22 dic 2020

Desde los cimientos.

 Olvidando rápido. Mucho. Sabes el motivo que a él le concierne, porque si no te hubiese mentido en lo tocante a su libertad, todo lo ocurrido después con otros amantes no habría sucedido. Al menos no en los mismos términos y aunque a él no le importara. 

Ya desde agosto de este año, mes en el que dejaste aquella ciber-relación con otro casado de los que no follan con su mujer hace años, prometiste que nunca más con tipos así caerías, si no era pagando, claro. 

Esa persona con la que sufriste el último flashazo del enamoramiento temprano, mintió, te engañó. No estaba divorciado. Separado tampoco, ni siquiera eso. Después de un par de semanas muy malas tras el descubrimiento, te refugiaste en amigos, en los de tiempo atrás que siempre han respetado tus decisiones y que no te juzgan por ser como eres, porque les gusta, además. De manera que ha pasado el nubarrón. Y del amor fugaz que te hizo feliz, queda el recuerdo de cuatro días intensos... que deberías haber cobrado. Te ha chuleado y por novata. Lecciones de estas quedan un montón por delante, tendrás que tropezar, y mucho aún, en esto del ejercicio. Porque no es terreno fácil, hay mucha competencia y también mucho jeta desalmado, que combinado con una puta ingenua y enamoradiza (TÚ...) puede hacer pupita... si no fuera porque hay costumbre. En lo de que te traten de puta piedra. Puta y piedra, las dos cosas, porque al parecer tu fragilidad no se ve, está por dentro y hay gente que te ve como una zorra fría y manipuladora. Lo que a priori es bueno, en realidad, para tus planes.

La mentira del amor y lo que acarrea. Piensas que aumentará la desconfianza hacia ciertas maneras de acercarse a ti. Si ya eras incrédula y te ha pasado a menudo que gustabas a alguien sin saberlo, de ahora en adelante menos aún te fiarás de las palabras bonitas y dulces de un desconocido. De un elogio, de un intento de acercarse a ti alabando cualquier cosa de tu persona. Es decir, los que no se atrevían a decirte, se atreverán aún menos. Y los que se atrevan quizá salgan escaldados o escaldadas por tu mochila de los dos últimos años.

Piensas en el duelo eterno y en cómo tu vida cambió de manera radical, sin darte tiempo a asimilar nada de todo aquello. Y eso es lo que ha sucedido. Cuando no puedes hacer otra cosa que espabilar para salir adelante porque no hay nadie al volante de la nave a la deriva en la que se ha convertido el camarote funerario, no puedes pensar en superar la ausencia, ni aunque lo necesites como beber agua. Si tu situación es la de un ser al que le ha caído un volquete de problemas de la noche al día, lo primero es solucionar el día a día de quien no tiene culpa de nada, aunque tú tampoco la tengas.

Un duelo eterno que te tiene harta. Que te entristece más cada vez que piensas en las implicaciones de todo ello, en lugar de correr el velo, cerrar la tapa, volar los miedos y rencores... 

Ya no tienes fuerzas para hablar de viva voz y contar a los que te rodean cómo te sientes porque no entendieron antes y ahora entenderán aún menos. Solo lastima, mirar atrás o intentar volver a congregar.

No quieres lastimarte ni lastimar más. Sabes que eso significa tirar la toalla, pero en este caso, aunque así sea realmente, rendirte ante los agravios jamás reparados, sientes también paz. Alivio, descanso. Piensas que mucho antes debiste callar y escribir. 

Y vivir. Buscar el calor de la piel, que no necesariamente el amor. Quererte a ti misma es claudicar en el empeño de hacerte comprender por medio de la lengua oral. Ni bien ni mal ni regular, no vas a sacar a nadie de la autojustificación, no digamos ya de la autocomplacencia, de una parte de ellos y ellas. No es posible porque de repente verían, tras quitarles esas gafas opacas y llenas de mierda que llevan, lo mal que han actuado y cómo se desentendieron de lo que fueron últimos deseos y peticiones, de los asuntos pendientes de ella.

Es el peor desengaño en la vida y en esas edades. Ver de primera mano el egoísmo y la insolidaridad de los tuyos propios es la semilla de la desconfianza bien plantada. Y que pega fuerte, con tremenda raíz, verdaderamente difícil de arrancar del corazón. Esa será la base para las futuras relaciones personales. Te marcará, es inevitable y no sirve recordarse una y otra vez que tu experiencia no es extrapolable. Para esto no sirve. Se desarrolla la suspicacia sin que te des cuenta del vertiginoso crecimiento.

Por eso él te da aire y te insufla calor. En cada aparición que hace. En cada palabra quieres creer que hay verdad. Pero ya no escudriñas, sus intenciones. Los dos sabéis por qué estáis a punto de ignición siempre. Te gusta que te desee y le deseas. Y ya estás preparada por si desaparece. O no cumple con lo prometido de follarte a cuatro y hacer que te corras varias veces antes de que lo haga él. Ya no crees en nada y no esperas nada. Así, si un día ocurre, será un gran día...sorpresa. 

No quieres amor vacío de deseo ni tampoco deseo contaminado de amor, por lo que pueda pasar.

Se te juntó el duelo sin resolver, en 2019, con el duelo de saber que lo de Nadie fue un engaño de un cobarde y aquello te partió en dos. Le dijiste que no era posible que eso pasara. Que peor que mientras ella se moría, no podía haber nada. Te equivocaste. Pero lo peor de la equivocación fue que él se pensara piedra angular e indispensable en tu dolor. No sabía nada de lo que te ocurría ni de lo que ocurrió después de verle. No se lo contaste, como no le cuentas a nadie las cosas atroces de verdad que te han sucedido, para no dar pena. Pero igual se la diste, o eso crees, para explicarte su conducta lamentable. Estuvo meses sin cortar por pena o miedo. Y hoy odias ese egocentrismo insolente, te parece una persona gris y falaz, además de muy poco maduro.

Ya es bastante con un duelo sin superar y con una vida patas arriba. 

Lo bueno es que todo se puede ahora armar mejor.

Desde los cimientos.