11 ene 2021

Verosimilitud.

 Son las 4:00 am. Me quedé dormida viendo las noticias a eso de las 23:40, algo antes de que regresara Flor D. del curro. Me desperté de nuevo a las 2 de la madrugada. Y hasta ahora, que se ha puesto de nuevo a llover y no consigo conciliar de nuevo el sueño.
Así empezó el insomnio hace un par de años, cuando se volvió insidioso. Caía rendida, igual incluso antes de la hora de hoy, acostando a mis hijas y dormida con ellas en sus camas.
Despertar a la una o las dos de la madrugada y no poder volver a dormir.

Los primeros antidepresivos que me pautaron lo empeoraron mucho. En 2019 tuve épocas en las que dormía 4 horas, en 72 que tienen tres días, en lugar de 24 totales con sus 8 horas cada noche. Entonces acumulaba horas de cansancio hasta llegar el finde y pegar una maratón de sueño, cuando podía. Los motivos de por qué a veces no podía, ya no los voy a tocar. He sido muy infeliz en el último año de convivencia y solo quiero echar un manto sobre lo malo y que en el balance pese todo lo bueno, que es muchísimo. Pero no es fácil, es una lucha diaria, con los recuerdos dolorosos y frescos aún.

Cómo yo me siento de plena, a pesar de mi precariedad y de estar en la etapa más dura de mi vida económicamente, en lo personal, haciendo saldo y viendo la edad que tengo, lo sé yo mejor que nadie cuando arropo a mis hijas por la noche y les susurro un "te quiero", mientras las beso. Hoy una de ellas no estaba del todo dormida y ha contestado "y yo también a ti, mami". Y es una inundación tan grande en el pecho que solo puedo pensar en que hago lo correcto, cuando día a día yo estoy mejor y las amo más y mejor. Trato de enseñarles esto de caminar por la vida, lo que se irán encontrando, las normas sociales y las otras más importantes: las de convivencia y respeto por los demás. Pero con mimos, amor, música, risa, baile. A ser posible. Yo siempre he sabido perfectamente y por mi propia experiencia que, si la madre está bien, los hijos lo estarán con mayor probabilidad. Lo ideal es que ambos progenitores o cuidadores o quien ejerza la tutoría de menores, sean personas sanas, no solo para criar a la infancia, sino en general para cualquier situación en la que exista una dependencia de unos seres humanos que necesitan de otros para ciertas funciones vitales. Obviamente personas sanas física y psicológicamente, para realizar esos cuidados. Sin desequilibrios emocionales que favorezcan la aparición del estrés o los sentimientos de culpa o desbordamiento por el cansancio, situaciones que son una realidad, en muchos hogares con menores o personas dependientes. Quien cuida tiene que estar en condiciones óptimas para hacerlo. Bien que lo sé, por mi madre. Pero también ya por lo pasado yo misma.

¿Ustedes calibran la verosimilitud de la información que alguien les da en función del grado de coherencia de lo que te cuentan con los hechos que han visto o vivido? Yo sí. Es una capacidad analítica, la que proporciona la memoria que retiene los eventos del pasado el tiempo suficiente como para cruzar datos con un relato posterior, que sé que destaca en mi procesamiento cognitivo. Por la capacidad de retener datos de mi memoria, que me acompaña desde que tengo uso de razón. A veces incluso como una molestia, por la que me han mirado con suspicacia y como a un bicho raro. Y hoy en día estoy segura de que me ha servido no pocas veces para caer mal de primeras. Porque claro, si lo utilizara para ser una zorra indiscreta, como me pintan sin haber abierto la boca, en realidad, mucha gente pasaría un mal rato. No es advertencia esto, ni nada. Es tirarle flores a mi verdadera nobleza y al tesoro de reliquias que se van conmigo al horno.

La cuestión es que sé que no abunda esta manera de revisar las cosas ni los sucesos en los que la credibilidad de una persona ha sido vapuleada hasta con un título tal que "una de las tres locas del antro", para acallarla. A ver en qué cabeza cabe que creas que es importante la libertad de expresión, para tales seres, que desacreditan al grito de loca. El día que se lo leí a una persona con la que había quedado a comer y comí, en junio de 2019, y que presenció los problemas que tuve para pagarme la comida ese día, sentí tal ira hacia ella que confieso le deseé que se "entrampara" en una relación como la que me provocó no pocas desdichas a mí. Así. Que sientas que no puedes ni salir de tu casa a mediados de mes sin que alguna líe estando tú fuera y te quedes sin blanca,  dependiendo de los demás. Como de él. Cuando cesó la dependencia emocional, porque dejó de ayudarme con la autoestima para hacer lo contrario, machacármela hasta extremos que jamás creí que él pudiera llegar, comenzó a perpetrar el atropello de hacer valer el papel y dejarme sin un duro. A obligarme a irme de mi casa, con lo puesto casi. Llegó el chantaje y la utilización de su posición privilegiada sobre la mía precaria. Acordada por amarle y confiar en él, cosa que me ha demostrado sobradamente que fue un error.

Y da igual el porqué, como dije, pero es francamente verosímil, con estos moldes, que una se meta a puta cuando no hay otra y te están diciendo, en la situación en la que estás, que tus hijas sin él se mueren del asco. 

Soy dignísima. Mucho más que tú, que aguantas al lado de quien te hace mierda y te follas sin ganas o no folláis, que no se sabe qué es peor, de tu mentalidad inquisidora, querida neoabola.

Seré una excepción, pero tener sexo de pago con mis seguidores, en lugar de con mi ex si me hubiera quedado con él (obviamente incompatibles esa actividad y relación, ¡buf!), me hace sentir bastante más empoderada. Al menos no se puede apuntar mis éxitos ni taparme, como cuando era mi jefe él.

Estaba seca, mustia, sin ganas. Solo por recuperar mi sexualidad ha valido la pena, porque es una parte importante de mí que se heló. Y eso no sucede si te aman. 

Es inverosímil.