3 oct 2019

To build a home...

Aprovechando las horas, y porque me da la gana, os voy a contar una 'eviada' de las que me suceden muy habitualmente en los últimos meses.
Incluso teniendo un buen día, en el que haya podido mantener a raya la rumiación y estado bien, con las pilas tirando, llegar a la noche con un estado de ánimo que me facilite conciliar el sueño es complicado.
Podemos incluso sumar que estoy contenta de sentirme útil, no una puta ameba, lo cual es bastante más frecuente de lo que me gustaría.
Pero se tuerce. Si no fuera porque #NoSinEvidencia diría que tengo un gafe del tamaño de Groenlandia. Bueno, por eso y porque la evidencia está del lado de algo mucho más prosaico: "cerdos marinos". ¡Ojo!, con todo el respeto lo digo y en deferencia a mi suegra, que es expresión que ella misma usa para dirigirse a mis cuñados y compa. Digo yo que tengo el comodín marimerche, que no se refería a los animalitos del océano, por si pensaban.
 
Y hoy, tras de recoger del cole a Chan, me fui de recados a hacer compra grande y también recoger libros de texto reservados. Se quedaron con papi. Esta mañana empecé a levantar colchas, sabanas, puse lavadoras y barrí toda la casa, antes de hacer otras cosas. Suelo enviarle fotos de la mierda debajo del sofá y cosas que me encuentro de la tarde anterior o whatever. Hoy unos trozos de naranja, arena/migas de galletas, juguetes menudos, una chola que no aparecía anoche...etc. Foto y al WhatsApp.
Dijo él: "De hoy no pasa, tengo que hacer limpieza general". Sí. Se refiere a la iniciada por mi esta mañana. Pero da igual, nunca podrá decir que le he hecho ascos a sus ofrecimientos que siempre, desde que convivimos, se han quedado en eso: palabras. YO: "Ah, poh valeh. Si tiendes la colchas del sofá, terminas el suelo fregando, recoges la ropa que quedó y pones las sábanas que he quitado de las camas de las niñas esta mañana, ESTARÍA GUAY"
 
Vuelvo a las 8:00 p.m. un momentito a cenar, echar una mano para acostarlas y forrar los libros de texto nuevos, o, dependiendo de lo que me encuentre, pillarme un bocata boquerones y salir zumbando a hacer algo por fin en la ofi hoy (que no sea barrer, limpiar polvo, el baño, reponer agua, café y consumibles, optimizar equipos informáticos de la tarara...etc.) porque "ojos que no ven, corazón que no siente"

Entro por la puerta de mi dulce hogar y me encuentro, efectivamente, la mundial. No solo no ha hecho nada de lo que había que acabar, sino que la casa completamente patas arriba: opto por el bocata... Solícito, me prepara una bolsa con tupper uvas y queso y un bocadillo, mientras pillo el cargador, las pastis y paso un rato en el sofá con mis hijas, sin duchar y en bragas, asediándome a cosas que contarme y preguntas que hacerme, que parecen náufragas recién rescatadas.
Bueno, al menos están cenando unos nachos con las salsas de queso tomate y guacamole puestas en la mesa del centro, y directas en el bote, sin ni calentar la de queso al menos, porque "se pueden comer así". Poh vale, otra vez. "¿Está mi bocata?" "Sí, toma, en esta bolsa." "Okei, voy a dejar estas camisetas en el armario y estas braguitas que las he comprado, y blablabla..."
(mientras hablo camino por la casa, poniendo una toalla que no hay en el lavabo del baño, quitando las sillas mini de las Chan de en medio del pasillo; vuelvo sobre mis pasos, creo que me dejé en el salón el móvil, no, está en el baño, lo cojo, regreso al salón, beso a las niñas, me entretengo otro rato con mimos que me dan la vida. Cojo las llaves, me despido saliendo de aquello que parece un hospital quemado. Cierro la puerta tras de mí, respingo profundo, bajan las pulsaciones por minuto, "ya estás fuera, Eva" me digo)
 
Llego al despacho. Tengo hambre... ¿La bolsa con el bocata? JO-DER. Me la he dejado. Otra vez. Le pregunto por WhatsApp si ve por allí mi cena. Efectivamente. Encima de la mesa del salón, entre todos los trastos la apoyé para prestar atención a las niñas.

"Jo, qué mal... ¿vuelves a por ello?"

...
 
"No, tengo fruta aquí, fresca y secos, galletas y café. No vuelvo ahí ahora, y ya puedes recoger en el rato que estoy fuera, me he quedado en shock al ver que está mucho peor de como lo dejé al salir de casa al mediodía."

Triste pero cierto, que del estado de ansiedad que me produce el entorno doméstico caótico, la primera consecuencia inmediata son fallos de concentración y cognitivos de este tipo. Es decir: he hecho varias cosas el rato que he estado, pero, salvo estar con mis hijas, nada de la relevancia de comer, puesto que aún no lo había hecho en condiciones. Y para colmo me dejo el bocata. Es frecuente que me deje la comida, claro, ese es el problema, no que me la haya dejado hoy de nuevo.
La memoria a corto plazo hecha trizas en situaciones de estrés agudo...

