10 sept 2021

Decidir (Flash Back). Memorias de Momo (VII).

 "Tengo que detener esto."

[Fecha del día del diario: 18 de marzo de 2002.]

<<No puedo ni plantearme el hecho moral. Sencillamente estoy convencida de que la responsabilidad de una potencial madre está, ante todo, en decidir si es justo traer al mundo a las personas sin tener su espacio afectivo mínimamente amueblado. Tengo 23 años...¡Uf! ¿Cómo va a reaccionar él, (------)? Tengo que ser realista...
¡Pero qué puta mala suerte! Bueno... a ver... La cosa es que no soy la tía más prudente... Aunque qué coño, ¡tampoco soy ni de broma descuidada! Esto es una mierda... ¿Por qué a mí?>>

 

-¡¡¡PUM,PUM,PUM,PUM,PUM!!!
-Que Siiiií! ¡Que ya salgo del baño, pesada!

7 sept 2021

Hondos afectos románticos. Memorias de Momo (VI).

 "Lindo cuello..."

"Esos lindos ojos tristes".

"Me gusta cómo me la pones..."

"Sentirte latir, latir juntos".

<<Me gustan tus manos. A mí las tuyas. Las mías son habilidosas...>>

"Escribe, claro, me gusta leerte..."

"No es tan metafórico..."

"Me tocaste el corazón..."; "Bueno, eso es lindo"

<<Me hice pupita, en el antro... me protegí, tapé mi morada" "Hiciste bien, cuando quieren joderte (blablabla expresión homófoba)" "Espera...¿lo entien...? ¡Lo entiendes!"; "Sí, claro que lo entiendo" Pero nunca explicó qué ni por qué entendía. Ni Momo dio detalle sobre lo que a ella le había ocurrido con un grupo de grajos malnacidos, ni Nadie contó qué era lo que sabía acerca de situaciones como la que ella acababa de experimentar, una defenestración pública en su bar de toda la vida.>>

"Sudas, me gusta...(mientras le acaricia la cara)" Ella le monta a horcajadas, frenética y callada, mirándole con los ojos muy abiertos... Esa cara de sorpresa de él."

"Estabas dulcito"

"Quiero hacerte correr"

<<Al amanecer. Y la confesión de una hipoacusia, y la fuerza bruta del hombre que desea poseer a la mujer que yace junto a él. Y se frustra porque este arrebato de cogerla por detrás tras susurrarle al oído, la ha puesto tan cachonda sin casi darle tiempo a abrir los ojos, que está como un río, y él no consigue hacerle la cuchara porque la verga se resbala entre tanta humedad de su coño, y se sale una y otra vez. Varias veces. Él se frustra; ella quiere calmarlo pero él se precipita a bajarse al pilón. Un gesto quizá algo brusco, para detenerlo. Ella no se siente segura, porque le ha bajado la regla inesperadamente. Cree que de las emociones lógicas de los últimos días, de la casi rajada la mañana anterior, antes de volar hacia él, y del trastorno hormonal que ese hombre le produce. Es puta electricidad. No quiere que se vaya aún más frustrado si por sus nervios ella no se corre. Le ama. Lo sabe desde el primer momento, Pero no, qué va. No se trata del primer cruce de miradas al atravesar el umbral de la puerta de aquella habitación de frío hotel de tránsito. No.

Ella lo sabe desde el primer día que se corrieron a distancia, por la forma de desearle. Nunca jamás a nadie así, en la vasta red de redes.>>

¿Por qué él y no otro, otra?

¿Por qué un desalmado de ese calibre rozando piel ajada por el dolor, con poca resistencia ya a las explosiones de ira? ¿No había otro modo de ver maravillosa la soledad? ¡Si Momo ya la ansiaba! 

Ve un intruso, una interposición que no estaba al inicio, en el manual de incidencias. La falta de control que supone caer en el amor, cuando hace años que sientes tu corazón helado, sin bombeo de fluidos. Ni de estremecerse la carne que fluye a más pulsaciones por minuto follando, ni de las emociones fuertes que dan los hondos afectos románticos.

