13 dic 2021

Traviesa. Memorias de Momo (IX).

No ha cambiado nada. Nada cambiará. Nadie podrá hacerlo.

Por eso se fue. Para ponerse a salvo del dolor.

No quiere saber. De esa pérdida de fe en el amor. Soportará la suya propia, no la de quien le hizo prometer en falso.

Como quien quiere olvidar lo que sucede en otros mundos atroces, en los que la explotación y el genocidio fratricida de la especie humana, ya no lo es. No son hermanos ya los engendros que creen en someter con su mano de hombre a otro igual. Tiempos venideros y pasados, entre los que pugna por destacar la belleza del sacrificio que no lo es, pues si por amar se sufre, ese destilado de pasión solitaria será elixir sanador en otra dimensión, a alguien compensará. Y será lindo, aunque no puedas verlo.

El lado oscuro del ser humano siempre estará rondando. Ella, que conoce su cruel habilidad para tapar la luz de la alegría, sabe que la mayor violencia es la mentira, que va de la mano de la conciencia inteligente sobre el mal que ha causado.

Sabe que esa es la esencia de la bondad.

Cuanto más sabes de ti, del lado oscuro de tu alma y la capacidad intrínseca del mal en tu interior, más cerca estás de relegarla al ostracismo. De que no te controle. De la belleza.

<<El amor puede con todo, detiene tu maldad, mata la suspicacia. Paraliza la escarcha invernal de las almas heridas, que abren una rendija a la luz de la confianza.>>

Las travesuras lejos e invisibles, únicos signos vitales de aquellos ecos. 

Desprenderse otra vez de la piel. Reconocer el punto de partida como nuevo, por fin.



De cero, sin nada pero con todo. Esperando.