4 oct 2021

Tropiezos, caídas y vendas.

 Dando rodeos para poner un título que no resulte explícito a los ojos de quien hace rato me temo visita este blog. No, no hay pistas. De momento.

Texto en primera persona para zurcir, de nuevo. Un roto en el pecho que poco a poco hilvano, bordo y dejo un arreglo con relieve, reforzado. Que no salga nada por ahí, que deje de supurar esa herida que dejó la confusión, el no entender nada porque te son negadas las respuestas e incluso el diálogo.

Algo que con el paso del tiempo te ha desvelado ese carácter evitativo y cobarde, de dar la espalda a quienes te quisieron bien y que te hicieron sentir. Algo. Bueno, malo, regular... nefasto por el complejo de culpa del daño inferido a terceros. Pero sin perder de vista el azar y la responsabilidad de dos en algo que ambas partes buscaban. Una de las certezas es esa. Que por mucho que se niegue, buscaban dos, no una persona. Que si solamente hubiese sido una, hoy no estaría escribiendo este texto.

Aún sigo leyendo difamaciones en el antro del tipo "la buscona esa". Tanto explícitas como sutiles manifestaciones de personas que ni conoces. A estas alturas y con todo lo que hay en este blog escrito que lo contradice, me la suda fuerte. Solamente me interesan unas explicaciones y disculpas. Y las personas que opinan al pedo, esto es, sin ningún fundamento y de oídas o leídas en una red social, no pueden importarme menos y resbalarme más.
Las explicaciones estuve meses esperándolas y tampoco guardo ninguna esperanza de obtenerlas nunca. Pero lo pongo aquí por escrito, precisamente, porque la imposibilidad de que se dé la he currado con ahínco y están cerrados los cauces. Consciente como soy de que un improbable intento de acercarse a limpiar las heces malolientes que el cínico dejó desperdigadas por el piso para escaquearse de ser honesto y decente, supone un peligro para mí inasumible. Existe el riesgo de desdecirme en lo de su falta de coraje. Y de caer de nuevo en una espiral de autodestrucción, que ni merecen mis hijas ni yo. Pero que aún no tengo la seguridad suficiente de saber esquivar.

Porque hace mucho que estoy muy cerca de la verdad. Antes incluso de que me dejara. Esa insólita creencia de que guardan su intimidad mientras cuentan hasta lo que comen, cagan y los pedos que se tiran, sin poner límite a su exposición de ningún modo.
Mientras que el verbo explícito de algunos, no todos, de los momentos más duros de tu vida, que no son tu día a día ni de broma, son la indiscreción absoluta.

Las relaciones humanas, si eres una persona observadora y que interviene lo mínimo posible en el show, tienen poco misterio. Poquísimo. Ninguno, en realidad. Incluso la ausencia y el silencio tienen interpretación. No, nada está en la superficie y todo escapa al ojo vago y los vistazos someros, no es algo sencillo, al alcance de cualquiera. Esto es terreno de curiosos cabezotas, con hipótesis que corroborar y ganas de hacerlo por odiar el prejuicio. Una premisa no es un prejuicio. La prueba está, en estos días nuestros de la inmediatez, en la cantidad de gente que opina de una noticia de la que sólo ha leído el titular. Como este hay miles de ejemplos. 

El aguijón hoy es que he confirmado la hipótesis, a posteriori de descubrirse el pastel, en el antro, por haberlo rematado yo. Fue de una manera no buscada. Y menos mal, porque con la fama de mala zorra que tengo por su culpa, si me llego a chivar de motu propio, no te quiero ni contar lo que dirían de mí. Y aunque ya me dé igual lo que digan ahí, para mí es muy importante que no fuera yo la que detonara el TNT. De modo que todo derivó de que me mencionaran en un hilo neoabolicionista, con una gurú fem, para que diera mi "autorizada" opinión sobre el ciber puti de nuestros días, y se cruzó a insultarme, de nuevo, una de sus amiguitas. Por eso tienen lo que se merecen. Los dos. Ya no es él solo ni me siento obligada a respetar si se cruzan conmigo.

Y no quiero nombrar el arbolito concreto, como dije en el primer párrafo. Pero sí decir que a mí no me resaltaba mi padre mi cara bonita, que la tengo, ni mi madre tampoco. Sobre todo me veían inteligente y muy capaz de comerme el mundo. De salir de la pobreza. Parte de su prole, podía llegar lejos si estudiaba y era la esperanza de ellos. Que sus hijos no pasaran hambre ni necesidad como ellos, el ascensor social.
A otras personas se les queda grabado en el coco otro tipo de elogios. Mi ex cuñado tiene una hermana que ya se puede tirar 50 años estudiando la carrera y haciendo el vago en la capital del reino, que para su familia siempre será "bellísima" la nena y "mira qué gente está con ella en este garito de Malasaña, la creme de la creme, en foto selfie".

Me resulta penoso que una mujer critique el físico de otra. Me resulta lamentable que quienes se gustan exteriormente lo restrieguen para minusvalorar y de igual modo que quienes no se gustan menosprecien intelectualmente a quienes sí. Esto pasa porque por mis trastornos alimenticios y los complejos ya lejanos, estoy muy de vuelta de esa manera de ser. Envidiosa y malintencionada.
Si no te gustas y no puedes cambiarlo, no humilles intelectualmente a quien muestra su cuerpo sin pudor. Eres una bazofia de persona, además de mucho menos inteligente de lo que te crees.

Destila clasismo. Superioridad moral e intelectual. Es mi ex, ni más ni menos. Es lamentable que, con todo lo sucedido, el mayor afán siga siendo quedar por encima en lo de lista. Triste es poco. 

Pero no me da ninguna pena. El vampiro, sin embargo, sí. Porque yo sabía lo que pasaba sin que me lo dijera. Y hoy vi lo que vi. Una prueba irrefutable en una increíble demostración de soberbia prepotente que intenta aparentar lo contrario.
Hace tiempo que buceo, no nado en la superficie, a la vista de tanta gente ansiosa por hacer daño, qué va. Con la práctica, como en todo en la vida, se perfecciona la técnica.


Tanta sapiencia no sirve cuando de lo que se trata es de AMAR, con mayúsculas.