20 nov. 2019

Verdad revelada, veneno en mermelada.


Bandazos emocionales a -18ºC.





Cada vez más lenta la dinámica del fluido que bombea este corazón viejo y ajado, con su apariencia externa jovial y apetitosa de nuevo, como cuando eran veinte.





Engaño cruel y feroz del máximo amigo buscado y encontrado. Mal hallado.





Media vida y un error. Un error de proporciones catastróficas que me trae la enorme felicidad soñada y me marchita, a la vez, paradójicamente.
Hablar con otras personas que te cuentan sus experiencias. Entender tangencialmente algo que no te habías ni planteado siquiera. Algo en lo que no habías caído que lo explica todo. Y caer en un hoyo. Dormir profundamente; no querer despertar. Ser todo aún peor de lo previsto y elucubrado.





"Mi vida debería ser de dulce", frase pronunciada en un momento de máxima confusión y desamparo. Pensar que era la mochila y ver que no. Que me he entregado a la melancolía, buscando los brazos difuntos de la desesperación no superada.





Y no era eso. Es traición y cobardía, tradición y orgullo, corsé y mantilla. Estate quieta. Las cosas son así y vienen dadas.





No.





Todo está oscuro. Se hace de día y la traición sigue mirándome a hurtadillas, mientras la materia se ha detenido.





Desayuno veneno, las mañanas han vuelto a ser refugio de vampiros y noto la entraña chillando de dentro, llamándome estúpida, para ver si me acojona. Y yo mirando al horizonte sin ver nada.





Hielo.