21 nov. 2019

Cartas sin destino, letras para nadie. (VI)


21 de noviembre de 2019; DÍA 9 SIN SABER DE TI: DEMONIOS Y ESPEJISMO.




Tras el hielo, que vino de la mano del huracán, duerme el volcán. Solo subyace la actividad térmica, profunda, bajo mi piel. Mi sensualidad sublimada, de estado gaseoso a hielo, sin pasar por la condensación del gas, ha frustrado la destila del amor. No hay perfume a deseo carnal puro, todo huele a ausencia, al contrario.





Del deleite del chup chup de la sopa de marisco al plato de plástico precocinado.





Todo monótono a mi alrededor, no podían tardar en aparecer las dudas.





Te busco. En los sitios donde nos picó la bicha de la curiosidad por el otro. No sé, no puedo saber si estás oculto entre las sombras.
La nube de murmullos lo pregona en un rumor constante. Tu ausencia y tu disfraz de incógnito.
Nunca fui de dar crédito a los rumores, pero este me inquieta... por mi propia e innata ingenuidad.





Se cruzó en nuestras vidas una batalla ajena en la que yo me trencé incauta.





Y de pronto, esa maraña a punto de desmadejarse, en los últimos nudos desenredados de mi melena al viento, me susurra que acuda una última vez a tu morada antigua: "Algo se te ha escapado...
Él no sabía que eras una renegada. No sabía que eras como El Extranjero en esa red de vanidades. Que estabas de vuelta. Que eras la hija pródiga.
Que volviste a dejarte abrazar por la brasas, a la desesperada."





Entretanto, entregada a la banalidad del olvido, bajé la guardia.
Mucho. Tu oportunidad no habría estado ahí tan sólo unos meses antes.





He descubierto una grieta. Cegada por el calor del volcán que despertó o confiada inocentemente, cordera colega de lobos, ahora todo es confusión.





Me engañé o me engañaste. Esto es cruel y vano. "No te lo hagas, Rai"





Hay una tonelada de lodo sobre mi deseo. Quiero saber por qué ha pasado todo. No elucubro, busco a mis semejantes: los esclavos del amor y el placer.

La curiosidad innata de la gata, la que la mata.
Entreabrí la puerta, con la esperanza de que rondaras por la entreplanta, porque nada tiene sentido y veo que se me escapan las ganas, que estas manos no pueden atrapar al escurridizo salmón.

No sé nada. Estoy en el punto de partida, reconstruyendo la historia.





Cada vez más confundida, el hielo se agrieta y la cadena del frío tiene fallas y oscilaciones térmicas. Se estropean las mejores cualidades del producto, tal vez.





Con tanto ir y venir y "no me abráis veinte veces la puerta de la nevera", mami...