27 dic 2020

Nines y el dolor.

Ya no soñaba con marcharse con él hacía meses. Lo que hacía del despertar una laguna de melancolía que la mantenía unos minutos en la cama, pensando con los ojos abiertos mirando al techo. Tedio. Aquello era tedio porque ni en sueños ya podía escapar de la tristeza. Después de esa especie de meditación absurda y de auto mentalizarse para aparentar ser una persona funcional, no un alma en pena sin motivación ni ilusión para seguir con su vida normal, se levantaba de un salto para cambiar de chip. Lavado rápido de cara y café. Sonrisa para quien ya no amas pero a quien no quieres desde primera hora del día con su mirada de lástima puesta sobre ti como una pesada carga. No sabe. Si acaso la rumorología. Pero traicionó nuestra confianza y ahora tiene que aguantarse la intriga. Las ganas de preguntar "¿Quién es, de quién te enamoraste? ¿A quién dejaste por hacerme infeliz como tú también lo eres?". 

Y si no se materializa esa pregunta es porque él es más cobarde que tú. Porque te echaste atrás, después de pedir el divorcio y cesar un tiempo de compartir espacio. Pero él jamás se irá. Prefiere el colchón y sus líos y devaneos de siempre. El pago es verme entre sombras. Irreconocible.

"Si ya no te sueño, ¿cómo hago?" - se pregunta Nines. -"Porque ahora he de olvidar que estuviste en este pueblo, que nos amamos un día a escondidas y que luego te fuiste con ella. Cuando salió otra oportunidad laboral lejos de aquí. Porque te dije que él era un gran hombre, que me daba cariño y comprensión. Aunque yo sabía que te herirían esas palabras, porque también me dabas cariño y comprensión. Además de fuego y ternura, pasión desbocada que no puedo olvidar. Pero lo omití. Te fuiste de mi vida, no sin rondar la taberna y sufrir unos meses, esperando que me decidiera, mientras tomabas vinos a veces con el ebanista y le mandabas recuerdos para mí, al despedirte. Era tu manera de decirme que me esperabas. Que lo dejarías todo. Olvidar que no vivimos este amor por mis mentiras, omisiones, silencios..." 

Ahora ya no sueñas con él, que era la mirada en el alma clavada, el sosiego. Ya no sueñas que lo vuelves a ver y te abraza y te besa. Y que te dice: "Ya pasó, te amo, deja que te toque...", mientras desliza los dedos por tu cara y se emocionan esos ojos negros suyos. 

Ya no sueñas que es el chico rojo, malote y cabroncete con buen fondo, que siempre estuvo buscando una mujer como tú y que lo pillaste viejo, retirado y resabiado, con la buena niña pija que llora mucho y por eso mama. Lo contrario que tú. Que eres la mujer de su vida, en tus sueños. Porque en tus sueños el dolor de Nines es vívido, intenso. Pero también los reencuentros sexuales que son fantasía y magia pura. El goce de quien sabe que latir con quien amas es el sentimiento superlativo. Y esto es en lo que te refugias y a lo que tienes derecho: a recordarte que eres la mujer de sus sueños a la que tú misma no diste una oportunidad de ser feliz con él...


 (Leer la entrada relacionada: El montañero insomne)