Es terrible no considerar un hogar la vivienda en la que has compartido y compartes tanto a diario con tus hijas. Llevo meses padeciendo esto. El desgaste y mi salud maltrecha hacen que el marcador esté en déficit desde hace mucho. Antes limpiaba yo y lo mantenía, con dificultad y cabreos continuos. Ahora la depre me ha quitado esa energía de antaño y mi casa es una montaña de basura descontrolada, donde nadie limpia, -salvo yo ocasionalmente, cuando me levanto con energía, como hoy-, sólo ensuciamos.
 
Vivir en una casa que para mi hace tiempo que no es un hogar digno para mis hijas, además, es una de las cosas que me generan reacciones de pánico que antes no estaban.
He soportado una carga sobre mis hombros intolerable y encima ahora mi casa me produce ansiedad y malestar, necesito salir por patas de una manera angustiosa.

No sé si habéis visto Casper, pero son sus tíos, Tufo y compañía, en la secuencia del desayuno.

1 oct 2019

Siempre hay música.


- ¿Hoy no hay música?
- Siempre hay música...


28 sept 2019

Cartas sin destino, letras para nadie. (I)

Vuelvo a escribir.

Alguien de entre mis amigos más preciados que tengo en la red me habló de catarsis, pidiéndome que dejara de exponerme de la manera en que lo estaba haciendo, en twitter, tras una de mis muchas reacciones iracundas en esa red social.

Me hizo pensar. Lo que le contesté es completamente cierto, no fue catarsis, aquello. Fue soltar al caballo desbocado que hay en mí. Con lo que ello supone y las coces que puedan llevarse quienes no quieres. Es inevitable. Vertí opiniones con las que ni la gente que me tolera estas conductas, por conocerme más, están de acuerdo. Y el problema es que cuando estás nublado, en mi caso particular al menos, potencio todo lo malo, de manera que el tono para discrepar de lo que sea no solo no es el adecuado, sino que puede hacer daño.

Vuelvo a escribir en el blog, que dejé tanto tiempo aparcado, más por mis estados ansioso depresivos que por la crianza en sí, pero a la vez, equivocadamente, ya que estoy segura de que me habría servido de más que empeñarme en integrarme con gente de la que obtienes algo mucho más superficial, a mi entender, que lo que yo obtenía de quienes tenían interés en leerme.

Hoy es el día que mis problemas psicológicos se han cronificado, y podría decir que agravado, y tengo la sensación de que no escribir o dejar de hacerlo ha influido negativamente en esto. Así como la actividad adictiva en redes solo me ha traído problemas. Mi manera de interaccionar cuando estoy ofuscada no es para todo el mundo. Los niveles de empatía que requiero de los demás para no ser juzgada más duramente de lo que es justo, de manera que no me hundan si viene de una persona con quien he establecido vínculos, son muy elevados, lo sé.

Llevo pisando este mundo 42 años. No soy para todos, igual que todos no son para mi. Esas frustraciones las tengo muy superadas.

He conocido al el amor de mi vida nuevo este año que acaba. Él consiguió alejarme de los entornos más nocivos para mi ansiedad, como son algunas redes sociales, Twitter y WhatsApp por encima del resto porque son en mi opinión las reinas del 'Sálvame TIC', en las que más daño se hace con comentarios sibilinos, o al menos a mí sí me ha sucedido, y por la cuestión de las multis/chats en grupo, que son un nido de víboras en ambos entornos.
Me resistí bastante, en realidad y durante el tiempo que ha durado su beneficiosa influencia, conseguí alejarme del peligro sólo cuando me tomé en serio sus consejos. El plan falló intermitentemente, pues cuando lo necesité a él más y no pudo, caí en las garras de la insensatez más perniciosa, de la mano del frío de su silencio inevitable.

Pero la edad me ha vuelto una cínica. En cuanto discutíamos por las cosas ajenas a nosotros, yo no comprendía su punto de vista. En cierto modo le he dado la razón con que soy una cría, porque corría a los brazos de una gente superficial y mal interesada en muchos casos, sin ver que me alejaban de él imperceptiblemente. Volvía a hacer el idiota en un entorno opresivo para mí, en el que era demasiado fácil que me alcanzaran el pus y los detritos.

Me exponía yo sola a que me abocaran a terminar apartándome de él.
Que me da la vida. Que me hace quererme como soy.
Y además, sin saberlo, me ha salvado de una dulce tentación trampa, por el camino, porque gracias a él no estaba nada receptiva con la actuación de navidad del cole que me tenía preparada mi judas favorito.

Le he fallado. Tiene muchos más motivos que yo para quererse tal y como es. Pero no se lo he dicho. Porque soy muy terca y necesito que lo escuche. No que lo lea. Aunque le guste leerme y reírse conmigo.

Ojalá nos encontremos de nuevo, porque yo también le he visto entre la multitud, aunque fuera después de que él me viera a mí.

Ojalá leyera esto: que te quiero hacer reír siempre, mi amor.