7 jul. 2020

Seca.

Calima. Cuesta respirar, es aire espeso, cargado de polvo.

Cuesta andar, la sensación térmica del calor con calima es agobio y ganas de llegar al sitio a donde sea que te dirijas.





Calor...

-¿Qué nos pasó?

-¿De qué hablas?

-Recordaba cuando en verano íbamos medio desnudos por la casa, y al mínimo roce ya nos poníamos a follar. ¿No éramos los follarines o algo así?

-Tío, en qué cosas piensas ahora, me estás dejando picueta. Sí, eran unos cabrones, en la cuadrilla, pero puta envidia de que siempre nos marchábamos antes porque nos poníamos a bailar y ya nos liábamos.

-Es cierto, qué risas, también la envidia porque ya vivíamos juntos y con techo no había problema. Cuando otros igual se tenían que ir a un motel. O peor, al club de Tenis con el coche, si estabas pelado de pasta.

-De todos modos, lo que estábamos hablando antes de esto del mote... ¿tú qué crees que pasó?

-Tú a mí me sigues excitando como antes...

-No sigas, por favor, no lo pongas peor, con historietas de Corín Tellado. Y ya sé que si me pongo la tienes dura en cero coma dos. Pero el problema es que yo no me quiero poner a ello. No te deseo. Y tú tampoco a mí, porque me buscarías. Y no lo haces. Te quedas dormido media hora después que las chinis, con suerte. Nuestras cosas en común, nuestras conversaciones, cada día más, son en términos desagradables, discutiendo o siendo condescendientes el uno con el otro, o, cuando es posible y prestas atención, son de tipo profesional, del curro.

-Joder, tía, no es para tanto...

-Esa es tu percepción. La mía es que no nos reímos, como antes. Y por eso no follamos como antes. Tú puede que pienses que no nos reímos precisamente porque no follamos, que también puede ser. En cualquier caso, la conclusión a la que yo llego es que ha llegado el momento de afrontar que se acabó. Que está roto esto y que tenemos una vida por delante, somos jóvenes los dos. Esto no puede ser, porque nos consume. Salvemos la relación, te lo pido, antes de que sea demasiado tarde...

-No puedo creer lo que me estás diciendo, ¿pero tú lo has pensado bien?

-Por favor, no hagas esto, lo hemos hablado... ¡No! ¡no puedo creer que otra vez en el mismo punto estemos! Es el día de la marmota de intentar dejarlo y hablar de ello.

-No, ya sé que lo hemos hablado antes, pero figuradamente...

-¿Qué hay de figuradamente en "nos llevamos mal, discutimos, ya no me río y tampoco quiero follar contigo: vamos a dejarlo"?
¡En estos mismos mimbres han estado las palabras otras veces que he intentado avanzar en esto! ¿Tú eres feliz? ¿Eso quieres para tus hijas, vivir a mi lado, aguantando mis mierdas sin quererme ya? 
Yo no quiero eso.

-Sí te quiero, eres la mujer de mi vida.

-Y tú el padre de mis hijas. Nadie más importante que eso, por mucho que nos tiremos los muebles a la cabeza y a pesar de todo lo que me hagas, nos hagamos. Siempre.
Pero yo no te deseo, ya no te veo como hombre y sabes que yo necesito eso para que funcione. Una vez no hace mucho te dije lo que me pasaba con los gestos de tu padre en la manera de tratar a las niñas...

-Sí, lo recuerdo, por favor, déjalo...


-Vale. No lo voy a repetir, para mi tampoco fue agradable confesarte que me pasaba eso. La cuestión es que no encoge, se agranda con el tiempo. Esto no tiene solución.