contigo. Hablar como no hablamos. Y borré tu número. Pero aunque ahora cerré de nuevo, -porque me era necesario, los dichosos límites que necesito no franquear, ya tú lo sabes-, me sabré llegar. 
Porque sé que tú no cierras, me lo dijiste, junto con lo demás que me dolió y por lo que no te has disculpado nunca.

Tal vez. Con el café. Bien amargo.



4 dic 2020

Sigues soñando.

Porque sigues enamorada. De ese montañero insomne, rockero vehemente y antipop, antitético tuyo en no pocas cosas, pero subido a ese pedestal de amante rey. El que te da lo que nadie sabe, que no ha nacido para ti, por lo visto, aún... Porque ese es el sentir, que sueñas con una idea tanto más platónica cuanto más irrealizable. Que todos te van a dar para el pelo pero que aún nadie nunca ha sabido, salvo a distancia y por conexión emocional, que es lo mismo que hacértelo tú todo, al final.

Y piensas en esos tuits de hace unos días, por la encuesta de Raj sobre contar a los progenitores de las primeras experiencias. Recuerdas que te llevaba ocho años, que te folló dos veces, en dos noches distintas, porque le gustabas y te gustó la primera experiencia completa y la que repetiste aún más. Pero no estabas enamorada. De hecho estabas pilladísima por uno que no cataste. Tienes muchos pendientes, lo sabes. Es lo emocionante de esta edad. De los cuarenta y pico y de estar libre para zorrear. Es que me apetece no cerrarme la posibilidad de encontrar a quien me tome la verdadera medida y me aguante el ritmo. En todos los aspectos, qué coño. También en la estimulación intelectual que me lleve a donde voy y quiero ir. Porque eso es lo platónico. Jamás encontraré a alguien así porque soy una perra antisocial o pejiguera. O una embustera soberbia de mierda, pero que no me apetece y creo que no me aporta nada. Tener a otro adulto conviviendo contigo, conviniendo, inclusive; comiéndote la oreja porque estás zumbada y todo el mundo se cree con derecho a tratar de manera condescendiente, paternalista, como que no tuvieras el chocho negro desde hace ya treinta tacos... ¡Anda ya, que no!.

Estás muy harta de la imagen que proyectas y también de los que hablan de la vida en términos de proyectar una imagen concreta: amable, positiva... en definitiva la contraria a la que tú practicas en redes, el gamberrismo troll. Y que tanto cuesta a la gente entender que es una pose. Un escudo, Un caparazón. Una parodia en sí misma, pues jamás te atreverías a ciertos comportamientos que exhibes en el antro -y eso te parece una obviedad-, por ejemplo, estando en la cola de la pescadería. Pero es que para ti todo eso se sobreentiende. Y entiendes que los demás pensarán igual acerca de su metahumor. 

Me obsesiona una cosa sobre alguien a quien ya no veo en cierto programa. Su metahumor era un misterio insondable por la Ciencia, para mí. Nunca mejor dicho...

No recuerdo muy bien por qué inicié esta entrada y me puse a juntar letras. Fue un impulso. Una necesidad de decir que si crees que puedes darme lo que necesito, te reto.

Porque sigo soñando con que la perversión y la ternura me posean. Era eso. Y que una de las mejores veces que he follado ha sido tan al principio, vamos, el primero, de hecho, que de ahí para abajo. Y que más vale lo malo conocido... ¡QUE NO, NI DE BROMAAA!
JAJAJAJA.


 

Uvas con queso.

 La confusión de una edad. Venir de allí, quedar aún mucho camino por andar y ansia por apaciguar. No querer detenerse a pesar de los palos en la rueda. Quizá una app para follar. Cerca. Sin buscar otra cosa que el contacto físico pasajero, el efluvio emocional. Porque así lo comprendes tú, el juego de la seducción y la piel.

Transgredieron unos límites, hace mucho tiempo. La fuerza bruta y la coacción ya estuvieron mezcladas en ocasiones. En pesadillas y en realidad ya borrosa. Sabes lo que es, la diferencia entre consentir y no hacerlo está re clara.

A cambio de probar la hiel de la repulsión, que es experiencia que no deseas a nadie pero te ha marcado para que con el paso del tiempo, sin curar, al menos que te haya valido para distinguir algunas señales. Que te ponen pies en polvorosa, claro. De ahí tu risa sarcástica con lo de "mujer fácil". Quien ha estado contigo sabe que es todo lo contrario. Que salgo huyendo incluso en las relaciones largas. Que me ausento. Que mi vida interior ocupa mucho porque es una especie de refugio ante el miedo a que me jodan. Mi soledad necesaria. Ese encierro de mi mente en lo que siento yo como todo el mundo siente, su particularidad y circunstancias vitales, que te han llevado a las casillas en las que estás.


Adelante siempre claro, eso lo sabes y es lo más importante ya. Que has aprendido que no se mira para atrás más para hacer sangre de los errores, de los encontronazos, de los traspiés. Que están ahí, pero sólo para echar mano si hace falta, no para regodearse en el dolor de aquellas saunas de llanto.
[Que para qué, que te haces daño y es uno de los patrones típicos tópicos...]
[Que la gente, así, como masa ajena a tu cabeza rumiante, sabes que jamás comprenderá lo del duelo eterno que por roto con violencia ya no cierra].

