2 ene 2021

Morbo y timidez.

Cuando una persona es tímida, como es mi caso, la mirada en los encuentros sexuales o los juegos de seducción es la herramienta que suple el descaro de acercarte para llegarte hasta quien te gusta. 

Mirar de una manera determinada a la persona que deseas y amas. Y eso también se apaga, amigos, con las hormonas, los años y las mentiras y medias verdades que acumulan las parejas monógamas. 

Siento regocijo verdadero de ser tan afortunada de haber experimentado eso durante mucho tiempo. Mirarme con mi pareja de un modo concreto y ponernos calientes y saberlo el uno del otro, sin hablar. Incluso con gente alrededor. Nosotros sabemos muy bien, de quienes nos han envidiado, qué han envidiado concretamente. Desde luego el patrimonio reunido no es ni muchísimo menos deseable... Siempre refiriéndome a lo puramente material y financiero, porque el humano que hemos concebido y estamos intentando sacar adelante es un auténtico tesoro de incalculable valor.

En cualquier caso, lo de mis ojos y mi mirada siempre lo he sentido como una capacidad destacada dentro de mis armas de seducción. También tengo el punto débil en los ojos y soy vulnerable a las miradas seductoras, para compensar. Hay varios eventos,-e incluso textos en este rincón de la red que bauticé como eviesfera.com-, relacionados con el poder sexual de una mirada que sabe expresar el deseo de rozar la piel. Él me conquistó con su mirada y con alusiones certeras a la mía. Es decir: me leyó en los ojos. Muy temprano. Eso me noqueó. No me conocía de nada y yo hacía muchos años que no flirteaba con nadie, o por lo menos de manera receptiva, como en esa ocasión. Eso es otra certeza que alumbra mi propia ingenuidad: el que yo creo que no me conocía de nada, como yo a él. Porque rápido le confesé la atracción y que me había fijado de manera superficial, -en los días previos a los primeros mensajes privados-, "en ese guapo madurito que anda con tal o con cual". Y digo superficial porque, claramente, en su ideología o pensamiento político, no me fijé mucho a priori o no le di la debida importancia. Aunque no andaba equivocada y durante la relación quise verlo como discrepancias lógicas y entrañables, por diferencia de edad y salto generacional, pero que mejor no tocar mucho ese idealismo con mi sarcasmo chafalmejas porque la iba a cagar y se iba a enfadar conmigo. Estaba muy enamorada, desde luego, y sus ideas políticas no eran la razón principal. Al menos yo lo veo como más importante para él que para mí, esa afinidad concreta. Obviamente y a los hechos del padre de mis hijas me remito, sin necesidad de ejemplo más lejano.
La timidez de nuevo entra en la historia, esta vez en forma de foto de carnaval. Porque fue la nueva imagen y mi disfraz lo que le hicieron pensar que era novata en el garito, como imagino creía, al igual que muchos otros, que no sabían de la existencia de las "eviadas". No era de un año atrás que llevaba frecuentando el antro, sino que cuando nos conocimos llevaba nueve casi, pero con otro aspecto y perfil mucho más bajo y voyer. Más tiempo que él llevaba, de hecho. La cosa es que yo no lo seguía a él la pista. 
-"Pero ¿quién te dice a ti, boba, que no te llevaba observando tiempo cuando vino a lo de pintar tu avatar? "
Sería como ha pasado con el otro, o con la otra o el de más allá. Y también sería el caso del primero, entonces. Eso lo descartas, de momento, pero ya estás curada de espanto con él. Lo de la doble máscara del "reputado" y mantener la burla hasta que quisiste abrir los ojos bien grandes y verlo tú misma, es suficiente demostración. Es a lo que se dedican precisamente los fanáticos defensores del antro adictos a él, que encima tienen la ocurrencia de decirnos que nos busquemos la vida en otro garito a los que de sobra sabemos de esas relaciones humanas malsanas y bajo cuerda que se dan ahí. A espiar al disidente. O a la puta que le hace gracia a mi marido (novia, maride, amor platónico que no sabe que existes, etcétera de motivos-persona relacionados con celos...) De modo que aparecen nodos y gremios que se establecen como grupos de opinión, con peleas de egos entre "líderes" de cada determinada tendencia de una misma corriente ideológica, en teoría... y sus agencias de información clandestinas junto con una omertá acerca de estas prácticas mafiosillas preocupante. Pero.

