10 may. 2020

Los zarpazos del silencio.


Qué lejos y qué cerca, a la vez. Como el arenal blanco del norte de la isla, la playa incluso bastante virgen, porque así, como que del todo, ninguna queda ya. Hasta me da depre esta pereza de llegarme a la orilla, entrar desnuda en la marea y sentir la libertad a flor de piel que sé que se experimenta. Y que lo necesitas, salir a ver de cerca el agua del océano que cubre, baña y coge la lava con sus lenguas de espuma.
Y ganas locas tienes de hacerlo, realidad, ese sueño de mar hidratante y salitre, entrando en ti, acariciando la piel caliente por el sol, arrastrando los restos de arena de las piernas y del pecho, con el oleaje azul y blanco sobre piso tostado.





Ganas de vivir y cuidar de una misma; de reafirmar y re asfaltar, con piche, en la islita, se le dice, este camino que es el tuyo y el de las mambitas.

Y habrá muchos zarpazos de silencio, porque habrá mensajes de texto que no serán mejor que nada...
Tendrás en compensación la soledad, del pasotismo, la actitud macarra de la vida, la de aquella que no tiene vergüenza... de sentir. Porque así podrás leer, escribir, ver y hacer todo aquello que te gusta que no dedicaste el tiempo que merece, por lo que te aportaba y rellenaba los huecos entre la tristeza. A todo eso lo envuelve el aleatorio de la música que acompaña los días, el quebranto y la alegría. MÚSICA, sin la que no puedes vivir.

REINA MOMO DESTRONADA.





Y respiro hondo, cierro los ojos. Recuerdo...