13 nov. 2019

Errores de interpretación.


Escribo para mi. En mi imaginación y recuerdos me encuentro a salvo.





Ese es mi objetivo difuso. O debería serlo. No escribir pensando en que me lean porque entonces distorsiono mi realidad vital. Y cuanto más cruda y transparente, más honesta me siento conmigo misma.





Si dirijo mis letras a alguien están guiadas por la necesidad de aceptación, aprobación o incluso las ganas de pisarle las tripas. Pero no lo consigo igual, paradójicamente, y a la vez no es lo que busco.





Tampoco mi identidad, ni un estilo concreto. Rebusco en mis experiencias vitales, tratando de acercarlas porque la realidad supera la ficción, y estoy convencida de que no solo no soy la única que sufre, sino que habrá mucha gente que si llegase aquí se sentiría reconfortado. Animado a juntar sus propias letras, palabras y frases. A narrar lo que le pete y le haga feliz o al menos le alivie el peso.
Pero que se exprese y de alguna manera busque la forma.
Porque quien siente se inspira y es la tabla de salvación en esos momentos oscuros, que abarrotan de nubes mi esperanza y coraje innatos.





Y si puedo sentir inspiración aún para salir a ver la vida de colores que nos ofrece lo que nos rodea, y que nos empeñanos en no ver, escondidos tras el negro sobre blanco, tras nuestras miserias humanas, que se exponen obscenamente día a día, curados todos de espanto, en esta maravillosa, porque yo la amo, sociedad hiperconectada, mejor aún.
"¡Nos rodean astros y planetas, celebra! ¡El océano, RAI" me digo a mi misma a veces, como para despertar el resquicio de entusiasmo inocente e infantil.










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