28 jun 2021

Sublimar el deseo.

 Pasa cuando, a pesar de una ruptura o una discrepancia que ha puesto distancia insalvable, entre dos pieles, entran en contacto por azar o casualidad del destino. Es algo que suena banal, superficial, así explicado. Es el lenguaje telenovelero de las venezolanas de Boris Izaguirre. Pero es que es noveleramente real, esto. Yo lo he vivido. Y puede que suene poco profundo o nada, pero quien ha sentido la piel tibia de la persona más amada y deseada, sintiendo reciprocidad para colmo de felicidad cuando la tuya es tan vívida, sabe reconocer perfectamente la mentira o asimetría en eso. Veintiuno tenía yo cuando viví una relación sexual completa de esas características.

Antes, haciendo de todo menos penetración, también me había sentido así con otras personas, con la piel...Y ya había follado antes de esa edad, desde la primera con diecinueve, pero no con amor de esa clase de intensidad y trauma, al joderse todo.

De hecho recogieron mis pedazos muchos, después de eso. Tuve la etapa más promiscua de mi vida. También porque trabajaba poniendo copas y los findes eran de aúpa, no entraba en casa, Mi madre no vivía ya, claro. Hasta que conocí a Giorgio y con 23 senté la cabecita. O algo. 

He vivido en esos dos años de mi vida momentos muy imprudentes. Como cuando un colega de otro colega que no voy a mencionar me llevó a follar a la casa del pueblo en reformas. Épica, aquella cagada, con lo cachonda que me había puesto el día anterior en las fiestas de Valdepez...
Pero tuve dos ovarios bien puestos (soy gilipollas, me podría haber obligado y no lo hizo, por eso de la cultura de la violación o no sé qué hostias dicen algunas estúp**** radfem) pa decírselo, que no me molaba chingar entre plásticos, que lo veía un poco creepy y que mi padre es pintor escayolista; también mis hermanos. Los tres.

Hubo otros a los que rondé y me rondaron y acabaron estampados contra un coche por un imprudente al volante, yendo él por su carril con su moto. Iván, siempre te querré, cariño. Me alegro tanto de haber probado esos besos... cosas de la vida que te sonríen. Es en lo que pienso siempre que le recuerdo: en su dulzura de esos labios, aquella noche juntos.

También mi primer amor intenso de EGB se suicidó. Se tiró a la vía del tren en Fuentes Blancas. Jamás olvidaré el día que lo leí en el diario de Burgos, al poco de abrir por la mañana la cafetería última, en la que me auto empleé, antes de venir a vivir a la islita.




Son todos los que no están en mi vida, por motivos trágicos, unos héroes de mi memoria.

Intocables.

24 jun 2021

Última noche.

El chico de mi primer beso con lengua. Y a decir verdad, muchas cosas más en ese verano de los 12 a los 13. Me quitó la inocencia él. Andoni era de mi tiempo. Nació unos meses después que yo, de hecho, pero estaba aventajadísimo. Me enrollé con algunos tíos de más de veinte, después de él, y menudo desastre. Ni saber dónde poner las manos sin ir directos al pan... Total, que dejó el listón muy alto. Y me gustaba, pero mucho menos que su hermano mayor, que estaba con mi amiga de toda la vida del pueblo.
Se le daba tan bien seducir, al cabrón, que me lo quitó de la cabeza rápido, al otro. Estuvimos año y pico haciendo lo que se conocía en mi época como "salir juntos" o "estar enrollados". Aunque en el pueblo y en esas edades salíamos poco, en realidad. Bajábamos al río Pisuerga a bañarnos en verano y por las noches quedábamos a comer pipas con el tocata en las escuelillas. El domingo, después de misa, al pueblo de al lado, más grande, al rastro, a comprar chucherías, tomarnos una coca-cole, haciéndonos los mayores y así. En el verano que estuve con Andoni ya sí nos dejaban ir a la disco de Astudillo, también.
Hasta que la cabrona de mi amiga de toda la vida, la novia del hermano mayor, llevó un puente a su amiga nueva de FP. Sonia. Andoni babeó al instante al verla y yo me percaté al momento. No pude enfadarme con nadie, ni con la niña. Entre otras cosas porque a mí me dejaba flipada, también. Con su boca tan atractiva, de labios llenos, y su figura esbelta. Sonia era preciosa por fuera y por dentro. Cero malos rollos y muy sana mi primera relación importante. Enseguida él me dijo que le gustaba ella y yo me aparté. Me siento muy orgullosa de mi madurez tan precoz en estos asuntos del desamor. Pero es que era una maravilla ir a la discoteca en cuadrilla el fin de semana, estando con él. A los dos nos encantaba bailar y bailábamos juntos y con todo quisqui, pero luego nos comíamos la boca siempre él y yo, nos buscábamos. Nunca un mal rollo de liarme yo ni él con nadie, aunque vacilar y bailar, lo que queríamos. Y luego, pues es que nos poníamos más cachondos el uno al otro y de manera mutua, por eso siempre acabábamos juntos, porque nuestro sexo adolescente era muy bueno. Me hacía correrme muy fácil, cuando me hacía dedos. Era muy bueno con las manos. También tocando en las previas, se sabía todos mis huecos particulares y puntos débiles. Me agradan estos recuerdos y sonrío siempre cuando pienso en el de Ortxarkoaga, sus pasos de RAP, Bobby Brown y sus pícaras miraditas.