Tan viejo como la propia Internet. Esto sí que no es cinismo. Ya en la blogocosa en 2005 cuando empecé a pegar canciones, libros y pelis en una sidebar, junto con mis blogs y webs favoritos de la época, había trolls y pandillas. Pero no se podía montar una bronca instantánea a notificaciones brutal en la cabeza de una persona, al otro lado de un terminal. Es un bombardeo inhumano y abusivo. Y quien acepta esas reglas, una vez descubre que así está montado el algoritmo del antro, para bien y para muy mal, al menos tendrá que dejar de participar en los acosos selectivos y dirigidos, sí o sí. Si te quedas ahí, no lo agrandes, no lo agraves. No alimentes al monstruo.
Tan decepcionante como eso. Como ver una sentencia fijada hablando en plan OBJETIVO BIRMANIA "Los amigos de mis amigas son mis amigos" (cutre tema del pop español como pocos han dado las canciones del verano ochenteras), pero al contrario. Hablando del porqué de las enemistades en el antro. Y siempre, cómo no, como el Gran Cínico que es. Cínico y vanidoso. Siempre pensando que esos hipotéticos enemigos lo son para llamar su atención. No antes ya de que Él apareciera entre tus trastos. 
Es tan jodido porque me enternece. Y eso hace que de vez en cuando vuelva, para ver si está bien, para preocuparme por su salud. Pero tengo claro que sexualmente no podría satisfacerme en un segundo encuentro. Que escribe tales boberías porque todavía sigue impresionado por haber encontrado una verdadera mujer íntegra. Como yo. Que jamás en dieciocho años de relación con el padre de mis hijas él se ha sentido violentado por mi invasión de su intimidad. Ni en el móvil ni en el PC ni en nada. Por supuesto tampoco en su mundo interior, gustos, pensamientos únicos y reservados en lo más íntimo de su ser. Entonces hoy es el día que, entre las niñerías, está esa. No saber que sí, que efectivamente existimos personas, mujeres como yo, que no tiene necesidad de indagar en los chats privados de la persona con la que duerme ni de espiarle y vigilarle en sus redes sociales. Me sea fiel o no me lo sea. Porque el día que yo sentí que se había acabado, tuve claro que me quería ir de su lado y lo terminé haciendo. Y en otras ocasiones perdoné, porque no se había acabado y porque lo nuestro seguía siendo más importante. A diferencia de la última vez con historias de por medio, de las que me enteré a posteriori de decidir separarme. Y que mi ex podía haberse callado pero no hizo, por lealtad o porque pensara arreglarlo reconociendo la verdad después de roto el vínculo conyugal. Pero ya esta vez no se trataba de una infidelidad confesada, sino de que no nos amábamos.
La cuestión es que en las ocasiones en las que perdoné lo hice de verdad. Y jamás me creí legitimada o con el derecho de espiar por haberse dado un desliz previo. Eso siguió como siempre. Jamás he mirado ni siquiera la lista de llamadas perdidas. Nunca. No tengo derecho ni con él ni con nadie que vaya a estar, aunque ya no proyecte una relación en convivencia. Nada legitima una invasión de tal calibre en la confianza que depositas en el otro. Eso no es amor. Y Nadie no puede convencerme de lo contrario. De que no soy mucho más allá que sincera y honesta, pero mi amor, aunque parezca cosita de poco es oro molido y mejor que yo nadie lo sabe. Un poco mi ex, aún a pesar de lo dura que es la tormenta conmigo.
Eso me da un valor como persona íntegra y verdaderamente amante de los seres que me llenan, que me enorgullece. Me hace gran mujer, me puede hacer gran persona, ya que no me lo considero porque me lo haya dicho quien me dañó con desprecio y desconfianza injusta. Sí me hace honesta y coherente con mis propios sentimientos, expectativas y exigencias. Me pongo en valor sobre mis aprendizajes, sabiendo que aún es larga la senda.
Lo que hace también que ya no sea ni quiera ni pueda ser de Nadie. Salvo temporalmente y solo para quienes quieran hacerme sentir deseada como me merezco: como un mujerón dulce y picante que soy, una bailarina con muchos pasos dados y otros pendientes, que quiere ser hervida en las brasas del placer. Cachitos de felicidad para curar la melancolía vital. Que vayan de la mano de un amor frugal, que no obligue sino a saciar la curiosidad y el morbo por la piel húmeda y caliente. Y que siempre haga estos regalos de placer y bienestar. Para lo demás, mejor sola.

Si mi timidez me aísla de los descarados gorrones que chuperretean la teta pero no saben poner duro un pezón ni satisfacer el deseo de ser poseída en la mujer que es puro fuego y lava de volcán, bienvenida sea. Y quizá algo que estaba bien de la historia que acabó en agosto era esto, precisamente.
La afinidad de la timidez de las miradas morbosas.

Acepto que no has querido comprobar cuánto más feliz podías ser.

Me condeno a buscar lo más aproximado a lo que pudimos tener, con otros, a ratos entregados a la pasión que esclaviza al grabarse a fuego en la memoria.