14 dic. 2019

Suave descenso, hacia el valle.


Subida en lo alto del cerro. Meses aislada, alejada del mundanal ruido. Y sin embargo, esa soy yo. La que se aleja del mundanal ruido, del estruendo de los conflictos vitales que llegan de la mano de la tragedia y la desgracia.





Que te sea tan conocido el horror del desencuentro, que te brote el cinismo a borbotones cuando te intentan explicar desde fuera lo que ha pasado en uno en el que estás inmersa. La osadía de la ignorancia, los prejuicios mas zafios y pueriles, el ego propio pugnando por ganar voz ante otros ajenos.





La necesidad de dar lecciones a los demás por saberte adelantada a muchos en mucho. Sonreír sarcásticamente para tus adentros cuando alguien pretende sin éxito, hacerte daño con su verbo, porque estás pensando: "Ay, cariño, las hostias que te vas a llevar en la vida". Y verlas después. Con estos ojitos castaños que mi madre me dio. Una mini Agus y no me lo quito, quiero dejarlo, pero es una droga, la más dura. Esta jedionda matriarcalidad, que tan malo es ser paternalista como... ¿maternalista? ¿existe eso? ¿será mi puto problema? ¿complejo de gallina guarda pollos?
Es una posibilidad... que me haya enamorado de el único que puede, efectivamente, ponerme en mi sitio.





Y lo que es peor: la carga de frustración que eso me genera, por ver el sufrimiento previo, advertir y que nadie haga caso. Me como la imagen por duplicado y luego me entristezco. Bebo drama. Digo: "se van a enterar", con afán de resarcimiento, no venganza, nunca, porque sé las consecuencias funestas y nunca en mi vida ha sido esa la opción en un cruce. Cagarla, sí, mucho. Pero no por caer en la bajeza de la venganza. La diferencia está en los objetivos marcados, aún a pesar de los medios, que, eso sí, reconozco de antemano que han de ser dudosos en su intención. Ahí radica el problema: éticamente no te encaja con tu manera de actuar y sabes que no te justifica. Lo que haces está mal. Solo que comprendes que es la única manera, rápida y más piadosa, de llegar a la meta. Sí, los grados. Lo que diferencia a unos de otros. Tanta afición al chute de moralina en vena que es la serie del súper-atraco a la Casa de la Moneda y resulta que aún no hemos comprendido la diferencia entre el profe y la poli.





La vida es ironía pura.





Mientras divago he llegado al riachuelo que discurre entre la vegetación salvaje que baja al valle de la aldea.

El amor es lo que inspira la metáfora.





Hay clavos queramos o no.
Hay clavos entre tú y yo.
Hay clavos bajo nuestros pies.
Hay clavos puestos del revés.
Y también
hay flores que al florecer
dan color, y al brillar
iluminan todo tan fuerte
que olvidas que hay clavos.
CLAVOS. ELEFANTES, 2005 'SOMOS NUBES BLANCAS'