4 ene. 2020

Carta Uno.


No me pienso engañar más. He encontrado un paliativo al dolor, pero sólo sacia mi sed animal. Es buen hombre, también maduro, sensible e inteligente como tú. Y está enamorado de otras dos mujeres, como tú.

Sabes que si me hubieras llamado lo que te voy a preguntar ahora ya estaría formulado desde entonces, o eso creo yo, es mi única tacha de salvación del naufragio al que me aferro.





Así pues, AMOR, ¿decidiste por mí? ¿Me amas como para pensar que me complicas la vida o cómo es esto? ¿Por qué has roto antes de vernos de nuevo? ¿Por qué achicas agua de esa manera ineficaz, pasando por alto que te amo, que no puedes pedirme que te prometa ser feliz sin ti?

No, Mi Pibe, me habrás de llamar y decirme que no me amás, no que no me preferís, no... ESO NO ME VALE. Para quitarte de mi cabeza y sacarte de mi corazón, nomás llámame y me dices que no deseas acariciarme de nuevo, antes de un adiós definitivo.

Y entonces me iré y sí trataré de ser feliz con una alternativa que no tenga que sufrir mi amargura.