8 mar. 2020

Soñado.


Una reunión familiar. En una campiña verde. Extensa pradera, con abundante hierba alta. En caso de estar despierta, no sería una situación de placidez, en absoluto. Me obsesionan las hierbas altas y me agobio estando cerca porque desde ellas se enganchan las garrapatas a las corvas de las rodillas. La garrapata es un ser vivo que me repugna y da mal rollo. Transmite la enfermedad de Lyme, en constante incremento de zonas afectadas en el planeta por el aumento de su prevalencia, además de otras afecciones serias que puede causar. Pero es que solo el hecho de cómo se alimenta y el cambio que experimenta el bicho inflado a sangre, me da verdadera grima. Como siempre he tenido perros cerca y he podido comprobar el asco que dan, no creo que sea algo que vaya a superar con los años, sino más bien lo contrario.
Pero contaba que, en mi sueño, estaba en una celebración con comida y bebida, en torno a una gran mesa corrida, con un montón de conocidos y amigos, al parecer, aunque no había ni una sola cara conocida para mí dentro del grupo. Todos vestíamos con ropas blancas, y todo lo que nos rodeaba, la mantelería, vajilla, toldos, mesas cubiertas, con manjares, entre casetas y sombrillas... todo era de color blanco. Parecía que se conmemoraba un día especial en la vida de alguien muy cercano a mí. Y entonces llegó él con otro grupo de personas, que eran mis hermanos y hermanas con otras caras distintas a las reales, pero que decían en alto:





"Ahí está nuestra hermana, Luis, querido" "¡Hermana mía, bonita, ¡ya te lo traemos a tu chico!" "¡Guapa mi hermana linda, ya llegamos a verte por fin!





Y de esta manera, en volandas y con una numerosa cantidad de hermanos a su alrededor, que nos vitoreaban, apareció en mi sueño húmedo el único de quien conocía su cara: el actor español Luis Merlo. Es extraño, nivel bizarro, pero es guapo, con todo eso. Y otra cosa extraña es que me lo pasara muy bien, como ya conté en el post de "materia onírica", pero una lástima, porque esa parte es la menos precisa del recuerdo del sueño. Es decir: no recuerdo ni como para describir medio asalto. Tan sólo de esa última parte recuerdo que me desperté entre jadeos y mojando braga. Qué pena no memorizar, esta vez, mejor. O al menos como siempre, pero lo de los sueños es algo que justo no va así. No tengo control sobre lo que recuerdo nítido al despertar y lo que no. Ya me gustaría.





También me gustaría que pasara alguna vez la feliz coincidencia de estar soñando que me comen entera y que de pronto note una lengua traviesa buscando la manera de colarse entre mis piernas.
Poca resistencia harán para dejarla llegar hasta el dulce néctar... y cuando se colase entre mis labios y me rozara el clítoris con la punta, notar que dos dedos buscan la profundidad de mi vagina. Y después de tan sugerente propuesta y presentación del amante furtivo en la noche, que irrumpió en mitad de un sueño caliente y tórrido, para hacerlo realidad con unos minutos de dedicación exclusiva a ese tesoro deseado, mimando a la fuente del placer, en un futuro cercano, casi inmediato, teniendo en cuenta la relatividad del tiempo...





"Fóllame..."- susurra ella...

"No sé si te oí, espera... ¿qué has dicho? Es que no sé si es a mi o al de tus sueños... al que llamabas hace un rato, dormida hablando en voz alta..." - le dice él, ahora abrazándola desde atrás, susurrando también, pero al oído de ella. Tiene una erección desde hace rato, pero en su culo apoyada, ahora está mostrándole el efecto de conjugar ese verbo de su boca...

"Que me folles, hazme la cuchara como a mi me gusta, ¡por favor!"

Pero ya no estás soñando, esto es la guinda de la imaginación, haciéndose realidad en tu piel.
El polvo soñado, nena, te voy a amar como te mereces.





<<Eso era. Y aún parece que lo busco, que parece que, aunque estoy cerca, no lo he encontrado.
Sigo adelante para desear ser amada de verdad. Sin ataduras que obliguen a nada...>>