1 ago. 2020

La rabia.

Ella aún espera disculpas por cosas concretas que sabe él perfectamente la importancia que tienen. 

Episodios. 
Del chat de WhatsApp en el que hubo silencio de semanas de duración. Una de las ocasiones motivadas, o ahora así parecen indicarlo los hechos, por saber que podía ver lo que sucedía en el antro en torno a las hijas de ella. Es decir, que mientras ella libraba una batalla con personas que utilizaban a sus hijas como arma arrojadiza en una pugna de egos vomitiva, él decidió un día que un saludo de ella, pícaro con foto caliente, cuando pensaba que él estaba solo, era inaceptable porque le distraía con su hija. Aquello trajo como consecuencia una bronca entre los dos por un reproche sobre causar un problema anterior, también con la hija de él y que ella no recordaba y en ningún caso habría sido con esas intenciones.
Ella siempre pensó que él provocó la discusión para que se distanciara, y fue además una de las veces con propósito decidido de no volver, por bastantes días. En la actualidad, sabe a ciencia cierta que él tenía muchos otros entretenimientos en el móvil para que su prole se mosqueara por no dejar de mirarlo. Y ella, a esas alturas de la relación, desde luego no era uno de ellos, pero sí sus visitas de regreso al antro con disfraz.

Así de embustero te veo ahora...

No fueron episodios numerosos, sí muy dolorosos cuando sucedían. Ya dejaba traslucir él con esas conductas la incomodidad que le causaba la relación y la búsqueda de excusas en el comportamiento de enamorada de ella para romper. Incluso aunque no permitiera ese trato y reaccionara. Con lo cual él no se atrevía a dar la puntilla, se habría sentido miserable. Eso supone ella, como última balada...

Todo el devenir así lo ve ella, desde su prisma. Y es inmodificable, ya que las disculpas por tener una ventana, desconocida para ella, a su mundo de conflictos pueriles con los guays del antro, es lo de menos. Lo peor, lo que enciende su rabia y arranca lágrimas, es saber que conocía sus estados de ánimo por la vertiente del camaleón. Escondido y disfrazado, estaba ahí, viendo...
Es imperdonable. Pero ella necesita las disculpas para aplacar la ira que despertó tras descubrir el engaño. No para perdonar, sino porque se lo merece. 

Y él lo sabe. Igual que yo. Así que no cuento con que lleguen, tampoco.

La que no se cayó del cielo.