Yo quiero desearlo todo. El deseo es la medida porque ya he entendido que el amor lo tuve y se fundió con ella en mí y ha regresado. Renació en las mambitas. Entonces de tenerlo a diario no eres consciente. Y me viene hasta bien, la separación semanal porque cuando vuelvo a hacer pedorretas en pancitas de niña mimosa aún que son las dos, lo estoy deseando, lo añoro. Me doy cuenta de mi gran fortuna. De que están a mi lado y de que quiero que lo estén. Que hice algo muy bien, conseguir ser mami, cuando estimé oportuno, que ahí quizá no acertáramos tanto, pero la intención de dar estabilidad siempre estuvo de fondo. Da igual cómo, son Maravillas que he llevado a cabo.

Y los hijos, así como el sexo y el amor, mejor si son deseados con fuerza. Lo merecen. Es la base, para mí.

Otra fortuna es que tengo claro que solo hay un empoderamiento válido y unas líneas que no debo cruzar [otra cosa es creerme infalible o prejuzgarme si caigo, con tanto que lo hago, precisamente, ¡ay!].
Yo consiento porque deseo. Y mi deseo está por encima de la media, me desinhibo en la medida de que soy consciente de esto. De mi aperturismo sexual. Eso es lo que rentabilizo. Que yo quiero más y otros y otras quieren menos. Hay un nicho de mercado y unas características físicas y personales propicias para ejercer trabajo sexual. 

Hay que saltar. Probar las uvas con queso. Pero queso viejo y aquellas tempranillo de mi tierra. O una buena tinta de Lanzarote, apretada, también. Que saben a beso.

3 dic 2020

Sabor a hiel.

Que llegarás a su edad y la superarás. Eso todos los días te dices, desde hace años.

Que te acercas ya mucho y te queman las vivencias que has tenido y no has podido compartir con ella. Para que te aconsejara o echara la bronca, porque "hay que ver qué inocente eres, hija... miedo me da". O para que te dijera todas las cosas que recordaba de su infancia y adolescencia, que le hubiera gustado hacer, vivir y disfrutar y que no pudo. 

Una faz casi clónica, pero muchas diferencias en gustos personales y personalidades muy distintas, marcadas a fuego por el tiempo que a cada una os tocó vivir. 

La piel. Su pudor como nunca antes lo viste. Sufría por el deterioro. Era muy coqueta, a pesar de haber dejado de cuidarse hacía tanto. Solo te quería a ti cerca, pero incluso siendo tú quien le ayudaba a asearse, pasaba verdadero mal rato porque le vieran desnuda. O tu padre o tú, a nadie más quería. 

Hoy eso te hace plantearte cuán injusta has sido, después de sentirte igual de acomplejada por cómo se deformó tu cuerpo con el embarazo múltiple, con papá. 

Las vueltas que da la vida, joder. Ella no sentía inseguridades por los estragos de la enfermedad en su cuerpo estando él cerca. Tú regresaste a esa pubertad de timidez y apuro en las clases de Educación Física, pero a los 36. Porque verbalizar lo hacía, no se cortaba un pelo ni tenía una pizca de empatía, pero peores aún eran las miradas furtivas en que le sorprendiste más de una vez, cuando ya no te decía cosas hirientes por protestar cuando lo hizo. La incomunicación no era ni fue nunca algo que te pueda reprochar, más bien al contrario. En las discusiones de las peores épocas la constante era que no se te podía decir nada. Y así cada vez fue haciéndose más y más grande la bola de mentiras. O más frecuente la omisión de los relatos que debías conocer, por afectarte una decisión aparejada sobre algo.

Y entonces piensas en ellos como clones. Como hombres desastre sin autonomía emocional ni personal que van por ahí haciendo estragos, arrasando corazones.

"Cínicos cabrones, que pasen por caja". No puedes dejar de pensar. 
En que serías, inmensamente rica no, pero seguro que podrías al menos llevar una vida tranquila con tus hijas, si de golpe cayera todo "el metálico" que cuantificado significa cuidar y amar para ti. Qué ironías de la vida o qué mal repartido está el mundo o, parafraseando a mamá: "Dios da bragas a quien no tiene culo". Ella, creyente irreverente de misa al año. La Gran Mamba. Toda una personaje para ciertas creencias personales. Era más de la Virgen, en particular sentía predilección por la del Pilar, y su manera de saldar cuentas con su Dios era ir a la novena esa del madrugón, una vez al año.
Así que, literalmente una misa, a parte de las obligadas, funerales o lo contrario.

Amargo es un sabor horrible para mí. Ni la tónica, ni la ginebra, ni el bitter, por supuesto, ni tampoco siquiera la cerveza. Probar un trozo de hígado del que se impregnó parte del líquido de la bolsa biliar adyacente, pero sin percatarse nadie hasta el plato, es desagradable e intenso. 

Ha quedado mal sabor tras el dolor. Ha sucedido todo lo contrario que con la primera idealización en redes. 

Llegó la hora de Pandora. Antes de describirla en otro sitio donde no me guste su final. Están los vientos aullando y a veces hacen presencia en el antro las letras que no son. 

No han de ser. Sino aquí. Sabor a hiel, eso es aquí. 

Donde reniego de los cínicos que amé. Reales e imaginarios.