"Roncas" "¿Si? Yo recuerdo mirarte dormir"

"Yo confirmé". "¿Qué confirmaste...? [asustado]" ...
"Que te amo. Me siento como una adolescente." "Te envidio"



<<Gracias, por aquellos pocos días de junio, en que acariciaba mi piel sintiendo tu olor y tacto, y solo eso me hacía feliz, por unos instantes.>>

4 sept 2021

Pesadillas. Memorias de Momo (V).

 Caer por un barranco con el coche o el camión en marcha. Thelma y Louise. Sarandon y Davis. Keitel y Pitt.

Caer al vacío, atrapada en un ascensor de rascacielos, desde una planta muy alta, al cortarse los cables. Speed. Reeves y Bullock con Hopper. 

Abuso sexual e intimidación de miembros de la familia.

Ridículo delante de mucha gente que mira a Momo, centro de atención, a su pesar. 

<<Baile de máscaras, la versión más sátira de Momo... y de pronto alguien reconoce sus ojos tras el antifaz de Catwoman de verde... Está al descubierto, desnuda, quiere huir y lo hace. Pero esta vez la influencia del vampiro es tal que vuelve a su morada a buscarla. Entonces dice "¿Puedo pasar?" y ella abre al ser de quien huía...>>

Piernas inmovilizadas. Dientes que se pudren. Memoria frágil que se rompe. Ausencias insuperables, más que la de la Gran Mamba, ahora hay dos que evitas, luchando por tu propia supervivencia, a sabiendas de lo que supone la pérdida de luz y guía, de afecto incondicional y apoyo. En sus propias carnes. Momo y el tiempo de amar. Que se va de donde el odio impera, huye de ese contagio, remolino de emociones turbias de las que solo puede escapar no estando allí.

Bramar por la unidad perdida, ahondando en la brecha. La mayor incoherencia. Así que, si no puede ser amable con los que son en teoría los suyos, mejor se quita de en medio.
Demasiado libertaria para tanto autoritarismo narcisista en redes. Se asusta la niña. Y se asustan quienes a su abrigo crecen. 

Ser víctima eternamente. No serlo es la meta para la Niña Momo. Dócil en su andadura en la infancia, arremolinada por los estragos de su minoritaria condición y por las altas expectativas, llega rebelde y vehemente a la adolescencia. Se indigna, pelea y empeña en soltarse de los machos que delimitan su vida, sus deseos y sus sueños. Para entonces la Gran Mamba está muy enferma. Y muy cercana, a la vuelta de la esquina, una pesadilla frecuente en sus noches. Perder la autodeterminación, tener que cambiar de planes. Completamente. La bofetada de realidad se llama perder a tu muro maravilloso, a quien no quería para ti lo que pasó después.

En sueños y despierta, durante mucho tiempo de duelo, para sí misma o verbalizado en voz alta, Momo se decía "Si madre levantara la cabeza, lo que los hacía...". De nada le servía ni siquiera para sentirse mejor por unos instantes. De hecho lo más habitual era ponerse a llorar, después, por la plena conciencia de que su madre no iba a levantar la cabeza. Sus cenizas estaban esparcidas en los enclaves que ella dejó dicho como últimos deseos en caso de fallecer.

La niña Momo piensa aún en aquellos días como recientes. La última vez que estuvo en su ciudad natal, vio desde un edificio colindante el solar del Antiguo Hospital General Yagüe, "las 300 camas", donde su madre expiró en su presencia. Demolido. El tiempo y el espacio, sin embargo, siguen solapándose en los sueños de Momo.

Cuáles pesadillas asustarían más a una escéptica como Momo, cuando la realidad se empeña en que tus sueños sean mucho más agradables, incluso con un psicópata que los rondara. Incluso con un millón de cínicos de película. Incluso padeciendo insomnio.

Solo querer dormir. O bailar. O escribir. ¿Mejor que salir a la vida? Ajá. Diste con la mayor pesadilla de la Niña Momo.