22 dic 2020

Da igual el porqué.

 En lo esencial, no estabas equivocada. El trato paternalista. Omitir cosas o peor aún: contestar con evasivas o directamente mentiras, a preguntas directas. Y será una generalización, pero es lo de siempre.
Una pareja que no se comunica no puede ir bien. A no ser que en realidad se sea compañero de vida, que es bien distinto, y que cada cual de los componentes haga la suya de manera autosuficiente y aparte del resto. Que lo hay. Vaya si lo hay. He visto no uno ni dos casos.

Entonces acudes a reflexiones y rumiaciones de todo tipo acerca del porqué alguien que no te conoce de puto nada, aunque como una colegial le hayas soltado que le amas al mes de tratarlo por redes, da por supuestas cosas que no tienen nada que ver contigo. Quizá la suspicacia en este caso parezca fácil de apartar, en el sentido de que quizá no sea así, quizá sea más simple que el mecanismo de un chupete y tira por lo más fácil, que es mentir. Sin que eso implique dar por supuesto nada de ti a priori. 
Yo puedo entender que alguien acostumbrado a mentir a quienes le rodean, no sea dado a plantearse las consecuencias que esas mentiras que dice tienen sobre quienes le creen, por desconocerle. Puedo entender que flipe, incluso, porque alguien que se siente engañada y tratada como una prepúber por un mujeriego incorregible que va de feminista, trate de entender ciertas cosas y obtener explicaciones de esas que sabes incluso mejor que él que nunca llegarán.
De hecho por eso estás escribiendo cínicamente acerca de los porqués. El cinismo de la puticienta tuitera que a la vez aún sigue aprendiendo de la jungla de puteros. De los que pagan y de los que no. Por mucho que se crean estos últimos que ellos no. Que son tíos a los que les gustan mucho las mujeres, y que piensan que lo que hacen, tratándonos como basura emocionalmente intensa y ninguneándonos como a párvulas cuando pedimos explicaciones, no es tratarnos como a putas que, encima ponemos la cama, por amor. Cuando nos han seducido pensando en que lo fuéramos. Sus putitas. Que calmáramos su sed de ser deseados y de poseer, pero sin pagar. Ellos no pagan por sexo, y piensan que es más digno el trato que dan a quienes usan para paliar el desamor y el fuego fatuo de sus moradas. 
Tal y como mi madre decía a menudo cuando se sentía injustamente tratada. Esa misma expresión: "Es que, encima de puta, ya solo me falta poner la cama". Es curioso, la explicitud del verbo de mamá es un rasgo claramente heredado. Y ese dicho, aunque se utiliza para más situaciones que la puramente literal del refrán, encierra mucha miga.

Y da igual el porqué. Es el mismo. Ahora entiendo tanto a mamá que duele no haberlo hecho antes, por imposible que fuera.