13 ago. 2020

Confianza ciega.


La situación para mí está clara. Todo empezó al quitarse la chapa de fan.

Y continuó por ese sexto sentido que tenemos, diría que las personas, pero mi experiencia personal me indica que hay una ingenuidad innata en todos los hombres para percibir las cosas que las mujeres hacemos con mayor facilidad. Será aquello que llamamos intuición, que en realidad, por los cuidados en nuestros roles asignados, se traduce en estar más pendientes del bienestar alrededor nuestro, de las emociones de los demás. Más entrenadas para detectar la tristeza y los males que afectan al corazón y a la mente. Más psicología para ver detrás de lo poco que verbaliza un parco sobre sí mismo.

Yo me siento segura de su amor. Sé que no quiere herirme. Sé que es recíproco, me lo ha demostrado. A quien no quiero hacer aprecio, como dije en el antro, - después de los mensajes de niña chica que pinté en la puerta del retrete y que luego borré-, es a la causante, de nuevo, de una perturbación en la fuerza de lo que nos unió. Porque ella se lo ha notado. De algún modo y aún sin que nadie más que usted, Mr. Writer, y yo, sepamos de lo nuestro. Se lo ha notado como a mí mis hijas mi alegría, que han disfrutado por ponérmela usted en las manos y en el corazón, que estaba apagado y triste. Eso ha hecho usted y sé que también ha sido así de su lado, que estaba contento, pero en los últimos días no.

Esta es la razón por la que sé que hay pose en su ignorancia. Que su posesividad, además de obviamente no tener ningún derecho a ella, ni sobre usted ni sobre nadie, es algo maligno, cuando no se respeta un derecho previo en todo caso que no es de ella.

Amarse sin hacer daño no es que alguien de fuera insista en romper la membrana que nos aísla de los demás y que usted lo permita, justificando un comportamiento de niña a la más grande y castigando el respeto a la intocable y la responsabilidad con los actos que exponen, de la más nueva.
El castigo, usted lo verá, es distanciarse tanto tiempo como yo le dije que hizo, y más aún. Solo hay que revisar nuestros diálogos. De dos.

Confío ciegamente. No se calle. Escriba como sabe, que sale de su entraña y eso no lo tiene cualquiera. Yo lo amo y hace tiempo que no lo veo.

Usted que confía ciegamente en quien no explica. Yo explico demasiado, me embrollo. Pero como lo amo, Mr. Writer, yo confío en vos.

¿Lo redujo todo usted a una cuestión de simple y complejo, aquel quejido?
En realidad era un simple te echo de menos. Y mientras, fueran trampantojos efusivos o verdadera devoción que usurpa la alegría, un reproche de necesitar mayor contacto, por haber aumentado la distancia y decirlo.
El tiempo y la vida son muchos cruces de caminos, muchas personas, años, variables, lugares conocidos y por conocer.

Pero dependencia solo de mis hijas, no es posible tenerla de alguien que está allende los mares y tiene su vida tan lejos de la mía. Ya es suficiente el dolor de que vaya a tenerle siempre así, como para que nos alejemos estando ya lejos. Las palabras sirven para que se acerquen los tímidos. Nos dan calor. A mí me dan calor.

Trampantojos son los de este blog, Usted bien lo sabe. No entiendo qué necesidad de trampantojo, hay en el antro, ante el resto. Qué tipo de literatura es esa, la que no existe. Hace tiempo que no escribís, por eso sé mejor de ese estado de ánimo que usted mismo. No entiendo los motivos de fondo, sé que el trabajo le impide. Pero no hay mayor jaula en esta vida que no tener los momentos de soledad necesarios o no hacer nada de lo que realmente uno desea. O algo para lo que se tiene una capacidad especial.

Las canciones también le cuentan a usted, no deje que le destroce el amor de nuevo, porque le he soltado la mano, pero no me he ido. Estoy esperando a verle de nuevo, enamorarme otra vez con sus letras, es el camino para dejar de echarnos de menos. 
Tengo confianza en Usted. 
Ciega ♥.

CANDELITA, LA QUE SIENTE Y ESCRIBE...