3 dic 2019

Cartas sin destino, letras para nadie (IX).

<<Mucho vino mediocre, poco de añada excelente... muy escaso vino del mejor.>>

Tanto en el año de nacimiento de la benjamina como en el año de la marcha de la matriarca, diez años mediante, hubo una excelente cosecha de Ribera de Duero. No fue tan buena el año de nacimiento de las chinijas, obvio: ese año ellas abonaron el Malvasía del volcán conejero y les salió un caldo excelente, también, a los bodegueros de la Geria en la islita, al asomar las dos últimas pequeñas mambas por el rofe. No han sido nunca chiquitas, ni chiquitinas, sino chinijas. Y así serán por siempre, al menos aquí adentro.

De junio del '99 a junio de este 2019: veinte años. Cuatrocientos ochenta meses equivalentes o siete mil trescientos días de vida. De maduración.

Desde una deslealtad, haciendo una trazada con tiralíneas, a la otra: tiempo debería haber dado a saber distinguir dos o tres cosas importantes acerca del latir de la patata y las perturbaciones en el entorno.

Tan difícil, tan sencillo. Tan enredado en el silbido del viento, tan complicado como la nostalgia. Las personas que se olvidan y las que no se sacan, ni a medias ni enteras, que no saldrán y aún no se sabe por cuánto más estarán ahí doliendo, escociendo la rozadura. Esa gota de limón inoportuna que te saltó al ojo y te dejó ciego los cinco minutos del mini reportaje de tu ídolo en las noticias de la tele.
Ya no pasa nada porque lo miras en YouTube o en diferido en el canal web o en tu red social favorita, seguro que de nuevo lo comparten.

Cuántas veces pasará ante nuestras narices aquello que marca la diferencia, pero que no estemos preparados para percibir ni concentrados. Ni siquiera orientados. Vamos y venimos de nuestras historias amorosas y afectivas, familiares y amistosas o de estrechar el vínculo por el roce cotidiano en el curro o en la frutería de enfrente.
Absortos, en nuestro intento de salir adelante, nos vemos pero no nos miramos, como oír sin escuchar un tema que contiene la letra de tu vida. Sin que se den casualidades fatídicas, condenados al desencuentro.

<<¿Cuántos seres solitarios ciegos habrá de estos?>>

Ha de ser que, como con el vino, hay que catar más néctar para desarrollar el gusto por los que tienen más cuerpo.

<<Piensa que tengo buen paladar...>>

Y que me empalagan los crianzas y tengo lengua viperina.

Y un olfato tan fino que, sin fumar, moriría del asco con el hedor que se desprende de sórdidos amores celópatas, que viene en oleadas y se hace mareante, insoportable, golpea, noquea. Se disipa y de nuevo se concentra.
Ese amor ajado antes de madurar que usurpa la libertad a los corazones terrón. Ese que no deja vivir ni vive, lejos, rápido.

Y seguir yendo a vendimiar, a celebrar regando con el zumo de dioses. Retomar, retornar.

<<Dos tintos reserva Ribera del Duero del tiempo, por favor.>>

O eso o...


Pan, vino y azúcar. Queso y vino. Uvas con queso, mi manjar favorito. Ella con sardina arenque y partido de fútbol en la radio.


1 dic 2019

Las penas con pan son menos.

¿La reciprocidad en los afectos es algo intangible y difícil de medir?

O, quizás, al contrario, ¿se puede saber el grado de implicación emocional de cada parte en una relación afectiva?

A menudo se dice que cada uno siente de una manera, con una intensidad el amor. ¿De qué depende esto? ¿De cómo nos relacionamos con las personas a lo largo de nuestra vida? ¿De cómo nos enseñaron a amar en función de un sistema de valores? ¿Y qué pasa cuando no te enseñaron a amar respetando los amores ajenos, sino a envidiarlos? ¿Qué sucede y pasa por la mente de quienes envidian una relación amorosa ajena hasta el punto de querer dañarla, destruyendo con ello a dos o más personas que se cobijan en eso tan bello que ellos no tienen?

No hablo de mi, hoy. Cavilo sobre cuestiones mundanas del amor en relación a una historia de la que no sé mucho ni tengo derecho a saber más, pero que un día me tocó tangencialmente. Y me entristeció mucho ese ocaso, a pesar de todo. No es como el mío. Yo descubrí, hace mucho tiempo que no me amaban ni de lejos, no ya como yo merecía, sino como necesitaba que lo hicieran. Ese es mi baremo del amor. Tengo claro que he sido una cobarde y me he negado la realidad de lo que me rodeaba. Por mi propia soberbia de no reconocer los errores en los últimos pasos dados juntos.

Esta otra historia creo que es de dos almas que se adoran y en la que los celos hicieron acto de aparición en la verja de la morada.

La tristeza perpetua.

Te ama y te amo. Son los otros.




Cartas sin destino, letras para nadie (VIII)

ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-LO MEJOR DE NUESTRA PIEL-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS- ES QUE NO NOS DEJA HUIR- ABRE LOS OJOS-ABRE LOS OJOS- ABRE LOS OJOS- BORRA EL RASTRO TU DOLOR -ABRE LOS OJOS

Sal de ahí, sabes de quién te puedes fiar y de quién no, en realidad. Hasta tus amigos ahí dentro están envueltos por los cantos de sirena que tú has silenciado con tus matemáticas cantarinas, que te dan una perspectiva más que suficiente de la jauría. Ya sabes que no dicen cosas lindas por la gestualidad, a qué darles el gusto de perder el equilibrio.

Y mientras tanto la vibra es que fuera está lo bueno, aunque haya sido refugio para tu soledad. Se convirtió en una rémora para tu bienestar en el momento en el que te comportaste de una manera decente. Los primeros desmarques de ciertos hábitos.

Ese era el mensaje.

Y el patrón en algunos antros se repite incesantemente. Estoy quizá de vuelta de esto porque conozco estos sitios como cliente, como colega del dueño, como curranta, como regenta, como borracha, como hermana/amiga del pasado de vueltas con las sustancias que la termina montando. Como varias de esas cosas juntas a la vez, incluso.

Una gourmet que huele eternamente mal, entre fogones y freiduría, que odia los menús con pretenciosos y kilométricos nombres de platos, para definir chicha, papa, salsa. 'Sabe más el diablo por viejo', joder, dejaos de bobadas y cocinad algo rico. Lo llamas "el plato putanesco" o como más ridículo te parezca o sencillo de comandar.

Pero no estafes el paladar y verás cómo lo vendes.

No engañes.


Me fío del caníbal, de la nobleza de su hambre.