No recuerdo la última noche de sexo con él. Sí recuerdo la última juerga de noche: en la boda de su hermano y mi amiga de toda la vida, en Burgos pero en la Catedral (estos vascos...)
Yo ya llevaba un par de años saliendo con mi ex y él seguía con Sonia.

El segundo que me rompió el corazón, por otra bellísima criatura, en este caso mal, poniéndome los cuernos mientras yo estaba en Santander con mi madre aislada en una habitación de hospital (cosa que la que se lo quedó no supo hasta bastante después), era el delantero. En definitiva, ese gran enamoramiento (aparte de los platónicos, de los cuales dos no he renunciado a empotrarlos, aún...)con sustitución inmediata de mi cariño, sí que fue una puñalada en un momento vital muy jodido. Para colmo, apenas dos meses después de aquello, la Mamá Mamba murió. Estuve años sin casi hablarme con él, y teniendo que tragar verlo a menudo pues era uno de los mejores amigos de mi hermano pequeño.
Pero Paula era preciosa... también. Hoy veo que, además de la cuestión de que ninguna de las dos fue culpable de enamorarse y la segunda menos aún, de que él me engañara, no podía odiarlas porque las veía no solo inocentes, sino preciosas.
En alguna reunión del club escuchaba maledicencias a mi alrededor. Suele ser siempre alguien del entorno que, por tener envidia o mala idea, aprovecha la brecha y el rebufo de los celos, a poco que huela la sangre fresca. Yo las sacaba la cara tanto a S. como a P. A ambas, pero más con la segunda, aún, siendo honesta. De lo de P. siempre vi mucho más desconsiderada e incomprensible la actitud de mi hermano, que me la metía hasta en la sopa, incluso previamente advertido, si podíamos coincidir. Y quizá fuera por eso. Porque ella parecía empatizar mejor conmigo incluso que personas más cercanas a mí, a priori.

Hoy me lo explico, igual que algunas ocasiones en que he sentido vértigo al tener feeling con tías de manera sexual, con las que ha habido tensión y muuuchas caricias. Mi bisexualidad, que tantas veces he dicho medio en coña (creía en ese momento) a mis tíos con sus homofobadas estando en celebraciones familiares o reuniones de varios.

En cualquier caso, la última noche con el delantero estaba él, por tanto, ya siendo infiel a P. aunque gatillazo de él por la borrachera, qué íbamos los dos finos. Hay que ver los fanfarrones y caníbales qué cobardes son en realidad y qué flojos. Y aún así una gran diferencia entre el joven caníbal y el maduro:

A pesar de fracasar, una y otra vez, la última noche, intentar ambos hasta la extenuación dar placer al otro, y conseguirlo por momentos breves, frustrados de nuevo por el odioso alcohol...

Y sin embargo, el otro era como una derrota tal...

Hasta con el mentiroso patológico y cuando ya hallé algún que otro indicio en aquella casa familiar, de puertas cerradas. 
Volver a la isla tan requete follada que había dormido hora y media nada más cuando subí al avión. No era posible dejar de juntarnos, labios, manos... y al mínimo roce ya estábamos otra vez, frenéticos, como conejos, enfiebrados y entre gritos, saliva y flujos.  La cuenta perdí, de la última noche de cuatro.
Que es lo mejor en esta vida. Y pienso en mi alma gemela, Silvi...

No digamos con el padre de mis mambitas,  que además duró años, lo de los maratones, cuando nos daba. Llegó tarde al curro muchas veces, en esa época de la constructora, se nos iba la olla. Así lucía yo, claro, a la orilla del mar. Esta foto me la hizo el padre de las mellis en una escapada de finde a La Graciosa, en el verano de 2009:



Los dos años previos a quedarme embarazada yo estaba permanentemente erotizada. Por el contrario, se pueden contar con una mano los polvos post maternidad. Y no recuerdo la última. Mentira. Pero no lo voy a contar, A alguien lo hice en privado y juro que no recuerdo a quién. Estaba muy nublada y dolida, ese día, eso sí lo recuerdo.

Las últimas noches que no se sabe que lo serán, ese drama de mi alma y de tantas otras que han dejado un lado de su corazón congelado.

Por si alguna vez hay que repasar la historia.

Crees que no soportarías otra última noche como las que se sucedieron: 14 y 17.
Estás segura de que no, de hecho.
Amor embustero y yugo machista fraterno.
Y tantos de esos que dicen no todos nosotros teniendo tanto malo en común. 
Da igual si te hieren porque le amabas y deseabas o si es porque le amabas y transigías con su déspota jerarquía.

Ultima noche en la falda de este volcán.


A mí me da igual edad, mayor, menor que yo... Da igual el vínculo, familiar, conyugal, sexo afectivo, amistoso... Todos me mangonean y tutelan mientras me dicen manipuladora.

"¡Mirando las estrellas es más fácil soñar!", decía Don Manolo Tena.

"¡Llévame, libre y salvaje, llévame hasta el mar!♪♫"


23 jun 2021

Conduciendo de vuelta a casa.

 Sola. Al volante. Con música o no, pero en los trayectos sin prisa, en los que te percatas de la belleza sobrecogedora del paisaje que te rodea.

Me gustan. Disfruto mucho esos trayectos porque respiro y reflexiono. Sobre lo cotidiano e inmediato por resolver. Pero también sobre mis vivencias en un sentido amplio.







Mis últimos dos años. Cómo han crecido mis hijas y los cambios que han sufrido y a los que han tenido que adaptarse. Por el bien de los cuatro, sin duda alguna.
Los amores de mis últimos dos años, desvirtualizados o no. Amantes fugaces, pasajeros de una noche, de cuatro, o de muchas en la distancia. Y lo mestizo: domesticado en forma de personaje de relato en un blog, medio imaginado, medio soñado, medio real...

Un día me sorprendí pensando en si por cualquier cosa leyó M. el hilo en el antro, el que está fijado. Y de ahí mi imaginación difusa y mi sesgo anti ella, empezaron a divagar en una conversación acerca del hecho, madre-hija. Mi disonancia no paraba de ver a una mujer llamándome rebajada y denigrada y a un causante en solitario enfrente, dejando mi carácter de pobre ser tutelable aparte, su padre, por supuesto.

"Ni rebajada ni nada de todo eso", me digo en voz alta a mí misma, como que lo acabara de leer en un story de Instagram, auto confirmando con esa fantasía mi creencia de que así me ve. Una arrastrada.

Sonreír después de hablar sola al volante, en voz alta. Pensar que no te arrepientes, en absoluto, de esos momentos felices. Te arrepientes de otras cosas. No de lo que sucedió que ni él ni tú podíais controlar.

Porque eso no se busca.

Aparece de repente.

Aunque ambos buscábamos, eso sí, al parecer muy distintas cosas.

Yo que me sacaran del ensimismamiento. Él una cana al aire clandestina, como otras veces.

Nada de lo que sucedió estaba previsto. Y se pudrió. Como en tantas otras historias con terceros de por medio.

Ya las razones no interesan a nadie, ni siquiera a mí.





"Qué linda la vista de las Peñas del Chache. Voy a parar un poco en la iglesia de Tiagua, a tirar cuatro fotos al Risco de Famara..."